Renault Laguna

Más rápido, más alto, más fuerte es el lema de los Juegos Olímpicos y le viene como anillo al dedo a la tercera generación del Renault Laguna ya que el paso dado con respecto a su predecesor es ciertamente gigantesco en todos los apartados.
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Renault Laguna
Renault Laguna

Nos habían dicho que la nueva generación del Renault Laguna –la tercera- suponía un avance considerable en todos los sentidos con respecto a sus predecesores y que venía con muchas ganas de dar mucha, pero que mucha guerra a sus competidores, tanto a los tradicionales de las marcas generalistas como a algunos de las denominadas “Premium”.

Que habían elevado su grado de confort y calidad de sus componentes; que le habían dotado de tecnología que, en muchos casos, no se ve, ni tampoco se siente, pero que consigue que los ocupantes se encuentren a gusto y seguros dentro del coche; que en carretera había ganado en calidad de rodadura y que su comportamiento dinámico era de primer nivel. Y nosotros nos lo creímos porque la gente que lo decía tenía suficiente criterio como para que así fuera.

Ahora lo hemos conducido, hemos hecho un buen número de kilómetros por las carreteras austriacas y alemanas con un tiempo ciertamente típico de la zona: lluvia, lluvia y más lluvia –en algunos casos torrencial-, a velocidades moderadas y no tanto cuando rodábamos por las autobahn alemanas. La conclusión después de esta toma de contacto es sencilla: nosotros también nos sumamos a las voces de nuestros predecesores: el nuevo Laguna viene dispuesto a plantar cara a los modelos más vendidos del segmento e, incluso, a tratar de tú a tú a algunos de los que están entre las marcas no generalistas.

No resulta sencillo valorar la calidad de unos materiales a simple vista, pero lo cierto es que una vez acomodados en el nuevo Laguna, todas las percepciones que recibimos a través de nuestros sentidos del tacto, vista y oido son más que favorables.

Los materiales plásticos con que se ha revestido el salpicadero tienen un tacto esponjoso, a la vista resultan bastante atractivos y en el interior del Laguna apenas se escuchan ruidos provenientes del exterior, ni del motor, ni aerodinámicos ni de rodadura.

La consola central está bien diseñada, todos los mandos están colocados muy a mano del conductor y la pantalla del navegador –opcional- se ve con suma claridad desde el puesto del conductor sin tener que retirar demasiado la vista de la carretera.

Eso sí, no se puede hablar de una ruptura total con lo conocido hasta ahora en otros modelos de la marca, ya que el nuevo Laguna recibe unos cuantos elementos que ya estaban presentes en la anterior generación. Puestos a buscar algún “pero”, no nos gusta la tira transversal ubicada en el salpicadero en la zona del acompañante y que, tanto en su versión símil madera o aluminio, no terminan de convencernos estéticamente hablando.

El freno de mano –eléctrico- ha pasado de estar a la izquierda del conductor en el salpicadero a encontrar alojamiento a su derecha justo al lado del hueco entre los asientos. Con ello se ha ganado un práctico hueco con tapa para llevar pequeños objetos en el lugar del salpicadero que antes ocupaba este elemento.

En la parte trasera se viaja con bastante comodidad, la altura ha mejorado ligeramente con respecto al anterior Laguna y se ha ganado algo de espacio para las piernas. Todo ello a base de realizar esculpidos en los respaldos de los asientos delanteros y en el guarnecido del techo.

Nos habían dicho que la nueva generación del Renault Laguna –la tercera- suponía un avance considerable en todos los sentidos con respecto a sus predecesores y que venía con muchas ganas de dar mucha, pero que mucha guerra a sus competidores, tanto a los tradicionales de las marcas generalistas como a algunos de las denominadas “Premium”.

Que habían elevado su grado de confort y calidad de sus componentes; que le habían dotado de tecnología que, en muchos casos, no se ve, ni tampoco se siente, pero que consigue que los ocupantes se encuentren a gusto y seguros dentro del coche; que en carretera había ganado en calidad de rodadura y que su comportamiento dinámico era de primer nivel. Y nosotros nos lo creímos porque la gente que lo decía tenía suficiente criterio como para que así fuera.

