Seat León 1.8 TSI DSG 7V

Hay Seat León para rato. Esa impresión nos queda tras ponernos a los mandos de su nueva gama 2009… ¿Nueva? Aunque parezca mentira, sí. Leves cambios estéticos y nuevos recursos técnicos completan la evolución del compacto español. Como ejemplo, la renovada pólvora del motor turbo gasolina de 160 CV, que mezclada ahora con el cambio automático DSG de 7 velocidades es pura acción-reacción: auténtica dinamita.
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Seat León 1.8 TSI DSG 7V
Seat León 1.8 TSI DSG 7V

Desde el estreno del Seat León, hace ahora ya 10 años, siempre surge la misma pregunta, incluso ante nuevos y muy evolucionados rivales: el último, un sorprendente Renault Megáne. ¿Es, dinámicamente, el español uno de los compactos de referencia? Desde un prisma deportivo, ésa desde luego ha sido siempre la propuesta de Seat. Y en ella incide ahora animada tanto por sus éxitos en el Mundial de Turismos como por la sofisticada tecnología del grupo Volkswagen.

Da igual que Seat busque y publicite mayor agrado de uso y eficiencia en su León... que lo obtiene; el resultado final es, siempre y ante todo, un compacto un puntito más ágil... y no es poco. Y eso que, a simple vista, poco o nada parece esta vez cambiar: por fuera cuesta identificar nuevos detalles estéticos del renovado Seat León (“¿para qué arriesgar con una imagen personal y aceptada?”, opinan desde el fabricante español). Lo más significativo es el portón de nuevo diseño y con una luna más amplia que mejora algo la visibilidad. Sí se aprecia en cambio por dentro un ambiente más moderno y con mayor telemática, aunque también los mismos plásticos poco vistosos que le caracterizan. Y es que, para sensaciones, hay que sentarse sin duda al volante.

Tan integrador como siempre, la gama mecánica del nuevo Seat León añade ahora más carga explosiva. Especialmente sofisticada es la oferta de motores TSI de gasolina (con inyección directa y turbo), la que mejor cuadra con su carácter. Pero si la pequeña versión 1.4 de 125 CV parecía hasta la fecha la más recomendable –prestaciones y consumo en mano–, ahora llega este evolucionado 1.8 TSI de 160 CV y excepcional rendimiento (sólo cuesta 1.000 euros más), capaz de asociarse, en exclusiva en la gama, al nuevo cambio automático DSG de 7 velocidades. Y, créannos, eso es definitivo.

Si soberbio, además de progresivo y refinado, es el propulsor en aceleración y empuje desde antes incluso de 2.000 rpm (parece casi un turbodiésel) y hasta más de 5.000 rpm, zona en la que decae hasta 6.800 rpm (elasticidad propia de un auténtico gasolina), la nueva transmisión DSG de doble embrague resalta aún más sus virtudes. Parece haber nacido para este propulsor... y para el Seat León, pues probado antes en Volkswagen Golf y Volkswagen Passat no nos impactó tanto. Será que casa mejor con su deportividad…

Impresionante motor gasolina TSI: 190 CV de potencia en banco y máximo empuje desde 2.000 rpm, 800 antes que el Seat León saliente. Eso sí, el par se estira y contiene levemente para, a pesar de superar los anunciados 25,5 mkg que soporta el cambio DSG, entrar dentro de la tolerancia.

Esta transmisión DSG de 7 velocidades enlaza marchas a velocidad vertiginosa, tanto en modo automático –grandes los adelantamientos– como manual, donde incluye unas eficaces levas tras el volante ya estrenadas en el anterior Seat León FR: un espectáculo subir y bajar instantáneamente marchas buscando la mejor zona de giro de un motor que puede con casi todo. Eso sí, incluido también depósito, pues si este 1.8 TSI contiene consumo con nuevos ajustes (con menos rozamientos y peso, y bomba de aceite regulada por centralita, entre otras modificaciones) y en conducción relajada (la larga séptima marcha entra desde sólo 70 km/h), explorar sus elevadas posibilidades obliga también a concienciarse de un alto gasto, muy por encima de los medidos por nuestro Centro Técnico.

