Prueba: Seat León 1.6 TDi, como un mechero

Basta ir conduciendo las diferentes versiones del Seat León para darse cuenta de que es un producto casi perfecto: me acabo de bajar de un FR 184 TDi y no le encuentro fisura como deportivo. A este más sencillo Seat León 1.6 TDi, tampoco se la encontrarás como ahorradora herramienta de transporte.
Raúl Roncero - Fotos: Mikael Helsing -
Prueba: Seat León 1.6 TDi, como un mechero
Prueba: Seat León 1.6 TDi, como un mechero

Mismos mimbres que Audi A3 y VWGolf, así que en el Seat León también hay mucha evolución industrial, con los matices que cada marca quiere y puede imprimir a cada modelo y las diferencias que debe haber entre tres coches que buscan clientes con cri­terios de compra desiguales. Y el de Seat apun­ta al epicentro del segmento, donde el coche más equilibrado y completo gana la partida. A valorar, economía de adquisición, consumo y mantenimiento, amplitud interior, rendimien­to mecánico, equipamiento, seguridad, com­portamiento… Y a priori, el Seat León parece tener buen cómputo global.

Conducidas las versiones con es­pecificaciones FR, el coche español deja claro que el cliente que siga aspirando a un compacto deportivo va a seguir teniendo las espaldas bien cubiertas, aunque la versión en la que nos cen­tramos tiene una misión aún más difícil: el exi­gente cliente 'de batalla', al que sólo le vale el coche que más le ofrezca para cubrir un amplio espectro de necesidades.


Sencillo pero eficaz

Como seguro que sabes, estamos ante el León más "sencillo"... Para esta plataforma MQB hay dos posibles trenes traseros y hasta que en el Seat León no llegas a los 184 CV no consigues la suspensión "pata negra" de tipo multibrazo. Pero no temas. Quien pretenda meter el dedo en la llaga puede empezar a buscar otros argumentos porque no es en precisión de conducción donde a los León con eje trasero torsional puedas pillar, porque Seat ha sacado petróleo de esta configuración empleándose en su puesta a punto. Difícil encontrar debilidades, al menos con el coche vacío o a media carga y la conducción tan normal y racional a la que se presta este ahorrador Seat León 1.6 TDi. Y aún dispuesto a llevarlo a extremos, sigo encontrándome con un monolítico eje trasero muy bien gobernado hasta cuando el agarre de las ruedas no dan más de sí gracias a una exquisita electrónica. Asegurada la eficacia, también la seguridad. El 95 por ciento de los kilómetros que he he­cho han sido bajo lluvia y la seguridad que me ha transmitido el León ha sido total y absoluta, destacando nuevamente en esas condiciones, en la que siem­pre acabas encontrando situaciones embarazo­sas, el buen papel que ha firmado su electrónica.

Pero también el confort. La rueda emplea­da, en dimensiones y especificaciones de goma, dibuja un acolchado balón que colabora positi­vamente en la capacidad de filtrado del vehícu­lo sin necesidad de imponer una amortiguación excesivamente blanda, de modo que el chasis de este León es un verdadero regalo porque a la co­modidad que ofrece suma, sobre todo, nobleza y facilidad de conducción que es lo que yo fun­damentalmente exigiría a un coche de su per­fil.

Destacable también el tacto de dirección, mandos, confort de asientos –para mi gusto, algo estrechos-, vi­sibilidad y ergonomía en general, haciendo que la conducción también sea sumamente agrada­ble en todos los sentidos. Tan sólo me he encon­trado algo incómodo con esta caja de cambios  de cinco mar­chas de pasillo demasiado ancho entre tercera y quinta, errando en ocasiones al pasar de las pa­res a las impares, lo cual me obligaba a trazar la H más abierta y lenta de lo que hubiera deseado. O con el flujo de aire que canaliza hacia el inte­rior es espejo retrovisor cuando circulas con la ventanilla medio bajada.

Motor, en plena forma

No esperaba sorpresas. Y no las ha habido en el sentido en el que corre lo que tiene que correr para su potencia y gasta lo mínimo, pero como a todos los turbodiésel, le he notado algo menos elástico que antes, pue­de, tal vez, que por restricciones medioambien­tales: acelerando desde bajas vueltas en segun­da o tercera marcha notas que podría darte más aceleración, tal vez limi­tando inyección y sopla­do de sobrealimentación al límite de humo/emi­siones. Pero sigue sien­do resolutivo en carrete­ra a golpe de acelerador, ofreciendo un amplísi­mo rango útil de funcionamiento y un cómodo crucero bien por debajo de 2.000 rpm para devo­rar carretera secundaria sin verse obligado a es­tar pendiente del cam­bio, bien ligeramente por encima para rodar a ritmo de autopista.
 

Tan acostumbrado nos tiene el Seat León a cifras por de­bajo de 5 litros en carretera que los 4,7 l/100 km que ha logrado puede no reflejar evolución en ese sentido, pero lo ratifica el gasto en ciu­dad, donde contribuye el bajo peso y el eficaz Stop&Start: recorta nada menos que 1,4 l/100 km al antiguo Ecomotive, convirtiéndose en el verdadero rey del ahorro. Y hablando de ahorro, comparado con un Golf con idéntico motor, el León cuesta 1.200 euros menos.
 

Acabados: aún hay distancias

Eso es que lo justifica que frente a ti no tengas el aspecto ni la apariencia de los acaba­dos de VW; es donde menos ha recortado dis­tancias Seat, o donde más las ha abierto VW. También el Golf viene algo más equipado, pero suma la promoción actual que ofrece el León –dos años de garantía adicional, cuatro de man­tenimiento, uno de seguro a todo riesgo más el de desempleo durante el primer año en caso de financiarlo con la marca- al valor del coche y tienes ante ti un caballo ganador: preocúpate sólo de que no falte combustible.
 

La nueva gama tendrá carrocería de 3 y 5 puertas, así que la de cinco pierde en parte esa personalidad del modelo saliente que escondía los tiradores traseros, aunque conserva el pe­queño cristal trasero del pilar C que obliga a 'cortar' la puerta en diagonal y en cierto modo condiciona, más que la entrada, la salida desde esas plazas. Con las nuevas dimensiones –más corto, pero con más batalla-, el León es mucho mejor coche que antes en aprovechamiento del espacio interior -81 cm de espacio para las piernas no están al alcance de cualquiera-, aunque sigue penalizando el túnel central y el diseño de los asien­tos posteriores. En cualquier caso, en el nuevo Seat León reina el equilibrio

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