El Renault Mégane dCi 130 Bose Energy, a prueba

La cuarta generación del Renault Mégane se siente más coche, y no sólo por su estética, principalmente también por su calidad de rodadura, tecnología y diseño.
Miguel García-Vidal mgarcia-vidal@mpib.es Fotos: I. Gardyn -
El Renault Mégane dCi 130 Bose Energy, a prueba
El Renault Mégane dCi 130 Bose Energy, a prueba

Desde que en 1995 Renault acuñase el nombre Mégane para sus compactos, con la de ahora la saga suma ya cuatro generaciones. Estéticamente supone una gran evolución comparado con su antecesor, comparte multitud de rasgos estilísticos con su hermano mayor, el Talisman, así como  muchos de sus componentes mecánicos. Ambos recurren a la plataforma CMF, para modelos de los segmentos C y D, que también está presente en los Kadjar y Espace.

Respecto a su antecesor, tendrá menos carrocerías, ya que a esta de cinco puertas en el mes de abril se sumarán la familiar del Renault Mégane Sport Tourer y la de tipo monovolumen, que continuará con el nombre de Renault Scénic, ambas ya vistas en el Salón de Ginebra. Para la versión sedán de tres volúmenes habrá que esperar a 2017 pero, como en el Renault Clio, no habrá versión Hatchback de tres puertas ni, en principio, parece que tenga continuidad la cabrio-coupé.

Renault Mégane, algo más grande que antes

Comparado con el Mégane de tercera generación, el nuevo mide 6,4 cm más de longitud, 0,6 de anchura y 2,8 de batalla, mientras su altura se reduce en 2,5 cm. Aunque, como veremos, sigue sin destacar por espacio interior.

Renault Mégane traseraEn cuanto a los propulsores disponibles, en su fase de lanzamiento se puede escoger entre tres opciones en gasolina y otras tantas en Diesel. Todas con mecánicas tetracilíndricas de baja cilindrada sobrealimentadas por un turbo. En el primer grupo encontramos el 1.2 TCe con versiones de 100 y 130 CV y el 1.6 TCe de 205 CV, con cambio automático de doble embrague pilotado de 7 velocidades frente al manual de 6 de los TCe más pequeños. En Diesel la oferta arranca con el 1.5 dCi con 90 o 110 CV y culmina con el 1.6 dCi de 130, que a mediados de año se reforzará con una variante de 165 CV. Todos con cambio manual de 6 marchas, salvo para el dCi de 110 CV que permite en opción por 1.500 euros escoger una EDC de doble embrague pilotado con el mismo número de relaciones y que será la única disponible en el dCi 165.

Renault Mégane, con dirección a las cuatro ruedas

A las numerosas ayudas a la conducción que puede equipar (aviso de vehículos en el ángulo muerto, de cambio de carril involuntario, cambio automático entre luz de cruce y larga, proyección de datos en el parabrisas, aparcamiento asistido, lector de señales…) y el Multi Sense, que permite establecer distintos modos de conducción (Neutro, Sport, Comfort, Eco y Perso, que actúan sobre acelerador, motor, cambio —si es automático—, dirección, sonido de escape —simulado a través del equipo de audio—, masaje, instrumentación e iluminación ambiente), el nuevo Mégane además puede contar con las cuatro ruedas directrices 4Control ya conocidas de los Laguna, ahora Talisman y Espace. Se trata de un equipamiento que se incluye de serie en las versiones GT y que configura un coche de respuesta mucho más deportiva, con una agilidad impresionante, pero también mayor facilidad ante maniobras imprevistas. Tanto, que Renault dice que exige un 40 por ciento menos de giro de volante comparado con las versiones que no la equipan. A baja velocidad las ruedas traseras giran hasta un máximo de 2,7º en sentido contrario a las delanteras para mejorar la maniobrabilidad y dar la sensación de conducir un coche de menor batalla, mientras que a partir de 80 km/h giran en la misma dirección hasta 1º. Algo único en su segmento y que ya estamos deseando probar en la siempre súper eficaz versión deportiva R.S. que a buen seguro llegará en un futuro próximo.

Un interior más aparente para el Renault Mégane

Su habitáculo transmite una buena sensación de calidad, al menos en esta versión Bose, muy bien equipada de serie, con asientos muy cómodos y de generosas proporciones. Es fácil conseguir una buena postura de conducción, con una ergonomía bien planteada, aunque cuesta un poco más que en otros rivales por la siempre incómoda, pero sobre todo poco precisa, regulación del respaldo mediante palanca en lugar de la ruleta que presentaba en el pasado. Pese a ello sus asientos son grandes y cómodos butacones, el del conductor con un variado programa de masajes con el inflado y desinflado del colchón lumbar de aire. Resulta muy agradable la calidad de su volante, los pespuntes de tapicería y paneles de puertas, aunque desluce algo el plástico duro de la consola central así como el de toda la zona inferior de ésta y el salpicadero; nada que no veamos también en sus rivales. Ajustes precisos, pero denota desidia la placa Bose del altavoz central pegada torcida y que empaña una imagen francamente buena.

