Seat Ibiza 1.4

Agradable de conducir, con ESP de serie y un chasis de lo más eficaz, el nuevo Ibiza es uno de los modelos más apetecibles de su segmento. Esta versión de gasolina de 85 CV es una alternativa razonable.
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Seat Ibiza 1.4
Seat Ibiza 1.4

El Seat Ibiza cuenta con dos posibilidades en cuanto a reglaje de suspensiones, una más confortable y otra encaminada a lograr un comportamiento más deportivo. En el caso que nos ocupa se trata de la segunda y, a nuestro juicio, supone una opción muy equilibrada entre comodidad y capacidades dinámicas, sin llegar a ser seco ni duro. Respecto a la versión confort varía el tarado de los amortiguadores y de los muelles delanteros (un 25% más rígidos), así como el diámetro de la estabilizadora, que pasa de 18 a 19 mm. Por su parte, el tren trasero es un 15% más firme y lleva silent-blocks diferentes, mientras que la asistencia de la dirección es algo más dura. El Ibiza resulta un modelo muy ágil, a la vez que muy estable y con pisada de coche más grande, por lo que da mucha confianza en todo tipo de carreteras.

En curvas obedece con inmediatez a las órdenes del volante, incluso en cambios bruscos de trayectoria, gracias a un tren delantero muy aplomado y con gran capacidad de guiado, en combinación con un eje trasero que está siempre dispuesto a redondear los giros, pero de manera muy progresiva y sin ningún tipo de exceso o sobresalto, sin interferir con la limpieza de la trazada. El buen trabajo realizado con el bastidor, unido a una dirección que sorprende por su buen tacto y precisión milimétrica, proporciona un alto grado de satisfacción sea cual sea nuestro estilo de conducción.

El ESP es de serie en toda la gama Seat Ibiza y ante situaciones delicadas no duda en cortar con decisión cualquier amago de sobreviraje, sobre todo si hacemos el más mínimo gesto de contravolante. Esta ayuda electrónica no se puede desconectar, aunque sí el control de tracción. Solamente en giros muy cerrados, de 1ª y 2ª velocidad, puede aparecer algún síntoma de subviraje si se abordan con exceso de optimismo, por lo demás su comportamiento es intachable. En autopista es quizá donde más se nota que realmente estamos ante un polivalente, ya que la estabilidad lineal se puede ver levemente perturbada por las irregularidades del asfalto o por el viento lateral, aunque no llega a ser un coche incómodo para viajar.

Las capacidades del chasis del Seat Ibiza son tan buenas que hacen sombra al ya de por sí discreto propulsor 1.4 de gasolina, cuyas prestaciones no son nada del otro mundo. Aun así, resulta apropiado para moverse en el día a día en ciudad e incluso en autopista, sobre todo por su voluntariosa entrega de par a medio régimen y suavidad de funcionamiento, aunque no es tan solvente a la hora de realizar adelantamientos en carretera, donde hay que hacer uso del cambio en busca del máximo rendimiento. Por suerte, el conseguido manejo de éste no tiene pega alguna, ya que es rápido, preciso y muy agradable. Otra cualidad positiva del motor es que resulta muy silencioso, incluso en fase de aceleración.

En cuanto a equipamiento, hasta el acabado básico Reference es bastante completo para lo que se podría esperar, si bien no dispone de aire acondicionado y éste cuesta 1.000 €. Tampoco cuenta con la posibilidad de incorporar faros bi-xenón direccionales —sí los Stylance y Sport—, ni encendido automático de luces o limpiaparabrisas. Al menos los antiniebla delanteros sí que funcionan como luz de giro, aunque son opcionales. Lo que sí es de serie es la iluminación diurna —una pena que no sea de tipo LED—, o el sistema de ayuda para arranque en pendiente, muy útil a pesar de una ligera falta de refinamiento, porque a veces tarda unas décimas de segundo más de la cuenta en soltar los frenos y el inicio de marcha se hace de manera más brusca.

Resulta novedosa la solución para quienes quieran incorporar sistema de navegación externo, ya que se ofrece la preinstalación para ello con un enchufe específico encima del salpicadero y sin necesidad de cables, en una posición idónea de cara a la visibilidad, ya que casi no obliga a desviar la vista de la carretera, sin embargo queda alejada del alcance de la mano, pues la consola es bastante prominente. También hay disponible conexión Bluetooth, mediante la cual podremos hacer uso del sistema manos libres y controlar algunas funciones de nuestro teléfono por medio de órdenes vocales. Y por supuesto no podía faltar una entrada de audio auxiliar, así como un puerto USB al que conectar algún que otro dispositivo portátil con archivos MP3, aunque hay que añadirlo a la creciente lista de extras. Cabe destacar, por último, la posibilidad de incorporar control de distancia de aparcamiento trasero.

