Range Rover Evoque 2.2 SD4 Coupé

El Evoque concentra en sus 4,4 metros toda la tradición de Range Rover en cuanto a acabados y materiales, dando lugar al SUV más aspiracional de su segmento, el mismo del Audi Q3 y del BMW X1, pero mucho más enfocado al lujo.
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Range Rover Evoque 2.2 SD4 Coupé
Range Rover Evoque 2.2 SD4 Coupé

El Range Rover Evoque es un coche que gusta. Lo notamos en los ojos de los otros conductores, en la mirada y comentarios de algunos viandantes e incluso en los elogios de quienes están acostumbrados al lujo. Lo volvimos a comprobar durante nuestra sesión de fotos a las puertas del Casino de Madrid cuando, después de examinar los profusos remates en piel de nuestra unidad de pruebas, el distinguido dueño de un Audi A8 de varias generaciones pasadas nos felicitó por poseer semejante automóvil. Nada nuevo en un Range Rover, cuyo refinado habitáculo siempre despierta admiración, sin embargo esta vez es diferente, ya que estamos ante un modelo de tamaño compacto que mide prácticamente lo mismo que un Volkswagen Tiguan, y en este segmento no es habitual encontrarnos con una presentación así. Un capricho en todos los sentidos, pero también en el precio, sobre todo en el acabado superior Prestige que analizamos en estas páginas, en el que no faltan concesiones a los pequeños detalles ni una calidad de realización incluso mejor que en otros Range Rover de mayor tamaño.

Para empezar, el Range Rover Evoque nos recibe con una luz de bienvenida que proyecta en el suelo la silueta del coche, justo debajo del umbral de las puertas. Al entrar nos espera una tapicería de piel de dos tonalidades que reviste gran parte de las superficies del interior, incluido el salpicadero. Se combina con algún embellecedor de plástico negro lacado y mucha sensación de orden, gracias a la ausencia de palanca de cambios y a la buena agrupación de todos los mandos. Nada de madera para las inserciones —aunque está en la nutrida lista de opciones de personalización—, sino aluminio para dar un aspecto más vanguardista. El buen gusto termina de materializarse por medio de unos asientos de excelente factura en los que resulta fácil encontrar la posición perfecta y que, por supuesto, son eléctricos. Entre los elementos más llamativos encontramos calefacción para el volante y luces ambientales, cuya tonalidad roja o azul claro, así como su intensidad, podemos configurar desde la pantalla táctil central. Pocos colores si lo comparamos con la variedad de LED's que ofrece Mini, pero no hay que olvidar que un Range Rover debe mantener cierta "seriedad", aunque sin renunciar a la sofisticación. Las luces de lectura del techo, de accionamiento táctil, son las mismas del Jaguar XF. Lo único verdaderamente criticable es que la pantalla principal no se ve bien en las horas centrales del día, o cuando hay mucha luminosidad en el habitáculo.

Por otro lado, la habitabilidad de esta versión de tres puertas está en la línea de lo que encontramos en su segmento. Es muy desahogada en la zona delantera y no tanto en la fila posterior, donde no sobran centímetros, pero resulta más que correcto para personas de estatura normal, sobre todo en la cota para las rodillas. El generoso techo panorámico de nuestra unidad consigue proporcionar mucha sensación de amplitud. Salvando la lentitud del desplazamiento eléctrico del asiento delantero, el acceso a la fila trasera es relativamente sencillo, aunque no tanto la salida, ya que el Evoque prescinde de asideros en el techo. Otro punto que no está del todo bien resuelto es el suelo de la zona posterior, dado que está ligeramente inclinado y no permite reposar los pies en posición totalmente horizontal (la puntera queda algo más alta que el talón). No es un coche que cuente con demasiada modularidad, más bien lo contrario, pues la banqueta trasera es fija y tampoco se pueden ajustar en inclinación sus respaldos, que, pese a todo, son muy cómodos. En lo referente a capacidad de carga no nos podemos quejar. El maletero es amplio, de formas muy regulares y con un par de ganchos para colgar bolsas. Bajo el piso hay una serie de pequeños compartimentos, donde se encuentran los triángulos de emergencia y un kit de reparación de pinchazos, aunque sería más lógico optar por una rueda de repuesto, sobre todo en un SUV con buenas dotes para circular fuera del asfalto, pues para ello cuenta con el ya conocido programa Terrain Response, muy similar al que emplea su "primo" Land Rover Freelander.

Nada más iniciar la marcha el Evoque sorprende gratamente por la consistencia y calidad que transmite. Al igual que el resto de mandos, la dirección tiene un tacto muy refinado. Con sólo 2,5 vueltas entre topes es bastante directa desde los primeros milímetros de giro, lo que unido al rápido apoyo del tren delantero y al poco balanceo de la carrocería da como resultado mucha sensación de dinamismo, tanto que en autopista debemos ser precisos y estar atentos a la dirección si circulamos a alta velocidad. El comportamiento en zonas viradas tiene cierto punto de deportividad gracias a un eje trasero participativo —pero sin exagerar—, que redondea ante cambios de dirección repentinos o cuando el límite de adherencia se acerca. Esto sirve en parte para "camuflar" los 1.800 kg que ha pesado el modelo en nuestra báscula, y da como resultado unas reacciones bastante neutras y asequibles. Eso sí, tras varias frenadas fuertes seguidas aparecieron síntomas de fatiga en los frenos, algo que no se ha repetido en otras unidades que hemos probado posteriormente, que han frenado impecablemente en todo momento.

Las suspensiones cuentan con la firmeza admisible como para considerarse confortables, si bien el bacheo a poca velocidad se siente ligeramente más de lo deseable en el tren trasero. No es criticable dada la personalidad deportiva que quiere transmitir la marca con el Range Rover Evoque, pero posiblemente la opción de amortiguadores activos de viscosidad variable MagneRide —los mismos que monta Ferrari, entre otros— consigan un compromiso aún mejor.

En cuanto al motor, no desentona con el resto del conjunto. Sin ser especialmente prestacional consigue mover con soltura al Range Rover Evoque, además resulta muy silencioso, incluso a ritmos elevados. El cambio automático ZF de 6 marchas cuenta con muy buen funcionamiento, aunque en modo Sport no iguala a la impecable caja de 8 marchas que monta el Jaguar XF con este mismo propulsor, cuyo escalonamiento se adapta mejor a cualquier tipo de conducción. Por otro lado, el consumo es algo más alto que en modelos de su segmento. El Evoque tiene todos los requisitos de un auténtico capricho y pocos de sus inconvenientes, salvo el elevado precio que cabría esperar. Range Rover ha trasladado a una carrocería de SUV compacto todos los detalles que caracterizan a sus productos, dando lugar a un automóvil muy apetecible en todos los sentidos, incluso en diseño. Como diría el dueño del A8, ¡felicidades!

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