Renault Mégane 2016 interiorPor espacio, sus mayores dimensiones exteriores, le permiten ganar 2 cm de anchura en las plazas delanteras y unos importantes 4 en las traseras. Pero en la cota más vital, la de distancia para las piernas, sigue a la cola de su categoría, junto al DS4, con sólo un cm de aumento y eso que en el maletero se pierden 20 litros. Pocos centímetros para que en un viaje atrás se acomoden adultos con cierto desahogo. Por maletero, no llega a los 500 l del Civic, pero aún ofrece una buena capacidad. Bajo su piso se emplazan el kit reparapinchazos y una caja de graves para el equipo de audio.

Para el sistema de infoentretenimiento se ofrecen tres opciones. El más básico tiene una pantalla monocroma de 4,2”, al que sigue una pantalla, ya táctil y a color, de 7” dispuesta horizontalmente con navegador a partir del acabado Zen y una de 8,7” dispuesta verticalmente, de serie en los Bose y opcional en Zen y GT por 248 euros. La de 8,7” es de tipo capacitativa —con una buena respuesta al tacto—, desplazamiento de iconos por arrastre, lectura de páginas por deslizamiento, zoom con los dedos… Permite configurar tres páginas de inicio con ventanas funcionales (widgets) y hasta seis perfiles. Tiene muy buena definición, pero su uso resulta poco intuitivo, por lo que requiere un periodo de aprendizaje y adaptación para evitar sustos en plena conducción. Se echan en falta muchos botones físicos y en el grupo de los táctiles queda marcada la grasa de los dedos mientras obligan a estirar mucho el brazo.

Cinco acabados para elegir en el Renault Mégane

De los cinco acabados disponibles (Life, Intens, Zen, GT y Bose), el motor dCi de 130 CV sólo se asocia con los tres superiores. El Zen resulta muy buena elección, pues cuenta con climatizador bizona, cuatro elevalunas eléctricos, control de crucero, Bluetooth, sensores de luz y lluvia, R-Link 2 con pantalla horizontal de 7”, espejos plegables eléctricamente, ayuda al aparcamiento trasero, faros antiniebla, regulación lumbar, reconocimiento de señales, cambio automático de luces, aviso ante cambio involuntario de carril, llantas de aleación de 16”, Multi Sense y llave manos libres entre otras cosas. Pasar al Bose supone un incremento de 1.600 euros por elementos como el equipo de sonido Bose, las llantas de 17”, la pantalla vertical de 8,7”, la cámara de aparcamiento, el freno de mano eléctrico y la función de masaje para el asiento del conductor. Más interesante desde un punto de vista dinámico es el GT, que respecto al Zen suma las cuatro ruedas directrices 4Control, la amortiguación deportiva, las llantas de 17”, los asientos deportivos, el sistema Launch Control, los faros led y la decoración específica por 1.500 euros adicionales.

Su tarifa, con el descuento de 2.200 euros ya restado, se sitúa por encima de la mayoría de sus rivales de marcas generalistas, si bien el equipamiento que encontramos en esta unidad tope de gama también es de los más nutridos. Una muestra de la seguridad que tiene Renault en que su producto es superior. La unidad probada vale 100 euros menos que un Peugeot 308 2.0 BlueHDI 150 GT Line, más potente y con mayor equipamiento de confort, aunque el Mégane le gane en el de seguridad, con aviso de cambio de carril involuntario, cambio automático de luces… sin olvidar que el 308 añade faros led, opcionales en su rival.

Ya hemos visto qué tiene el RenaulT Mégane, veamos ahora cómo va

Es suficiente recorrer unos pocos metros para constatar el gran aplomo del coche así como su soberbia calidad de rodadura, aspectos en los que se coloca a la cabeza de su categoría. Está excelentemente filtrado, pero tanto que al final resta sensaciones de conducción. Sí, esas que no sólo nos ayudan a disfrutar sino también las que nos aportan suficiente confianza para explorar los límites. Unos límites que, por otra parte, están mucho más altos que el sentido común y a los que cuando llegamos el Méagane reacciona con gran nobleza. Con una zaga que ayuda redondear el viraje dulcemente si cortamos gas en pleno apoyo. Pero habrá que hacerlo bruscamente, pues su carácter es muy subvirador, al menos en esta versión dCi de 130 CV, que suma un considerable peso en el tren delantero y una elevada cifra de par. Buen tacto de frenos, aunque en distancias de detención no se han mostrado tan eficaces como los de su antecesor. Podría ser algo sólo achacable a esta unidad, pero el dCi de 110 CV que también ha pasado por nuestras instalaciones sólo mejora las cifras en un metro frente a los 2,3 del Mégane III. No acaba de convencernos tampoco su dirección. Sí, va mejor que antaño, pero su tacto resulta muy artificial, no transmite mucha información, y en modo Sport lo único que encontramos es un endurecimiento que en recorridos ratoneros creemos innecesario.

Su propulsor sobresale por suavidad y baja rumorosidad. También por prestaciones, situándose tanto en aceleración como en recuperación como uno de los mejores en su nivel de potencia, incluso en el segundo punto codeándose con variantes de 150 CV. Lo malo es su falta de bajos, que le hace parecer remolón en algunas circunstancias. Por consumos, en carretera, sólo se queda a dos décimas del Honda Civic 1.6 i-DTEC de 120 CV, referencia de la categoría, pero no tiene gran autonomía debido a la pérdida de 13 litros en la capacidad de su depósito. Su cambio manual es agradable y suficientemente rápido, no es como el del Civic, ni siquiera como el de un León, pero tampoco admite crítica.

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