También conciencia, pero en esta ocasión de deportividad, ha requerido siempre el Seat León para comprender que la firmeza de suspensiones es artífice de sujetar tan bien la carrocería. La configuración Sport de nuestra unidad de pruebas –y única disponible con esta configuración de motor/cambio– incluye, además de asientos deportivos y llantas de 17 pulgadas (recomendables por confort frente a las de 18), una altura rebajada 7 mm. Sin embargo, respecto a las versiones Sport anteriores, el tren delantero monta ahora muelles un 8 por ciento menos duros y una estabilizadora 1 mm más fina.

Si detrás ya iba bien sujeto (no hacía falta modificarlo), el objetivo de Seat ahora era suavizar la respuesta del compacto ante irregularidades del asfalto... y cierto es que lo consigue. Porque no pierde eficacia: excelente y sólida pisada, con poco balanceo de carrocería, apoyos muy consistentes y un tren delantero tan directo como siempre. Pero, a la vez, resulta bastante cómodo. Es duro, pero no seco: palabra tras más de 600 kilómetros por carretera y de un tirón.

Otra interesante novedad del nuevo Seat León es el diferencial electrónico XDS (no disponible hasta final de año –cuando será de serie–), que trabaja conjuntamente con el ESP frenando la rueda que pierde adherencia, como si se tratase de una función más del control de estabilidad. No aporta por tanto más dirección, pero sí una mejor motricidad en las curvas más cerradas (con un ESP siempre alerta para corregir sutilmente trayectorias), que no hace si no acrecentar su agilidad.

Así, todas estas modificaciones, junto a un gran equipamiento –incluso con entrada USB o control de crucero– y un precio recortado en 650 euros frente al anterior 1.8 TSi –a pesar del nuevo cambio automático DSG– genera un Seat León aún más interesante. Volvemos entonces al principio: preparaciones deportivas al margen… ¿estamos ante el compacto más dinámico del mercado? Pues ahí estaría el bastidor del Ford Focus para discutirlo... aunque mecánicas y transmisiones parecen querer inclinar la balanza hacia el modelo español.

— Respuesta del motor
— Cambio DSG y prestaciones
— Comportamiento deportivo

— Consumo a alto régimen
— Visibilidad lateral
— Altura trasera

Desde el estreno del Seat León, hace ahora ya 10 años, siempre surge la misma pregunta, incluso ante nuevos y muy evolucionados rivales: el último, un sorprendente Renault Megáne. ¿Es, dinámicamente, el español uno de los compactos de referencia? Desde un prisma deportivo, ésa desde luego ha sido siempre la propuesta de Seat. Y en ella incide ahora animada tanto por sus éxitos en el Mundial de Turismos como por la sofisticada tecnología del grupo Volkswagen.

Da igual que Seat busque y publicite mayor agrado de uso y eficiencia en su León... que lo obtiene; el resultado final es, siempre y ante todo, un compacto un puntito más ágil... y no es poco. Y eso que, a simple vista, poco o nada parece esta vez cambiar: por fuera cuesta identificar nuevos detalles estéticos del renovado Seat León (“¿para qué arriesgar con una imagen personal y aceptada?”, opinan desde el fabricante español). Lo más significativo es el portón de nuevo diseño y con una luna más amplia que mejora algo la visibilidad. Sí se aprecia en cambio por dentro un ambiente más moderno y con mayor telemática, aunque también los mismos plásticos poco vistosos que le caracterizan. Y es que, para sensaciones, hay que sentarse sin duda al volante.

Tan integrador como siempre, la gama mecánica del nuevo Seat León añade ahora más carga explosiva. Especialmente sofisticada es la oferta de motores TSI de gasolina (con inyección directa y turbo), la que mejor cuadra con su carácter. Pero si la pequeña versión 1.4 de 125 CV parecía hasta la fecha la más recomendable –prestaciones y consumo en mano–, ahora llega este evolucionado 1.8 TSI de 160 CV y excepcional rendimiento (sólo cuesta 1.000 euros más), capaz de asociarse, en exclusiva en la gama, al nuevo cambio automático DSG de 7 velocidades. Y, créannos, eso es definitivo.