Ahora lo hemos conducido, hemos hecho un buen número de kilómetros por las carreteras austriacas y alemanas con un tiempo ciertamente típico de la zona: lluvia, lluvia y más lluvia –en algunos casos torrencial-, a velocidades moderadas y no tanto cuando rodábamos por las autobahn alemanas. La conclusión después de esta toma de contacto es sencilla: nosotros también nos sumamos a las voces de nuestros predecesores: el nuevo Laguna viene dispuesto a plantar cara a los modelos más vendidos del segmento e, incluso, a tratar de tú a tú a algunos de los que están entre las marcas no generalistas.

No resulta sencillo valorar la calidad de unos materiales a simple vista, pero lo cierto es que una vez acomodados en el nuevo Laguna, todas las percepciones que recibimos a través de nuestros sentidos del tacto, vista y oido son más que favorables.

Los materiales plásticos con que se ha revestido el salpicadero tienen un tacto esponjoso, a la vista resultan bastante atractivos y en el interior del Laguna apenas se escuchan ruidos provenientes del exterior, ni del motor, ni aerodinámicos ni de rodadura.

La consola central está bien diseñada, todos los mandos están colocados muy a mano del conductor y la pantalla del navegador –opcional- se ve con suma claridad desde el puesto del conductor sin tener que retirar demasiado la vista de la carretera.

Eso sí, no se puede hablar de una ruptura total con lo conocido hasta ahora en otros modelos de la marca, ya que el nuevo Laguna recibe unos cuantos elementos que ya estaban presentes en la anterior generación. Puestos a buscar algún “pero”, no nos gusta la tira transversal ubicada en el salpicadero en la zona del acompañante y que, tanto en su versión símil madera o aluminio, no terminan de convencernos estéticamente hablando.

El freno de mano –eléctrico- ha pasado de estar a la izquierda del conductor en el salpicadero a encontrar alojamiento a su derecha justo al lado del hueco entre los asientos. Con ello se ha ganado un práctico hueco con tapa para llevar pequeños objetos en el lugar del salpicadero que antes ocupaba este elemento.

En la parte trasera se viaja con bastante comodidad, la altura ha mejorado ligeramente con respecto al anterior Laguna y se ha ganado algo de espacio para las piernas. Todo ello a base de realizar esculpidos en los respaldos de los asientos delanteros y en el guarnecido del techo.

Nos habían dicho que la nueva generación del Renault Laguna –la tercera- suponía un avance considerable en todos los sentidos con respecto a sus predecesores y que venía con muchas ganas de dar mucha, pero que mucha guerra a sus competidores, tanto a los tradicionales de las marcas generalistas como a algunos de las denominadas “Premium”.

Que habían elevado su grado de confort y calidad de sus componentes; que le habían dotado de tecnología que, en muchos casos, no se ve, ni tampoco se siente, pero que consigue que los ocupantes se encuentren a gusto y seguros dentro del coche; que en carretera había ganado en calidad de rodadura y que su comportamiento dinámico era de primer nivel. Y nosotros nos lo creímos porque la gente que lo decía tenía suficiente criterio como para que así fuera.

Ahora lo hemos conducido, hemos hecho un buen número de kilómetros por las carreteras austriacas y alemanas con un tiempo ciertamente típico de la zona: lluvia, lluvia y más lluvia –en algunos casos torrencial-, a velocidades moderadas y no tanto cuando rodábamos por las autobahn alemanas. La conclusión después de esta toma de contacto es sencilla: nosotros también nos sumamos a las voces de nuestros predecesores: el nuevo Laguna viene dispuesto a plantar cara a los modelos más vendidos del segmento e, incluso, a tratar de tú a tú a algunos de los que están entre las marcas no generalistas.

No resulta sencillo valorar la calidad de unos materiales a simple vista, pero lo cierto es que una vez acomodados en el nuevo Laguna, todas las percepciones que recibimos a través de nuestros sentidos del tacto, vista y oido son más que favorables.

Los materiales plásticos con que se ha revestido el salpicadero tienen un tacto esponjoso, a la vista resultan bastante atractivos y en el interior del Laguna apenas se escuchan ruidos provenientes del exterior, ni del motor, ni aerodinámicos ni de rodadura.