Se trata del acabado básico, aunque a base de extras se puede configurar un Ibiza muy atractivo y acorde con nuestras necesidades. De todos modos, lo mejor del coche es la sensación de solidez que transmite y un agrado de conducción muy logrado, al alcance de pocos de sus rivales.

Relevo generacional

El Seat Ibiza cuenta con dos posibilidades en cuanto a reglaje de suspensiones, una más confortable y otra encaminada a lograr un comportamiento más deportivo. En el caso que nos ocupa se trata de la segunda y, a nuestro juicio, supone una opción muy equilibrada entre comodidad y capacidades dinámicas, sin llegar a ser seco ni duro. Respecto a la versión confort varía el tarado de los amortiguadores y de los muelles delanteros (un 25% más rígidos), así como el diámetro de la estabilizadora, que pasa de 18 a 19 mm. Por su parte, el tren trasero es un 15% más firme y lleva silent-blocks diferentes, mientras que la asistencia de la dirección es algo más dura. El Ibiza resulta un modelo muy ágil, a la vez que muy estable y con pisada de coche más grande, por lo que da mucha confianza en todo tipo de carreteras.

En curvas obedece con inmediatez a las órdenes del volante, incluso en cambios bruscos de trayectoria, gracias a un tren delantero muy aplomado y con gran capacidad de guiado, en combinación con un eje trasero que está siempre dispuesto a redondear los giros, pero de manera muy progresiva y sin ningún tipo de exceso o sobresalto, sin interferir con la limpieza de la trazada. El buen trabajo realizado con el bastidor, unido a una dirección que sorprende por su buen tacto y precisión milimétrica, proporciona un alto grado de satisfacción sea cual sea nuestro estilo de conducción.

El ESP es de serie en toda la gama Seat Ibiza y ante situaciones delicadas no duda en cortar con decisión cualquier amago de sobreviraje, sobre todo si hacemos el más mínimo gesto de contravolante. Esta ayuda electrónica no se puede desconectar, aunque sí el control de tracción. Solamente en giros muy cerrados, de 1ª y 2ª velocidad, puede aparecer algún síntoma de subviraje si se abordan con exceso de optimismo, por lo demás su comportamiento es intachable. En autopista es quizá donde más se nota que realmente estamos ante un polivalente, ya que la estabilidad lineal se puede ver levemente perturbada por las irregularidades del asfalto o por el viento lateral, aunque no llega a ser un coche incómodo para viajar.

Las capacidades del chasis del Seat Ibiza son tan buenas que hacen sombra al ya de por sí discreto propulsor 1.4 de gasolina, cuyas prestaciones no son nada del otro mundo. Aun así, resulta apropiado para moverse en el día a día en ciudad e incluso en autopista, sobre todo por su voluntariosa entrega de par a medio régimen y suavidad de funcionamiento, aunque no es tan solvente a la hora de realizar adelantamientos en carretera, donde hay que hacer uso del cambio en busca del máximo rendimiento. Por suerte, el conseguido manejo de éste no tiene pega alguna, ya que es rápido, preciso y muy agradable. Otra cualidad positiva del motor es que resulta muy silencioso, incluso en fase de aceleración.

En cuanto a equipamiento, hasta el acabado básico Reference es bastante completo para lo que se podría esperar, si bien no dispone de aire acondicionado y éste cuesta 1.000 €. Tampoco cuenta con la posibilidad de incorporar faros bi-xenón direccionales —sí los Stylance y Sport—, ni encendido automático de luces o limpiaparabrisas. Al menos los antiniebla delanteros sí que funcionan como luz de giro, aunque son opcionales. Lo que sí es de serie es la iluminación diurna —una pena que no sea de tipo LED—, o el sistema de ayuda para arranque en pendiente, muy útil a pesar de una ligera falta de refinamiento, porque a veces tarda unas décimas de segundo más de la cuenta en soltar los frenos y el inicio de marcha se hace de manera más brusca.

Resulta novedosa la solución para quienes quieran incorporar sistema de navegación externo, ya que se ofrece la preinstalación para ello con un enchufe específico encima del salpicadero y sin necesidad de cables, en una posición idónea de cara a la visibilidad, ya que casi no obliga a desviar la vista de la carretera, sin embargo queda alejada del alcance de la mano, pues la consola es bastante prominente. También hay disponible conexión Bluetooth, mediante la cual podremos hacer uso del sistema manos libres y controlar algunas funciones de nuestro teléfono por medio de órdenes vocales. Y por supuesto no podía faltar una entrada de audio auxiliar, así como un puerto USB al que conectar algún que otro dispositivo portátil con archivos MP3, aunque hay que añadirlo a la creciente lista de extras. Cabe destacar, por último, la posibilidad de incorporar control de distancia de aparcamiento trasero.

Se trata del acabado básico, aunque a base de extras se puede configurar un Ibiza muy atractivo y acorde con nuestras necesidades. De todos modos, lo mejor del coche es la sensación de solidez que transmite y un agrado de conducción muy logrado, al alcance de pocos de sus rivales.

Relevo generacional

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