Si soberbio, además de progresivo y refinado, es el propulsor en aceleración y empuje desde antes incluso de 2.000 rpm (parece casi un turbodiésel) y hasta más de 5.000 rpm, zona en la que decae hasta 6.800 rpm (elasticidad propia de un auténtico gasolina), la nueva transmisión DSG de doble embrague resalta aún más sus virtudes. Parece haber nacido para este propulsor... y para el Seat León, pues probado antes en Volkswagen Golf y Volkswagen Passat no nos impactó tanto. Será que casa mejor con su deportividad…

Impresionante motor gasolina TSI: 190 CV de potencia en banco y máximo empuje desde 2.000 rpm, 800 antes que el Seat León saliente. Eso sí, el par se estira y contiene levemente para, a pesar de superar los anunciados 25,5 mkg que soporta el cambio DSG, entrar dentro de la tolerancia.

Esta transmisión DSG de 7 velocidades enlaza marchas a velocidad vertiginosa, tanto en modo automático –grandes los adelantamientos– como manual, donde incluye unas eficaces levas tras el volante ya estrenadas en el anterior Seat León FR: un espectáculo subir y bajar instantáneamente marchas buscando la mejor zona de giro de un motor que puede con casi todo. Eso sí, incluido también depósito, pues si este 1.8 TSI contiene consumo con nuevos ajustes (con menos rozamientos y peso, y bomba de aceite regulada por centralita, entre otras modificaciones) y en conducción relajada (la larga séptima marcha entra desde sólo 70 km/h), explorar sus elevadas posibilidades obliga también a concienciarse de un alto gasto, muy por encima de los medidos por nuestro Centro Técnico.

También conciencia, pero en esta ocasión de deportividad, ha requerido siempre el Seat León para comprender que la firmeza de suspensiones es artífice de sujetar tan bien la carrocería. La configuración Sport de nuestra unidad de pruebas –y única disponible con esta configuración de motor/cambio– incluye, además de asientos deportivos y llantas de 17 pulgadas (recomendables por confort frente a las de 18), una altura rebajada 7 mm. Sin embargo, respecto a las versiones Sport anteriores, el tren delantero monta ahora muelles un 8 por ciento menos duros y una estabilizadora 1 mm más fina.

Si detrás ya iba bien sujeto (no hacía falta modificarlo), el objetivo de Seat ahora era suavizar la respuesta del compacto ante irregularidades del asfalto... y cierto es que lo consigue. Porque no pierde eficacia: excelente y sólida pisada, con poco balanceo de carrocería, apoyos muy consistentes y un tren delantero tan directo como siempre. Pero, a la vez, resulta bastante cómodo. Es duro, pero no seco: palabra tras más de 600 kilómetros por carretera y de un tirón.

Otra interesante novedad del nuevo Seat León es el diferencial electrónico XDS (no disponible hasta final de año –cuando será de serie–), que trabaja conjuntamente con el ESP frenando la rueda que pierde adherencia, como si se tratase de una función más del control de estabilidad. No aporta por tanto más dirección, pero sí una mejor motricidad en las curvas más cerradas (con un ESP siempre alerta para corregir sutilmente trayectorias), que no hace si no acrecentar su agilidad.

Así, todas estas modificaciones, junto a un gran equipamiento –incluso con entrada USB o control de crucero– y un precio recortado en 650 euros frente al anterior 1.8 TSi –a pesar del nuevo cambio automático DSG– genera un Seat León aún más interesante. Volvemos entonces al principio: preparaciones deportivas al margen… ¿estamos ante el compacto más dinámico del mercado? Pues ahí estaría el bastidor del Ford Focus para discutirlo... aunque mecánicas y transmisiones parecen querer inclinar la balanza hacia el modelo español.

— Respuesta del motor
— Cambio DSG y prestaciones
— Comportamiento deportivo

— Consumo a alto régimen
— Visibilidad lateral
— Altura trasera

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