La consola central está bien diseñada, todos los mandos están colocados muy a mano del conductor y la pantalla del navegador –opcional- se ve con suma claridad desde el puesto del conductor sin tener que retirar demasiado la vista de la carretera.

Eso sí, no se puede hablar de una ruptura total con lo conocido hasta ahora en otros modelos de la marca, ya que el nuevo Laguna recibe unos cuantos elementos que ya estaban presentes en la anterior generación. Puestos a buscar algún “pero”, no nos gusta la tira transversal ubicada en el salpicadero en la zona del acompañante y que, tanto en su versión símil madera o aluminio, no terminan de convencernos estéticamente hablando.

El freno de mano –eléctrico- ha pasado de estar a la izquierda del conductor en el salpicadero a encontrar alojamiento a su derecha justo al lado del hueco entre los asientos. Con ello se ha ganado un práctico hueco con tapa para llevar pequeños objetos en el lugar del salpicadero que antes ocupaba este elemento.

En la parte trasera se viaja con bastante comodidad, la altura ha mejorado ligeramente con respecto al anterior Laguna y se ha ganado algo de espacio para las piernas. Todo ello a base de realizar esculpidos en los respaldos de los asientos delanteros y en el guarnecido del techo.

Nos habían dicho que la nueva generación del Renault Laguna –la tercera- suponía un avance considerable en todos los sentidos con respecto a sus predecesores y que venía con muchas ganas de dar mucha, pero que mucha guerra a sus competidores, tanto a los tradicionales de las marcas generalistas como a algunos de las denominadas “Premium”.

Que habían elevado su grado de confort y calidad de sus componentes; que le habían dotado de tecnología que, en muchos casos, no se ve, ni tampoco se siente, pero que consigue que los ocupantes se encuentren a gusto y seguros dentro del coche; que en carretera había ganado en calidad de rodadura y que su comportamiento dinámico era de primer nivel. Y nosotros nos lo creímos porque la gente que lo decía tenía suficiente criterio como para que así fuera.

Ahora lo hemos conducido, hemos hecho un buen número de kilómetros por las carreteras austriacas y alemanas con un tiempo ciertamente típico de la zona: lluvia, lluvia y más lluvia –en algunos casos torrencial-, a velocidades moderadas y no tanto cuando rodábamos por las autobahn alemanas. La conclusión después de esta toma de contacto es sencilla: nosotros también nos sumamos a las voces de nuestros predecesores: el nuevo Laguna viene dispuesto a plantar cara a los modelos más vendidos del segmento e, incluso, a tratar de tú a tú a algunos de los que están entre las marcas no generalistas.

No resulta sencillo valorar la calidad de unos materiales a simple vista, pero lo cierto es que una vez acomodados en el nuevo Laguna, todas las percepciones que recibimos a través de nuestros sentidos del tacto, vista y oido son más que favorables.

Los materiales plásticos con que se ha revestido el salpicadero tienen un tacto esponjoso, a la vista resultan bastante atractivos y en el interior del Laguna apenas se escuchan ruidos provenientes del exterior, ni del motor, ni aerodinámicos ni de rodadura.

La consola central está bien diseñada, todos los mandos están colocados muy a mano del conductor y la pantalla del navegador –opcional- se ve con suma claridad desde el puesto del conductor sin tener que retirar demasiado la vista de la carretera.

Eso sí, no se puede hablar de una ruptura total con lo conocido hasta ahora en otros modelos de la marca, ya que el nuevo Laguna recibe unos cuantos elementos que ya estaban presentes en la anterior generación. Puestos a buscar algún “pero”, no nos gusta la tira transversal ubicada en el salpicadero en la zona del acompañante y que, tanto en su versión símil madera o aluminio, no terminan de convencernos estéticamente hablando.

El freno de mano –eléctrico- ha pasado de estar a la izquierda del conductor en el salpicadero a encontrar alojamiento a su derecha justo al lado del hueco entre los asientos. Con ello se ha ganado un práctico hueco con tapa para llevar pequeños objetos en el lugar del salpicadero que antes ocupaba este elemento.

