Renault Clio 2.0 RS

Seguro que has visto a Fernando Alonso ganar su segundo título del mundo. Y seguro que alguna vez has pensado qué se siente al conducir su monoplaza. Bueno, es muy probable que nunca tengas la oportunidad de experimentarlo en carne propia. Pero no te desanimes, Renault te ofrece un pedazo de Fórmula 1 con aspecto de coche de calle. Se trata del Clio 2.0 Sport, un coche de los que ya quedan pocos.
Autopista -
Renault Clio 2.0 RS
Renault Clio 2.0 RS

Democratizar la Fórmula 1 y permitir que todo el mundo tenga, aunque sólo sea por una vez, esas sensaciones únicas que sólo proporcionan los coches muy deportivos. Este parece haber sido el objetivo de Renault al lanzar su nuevo Clio 2.0 Sport, una pequeña bestia que, con el aspecto de un utilitario, esconde un auténtico coche de carreras.

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p> Este Clio 2.0 Sport, heredero de otro coche con similar denominación y, sobre todo, heredero de una raza única de modelos deportivos (Renault 5 Copa Turbo...), tiene todos los elementos que configuran lo que entendemos por vehículo “rácing”.

Tiene, para empezar, 200 rabiosos CV y para, continuar, utiliza una caja de cambios de seis relaciones muy cerradas. El conjunto se monta sobre un chasis muy mejorado que luce unas muy eficaces suspensiones deportivas. Neumáticos, frenos, asientos, pedales, cuadro de instrumentos... No falta ni un detalle.
Con este coche, Renault rinde homenaje a su equipo de Fórmula 1 y, de paso, ofrece al público un auténtico GTI, una máquina emocionante que se puede comprar por 21.800 euros, un precio que permitirá a su comprador sentirse casi como un Fernando Alonso. Eso sí: el campeonísimo utiliza un Mégane Sport, una variante del compacto que emplea algunos de los elementos de este Clio pero que, claro, resulta todavía más poderoso.

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Desde luego, nadie puede negar que este coche llama la atención. No es, claro, un Fórmula 1, pero sí tiene algunos elementos estéticos –y funcionales- que lo diferencian claramente del resto de la categoría.

Para empezar, llama la atención ese color azul eléctrico tan parecido al que utiliza la escudería francesa para sus monoplazas. Pero, después, los ojos se van sin remedio a los abultadísimos pasos de rueda y también a las propias ruedas con llantas de 17 pulgadas y gomas 215/45 R. Inevitablemente, el repaso visual terminará en la abultadísima zaga, muy ancha, rotunda y protuberante y, sobre todo, rematada por un difusor, al modo de los alerones de los monoplazas, que, según Renault, mejora el trabajo aerodinámico del coche.

La aerodinámica también es responsable de las aberturas que luce nuestro protagonista justo detrás de las ruedas delanteras. Además de mejorar la imagen, estas troneras sirven para ventilar el vano motor y, con ese aire caliente, eliminar turbulencias en los laterales.
Y es que el trabajo aerodinámico es la principal herencia que este Clio Sport se ha traído de la competición. La presencia del mencionado difusor trasero sirve para hacer que el aire se mueva de tal forma en la zaga que “apriete” el coche sobre el Es verdad que los 40 kilos de peso que aporta el pequeño alerón están muy lejos de los 1.700 kg que soporta un F1 de verdad, suelo. De esa manera, el vehículo se sustenta mejor y corre más. pero, aun así, algo es algo y el Clio Sport puede presumir de un estudio aerodinámico único en su segmento. Claro que no le viene nada mal, porque, con lo ancho y alto que es, cortar el aire es una misión difícil en la que se agradecen todas las ayudas.

Una vez admirado por fuera, nos falta tiempo para entrar. Es un tres puertas, claro, y eso dificulta el acceso a las plazas traseras, aunque las puertas son muy anchas y los asientos delanteros se pliegan con facilidad.

Sentado al volante, uno aprecia en seguida que este coche no lleva un acabado “normal”. Lejos quedan aquellos asientos convencionales que probamos cuando condujimos el Clio 1.6 . Ahora, unos bacquets casi de competición aprisionan a los pasajeros y dejan claro que este coche requiere sujetarse bien para conducirlo al límite.

Después de los asientos, el volante llama nuestra atención. Es sorprendentemente ancho, demasiado para el rápido trabajo de manos que va a exigir. También tiene el aro muy grueso, con lo que se hace un poco incómodo. Da la impresión de que en Renault se han pasado con el acolchado y el cuero que recubren la “rosca”.
En cambio, no se han pasado con el aluminio de los pedales. Al contrario, debería haber más: además del que recubre el pedalier, hay algún otro toque salpicado por el habitáculo, pero, la verdad, esperábamos un aspecto más “rácing”. El habitáculo es bastante sobrio de colores y formas, y sólo esos matices cromados, los asientos bordados con el logotipo de Renault Sport y los relojes con fondo blanco nos recuerdan a un coche de competición. Un detalle: los números del cuentavueltas son más grandes conforme se acerca la zona roja.

Por lo demás, la manufactura es bastante buena, con remates más que presentables y materiales de cierto nivel para un coche de esta categoría.

En cuanto a la comodidad, ya hay más cosas que decir. Es verdad que, con su planteamiento deportivo, no se puede pedir el grado de confort de una berlina. Pero también es verdad que no siempre vamos de carreras y que, en el fondo, el coche debe ser utilizable. Esto, como veremos, lo han tenido muy en cuenta en Renault a la hora de calibrar las suspensiones. Pero, además, lo han tenido también presente al elegir los asientos. No son muy cómodos, pero tampoco torturan a nadie. Sujetan con fuerza, sí, pero no estrangulan y permiten viajar conservando los huesos en su sitio.

Lo que no es tan agradable para viajes “normales” es el motor, que hace un ruido tremendo, lleno de reminiscencias deportivas, pero realmente incómodo en una utilización ordinaria.

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p> Los asientos traseros resultan más civilizados y, aunque no son gran cosa, resultan suficientes para dos adultos. El maletero, con sus 325 litros de capacidad, está entre lo mejor del segmento y le da a este pequeño deportivo una vertiente práctica que se agradece en medio de tanto aparato.

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El equipamiento de serie de esta versión 2.0 Sport es bastante amplio, aunque, por su propia condición de coche extraordinario, hay algunas lagunas. La más importante, sin duda, la ausencia de rueda de repuesto, que es sustituida por un kit antipinchazos. Creemos que, por el precio de este coche, bien se puede montar, por lo menos, una rueda de emergencia.
A cambio, la dotación de serie incluye ABS, control de estabilidad y unos sensacionales neumáticos Continental en medida 215/45 R 17, con llantas de aleación y espectacular diseño. Un detalle que sorprende es la introducción del arranque por botón, algo poco habitual en este segmento.
Después, hay que destacar la presencia del equipo de sonido con lector de CD, los asientos deportivos y el ordenador. Para llevar navegador hay que añadir 1.051 euros, mientras que el techo practicable sale por 843 y los faros de xenón, por 635 euros.

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