Rover Streetwise 2.0 TD SE 5p

El último modelo de Rover aparecido en el mercado se llama Streetwise y pretende hacerse con un hueco en el disputado segmento de los utilitarios. Para ello, se presenta con una apariencia “todo terreno”, el conocido propulsor Diesel de 2 litros y 101 CV de potencia y un precio poco competitivo.
Autopista -
Rover Streetwise 2.0 TD SE 5p
Rover Streetwise 2.0 TD SE 5p

Cuando se presentó hace unas semanas, el Streetwise fue calificado por Rover como el “todo camino urbano” por su apariencia robusta. Lo cierto es que su diseño exterior puede gustar o no, pero de lo que estoy completamente segura es de que este modelo no va pasar inadvertido en ningún lugar. Se trata de un Rover 25 al que le han subido las suspensiones (bastante, por cierto) y le han colocado molduras y paragolpes de plástico gris que le confieren una imagen “campera”. Las barras de transporte que tiene en el techo subrayan esta impresión.

Nos ponemos al volante y giramos la llave. Aún no hemos prestado demasiada atención al interior, del que más adelante daremos cuenta. Ocupémonos primero de las prestaciones y del comportamiento. Nos parece que el sonido del motor es ronco, como aquellas mecánicas de gasóleo de hace algunos años. Esta característica es la primera que nos hace sospechar que estamos ante un vehículo que, aunque sea “nuevo”, tiene más de un lustro de antigüedad.

Al propulsor le cuesta trabajo subir de vueltas, sobre todo en los primeros compases de giro. Una vez que alcanza 2.000 rpm sube más alegremente. El rango con mejor cifra de par motor –entorno a los 24 mkg-, registrado por nuestro Centro Técnico está entre 2.250 y 3.000 giros. Rover anuncia una potencia de 101 CV, pero lo cierto es que, cuando el propulsor gira a 4.000 vueltas, ofrece hasta 111 CV, según nuestros datos.

En la parte más alta del cuentavueltas, el Rover se encuentra muy a gusto.

Ya hemos comentado que se trata de un coche lento en los primeros compases de la marcha –a bajas vueltas-, pero, sin embargo, acelera de 0 a 100 km/h en 10,15 segundos, lo que significa que esta pereza es sólo una percepción nuestra –errónea, por cierto-. Lo mismo nos ocurre con las recuperaciones. Parece que el coche tarda bastante, pero los datos nos confirman que no es así: sus cifras medias están dentro de las de su segmento.

La palanca de cambios de nuestra unidad de pruebas vibraba en exceso con el motor al ralentí; además, nos costaba engranar las marchas.

El tacto del freno no nos ha gustado. La primera parte del recorrido no transmite la efectiva sensación de que estemos frenando. Resulta complicado, además, dosificar la frenada. Según ha comprobado nuestro Centro Técnico, los frenos pierden eficacia cuando se calientan. En la mejor frenada de las realizadas, el Streetwise ha recorrido 77 metros en 4 segundos hasta parar cuando circula a 140 km/h. La distancia, aunque es una cifra que se coloca por encima de la media de sus rivales, no es tan significativa como la falta de estabilidad que sufrimos en esta operación. Es decir, en ese momento, aunque la frenada sea en línea recta, la trasera del coche tiende a insinuarse. No es una desestabilización total ni mucho menos, pero sí notamos como el eje trasero tiende a descolocarse.

Lo cierto es que el Streetwise no destaca especialmente por su agilidad. Es un coche perezoso con el que nos cuesta zigzaguear en la “jungla urbana”. Sus dimensiones (3,9 metros de largo y 1,7 de ancho) no son obstáculo para encontrar aparcamiento, pero sí su dirección asistida –bastante dura-, que nos recuerda esa conducción de nuestro primer coche sin dirección asistida. La verdad es que nos estamos acostumbrando a productos de muy alto nivel con decenas de asistencias “para todo” y, cuando encontramos un vehículo que no reúne alguna de estas ayudas, lo notamos.

Nuestro protagonista nos sorprende gratamente cuando salimos a autovía con él. Es posible alcanzar y mantener una buena velocidad de crucero, sin comprometer demasiado los consumos. Basta con engranar la quinta marcha y “tirar millas”. En carreteras más viradas tenemos que hacer uso intensivo del cambio y como éste no es nada preciso nos resulta pesado este tipo de conducción.

Además de autovía, carreteras viradas y ciudad, quisimos saber si realmente podíamos “meter” a este Streetwise por caminos. Y la verdad es que, gracias a su distancia elevada respecto al suelo, comprobamos que se defiende bastante bien. Como está recubierto de plásticos, no hay problemas con las pequeñas piedras que saltan en este tipo de caminos, todas rebotan sin dañar la chapa. Los neumáticos no nos parecen de lo más adecuado para este tipo de conducción, tienen un perfil demasiado bajo –que tiene su contrapartida a favor en que dotan al modelo de una imagen más deportiva-.