En la parte trasera se viaja con bastante comodidad, la altura ha mejorado ligeramente con respecto al anterior Laguna y se ha ganado algo de espacio para las piernas. Todo ello a base de realizar esculpidos en los respaldos de los asientos delanteros y en el guarnecido del techo.

Nos habían dicho que la nueva generación del Renault Laguna –la tercera- suponía un avance considerable en todos los sentidos con respecto a sus predecesores y que venía con muchas ganas de dar mucha, pero que mucha guerra a sus competidores, tanto a los tradicionales de las marcas generalistas como a algunos de las denominadas “Premium”.

Que habían elevado su grado de confort y calidad de sus componentes; que le habían dotado de tecnología que, en muchos casos, no se ve, ni tampoco se siente, pero que consigue que los ocupantes se encuentren a gusto y seguros dentro del coche; que en carretera había ganado en calidad de rodadura y que su comportamiento dinámico era de primer nivel. Y nosotros nos lo creímos porque la gente que lo decía tenía suficiente criterio como para que así fuera.

Ahora lo hemos conducido, hemos hecho un buen número de kilómetros por las carreteras austriacas y alemanas con un tiempo ciertamente típico de la zona: lluvia, lluvia y más lluvia –en algunos casos torrencial-, a velocidades moderadas y no tanto cuando rodábamos por las autobahn alemanas. La conclusión después de esta toma de contacto es sencilla: nosotros también nos sumamos a las voces de nuestros predecesores: el nuevo Laguna viene dispuesto a plantar cara a los modelos más vendidos del segmento e, incluso, a tratar de tú a tú a algunos de los que están entre las marcas no generalistas.

No resulta sencillo valorar la calidad de unos materiales a simple vista, pero lo cierto es que una vez acomodados en el nuevo Laguna, todas las percepciones que recibimos a través de nuestros sentidos del tacto, vista y oido son más que favorables.

Los materiales plásticos con que se ha revestido el salpicadero tienen un tacto esponjoso, a la vista resultan bastante atractivos y en el interior del Laguna apenas se escuchan ruidos provenientes del exterior, ni del motor, ni aerodinámicos ni de rodadura.

La consola central está bien diseñada, todos los mandos están colocados muy a mano del conductor y la pantalla del navegador –opcional- se ve con suma claridad desde el puesto del conductor sin tener que retirar demasiado la vista de la carretera.

Eso sí, no se puede hablar de una ruptura total con lo conocido hasta ahora en otros modelos de la marca, ya que el nuevo Laguna recibe unos cuantos elementos que ya estaban presentes en la anterior generación. Puestos a buscar algún “pero”, no nos gusta la tira transversal ubicada en el salpicadero en la zona del acompañante y que, tanto en su versión símil madera o aluminio, no terminan de convencernos estéticamente hablando.

El freno de mano –eléctrico- ha pasado de estar a la izquierda del conductor en el salpicadero a encontrar alojamiento a su derecha justo al lado del hueco entre los asientos. Con ello se ha ganado un práctico hueco con tapa para llevar pequeños objetos en el lugar del salpicadero que antes ocupaba este elemento.

En la parte trasera se viaja con bastante comodidad, la altura ha mejorado ligeramente con respecto al anterior Laguna y se ha ganado algo de espacio para las piernas. Todo ello a base de realizar esculpidos en los respaldos de los asientos delanteros y en el guarnecido del techo.

Nos habían dicho que la nueva generación del Renault Laguna –la tercera- suponía un avance considerable en todos los sentidos con respecto a sus predecesores y que venía con muchas ganas de dar mucha, pero que mucha guerra a sus competidores, tanto a los tradicionales de las marcas generalistas como a algunos de las denominadas “Premium”.

Que habían elevado su grado de confort y calidad de sus componentes; que le habían dotado de tecnología que, en muchos casos, no se ve, ni tampoco se siente, pero que consigue que los ocupantes se encuentren a gusto y seguros dentro del coche; que en carretera había ganado en calidad de rodadura y que su comportamiento dinámico era de primer nivel. Y nosotros nos lo creímos porque la gente que lo decía tenía suficiente criterio como para que así fuera.

