Renault Grand Espace versus Ford Galaxy

El asalto al liderazgo en el segmento de los Grandes monovolumen adquiere tal intensidad que, cada día, le está siendo más difícil al Renault Grand Espace mantener su dominio. Los nuevos conceptos de modularidad están dejando fuera de juego el sistema que, en su día, fue todo un logro para los monovolumen de Renault.
Autopista -
Renault Grand Espace versus Ford Galaxy
Renault Grand Espace versus Ford Galaxy

El Ford Galaxy, en su segunda generación, representa un salto adelante de tal entidad que se convierte en candidato al reinado en el segmento de los Grandes monovolumen. Su relativa falta de potencia homologada se suple con un rendimiento inaudito de su mecánica.

El nuevo Galaxy repite el esquema de su hermano casi gemelo, el S-Max, tanto a la hora de establecer una adecuación del mobiliario del habitáculo a las necesidades de transporte como la filosofía dinámica del bastidor, que hace olvidar al conductor la masa y proporciones del vehículo que está dirigiendo. El primero de ellos genera, quizás, la ventaja más clara del Ford sobre el Renault. Mientras el Galaxy dispone del sistema de enmascaramiento de los asientos en el propio suelo del ha-bitáculo, el Renault tiene que contentarse con la exigencia de desmontar el asiento y desplazarlo fuera del habitáculo, con el esfuerzo físico que esto genera, que no es nada desdeñable.

En cuanto al bastidor, de siempre se ha reconocido al del Espace como uno de los más brillantes del segmento, pese a mantener un eje trasero semiindependiente, cuya gestión de la geometría no es comparable con un buen multibrazo, como resulta ser el del Galaxy. Pero, quizás, la mayor sorpresa de este modelo se encuentra bajo el capó delantero.

A quién se le diga que dispone de un motor de 140 CV para casi dos toneladas de peso en cuanto más de una plaza se utiliza en su habitáculo, puede que se tuerza el gesto en más de una cara. Sin embargo, está claro que las mecánicas turbodiésel son una caja de sorpresas en función de las necesidades de la propia marca. Este honesto 2 litros, que en la mayoría de las unidades que propulsa en modelos de menor porte había superado por no demasiado la potencia homologada, de pronto, ve sus cualidades extrapoladas de manera sorprendente. ¡Qué casualidad! Cuando tiene que tirar de un “bicharraco” como este Galaxy, de pronto, aparecen 20 CV como por ensalmo. Y no creemos que fuera esta unidad precisamente, sino que se nos ocurre que todos aquéllos dos litros que vayan destinados al Galaxy recibirían pequeñas modificaciones electrónicas que harían el milagro. Imaginamos, suponemos… aunque los responsables de la marca lo niegan tajantemente. A esta suposición llegamos tras comprobar que esta mecánica, en tres modelos distintos que han pasado por nuestro banco de potencia, ha dado estos resultados: C-Max —141 CV—, S-Max —154 CV— y Galaxy —160 CV—. ¿A qué no es difícil imaginar cosas?

Nos encontramos ante dos “mastodontes” de la ruta que permiten al conductor un ritmo de marcha que para sí quisieran muchos turismos.

El Ford Galaxy, en su segunda generación, representa un salto adelante de tal entidad que se convierte en candidato al reinado en el segmento de los Grandes monovolumen. Su relativa falta de potencia homologada se suple con un rendimiento inaudito de su mecánica.

El nuevo Galaxy repite el esquema de su hermano casi gemelo, el S-Max, tanto a la hora de establecer una adecuación del mobiliario del habitáculo a las necesidades de transporte como la filosofía dinámica del bastidor, que hace olvidar al conductor la masa y proporciones del vehículo que está dirigiendo. El primero de ellos genera, quizás, la ventaja más clara del Ford sobre el Renault. Mientras el Galaxy dispone del sistema de enmascaramiento de los asientos en el propio suelo del ha-bitáculo, el Renault tiene que contentarse con la exigencia de desmontar el asiento y desplazarlo fuera del habitáculo, con el esfuerzo físico que esto genera, que no es nada desdeñable.

En cuanto al bastidor, de siempre se ha reconocido al del Espace como uno de los más brillantes del segmento, pese a mantener un eje trasero semiindependiente, cuya gestión de la geometría no es comparable con un buen multibrazo, como resulta ser el del Galaxy. Pero, quizás, la mayor sorpresa de este modelo se encuentra bajo el capó delantero.

A quién se le diga que dispone de un motor de 140 CV para casi dos toneladas de peso en cuanto más de una plaza se utiliza en su habitáculo, puede que se tuerza el gesto en más de una cara. Sin embargo, está claro que las mecánicas turbodiésel son una caja de sorpresas en función de las necesidades de la propia marca. Este honesto 2 litros, que en la mayoría de las unidades que propulsa en modelos de menor porte había superado por no demasiado la potencia homologada, de pronto, ve sus cualidades extrapoladas de manera sorprendente. ¡Qué casualidad! Cuando tiene que tirar de un “bicharraco” como este Galaxy, de pronto, aparecen 20 CV como por ensalmo. Y no creemos que fuera esta unidad precisamente, sino que se nos ocurre que todos aquéllos dos litros que vayan destinados al Galaxy recibirían pequeñas modificaciones electrónicas que harían el milagro. Imaginamos, suponemos… aunque los responsables de la marca lo niegan tajantemente. A esta suposición llegamos tras comprobar que esta mecánica, en tres modelos distintos que han pasado por nuestro banco de potencia, ha dado estos resultados: C-Max —141 CV—, S-Max —154 CV— y Galaxy —160 CV—. ¿A qué no es difícil imaginar cosas?

Nos encontramos ante dos “mastodontes” de la ruta que permiten al conductor un ritmo de marcha que para sí quisieran muchos turismos.

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