Renault Mégane 1.5 dCi 105 CV

Ser un superventas no es fácil, pero el Mégane lo consigue con multitud de argumentos. Esta versión Diesel de 105 CV los aglutina y suma confort de marcha y consumo reducido.
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Hace tiempo un antiguo jefe me dijo que para llegar alto no había que ser el mejor ni el peor, sino estar en una posición intermedia y tener suerte. Este quizás sea el caso del Renault Mégane, un modelo que, mes tras mes, se sitúa entre los tres coches más vendidos en nuestro país. No es el mejor en nada, pero en todos los apartados cumple con nota alta, posee una gama muy completa de motorizaciones, carrocerías y equipamientos (hasta 142 combinaciones) y un precio competitivo.

Meses atrás el Mégane recibió unos pequeños retoques estéticos que han servido para que no pierda comba respecto a sus principales rivales y para hacerlo más atractivo al potencial comprador. Estas variaciones de diseño se centraban en los pilotos delanteros y traseros, la calandra central y las tomas de aire, ahora más prominentes, pero también había algunos cambios invisibles a primera vista, como las mejoras en el tacto de la dirección o en el ESP, que mejoran el conjunto.

La versión que nos ocupa, la Diesel de 105 CV, se sitúa en un término intermedio dentro de la gama de motores del Mégane, con el 1.9 dCI de 130 CV y el 2.0 dCI de 150 CV por encima y un 1.5 dCI de 85 CV por debajo. Decía Aristóteles que en el término medio se encontraba la virtud y, realmente, este Diesel de 105 CV nos parece la elección más equilibrada para el conductor que no valora en exceso las prestaciones y apuesta por el ahorro y el confort.

El 1.5 dCi es ya un motor veterano en el marca, que ya lo ha utilizado en las anteriores generaciones del Mégane y del Clio con algunas variaciones. En esta ocasión, los ingenie-ros de Renault han reducido la relación de compresión a un valor de 18,8:1 utilizando un sistema de inyección de 1.600 bares con inyec-tores piezoeléctricos y un turbo compresor de geometría variable multialetas. Así, se ganan 5 CV frente al anterior 1.5 dCi de 100 CV sin que el consumo se vea afectado.

A pesar de su escasa cilindrada, apenas 1.461 cm3, esta mecánica ofrece un funcionamiento más que digno en todo el rango de revoluciones. Bien es cierto que, a la hora de afrontar repechos o adelantamientos, tenemos que llevarlo algo “alegre” porque tarda en responder, pero con previsión eso no nos parece un inconveniente demasiado grave. Sobre todo porque son muchas las virtudes que lo adornan.

Es un propulsor que mueve con bastante solvencia el coche y que permite un uso urbano y extraurbano al que no se le puede poner peros. Desde lo más bajo del cuentavueltas contamos con un empuje notable y este se prolonga hasta las 4.000 rpm, donde empieza a decaer y es entre 2.000 y las citadas 4.000 vueltas dónde realmente conseguimos sacar lo mejor de esta mecánica, con una entrega de potencia suave y constante.

Si analizamos sus prestaciones en relación con las de sus principales rivales (Focus, C4, Astra, 307, León, Corolla y Golf) observamos que no es el más rápido, aunque tampoco el más lento, situándose en un término medio

Pero eso no es todo. El ruido que genera esta mecánica –o por lo menos el que llega al interior del habitáculo- es bastante contenido. Si lo comparamos con el de otros motores Diesel de similar potencia que equipa la competencia, la conclusión es clara: es el más silencioso. En este hecho juega un papel importante la caja de cambios de seis relaciones que está asociada a este 1.5 dCi, con unos desarrollos algo largos, y una sexta –única en el segmento en este nivel de potencia- enfocada a la reducción del consumo y del ruido.

Esto, indudablemente, hace más agradable la conducción, pero lo que realmente puede determinar la compra es el escaso consumo de combustible del que hace gala. Para un compacto de 4,2 metros, más de 1.300 kg y 105 CV oficiales –casi 114 CV en nuestro banco de rodillos- gastar 6,3 litros de media cada 100 km –sólo 7,6 litros en el ámbito urbano- está muy bien, sólo superado por el 1.6 HDI del Peugeot 307, que consume 0,2 litros menos cada 100 km.

