Prueba: Audi A1 quattro, nos vamos de rallye

Como en aquellos sorprendentes Audi quattro del Mundial de Rallies, este especialísimo A1 quattro combina un potente motor Turbo con una transmisión integral, para convertirse en un arma letal... llueva, granice o nieve.
Lorenzo Alcocer -
Prueba: Audi A1 quattro, nos vamos de rallye
Prueba: Audi A1 quattro, nos vamos de rallye

Y si buscas el entorno apropiado –disfruta de las fotos de nuestro maestro Helsing–, rememorarás la victoria que en 1984 consi­guió aquel binomio en el ra­llye más emblemático del mundo. Quizás el problema lo tengas en encontrar una unidad de las 333 que se han fabricado, una corta serie que justifica lo especial de un auto­móvil que es mucho más que el A1 más potente de la gama. Con un motor 2.0 TFSI de 256 CV, su potencia está significativamente por encima de lo que cualquier otro coche convencional de apenas 4 metros (Clio RS, 208 GTI, Mini John Cooper Works) te ofrece y quizá pueda asimi­lar. Pero su tracción integral lo equilibra y per­fecciona como ningún otro "utilitario" de altas prestaciones. Tiene el ADN para que se hubiera denominado S1, pero se ha querido respetar la denominación de aquellos quattro de carreras.

 

En conjunto, este A1 quattro resulta especta­cular, por lo muchísimo que empuja su motor, por la enorme sensación de agilidad, por como frena y por la insuperable capacidad de trac­ción. En definitiva, por toda su dinámica en pos de la eficacia deportiva, pero con tanta emoción como facilidad de conducción. La verdad es que me cuesta ponerle un pero a un deportivo que busca su terreno en trazados tortuosos... en ve­rano o invierno. Te tienes que ir fuera de ese en­torno, y entonces ahí, sus reacciones de coche corto de batalla te advierten, que no te alertan, y en su precisa caja de cambios manual buscas una 7ª velocidad que no tiene. Y no pienses en la caja S-Tronic de 7 marchas, porque por espa­cio, no está disponible.

 

Pero te moverás con el A1 quattro donde corresponde: entre puerto y puerto de montaña, entre curva y cur­va, entre nieve y agua. Y seguro te convenzas tú mismo de ser "imbatible" con este A1 quattro en esos trazados en los que te sobra la 6ª marcha. No recuerdo una alta deportividad tan fácil; por la naturalidad de una entrada en curva sin que las inercias de sus razonables 1.400 kilos te me­tan presión y la seguridad que te da su soberbia capacidad de tracción. Su motor es diabólico y sorprendente por lo mucho que ofrece apenas saliendo a poco más de 2.000 rpm en la mar­cha que sea.

 

Tiene un carácter turbo acusado, de los que entusiasman, pero con el valor añadi­do de no ser este 2.0 TFSI un nada o todo como los turbo de antaño, sino un mucho o muchísi­mo. Su elasticidad es soberbia y tiene tantos re­cursos el motor, que puedes utilizar dos y has­ta tres marchas diferentes para salir de manera diabólica de las curvas con las que te enfrentes. Lo tiene todo: bajo, medio y alto régimen. Y ade­más suena a mecánica especial. Su turbo se deja escuchar, la admisión, la válvula de descarga... en aceleración, en retención, fases que se suce­den continuamente en sus trazados favoritos. Y resulta tan estimulante escucharlo y sentirlo, que tú le correspondes con lo mejor de ti.

 

Equilibrio Quattro

Suficientemente fir­me para sentirlo muy sólido en los apoyos y en los rápidos cambios de dirección, en el A1 quat­tro también aflora calidad en su amortiguación filtrando las imperfecciones de estos trazados. Está muy lejos de ser una "tabla" para compati­bilizar su potencia con sus dimensiones. Por la aportación de su tracción quattro, se siente me­nos estresante que un Mini John Cooper Works, más tolerante a los baches, más estable cuando resulta complicado ir en línea recta. Por su capacidad de tracción, está tam­bién en otra órbita. Sientes claramente que pue­des aprovechar continuamente los 256 CV de su mecánica. Curva tras curvas, sales hundien­do el acelerador sin contemplaciones. Hay tan­ta normalidad en la salida, que vas adelantan­do metro a metro la aceleración.

 

Su sistema Haldex prioriza el reparto hacia el tren delantero, pero nunca parece colapsarse. Cuando supuestamente está empujando el tren trasero, el A1 sigue siendo muy neutro de reacciones. Si abusas, antes te amaga el subviraje. No busques sobreviraje por aceleración y sólo cierta insinuación si cortas en pleno apoyo. La electrónica también interviene priorizando el giro de las ruedas exteriores y el resultado es esa eficacia y naturalidad de la que no te crees que sea posible... rodando también sobre agua y nieve.

 

La capacidad de retención de los frenos también es soberbia, como su modulación. Tras la primera acaricia sobre el pedal para aminorar simplemente la marcha, la segunda parte del recorrido del pedal te permite clavar el A1 quattro ahí donde tienes tu referencia. Y en la detención absoluta, se codea con lo mejor de lo mejor.

 

Mikkola, Blomquist, Mouton, Röhrl

No creo que aquellos gladiadores de los Quattro del Mundial de Rallyes lo tuvieran tan fácil como lo tendrás con este A1 quattro. Mi única dificultad ha sido repostarlo. Tanta mecánica en "tan poco coche" ha exigido modificar un depósito muy complicado de llenar. Desde que salta el boquerel, todavía le pueden quedar 10 litros y muchos minutos de paciencia que te recomiendo que tengas. Si te mueves por tu Montecarlo particular, no creo que bajes de los 15 litros de media y la autonomía con sus 45 litros teóricos puede ser tan estresante como en los coches eléctricos. La rueda de repuesto cede su espacio al diferencial central para no penalizar más un maletero que con 180 litros verificados no da para mucho. Particularmente, son nimiedades. Este A1 quattro es un coche de pi­loto y a sus mandos, perfecto, por presentación, ergonomía, calidad y cantidad. Ahora elige entre Mikkola, Blomquist, Mouton o Röhrl. Y alter­na Suecia, con Portugal, Córcega o San Remo. O si lo prefieres, busca tu subida al Pikes Peak.

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