Renault Mégane dCi 130

Con unas prestaciones similares a la versión manual, ofrece mayor confort que ésta pero también más consumo y un precio de salida mayor. ¿Merece la pena? Depende lo que apreciemos la comodidad. Nosotros bastante y más si hacemos un buen número de kilómetros al año en ciudad o en carreteras atascadas casi permanentemente.
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Renault Mégane dCi 130
Renault Mégane dCi 130

Viendo cómo se las gasta la competencia, (cambio DSG, 6 marchas, modo deportivo…), a priori el Mégane parte con desventaja. Y lo cierto es que está en desventaja.

Su caja de cambios cuenta sólo con 4 relaciones, pero un motor lleno de fuerza, con un par encomiable –30,6 mkg a 2.000 rpm– y una potencia muy interesante –130 CV a 4.000 rpm– hace del defecto una virtud, consiguiendo paliar la falta de marchas a base de respuesta a bajo régimen y, en la práctica, responde satisfactoriamente.

Monta una caja de cambios automática por convertidor de par y una gestión del paso de marchas “Proactiva” , que se adapta a nuestra manera de conducir según tres parámetros básicos: modo de conducción, temperatura del motor y perfil de la carretera –o carga del coche–. No dispone de modos de funcionamiento –sport, económico o nieve– y encomienda a la electrónica la identificación de la situación y la actuación en según qué caso. Y lo cierto es que lo hace muy bien.

El automatismo parece que nos lee el pensamiento y reacciona correctamente en la mayoría de los casos. Si hablamos de conducción deportiva flaquea, pero es que no es un deportivo. Renault persigue con este modelo y este acabado confort y cierto lujo, no deportividad. También cuenta con funcionamiento manual secuencial con el que nos permite seleccionar las marchas mediante impulsos en la palanca de cambios –no tiene levas en el volante ni en opción–. La transición entre ellas, como en modo automático, es bastante rápida, incluso más que un conductor normal cambiado de marcha con caja de cambios tradicional. Esto ayuda a que las aceleraciones sean tan buenas, o mejores en algún caso como el kilómetro con salida parada, que la versión con cambio manual.

Como apuntes mejorables, la colocación del pedal de freno, muy cercano al del acelerador. Y esto sirve para todos los Mégane, la información de pantalla del navegador Carminat no se distingue correctamente cuando le da el sol, haciendo muy difícil su visualización. Aunque ha mejorado, el tacto de la dirección asistida eléctrica sigue siendo artificial.

El coche ofrece un buen comportamiento, sin duda, pero no llega a transmitir fielmente lo que pasa bajo las ruedas. Estos detalles, una caja de cambios con dos relaciones más –al menos para estar igualado comercialmente con la competenci– y un consumo urbano un poco más bajo, harían del Mégane objeto de esta prueba un producto realmente redondo.

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