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El Renault Mégane R.S., en circuito

Probamos el Renault Mégane R.S. en circuito y te contamos nuestras conclusiones.
Daniel Cuadrado.

Twitter: @DanielCuadradoT -

El Renault Mégane R.S., en circuito
El Renault Mégane R.S., en circuito

Para mi no hay un GTI compacto tan completo como el Mégane RS con chasis Cup. Me divertí mucho haciendo la vuelta rápida con to­dos los coches; con el BMW sufrí un poco para sacar una vuelta limpia y sin erro­res, pero la propulsión y ese motorazo me sacaron un una sonrisa. El Focus va rápi­do y no te complica la vida, mientras que el Opel me gustó que me sorprendiera y también lo disfruté mucho... pero ningu­no tiene el tacto de carreras del Mégane. No ha sido el más rápido; entre los tres primeros la diferencia es poca, suficien­te para determinar la victoria en circuito pero INSIGNIFICANTE en la vida real. La diferencia que yo valoro más está en el tacto, las sensaciones o la satisfacción y ahí el Mégane RS me parece más com­pleto. El Opel se queda muy cerca, de he­cho con ambos la dispersión de tiempo entre una vuelta y otra se reducía a una o dos décimas, lo que dice mucho de su calidad, pero el tacto del cambio del ale­mán ha sido determinante para que me decante por el Mégane; eso sí, si el co­che es para todos los días a lo mejor no descartaría tan rápido al Focus o no opta­ría por el chasis Cup del Renault, o puede que ahorrase para el BMW sin descartar al deportivo Opel ¿te estoy liando?

 

Mejor dejémonos de hablar y vamos a lo que hemos venido, que ya nos queda uno: el Sr. Mégane RS. Date las vueltas con él y luego decide tu cuál te ha gusta­do más. Ya en la vuelta de calentamiento aprecias la dureza de suspensiones. Esa sequedad sólo la notas en un coche de carreras. El tacto del cambio duro, preci­so y los pedales en su sitio, juntos, y con la dureza necesaria. Pues nada, se acer­can las dos últimas curvas y ya tienes que empezar a correr. Afrontas la curva antes de la recta con decisión y sacrifi­cando un poco la entrada para salir más rápido que en una vuelta normal. Pasas por las enlazadas rápidas con menos aplomo que en el Opel pero con mayor velocidad. Llega la primera frenada, un ángulo de 90º a derechas. Pisas el fre­no y el RS frena prácticamente de lado pero como ya te lo esperas porque por ahí has pasado mil veces -es una frena­da en apoyo muy fuerte-, mantienes la calma con la dirección apuntando donde quieres hasta el momento de soltar los frenos.

 

Sorprende la mordiente que tiene. Quitas freno, metes dirección, abres gas a fondo y sales incluso más rápido que con el Opel. Así ocurre en las dos curvas siguientes, hasta que llegas a la zona rápida, punto en el que te vas a sorprender. Aquí, en el curvón rápido de derechas sólo hay una forma de pasar, con el gas a fondo. Para ello tienes que decidir la velocidad de entrada en la curva antes. En todas las vueltas con todos los coches guardas un margen con el que corregir. Sin embargo el Mégane es diferente. El chasis te pide que no desaproveches ni un metro. Eso sí, ni se te ocurra dudar porque su bastidor es tan rápido de reacciones que levantar en medio de la rápida se traduce en una cruzada de carreras. Esta misma agilidad que puede ser crítica para un conductor inexperto -si llevas el ESP off , claro- es la que te hacer pasar por las curvas con mucha velocidad. Su conducción es algo más exigente que la del Opel Astra -BMW y Ford juegan en otra liga por su configuración motor/chasis- pero también más radical. Las sensaciones que ofrece son más cercanas a las de un coche de carreras. El día que saquen una versión aligerada como aquella R26R... ¿Entonces, dónde gana el Astra? Pues en la velocidad de salida de las curvas lentas, ya que tracciona mejor, y en su facilidad de conducción. La diferencia entre uno y otro en circuito es que el francés es todo más directo, sin filtros.

Supercomparativa GTI

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