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Prueba Ford Fiesta 1.6 TDCi/95, de fiesta

Empieza el baile y Ford tira de fondo de armario: viste al Fiesta con un poderoso frontal marca de la casa que posiblemente evitará que caigas en la cuenta de lo poco que ha cambiado el resto... Aunque en el fondo hay mucha mejoría, conservando además esa puesta a punto que hace de él uno de los utilitarios que más apetece conducir.
Raúl Roncero.

Twitter: @Rron0_autopista -

Prueba Ford Fiesta 1.6 TDCi/95, de fiesta
Prueba Ford Fiesta 1.6 TDCi/95, de fiesta

Viernes, día libre. Destino: la costa alicantina. Me interesa ir de incógnito y con la que está cayendo, se agradece también un bajo coste por kilómetro para aliviar el bolsillo. De entre lo que hay para probar en la redacción, el Fiesta es 'mi coche'. No me hace falta demasiado espacio, pero al echar mi equipaje y el de mi pareja vuelve a salir a la luz uno de esos grandes puntos fuertes que siempre ha tenido el Fiesta: para su tamaño, tiene un volumen de maletero más que generoso. Hay holgura suficiente por si han ingresado la nómina a tiempo y puedo permitirme algunas compras imprevistas.

Esta nueva fase que identificarás por su llamativo frontal —probablemente, algo recargado para su anchura y tamaño— ha crecido dos centímetros, aun­que no ha habido cambios en sus cotas inte­riores. Esto quiere decir que el Fiesta sigue siendo un coche menos espacioso que la media en sus plazas posteriores. Las dife­rencias no son decisivas, porque ni el mejor de los utilitarios puede transportar a tres pasaje­ros atrás con cierto nivel de confort, pero esos centímetros que le faltan al Fiesta en anchura y espacio de rodillas seguro que me hubieran obligado a hacer alguna que otra parada intermedia más en caso de ha­ber viajado con ellas ocupadas. Por cierto, no hay asideros en ninguna de las plazas.

Adiós ciudad

Arrancamos aún de no­che y nos metemos en ese tráfico de quienes madrugan para ir al trabajo. Qué agradable es este Fiesta en estas condiciones de rigu­rosa ciudad y circunvalación. La comodidad de su amortiguación sigue siendo un valor añadido en él, su dirección te hace sentirlo de inmediato preciso y más rápido de reac­ciones que el estándar de la categoría, y entre cuarta y quin­ta relación puedes 'hacer' prácticamente de todo para moverte al ritmo impuesto, bien sea muy despacio respondiendo sin el más mínimo titubeo mecánico, bien sea algo más alegre cuando el tráfico se empieza a abrir y puedes moverte a velocidades de tres dígitos.

Muy elástico este motor que comparte con PSA y que ya en el anterior Fiesta pasó a ser monoárbol, moviendo un desarrollo que fuera de la ciudad te permite aguantar fá­cilmente su quinta relación en fuertes re­pechos. Hasta el momento, bajos consumos; entre cuatro y pico altos y cinco indica en el ordenador de viaje, pero toca afrontar la parte dura de la autovía A3. Aún noche cerrada, los antiniebla me ayudan a tener mejor iluminación en las zonas de penumbra que dejan las de cruce, la imponente consola central abigarrada de pequeños botones ha dejado de ser un misterio y con una centena de kilómetros cubierto te da la sensación de que Ford ha trabajado la insonorización. Lo confirma el sonómetro, dos decibelios menos se agradecen cuando mantienes cruceros estables y sabes que queda un trecho por delante.

Con la confianza que sigue dándome la noche y el poco tráfico a tu favor, es el momento para explorar más a fondo la cosa. Aumentamos el crucero y el motor vuelve a responder como siempre, con entrega, más de la que esperas de sus 95 CV... Otra vez nos saca de dudas el Centro Técnico: te mueves con algo más de una centena de caballos reales, pan comido para un ligero Fiesta que no viaja excesivamente cargado. Conserva en carretera abierta ese excelente guiado y precisión de trayectoria que, por su inmediatez, lo identificas como una de las apuestas más dinámicas de la categoría, pero su comportamiento sólo admite un calificativo: confianza.

Te ves casi sin arcenes entre la mediana y camiones y sabes en todo momento por dónde pisa y va a pisar el Ford Fiesta. Y ante cualquier señal de alarma que exija aplastar el pie en el freno, la actitud sigue siendo securizante, de muy buen chasis, aunque no nos haya dejado las mejores distancias entre sus semejantes. Suma un precio tentador, equipamientos sin lagunas, buena calidad de acabados... ¿No necesitabas un buen coche para todo? 

En pocas palabras


Aceleración:
Cifras en la línea de lo que puedes esperar para su nivel de potencia, no malas, pero tan poco brillantes para el poco peso y 'estrecha' rueda de este versión, pero la rapidez de un modelo así no la busques en su aceleración, si no en su capacidad de recuperación.                                                                                                                                        

Cambio: A su utilización no se le pueden poner peros: te da buen tacto, es precisa, rápida y el embrague se dosifica con suavidad.

Frenada: Las cifras deslucen, pero no el comportamiento cuando toca hundir el pedal de freno hasta el fondo.

Consumos:. Ha habido mejora desde que este motor perdió la culata multiválvula, ya en la anterior generación. Buen cifra mínima pero mejor aún, el máximo que puedes llegar a consumir.

Adelantamientos: Por su elasticidad y empuje real, suficiente capacidad para no perder comba en tráfico real.

Habitabilidad: Anchura y espacio para las piernas acotan el radio de acción del Fiesta.

Potencia y par: Es un motor que Ford y PSA horquillan en diferentes niveles de potencia. Sobre nuestro banco de rodillos demuestra estar en forma una vez más, rindiendo algún caballo más de lo anunciado.

Sonoridad: Hay mejoras de hasta 2 dB a alta velocidad, que no es poco, pero no hay  coche 'pequeño' que al ritmo de autopista no resulte algo ruidoso.

Maletero: Más de 300 litros son la clave para que un utilitario pueda ser 'algo más' que eso, y el Fiesta es uno de los mejores ejemplos.