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Hace tiempo un antiguo jefe me dijo que para llegar alto no había que ser el mejor ni el peor, sino estar en una posición intermedia y tener suerte. Este quizás sea el caso del Renault Mégane, un modelo que, mes tras mes, se sitúa entre los tres coches más vendidos en nuestro país. No es el mejor en nada, pero en todos los apartados cumple con nota alta, posee una gama muy completa de motorizaciones, carrocerías y equipamientos (hasta 142 combinaciones) y un precio competitivo.

Meses atrás el Mégane recibió unos pequeños retoques estéticos que han servido para que no pierda comba respecto a sus principales rivales y para hacerlo más atractivo al potencial comprador. Estas variaciones de diseño se centraban en los pilotos delanteros y traseros, la calandra central y las tomas de aire, ahora más prominentes, pero también había algunos cambios invisibles a primera vista, como las mejoras en el tacto de la dirección o en el ESP, que mejoran el conjunto.

La versión que nos ocupa, la Diesel de 105 CV, se sitúa en un término intermedio dentro de la gama de motores del Mégane, con el 1.9 dCI de 130 CV y el 2.0 dCI de 150 CV por encima y un 1.5 dCI de 85 CV por debajo. Decía Aristóteles que en el término medio se encontraba la virtud y, realmente, este Diesel de 105 CV nos parece la elección más equilibrada para el conductor que no valora en exceso las prestaciones y apuesta por el ahorro y el confort.

El 1.5 dCi es ya un motor veterano en el marca, que ya lo ha utilizado en las anteriores generaciones del Mégane y del Clio con algunas variaciones. En esta ocasión, los ingenie-ros de Renault han reducido la relación de compresión a un valor de 18,8:1 utilizando un sistema de inyección de 1.600 bares con inyec-tores piezoeléctricos y un turbo compresor de geometría variable multialetas. Así, se ganan 5 CV frente al anterior 1.5 dCi de 100 CV sin que el consumo se vea afectado.

A pesar de su escasa cilindrada, apenas 1.461 cm3, esta mecánica ofrece un funcionamiento más que digno en todo el rango de revoluciones. Bien es cierto que, a la hora de afrontar repechos o adelantamientos, tenemos que llevarlo algo “alegre” porque tarda en responder, pero con previsión eso no nos parece un inconveniente demasiado grave. Sobre todo porque son muchas las virtudes que lo adornan.

Es un propulsor que mueve con bastante solvencia el coche y que permite un uso urbano y extraurbano al que no se le puede poner peros. Desde lo más bajo del cuentavueltas contamos con un empuje notable y este se prolonga hasta las 4.000 rpm, donde empieza a decaer y es entre 2.000 y las citadas 4.000 vueltas dónde realmente conseguimos sacar lo mejor de esta mecánica, con una entrega de potencia suave y constante.

Si analizamos sus prestaciones en relación con las de sus principales rivales (Focus, C4, Astra, 307, León, Corolla y Golf) observamos que no es el más rápido, aunque tampoco el más lento, situándose en un término medio

Pero eso no es todo. El ruido que genera esta mecánica –o por lo menos el que llega al interior del habitáculo- es bastante contenido. Si lo comparamos con el de otros motores Diesel de similar potencia que equipa la competencia, la conclusión es clara: es el más silencioso. En este hecho juega un papel importante la caja de cambios de seis relaciones que está asociada a este 1.5 dCi, con unos desarrollos algo largos, y una sexta –única en el segmento en este nivel de potencia- enfocada a la reducción del consumo y del ruido.

Esto, indudablemente, hace más agradable la conducción, pero lo que realmente puede determinar la compra es el escaso consumo de combustible del que hace gala. Para un compacto de 4,2 metros, más de 1.300 kg y 105 CV oficiales –casi 114 CV en nuestro banco de rodillos- gastar 6,3 litros de media cada 100 km –sólo 7,6 litros en el ámbito urbano- está muy bien, sólo superado por el 1.6 HDI del Peugeot 307, que consume 0,2 litros menos cada 100 km.

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