Cuando se presentó hace unas semanas, el Streetwise fue calificado por Rover como el “todo camino urbano” por su apariencia robusta. Lo cierto es que su diseño exterior puede gustar o no, pero de lo que estoy completamente segura es de que este modelo no va pasar inadvertido en ningún lugar. Se trata de un Rover 25 al que le han subido las suspensiones (bastante, por cierto) y le han colocado molduras y paragolpes de plástico gris que le confieren una imagen “campera”. Las barras de transporte que tiene en el techo subrayan esta impresión.

Nos ponemos al volante y giramos la llave. Aún no hemos prestado demasiada atención al interior, del que más adelante daremos cuenta. Ocupémonos primero de las prestaciones y del comportamiento. Nos parece que el sonido del motor es ronco, como aquellas mecánicas de gasóleo de hace algunos años. Esta característica es la primera que nos hace sospechar que estamos ante un vehículo que, aunque sea “nuevo”, tiene más de un lustro de antigüedad.

Al propulsor le cuesta trabajo subir de vueltas, sobre todo en los primeros compases de giro. Una vez que alcanza 2.000 rpm sube más alegremente. El rango con mejor cifra de par motor –entorno a los 24 mkg-, registrado por nuestro Centro Técnico está entre 2.250 y 3.000 giros. Rover anuncia una potencia de 101 CV, pero lo cierto es que, cuando el propulsor gira a 4.000 vueltas, ofrece hasta 111 CV, según nuestros datos.

En la parte más alta del cuentavueltas, el Rover se encuentra muy a gusto.

Ya hemos comentado que se trata de un coche lento en los primeros compases de la marcha –a bajas vueltas-, pero, sin embargo, acelera de 0 a 100 km/h en 10,15 segundos, lo que significa que esta pereza es sólo una percepción nuestra –errónea, por cierto-. Lo mismo nos ocurre con las recuperaciones. Parece que el coche tarda bastante, pero los datos nos confirman que no es así: sus cifras medias están dentro de las de su segmento.

La palanca de cambios de nuestra unidad de pruebas vibraba en exceso con el motor al ralentí; además, nos costaba engranar las marchas.

El tacto del freno no nos ha gustado. La primera parte del recorrido no transmite la efectiva sensación de que estemos frenando. Resulta complicado, además, dosificar la frenada. Según ha comprobado nuestro Centro Técnico, los frenos pierden eficacia cuando se calientan. En la mejor frenada de las realizadas, el Streetwise ha recorrido 77 metros en 4 segundos hasta parar cuando circula a 140 km/h. La distancia, aunque es una cifra que se coloca por encima de la media de sus rivales, no es tan significativa como la falta de estabilidad que sufrimos en esta operación. Es decir, en ese momento, aunque la frenada sea en línea recta, la trasera del coche tiende a insinuarse. No es una desestabilización total ni mucho menos, pero sí notamos como el eje trasero tiende a descolocarse.

Lo cierto es que el Streetwise no destaca especialmente por su agilidad. Es un coche perezoso con el que nos cuesta zigzaguear en la “jungla urbana”. Sus dimensiones (3,9 metros de largo y 1,7 de ancho) no son obstáculo para encontrar aparcamiento, pero sí su dirección asistida –bastante dura-, que nos recuerda esa conducción de nuestro primer coche sin dirección asistida. La verdad es que nos estamos acostumbrando a productos de muy alto nivel con decenas de asistencias “para todo” y, cuando encontramos un vehículo que no reúne alguna de estas ayudas, lo notamos.

Nuestro protagonista nos sorprende gratamente cuando salimos a autovía con él. Es posible alcanzar y mantener una buena velocidad de crucero, sin comprometer demasiado los consumos. Basta con engranar la quinta marcha y “tirar millas”. En carreteras más viradas tenemos que hacer uso intensivo del cambio y como éste no es nada preciso nos resulta pesado este tipo de conducción.

Además de autovía, carreteras viradas y ciudad, quisimos saber si realmente podíamos “meter” a este Streetwise por caminos. Y la verdad es que, gracias a su distancia elevada respecto al suelo, comprobamos que se defiende bastante bien. Como está recubierto de plásticos, no hay problemas con las pequeñas piedras que saltan en este tipo de caminos, todas rebotan sin dañar la chapa. Los neumáticos no nos parecen de lo más adecuado para este tipo de conducción, tienen un perfil demasiado bajo –que tiene su contrapartida a favor en que dotan al modelo de una imagen más deportiva-.

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