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Prueba: Renault Laguna Grand Tour 2.0 dCi 4Control, con los pies en el suelo

Su estrategia no es la ligereza, ni la híper conectividad, ni presumir de los últimos asistentes de seguridad. Renault sigue teniendo ese coche para los que aún "tiramos" de nostalgia y nos gusta, por encima de todo, conducir de verdad. Se llama Laguna, se apellida 4Control.
Raúl Roncero.

Twitter: @Rron0_autopista Fotos: Mikael Helsing -

Prueba: Renault Laguna Grand Tour 2.0 dCi 4Control, con los pies en el suelo
Prueba: Renault Laguna Grand Tour 2.0 dCi 4Control, con los pies en el suelo

Tiene los días contados, dejando paso a una generación totalmente nueva, pero calidad, exclusividad y personalidad no le faltan a este especialísimo Laguna para ser uno de los productos más especiales de su categoría. Ausente durante mucho tiempo en Autopista —lleva años viendo cómo la competencia cambia de generación—, ha sido volver a sentarse en él para sentir casi la obligación de recordarte que entre las berlinas medias generalistas aún queda una capaz de recordarte que cualquier tiempo pasado fue mejor, al menos en lo que a sensaciones de conducción de refiere.

Renault Laguna Grand Tour 2.0 dCi 4ControlSí y sólo si es un 4Control. No te voy a negar que los años no pasan en balde, que Clio o Captur han dejado antiguas las líneas exteriores o interiores del Laguna, ni que la competencia le ha comido terreno en equipamientos de seguridad, pero no es menos cierto que, hoy, nadie en la categoría puede presumir de un chasis como el que tienen las versiones 4Control: dirección a las cuatro ruedas que ya japoneses dejaron de usar y por las que sólo BMW, Infiniti, algún Lexus o muy concretas versiones del Porsche 911 parece seguir apostando. Equilibrados Passat, Insignia o 508 nos han hecho asimilar trazadas de tiralíneas y cuerpos monolíticos, lentos de cintu­ra, algo que por desgracia tampoco han abolido esas nuevas generaciones de co­ches mucho más ligeros que los de la era Laguna, tal vez con el Mazda 6 como me­jor ejemplo. Reconozco abiertamente que hace tiempo que no pasan Laguna por mis manos, pero la mayor suerte, ahora que lo daba todo por perdido con esta categoría, ha sido reencontrarme con este divertidísi­mo y súper eficaz familiar combinado con éxito con las ruedas directrices traseras.

Juego de muñecas

Recuerda que el 4Control gira en fase o contrafase en fun­ción de la velocidad —60 km/h es el um­bral en el que lo hacen en uno y otro senti­do—. Tienes en tu mano una dirección tan rápida como la de los mejores Alfa de anta­ño, dándolo todo en apenas dos vueltas de volante para, en el Laguna, más que acor­tar radio de giro, recortar terreno en lentos giros urbanos: sí ahí parece disimular ta­maño, en carretera es como si volaran ki­los y kilos de encima. No es sólo agilidad, hoy casi extrema, lo que te encuentras en­tre rectas y curvas, sino también un cam­bio de parámetros: no sientes las inercias, tienes la sensación de no encontrar lími­te en su tren delantero.

Renault Laguna Grand Tour 2.0 dCi 4ControlVuela donde con otros hay que frenar, buscar el vértice, gi­rar y acelerar gradualmente, a veces per­donando en la sombra errores de fe, por­que esta dirección tiene vínculo directo con el control de estabilidad y recalcula orientación y grados de giro en el eje pos­terior; también a veces con trazadas poco finos si el tiempo y los kilómetros aún no han sido suficientes para cogerle el hilo a este chasis en el que, tan importante como la dirección, lo es una suspensión y equi­po de ruedas específico, también protago­nista indiscutible en la dinámica de este Laguna. Y no me olvido del 2.0 dCi/150, suficientemente rápido y muy agradable, como es norma en la casa. Otra muestra más de que el Laguna sigue estando mecánicamen­te preparado.

En pocas palabras

Aceleración: No falta elasticidad, pero lo brillante de este motor es su pegada arriba: de 4.000 a casi 5.000 rpm, todavía mantiene más del 90 por ciento de la potencia máxima.

Cambio: Tacto algo "gomoso"; precisión garantizada: resulta difícil fallar una inserción. Lleva años moviendo desarrollos que, ya hoy, no son tan largos.

Frenada: La distancia no hace justicia a la capacidad real del Laguna a la hora de frenar. La deceleración inicial es buena y el 4Control colabora estrechamente en su estabilidad.

Consumos: El 2.0 dCi mueve ágilmente un coche grande y no precisamente ligero; menos de 6 litros de media en nuestros dos recorridos es un excelente valor.

Adelantamiento: Notable capacidad de recuperación en cuarta y quinta. Incluso obligando al motor a empujar desde 1.400 rpm, tampoco hace mal papel en sexta. Buen equilibrio motor/transmisión en este Laguna.

Habitabilidad: Sin excesos, pero no falta espacio en las tres dimensiones. Anchura trasera válida para tres ocupantes y suficiente cota de piernas, siempre con el hándicap del túnel central, aunque con un buen asientos para quien ocupe este plaza

Potencia y par: Cumpliendo bien, aportando además algún caballo extra. A 1.600 rpm ya dispones del 90 por ciento del par máximo y la escalada de potencia es siempre ascendente hasta el corte. Motor elástico y con pegada

Sonoridad: Buen dCi, no enturbia para nada el ambiente, pero en este Laguna de firme suspensión y grandes ruedas sí escuchas pequeños ruidos de fondo sobre asfalto irregular.

Maletero: No llega a medio metro cúbico midiendo hasta la bandeja, pero cuántos litros hay por encima. Sus formas son regulares y, a ambos lados, cuenta con prácticos huecos con tapa. Comodísimo sistema para abatir asientos.

Así hacemos las pruebas