Saab 9-3 Sport Hatch Aero

Con el 9-3 Sport Hatch, Saab trata de redefinir el tradicional concepto de coche familiar nórdico. Aúna en este wagon una estética muy agresiva, un motor imponente y un interior confortable y espacioso, idóneo para el viaje. Sin embargo, con 250 CV bajo el pedal de gas, nos habría gustado un comportamiento algo más atrevido.
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En estos últimos meses hemos asistido a la irrupción de muchos coches que mezclan el espacio y el confort de un familiar con las prestaciones de un deportivo o, al menos, de una berlina de características deportivas.
Es el caso de coches como el BMW 330i Touring el Audi A4 Avant 3.2 FSI, el nuevo Alfa 159 Sportwagon o el Mercedes C Familiar 280 Classic. Opel tiene en el Vectra SW 2.8 V6 OPC su mejor exponente de esta nueva ola de deportividad de uso familiar y Saab, que siempre ha tenido grandes familiares, no quería quedarse atrás.

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Parece una especie de moda destinada a mantener atrapados dentro de la marca a los compradores que, poco a poco, demandan más espacio pero no quieren perder las emociones que sólo confieren los coches de talante deportivo. Esos clientes, dispuestos a sacrificar algo de confort a cambio de seguir sintiendo la conducción, están de enhorabuena con esta hornada de familiares de alto nivel dinámico.

En Saab, utilizando la misma plataforma que emplea el Vectra, los ingenieros responsables del 9-3 han configurado un familiar bastante imponente por su estética y sus posibilidades teóricas.

Y es que, al menos sobre el papel, un motor V6 de 250 CV siempre es promesa de emociones, sobre todo si anuncia un magnífico par máximo de 35 mkg a sólo 2.000 rpm, un tramo del cuentavueltas donde el motor apenas está empezando a desperezarse y le queda muchísimo para estirar y empujar.

Así, muy lleno por abajo, el V6 se ofrece como una máquina muy utilizable, de tacto agradable, entrega de fuerza contundente pero progresiva y respuesta enérgica. Este comportamiento tan noble se debe a un turbo de doble entrada, una estructura que permite trabajar de forma diferente en cada bancada de cilindros, aprovechando mejor el flujo de aire y evitando pérdidas de potencia. Además, a pocas revoluciones, la mariposa de admisión se abre más de lo normal, autorizando mayor entrada de aire a los cilindros y permitiendo que aumente su entrega de potencia. Así, se extrae un mejor rendimiento de la mecánica a pocos giros y también en la parte alta del cuentavueltas.

No nos ha parecido un motor ruidoso (se notan más los ruidos aerodinámicos que los mecánicos), pero sí que ha resultado “glotón” . Nuestro Centro Técnico certifica 11,2 litros de media ponderada a los 100 km, pero, en conducción normal, es fácil hacer consumos bastante más elevados. Son los peajes que hay que pagar para disfrutar del potencial de una máquina de 250 CV.

El cambio elegido por Saab para gestionar los 250 CV es una transmisión automática de seis relaciones con posibilidad de manejo secuencial, seis marchas y levas en el volante. Es una caja interesante porque no abundan las de su tipo: es automática del todo cuando funciona en modo automático y secuencial completa cuando se pasa al modo secuencial. Esto tiene ventajas, como, por ejemplo, la posibilidad de apurar las marchas en secuencial hasta el corte de inyección sin que la caja pase por su cuenta a una superior. También en secuencial se puede aprovechar el poder de retención del cambio, aunque no sea éste su fuerte. Y, claro, también tiene alguna desventaja: funcionando en automático, no hay forma de actuar sobre el cambio por mucho que toquemos las levas.
Por lo demás, los desarrollos están muy bien escogidos, con una tercera y una cuarta realmente imperiales, pensadas para hacer que el coche se mueva con toda la alegría de sus 250 CV. La quinta, en cambio, es tan larga que nos hace dudar de la necesidad de la sexta.

La puesta a punto del chasis que ha realizado Saab para este 9-3 Sport Hatch traiciona un poco el espíritu general de un coche de aires deportivos dotado con un motor tan poderoso. Quizá preocupados por no minar sus tradicionales baluartes del confort y la seguridad, los responsables del bastidor han buscado un comportamiento dinámico poco dado a las alegrías.

El coche, con mucho peso sobre el eje delantero, resulta eminentemente subvirador, una tendencia que se elimina con sólo levantar el pie del acelerador y que, en todo caso, queda bastante neutralizada por un eficaz control de estabilidad. El eje trasero, por su parte, se muestra muy dócil y calmado. Sólo forzando mucho las cosas iniciará un levísimo deslizamiento para redondear las curvas.

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p> En cuanto a las suspensiones, aunque sólidas, se han elegido unos tarados que no penalizan el confort, con lo que la masa de la carrocería todavía tiene bastante presencia en la conducción, manifestándose con algunos balanceos que restan algo de confianza.

Con todo, quizá lo menos agradable sea la dirección, que se ha configurado para que muestre unas maneras muy burguesas, alejadas de lo que parece proponer el coche. Filtra demasiado y no informa prácticamente de nada de lo que hay bajo las ruedas, un problema a la hora de ir rápido en zonas complicadas, pues la precisión que pueda aportar la dirección no se transmite al conductor.
Además, obligada a soportar los 250 CV, la dirección sufre más de lo que debería para obedecer las órdenes que le llegan desde el volante (por cierto, un volante enorme, demasiado grande). Ese sufrimiento es tan alto que, cuando se va rápido, el volante “tira” hacia fuera de la curva porque las ruedas se dejan arrastrar por la potencia y remolonean a la hora de marcar la trayectoria deseada, con lo que se acentúa el comportamiento subvirador del coche.

Con todo lo dicho hasta aquí, es fácil deducir que el 9-3 Sport Hatch resulta comodísimo en las carreteras fáciles, donde el motor impone su agrado de marcha y la suspensión filtra sin problema cualquier irregularidad. En cambio, las zonas más viradas y lentas, donde el V6 y un buen chasis nos harían gozar, este 9-3 reniega de esa idea y se deja vencer por la falta de equilibrio de su bastidor.

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