Seat Ibiza 1.4

Agradable de conducir, con ESP de serie y un chasis de lo más eficaz, el nuevo Ibiza es uno de los modelos más apetecibles de su segmento. Esta versión de gasolina de 85 CV es una alternativa razonable.
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Seat Ibiza 1.4
Seat Ibiza 1.4

A pesar haber sido capaz de mantenerse vigente hasta ahora, haciendo frente a un buen número de rivales de más reciente aparición, nuestro apreciado Seat Ibiza necesitaba ya un relevo generacional con el que abordar la constante evolución de un segmento B cada vez más puntero. En esta última edición la renovación ha sido completa, pues, como ya adelanta un diseño cuyos trazos poco o nada tienen que ver con el estilo anterior, estrena nueva plataforma, aunque conserva algunas motorizaciones ya conocidas, entre ellas la que nos ocupa en esta prueba.

Por fuera puede gustar o no, pero el aspecto del interior del nuevo Seat Ibiza es actual y resulta agradable nada más sentarnos en el asiento del conductor. Es moderno y sencillo —quizá demasiado—, y no tiene mucho que ver con lo conocido hasta ahora en la marca Seat. Aun así, no rompe por completo con la personalidad Seat y cuenta con ciertos detalles que le identifican como tal, por ejemplo la iluminación en rojo del nuevo equipo de sonido con MP3, o el tipo de plásticos utilizados en el salpicadero, muy similares a los que podemos encontrar en los Seat León, Altea y Toledo. En función de la tapicería elegida se pueden escoger dos acabados bitono para la consola y los revestimientos de las puertas, uno claro —el de nuestra unidad— y otro más oscuro.

Los ajustes y la calidad de terminación, así como la ergonomía general y un acertado tacto de todos los mandos compensan la aparente sobriedad estética del habitáculo del Ibiza. Todo está bien dispuesto y resulta muy intuitivo, es como un guante en el que nos sentimos muy a gusto desde el momento en que arrancamos. La postura de conducción es perfecta gracias al amplio reglaje en altura y profundidad de la columna de la dirección y del asiento —el del pasajero también se regula en altura—, en el que sólo falta la regulación del apoyo lumbar y no se echa excesivamente de menos.

Sobre la habitabilidad, el incremento de longitud de la plataforma de este Ibiza redunda fundamentalmente en la capacidad del maletero, que se convierte en la referencia de su clase, con 350 dm3 y una rueda de repuesto del tamaño de las de serie bajo el piso. Sin embargo, no ocurre lo mismo con el espacio para los ocupantes, que apenas ha variado, y en este sentido sólo podemos hablar de unas cotas correctas, e incluso algo justas en distancia para las piernas de los pasajeros posteriores si se compara con los modelos más amplios del segmento, aunque bajo los asientos delanteros haya sitio holgado para los pies.

— Agrado de conducción
— Bastidor
— ESP de serie

— Motor algo justo
— Habitabilidad trasera
— Lagunas de equipamiento

Comportamiento excelente

A pesar haber sido capaz de mantenerse vigente hasta ahora, haciendo frente a un buen número de rivales de más reciente aparición, nuestro apreciado Seat Ibiza necesitaba ya un relevo generacional con el que abordar la constante evolución de un segmento B cada vez más puntero. En esta última edición la renovación ha sido completa, pues, como ya adelanta un diseño cuyos trazos poco o nada tienen que ver con el estilo anterior, estrena nueva plataforma, aunque conserva algunas motorizaciones ya conocidas, entre ellas la que nos ocupa en esta prueba.

Por fuera puede gustar o no, pero el aspecto del interior del nuevo Seat Ibiza es actual y resulta agradable nada más sentarnos en el asiento del conductor. Es moderno y sencillo —quizá demasiado—, y no tiene mucho que ver con lo conocido hasta ahora en la marca Seat. Aun así, no rompe por completo con la personalidad Seat y cuenta con ciertos detalles que le identifican como tal, por ejemplo la iluminación en rojo del nuevo equipo de sonido con MP3, o el tipo de plásticos utilizados en el salpicadero, muy similares a los que podemos encontrar en los Seat León, Altea y Toledo. En función de la tapicería elegida se pueden escoger dos acabados bitono para la consola y los revestimientos de las puertas, uno claro —el de nuestra unidad— y otro más oscuro.

Los ajustes y la calidad de terminación, así como la ergonomía general y un acertado tacto de todos los mandos compensan la aparente sobriedad estética del habitáculo del Ibiza. Todo está bien dispuesto y resulta muy intuitivo, es como un guante en el que nos sentimos muy a gusto desde el momento en que arrancamos. La postura de conducción es perfecta gracias al amplio reglaje en altura y profundidad de la columna de la dirección y del asiento —el del pasajero también se regula en altura—, en el que sólo falta la regulación del apoyo lumbar y no se echa excesivamente de menos.

Sobre la habitabilidad, el incremento de longitud de la plataforma de este Ibiza redunda fundamentalmente en la capacidad del maletero, que se convierte en la referencia de su clase, con 350 dm3 y una rueda de repuesto del tamaño de las de serie bajo el piso. Sin embargo, no ocurre lo mismo con el espacio para los ocupantes, que apenas ha variado, y en este sentido sólo podemos hablar de unas cotas correctas, e incluso algo justas en distancia para las piernas de los pasajeros posteriores si se compara con los modelos más amplios del segmento, aunque bajo los asientos delanteros haya sitio holgado para los pies.

— Agrado de conducción
— Bastidor
— ESP de serie

— Motor algo justo
— Habitabilidad trasera
— Lagunas de equipamiento

Comportamiento excelente

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