Ahora lo hemos conducido, hemos hecho un buen número de kilómetros por las carreteras austriacas y alemanas con un tiempo ciertamente típico de la zona: lluvia, lluvia y más lluvia –en algunos casos torrencial-, a velocidades moderadas y no tanto cuando rodábamos por las autobahn alemanas. La conclusión después de esta toma de contacto es sencilla: nosotros también nos sumamos a las voces de nuestros predecesores: el nuevo Laguna viene dispuesto a plantar cara a los modelos más vendidos del segmento e, incluso, a tratar de tú a tú a algunos de los que están entre las marcas no generalistas.

No resulta sencillo valorar la calidad de unos materiales a simple vista, pero lo cierto es que una vez acomodados en el nuevo Laguna, todas las percepciones que recibimos a través de nuestros sentidos del tacto, vista y oido son más que favorables.

Los materiales plásticos con que se ha revestido el salpicadero tienen un tacto esponjoso, a la vista resultan bastante atractivos y en el interior del Laguna apenas se escuchan ruidos provenientes del exterior, ni del motor, ni aerodinámicos ni de rodadura.

La consola central está bien diseñada, todos los mandos están colocados muy a mano del conductor y la pantalla del navegador –opcional- se ve con suma claridad desde el puesto del conductor sin tener que retirar demasiado la vista de la carretera.

Eso sí, no se puede hablar de una ruptura total con lo conocido hasta ahora en otros modelos de la marca, ya que el nuevo Laguna recibe unos cuantos elementos que ya estaban presentes en la anterior generación. Puestos a buscar algún “pero”, no nos gusta la tira transversal ubicada en el salpicadero en la zona del acompañante y que, tanto en su versión símil madera o aluminio, no terminan de convencernos estéticamente hablando.

El freno de mano –eléctrico- ha pasado de estar a la izquierda del conductor en el salpicadero a encontrar alojamiento a su derecha justo al lado del hueco entre los asientos. Con ello se ha ganado un práctico hueco con tapa para llevar pequeños objetos en el lugar del salpicadero que antes ocupaba este elemento.

En la parte trasera se viaja con bastante comodidad, la altura ha mejorado ligeramente con respecto al anterior Laguna y se ha ganado algo de espacio para las piernas. Todo ello a base de realizar esculpidos en los respaldos de los asientos delanteros y en el guarnecido del techo.

Nos habían dicho que la nueva generación del Renault Laguna –la tercera- suponía un avance considerable en todos los sentidos con respecto a sus predecesores y que venía con muchas ganas de dar mucha, pero que mucha guerra a sus competidores, tanto a los tradicionales de las marcas generalistas como a algunos de las denominadas “Premium”.

Que habían elevado su grado de confort y calidad de sus componentes; que le habían dotado de tecnología que, en muchos casos, no se ve, ni tampoco se siente, pero que consigue que los ocupantes se encuentren a gusto y seguros dentro del coche; que en carretera había ganado en calidad de rodadura y que su comportamiento dinámico era de primer nivel. Y nosotros nos lo creímos porque la gente que lo decía tenía suficiente criterio como para que así fuera.

Ahora lo hemos conducido, hemos hecho un buen número de kilómetros por las carreteras austriacas y alemanas con un tiempo ciertamente típico de la zona: lluvia, lluvia y más lluvia –en algunos casos torrencial-, a velocidades moderadas y no tanto cuando rodábamos por las autobahn alemanas. La conclusión después de esta toma de contacto es sencilla: nosotros también nos sumamos a las voces de nuestros predecesores: el nuevo Laguna viene dispuesto a plantar cara a los modelos más vendidos del segmento e, incluso, a tratar de tú a tú a algunos de los que están entre las marcas no generalistas.

No resulta sencillo valorar la calidad de unos materiales a simple vista, pero lo cierto es que una vez acomodados en el nuevo Laguna, todas las percepciones que recibimos a través de nuestros sentidos del tacto, vista y oido son más que favorables.

Los materiales plásticos con que se ha revestido el salpicadero tienen un tacto esponjoso, a la vista resultan bastante atractivos y en el interior del Laguna apenas se escuchan ruidos provenientes del exterior, ni del motor, ni aerodinámicos ni de rodadura.

La consola central está bien diseñada, todos los mandos están colocados muy a mano del conductor y la pantalla del navegador –opcional- se ve con suma claridad desde el puesto del conductor sin tener que retirar demasiado la vista de la carretera.

