Renault Clio 1.6 16v automático

Renault conjunta en este Clio dos de sus componentes más contrastados, el motor 1.6 gasolina de 110 CV y el cambio automático inteligente Proactiva, para conformar una versión sumamente agradable por suavidad y confort de utilización. Lástima que sus cuatro únicas relaciones de cambio empañen el rendimiento fuera de su hábitat natural: la ciudad.
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Renault Clio 1.6 16v automático
Renault Clio 1.6 16v automático

Con una gama tan completa como la que oferta Renault en su Clio, con hasta nueve variantes mecánicas y tres tipos de cajas de cambio, hay alternativas para todo tipo de usuarios. Es cierto que, incluso en esta categoría de polivalentes, las versiones Diesel monopolizan la mayor parte de la demanda. No digamos ya las transmisiones manuales. Pero no siempre resultan ser las más indicadas para determinados usos. La versión que ahora pasa por nuestras manos apunta directamente a quienes buscan el máximo confort en los desplazamientos urbanos. Y lo consigue combinando el conocido e inteligente cambio automático-secuencial Proactiva con el elástico motor gasolina 1.6 de 110 CV.

No conviene, por tanto, buscar mayor justificación económica. Sería complicado no sólo por su mayor consumo de combustible, especialmente con respecto a las versiones dCi, sino también por el sobrecoste final que todavía supone añadir este tipo de cajas (casi 1.700 euros adicionales en nuestro caso con respecto a la versión manual). Seamos conscientes, en cambio, que a día de hoy no existe un Clio que proporcione al usuario un mejor confort urbano. Otro valor de rentabilidad no siempre previsto.

En contra de la tendencia general de incorporar el automatismo en los segmentos populares a través de la robotización de cajas manuales, y que el Clio también ofrece en su 1.5 dCi de 85 CV, Renault propone esta vez un cambio automático tradicional con convertidor de par. Tan convencional como que deriva de una transmisión estrenada hace 15 años en el Renault 19. No existe por tanto embrague, sino que este elemento hidráulico es el encargado de transmitir la fuerza del motor a las ruedas. Menos eficiente, sí. Más costoso, también. Pero mucho más suave en la transición de marchas, reduciendo los habituales tirones y cabeceos de carrocería, incomodidades limitadas en este Clio a su vez por el propio carácter del motor 1.6 16v, muy progresivo y con una ausencia de sonoridad y vibraciones extraordinario desde su puesta en marcha.

Como alternativa a los motores Diesel, este 1.6 gasolina cumple las expectativas. Es muy suave, progresivo y con una eficaz respuesta entre 1.500 y 4.000 rpm.

La caja Proactiva, de sólo cuatro relaciones, proporciona de este modo una extremada comodidad en los desplazamientos urbanos, donde las retenciones son continuas. Su buen funcionamiento se rige por la denominada “lógica comparativa”. Mediante este proceso, varía su umbral de cambio en función del perfil del conductor (sosegado, rápido o deportivo) y la carretera (subidas, bajadas, llaneo…), integrando además información de los periféricos del motor para establecer si éste trabaja al ralentí, a plena carga o, por ejemplo, en fase de calentamiento. No hay más que arrancar y enclavar la palanca en la posición automática “D” para movernos olvidándonos del cambio y del pie izquierdo.

El paso entre velocidades se efectúa justo en el momento apropiado. Sin limitaciones. Si la circulación es fluida y moderada, las relaciones se engranan para mover el motor siempre en marchas largas pero a buen régimen, primando el giro entre 1.500 y 2.500 rpm. Los consumos, por tanto, no se alteran en exceso con respecto a la versión manual (apenas 0,1 l/100 km de diferencia, según nuestras mediciones urbanas), teniendo en cuenta que añade 40 kg extra al conjunto. Por el contrario, si requerimos de rápidas aceleraciones, el sistema busca la zona óptima de giro, estirando la marcha hasta prácticamente el corte de inyección en caso de necesidad.

Otro factor a su favor es la adecuada reducción de marcha que efectúa en fases de deceleración. Ayuda a los frenos, favoreciendo al mismo tiempo la reaceleración; una ventaja que, con respecto a la versión manual, supone adelantamientos y recuperaciones hasta 3 segundos más efectivos. Además, al contrario que la mayoría de cajas con embrague pilotado (MMT de Toyota, Durashift de Ford, Easytronic de Opel…), esta gestión tan suave del cambio apenas aconseja el empleo del modo secuencial, disponible también tanto por movimiento de palanca –posición “M”-, como por unas levas algo incómodas no sólo por su generoso tamaño, sino también por una ubicación demasiado retrasada del volante. No obstante, los más devotos de la conducción manual encontrarán aquí la libertad anhelada. El cambio sólo intervendrá al acercarse al régimen mínimo -1.000 rpm- o máximo -6.300 vueltas- para evitar dañar la mecánica.

