Comparativa: Range Rover Evoque 2.2 TD4 vs Volkswagen Golf GTI

Hay modelos que difícilmente superarían una prueba racional sobre su existencia. Afortunadamente, todavía hay apartados emocionales que nos incitan a elegir vehículos por pura satisfacción personal. Un ejemplo son este Range Rover Evoque y el Volkswagen Golf GTI.
Francisco Morillo. Fotos. Félix Macías -
Comparativa: Range Rover Evoque 2.2 TD4 vs Volkswagen Golf GTI
Comparativa: Range Rover Evoque 2.2 TD4 vs Volkswagen Golf GTI

Las, cada día, más restrictivas normas del tráfico y, en otro contexto, la crisis económica, han vuelto exóticos a modelos que, en otro tiempo, serían objetos de extendido deseo. También es cierto que las modas, siempre tan cambiantes como el mismo péndulo, convierten en obsoletos vehículos que, pocos años atrás, eran la envidia de muchos. Nuestros dos protagonistas se encuentran en el extremo del recorrido del péndulo —perdonad la metáfora—, pues uno, el Golf GTI, se mueve en un entorno muy difícil a causa de las estrictas limitaciones y, el otro, Range Rover Evoque, embarcado en el segmento más vivaz del mercado, posee una tarifa y distinción que lo encuadra en el selecto mundo premium.

 

Ilusión

Estos dos modelos se escapan bastante a lo que se podría llamar una compra racional y es el puro deseo el que nos llevará a poner encima de la mesa el nada contenido dinero exigido para traspasar su propiedad. Empecemos por el Golf GTI. Ya es el tercer o cuarto ejemplar de Golf actual que pasa por nuestras manos y nos tenemos que repetir: es un producto impecable al que es difícil encontrar peros.

 

En esta versión, encontramos una presentación específica, no sólo por su aspecto exterior más deportivo —las llantas de esta unidad son opcionales, por cierto—, sino por el homenaje que se hace en el interior al tapizado y pomo de la palanca de cambios —recuerda una pelota de golf— de la primera generación de GTI, hace treinta años. Esto nos lleva a pensar que en Volkswagen piensan que este GTI ya ha dejado de ser, exclusivamente, un producto para jóvenes vitalistas y empieza a ser objetivo de maduros con recuerdos nostálgicos. Desde luego, más de 30.000 euros no son fácil, para muchas personas que inician su carrera profesional, dejárselos en la compra de un coche.

 

Analizado de manera individual, el Golf GTI se muestra a la altura de su fama, pero ya no deja atrás a rivales de su segmento, que lo superan en potencia y cuya presentación no tiene nada que envidiar. Sentado al volante, se vive la ensoñación que todo Golf ha generado en varias generaciones de europeos, pero ya no paraliza el corazón. El confort de sus asientos queda emparejado con la sujeción que procuran y el tacto de la palanca de cambios mejora el de, por ejemplo, su primo cercano, el Audi A3. La presentación no deja de ser austera, para su precio, y algunos plásticos lejanos a la vista denotan el tan cacareado ahorro de costes.

 

Pero donde el GTI sabe jugar con las emociones es sobre la carretera. Ahí, muestra todo su ser y eso que el motor sobrealimentado de 2 litros y 220 teóricos caballos —en nuestro banco superó los 235— es de los de nueva generación, que pierden fuelle en cuanto la aguja huele el 5 en el cuentarrevoluciones. Quizás por ello, es aún más fácil de conducir, pero en ningún caso lento porque este adjetivo es impropio de un vehículo que no necesita ni 26 segundos en recorrer un kilómetro partiendo desde parado. Los adelantamientos los realiza en un suspiro, sea cual sea la marcha que llevemos engranada, y se puede decir que nada se le resiste a este Golf GTI, más rápido que nunca, más estable que nunca y tan fácil como siempre. Verdadera estirpe Golf.

 

Orgullo

Bajamos del Golf con la tensión alta y entramos en el Evoque. ¡Uf, que entorno! Si podíamos pretender querer enseñar nuestro GTI a los vecinos, acomodados en el Evoque, la idea se esfuma. Mejor éste. Vaya habitáculo de impresión. Efectivamente, es casi 20.000 euros más caro que el modelo alemán, pero es que no desentona frente a un Range de los grandes. Aquí sí puedes impresionar a cualquiera. Ya sólo el frontal del Evoque, su alta línea de cintura y unas proporciones en las que destaca una anchura de 1,9 metros ya impactan. Desde luego, a nadie se le ocurre preguntar lo mismo que con el GTI: ¿y cuánto corre? Aquí no sabes muy bien que decir, pero el magnetismo es inmediato: «yo quiero uno». Pero es que vale 50.000 euros. ¿Cómo? Pues sí. Si pretendes entrar en el selecto club de los poseedores de un Range, debes tener una cartera a la altura.

 

La puerta de entrada a este club se ve iluminada en el suelo por una silueta Evoque proyectada desde el espejo exterior. ¡Todavía hay clases! Sólo falta el mayordomo. La puerta pesa y su accionamiento demuestra que estamos ante un modelo poco común. Cierto, porque avista, no en la lejanía, las dos toneladas con dos usuarios a bordo. Para un modelo de este tamaño, impresiona. Naturalmente, el peso y la tracción total no son aliados del ahorro de combustible. Pese a la contenida potencia, el consumo difícilmente baja de los 7 l/100 km, y eso que la caja de cambios de nueve relaciones nos ayuda con su tendencia a buscar la relación más larga en cuanto relajamos la presión sobre el acelerador. Las prestaciones del Range Rover Evoque ya nos han parecido suficientes y el comportamiento de esta bellísima máquina es mucho más ágil y eficaz de lo que sus macizas formas nos pueden hacer creer. Un auténtico sueño.

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