Eso sí, no se puede hablar de una ruptura total con lo conocido hasta ahora en otros modelos de la marca, ya que el nuevo Laguna recibe unos cuantos elementos que ya estaban presentes en la anterior generación. Puestos a buscar algún “pero”, no nos gusta la tira transversal ubicada en el salpicadero en la zona del acompañante y que, tanto en su versión símil madera o aluminio, no terminan de convencernos estéticamente hablando.

El freno de mano –eléctrico- ha pasado de estar a la izquierda del conductor en el salpicadero a encontrar alojamiento a su derecha justo al lado del hueco entre los asientos. Con ello se ha ganado un práctico hueco con tapa para llevar pequeños objetos en el lugar del salpicadero que antes ocupaba este elemento.

En la parte trasera se viaja con bastante comodidad, la altura ha mejorado ligeramente con respecto al anterior Laguna y se ha ganado algo de espacio para las piernas. Todo ello a base de realizar esculpidos en los respaldos de los asientos delanteros y en el guarnecido del techo.

Nos habían dicho que la nueva generación del Renault Laguna –la tercera- suponía un avance considerable en todos los sentidos con respecto a sus predecesores y que venía con muchas ganas de dar mucha, pero que mucha guerra a sus competidores, tanto a los tradicionales de las marcas generalistas como a algunos de las denominadas “Premium”.

Que habían elevado su grado de confort y calidad de sus componentes; que le habían dotado de tecnología que, en muchos casos, no se ve, ni tampoco se siente, pero que consigue que los ocupantes se encuentren a gusto y seguros dentro del coche; que en carretera había ganado en calidad de rodadura y que su comportamiento dinámico era de primer nivel. Y nosotros nos lo creímos porque la gente que lo decía tenía suficiente criterio como para que así fuera.

Ahora lo hemos conducido, hemos hecho un buen número de kilómetros por las carreteras austriacas y alemanas con un tiempo ciertamente típico de la zona: lluvia, lluvia y más lluvia –en algunos casos torrencial-, a velocidades moderadas y no tanto cuando rodábamos por las autobahn alemanas. La conclusión después de esta toma de contacto es sencilla: nosotros también nos sumamos a las voces de nuestros predecesores: el nuevo Laguna viene dispuesto a plantar cara a los modelos más vendidos del segmento e, incluso, a tratar de tú a tú a algunos de los que están entre las marcas no generalistas.

No resulta sencillo valorar la calidad de unos materiales a simple vista, pero lo cierto es que una vez acomodados en el nuevo Laguna, todas las percepciones que recibimos a través de nuestros sentidos del tacto, vista y oido son más que favorables.

Los materiales plásticos con que se ha revestido el salpicadero tienen un tacto esponjoso, a la vista resultan bastante atractivos y en el interior del Laguna apenas se escuchan ruidos provenientes del exterior, ni del motor, ni aerodinámicos ni de rodadura.

La consola central está bien diseñada, todos los mandos están colocados muy a mano del conductor y la pantalla del navegador –opcional- se ve con suma claridad desde el puesto del conductor sin tener que retirar demasiado la vista de la carretera.

Eso sí, no se puede hablar de una ruptura total con lo conocido hasta ahora en otros modelos de la marca, ya que el nuevo Laguna recibe unos cuantos elementos que ya estaban presentes en la anterior generación. Puestos a buscar algún “pero”, no nos gusta la tira transversal ubicada en el salpicadero en la zona del acompañante y que, tanto en su versión símil madera o aluminio, no terminan de convencernos estéticamente hablando.

El freno de mano –eléctrico- ha pasado de estar a la izquierda del conductor en el salpicadero a encontrar alojamiento a su derecha justo al lado del hueco entre los asientos. Con ello se ha ganado un práctico hueco con tapa para llevar pequeños objetos en el lugar del salpicadero que antes ocupaba este elemento.

En la parte trasera se viaja con bastante comodidad, la altura ha mejorado ligeramente con respecto al anterior Laguna y se ha ganado algo de espacio para las piernas. Todo ello a base de realizar esculpidos en los respaldos de los asientos delanteros y en el guarnecido del techo.

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