Habitabilidad, equipamiento y buen rendimiento dinámico son atributos ya adheridos al Clio. Esta versión, además, le añade una comodidad desconocida para desenvolverse entre calles por su magnífico cambio automático. Requiere un esfuerzo económico, pero los más “ciudadanos”, sin duda, lo agradecerán.

¿Y una marcha más?

Con una gama tan completa como la que oferta Renault en su Clio, con hasta nueve variantes mecánicas y tres tipos de cajas de cambio, hay alternativas para todo tipo de usuarios. Es cierto que, incluso en esta categoría de polivalentes, las versiones Diesel monopolizan la mayor parte de la demanda. No digamos ya las transmisiones manuales. Pero no siempre resultan ser las más indicadas para determinados usos. La versión que ahora pasa por nuestras manos apunta directamente a quienes buscan el máximo confort en los desplazamientos urbanos. Y lo consigue combinando el conocido e inteligente cambio automático-secuencial Proactiva con el elástico motor gasolina 1.6 de 110 CV.

No conviene, por tanto, buscar mayor justificación económica. Sería complicado no sólo por su mayor consumo de combustible, especialmente con respecto a las versiones dCi, sino también por el sobrecoste final que todavía supone añadir este tipo de cajas (casi 1.700 euros adicionales en nuestro caso con respecto a la versión manual). Seamos conscientes, en cambio, que a día de hoy no existe un Clio que proporcione al usuario un mejor confort urbano. Otro valor de rentabilidad no siempre previsto.

En contra de la tendencia general de incorporar el automatismo en los segmentos populares a través de la robotización de cajas manuales, y que el Clio también ofrece en su 1.5 dCi de 85 CV, Renault propone esta vez un cambio automático tradicional con convertidor de par. Tan convencional como que deriva de una transmisión estrenada hace 15 años en el Renault 19. No existe por tanto embrague, sino que este elemento hidráulico es el encargado de transmitir la fuerza del motor a las ruedas. Menos eficiente, sí. Más costoso, también. Pero mucho más suave en la transición de marchas, reduciendo los habituales tirones y cabeceos de carrocería, incomodidades limitadas en este Clio a su vez por el propio carácter del motor 1.6 16v, muy progresivo y con una ausencia de sonoridad y vibraciones extraordinario desde su puesta en marcha.

Como alternativa a los motores Diesel, este 1.6 gasolina cumple las expectativas. Es muy suave, progresivo y con una eficaz respuesta entre 1.500 y 4.000 rpm.

La caja Proactiva, de sólo cuatro relaciones, proporciona de este modo una extremada comodidad en los desplazamientos urbanos, donde las retenciones son continuas. Su buen funcionamiento se rige por la denominada “lógica comparativa”. Mediante este proceso, varía su umbral de cambio en función del perfil del conductor (sosegado, rápido o deportivo) y la carretera (subidas, bajadas, llaneo…), integrando además información de los periféricos del motor para establecer si éste trabaja al ralentí, a plena carga o, por ejemplo, en fase de calentamiento. No hay más que arrancar y enclavar la palanca en la posición automática “D” para movernos olvidándonos del cambio y del pie izquierdo.

El paso entre velocidades se efectúa justo en el momento apropiado. Sin limitaciones. Si la circulación es fluida y moderada, las relaciones se engranan para mover el motor siempre en marchas largas pero a buen régimen, primando el giro entre 1.500 y 2.500 rpm. Los consumos, por tanto, no se alteran en exceso con respecto a la versión manual (apenas 0,1 l/100 km de diferencia, según nuestras mediciones urbanas), teniendo en cuenta que añade 40 kg extra al conjunto. Por el contrario, si requerimos de rápidas aceleraciones, el sistema busca la zona óptima de giro, estirando la marcha hasta prácticamente el corte de inyección en caso de necesidad.

Otro factor a su favor es la adecuada reducción de marcha que efectúa en fases de deceleración. Ayuda a los frenos, favoreciendo al mismo tiempo la reaceleración; una ventaja que, con respecto a la versión manual, supone adelantamientos y recuperaciones hasta 3 segundos más efectivos. Además, al contrario que la mayoría de cajas con embrague pilotado (MMT de Toyota, Durashift de Ford, Easytronic de Opel…), esta gestión tan suave del cambio apenas aconseja el empleo del modo secuencial, disponible también tanto por movimiento de palanca –posición “M”-, como por unas levas algo incómodas no sólo por su generoso tamaño, sino también por una ubicación demasiado retrasada del volante. No obstante, los más devotos de la conducción manual encontrarán aquí la libertad anhelada. El cambio sólo intervendrá al acercarse al régimen mínimo -1.000 rpm- o máximo -6.300 vueltas- para evitar dañar la mecánica.

Habitabilidad, equipamiento y buen rendimiento dinámico son atributos ya adheridos al Clio. Esta versión, además, le añade una comodidad desconocida para desenvolverse entre calles por su magnífico cambio automático. Requiere un esfuerzo económico, pero los más “ciudadanos”, sin duda, lo agradecerán.

¿Y una marcha más?

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