Seat Altea XL 2.0 TDI 170 CV

Entre las muchas alabanzas que siempre ha recibido el Seat Altea nunca ha habido ninguna ensalzando su capacidad de carga. Al monovolumen compacto siempre se le achacaba una cierta estrechez y, sobre todo, falta de maletero. Para acabar con este problema, Seat ha lanzado el Altea XL, una versión corregida y aumentada que probamos en su variante de 170 CV. Desde luego, el cambio es notable.
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Seat Altea XL 2.0 TDI 170 CV
Seat Altea XL 2.0 TDI 170 CV

De antemano, podría parecer que, al no haber variaciones en el bastidor, el Altea XL debería reproducir fielmente el magnífico comportamiento dinámico de los Altea convencionales. Y hay que reconocer que es así, aunque con un par de matices.

Una diferencia, muy pequeña, la ponen los 48 kilogramos de más que pesa esta versión con respecto a la de referencia. Y la otra diferencia estriba en esos casi 19 centímetros de más que tiene la carrocería y que se concentran, sobre todo, de las ruedas traseras para atrás, en el voladizo posterior.

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p> El bastidor cuenta con la misma suspensión elaborada y deportiva de todos estos coches del segmento C del grupo Volkswagen. Es decir: un esquema McPherson en el eje delantero y multibrazo para el exterior. Sin embargo, los coches de Seat siempre están puestos a punto de forma un poco más audaz, algo que también se aprecia en este Altea XL. Los tarados de muelles y amortiguadores son bastante firmes y, aunque no llegan a configurar un coche demasiado duro, sí pueden parecer algo secos para un monovolumen que, al fin y al cabo, es un coche familiar.

Pero como Seat tiene que lucir siempre marchamo de deportividad, el coche se muestra muy sólido en su rodar, con la carrocería muy bien sujeta y una dirección rápida y muy directa. Vamos, prácticamente, como en el Altea normal y en León, incluso como en los Golf. Ahora bien, este coche es más grande y pesado, y eso se deja notar en un mayor movimiento de la carrocería sobre el eje trasero y, sobre todo, en una mayor presencia de las inercias sobre el eje delantero. A poco que el terreno esté roto o mojado, el peso impone sus condiciones y puede aparecer un subviraje más o menos acusado. Claro, estamos hablando de un fenómeno que se manifiesta sólo en la conducción más rápida y agresiva, tratando de exprimir las posibilidades deportivas que, lo sabemos, tiene este chasis.

Si queremos utilizarlo como un vehículo de corte familiar, un agradable viajero, nada de lo anterior rige. El Altea XL se muestra estable en cualquier terreno y permite realizar largos viajes con un alto grado de confort. Eso sí: su pedigrí deportivo le aparta de esos monovolúmenes blandos y aburguesados que tanto abundan. Este XL es otra historia.

En este talante más deportivo que familiar tiene mucho que ver el propulsor que equipa esta versión. Con 170 CV, el motor de este Altea XL se nos antoja casi excesivo. Desde luego, tiene poder de sobra para mover el coche sin que los casi 1.600 kg le supongan un problema. Pero tanta fuerza se reparte de una forma desigual y con ciertas brusquedades.

Por debajo de las 2.000 vueltas, hay muy poca presencia de ánimo. Sin embargo, apenas superado ese régimen, el motor libera un envió de par que, en ocasiones, pone en aprietos al chasis, que sufre para llevar tanta energía al suelo, sobre todo en las marchas más cortas. Esto se traduce en constantes pérdidas de motricidad cuando se circula por zonas lentas y se abusa un poco del acelerador a la salida de las curvas, algo que se puede combinar con el efecto subvirador antes descrito para complicar un poco más las cosas. Por suerte, el control de estabilidad se encarga de corregir estos excesos y de hacer que, antes o después, ese caudal de fuerza llegue al asfalto y se convierta en impulso.

De no ser por esto, el motor sería una delicia. Superadas las 2.000 rpm, el motor se vuelve más elástico y empuja con inagotable ánimo, estirándose sin problemas por encima de las 4.000 vueltas. Para viajes largos por rutas principales, quizá los más usuales para este Altea, es un motor muy cómodo, pues, una vez en quinta o sexta, con desarrollos bastante largos, se pueden hacer muchísimos kilómetros sin tener que recurrir al cambio, simplemente manteniendo cruceros muy elevados a punta de gas. Además, gracias a su enorme cifra de par, siempre queda “punch” de reserva bajo el pie derecho y, en caso de necesidad, basta con reducir una o dos marchas para disponer otra vez de toda la musculatura del TDI en su esplendor. Así, recuperaciones y adelantamientos son maniobras sencillas y fugaces, mientras que las prestaciones de velocidad se sitúan en niveles muy buenos, como los 8,46 segundos para el 0-100 km/h. El consumo, por su parte, resulta bastante contenido para un coche de este porte y poderío: 6,2 litros a los 100 km de media.

Otro apartado que nos parece muy convincente es el cambio. La caja, de seis relaciones, disfruta de unos desarrollos muy bien escalonados, con las dos marchas más largas pensadas para ahorrar combustible. También estaca el manejo de la palanca, que es rápido y preciso, muy deportivo.

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p> Desde luego, quien esté buscando un coche espacioso que le permita mantener un cierto contacto con la conducción divertida no puede dejar de considerar este Altea XL. Es verdad que la ausencia de la tercera fila de asientos es discutible, pero todo lo demás está a un nivel realmente bueno.

LO MEJOR
LO PEOR

* Enorme maletero
* Comportamiento deportivo
* Motor muy potente

* Pérdidas de motricidad
* No se pueden montar 7 asientos
* Bastante ruidoso

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