Porsche 911 Turbo Cabrio PDK

Pasar apuros con el peinado o que el sol pueda quemar nuestra piel no es problema. Basta una gorra, crema protectora y todo pasa a segundo plano cuando se viaja en uno de los descapotables más rápidos del mundo; tarda menos en ponerse a 200 km/h que en abrir la capota.
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Porsche 911 Turbo Cabrio PDK
Porsche 911 Turbo Cabrio PDK

No es que nos parezca que el nuevo Porsche 911 Turbo Cabrio sea lento a la hora de manipular el techo. Se aprieta el botón correspondiente y en 15 segundos queda completamente abierto o cerrado, hasta el punto que, incluso, se podría decir que es rápido en esta operación. Lo gracioso de la comparación es que tarda en realizar esto más de lo que tarda en ponerse a 200 km/h, ya que en poco más de 11 segundos ha sobrepasado los 200 km/h y sigue acelerando como un poseso.

El nuevo motor de inyección directa le ha sentado de maravilla al 911. Nos gustó mucho cuando lo probamos por primera vez en el modelo cerrado y ahora en el cabrio no hace más que confirmar que lo visto en el coupé no fue casualidad. El 911 Turbo —junto con su variante GT2— es el único coche del mercado que lleva un motor de gasolina con dos turbos de geometría variable. A esto, añadió en su última evolución la inyección directa. En realidad no se trata del mismo motor puesto que se ha rediseñado por completo y es más que una simple adaptación a la inyección directa: aumenta de cilindrada de 3,6 a 3,8 litros, cuenta con menos piezas, nuevo diseño de la cámara de combustión, el bloque y mejora la lubricación interna.


Ofrece 20 CV más que el anterior, con una curva de potencia de entrega más progresiva, sin apenas retardo de entrada de los turbos. El mencionado aumento de potencia se acompaña de una ligera bajada en el consumo, propiciada por la menor pérdida por rozamiento interno y la eficiente inyección directa. A esto también contribuye la excelente caja de cambios automatizada PDK de doble embrague, que supera al anterior Tiptronic de convertidor de par en todas las situaciones, desde la deportiva a la más confortable.

El resultado es un coche mucho más rápido que el anterior. Comparado con el Coupé, el cabrio apenas pierde prestaciones. Pesa solo 76 kg más, que a la hora de acelerar se traducen en apenas 1 milésima de diferencia en distancias cortas, y de 2 centésimas a medida que va subiendo la velocidad —cuestiones de aerodinámica—; es decir, son igual de rápidos en todo tipo de mediciones.

En el comportamiento tampoco hay muchas diferencias. Se puede rodar con cualquiera de los dos a un ritmo endiablado y sólo en circuito y al límite podremos apreciar que el descapotable es menos rígido. En cualquier caso, el coche admitiría un uso deportivo radical ¡es un Porsche! Al margen de las diferencias, es un coche con una capacidad para adelantar, frenar o devorar curvas muy por encima de la media de los coches con los que nos encontraremos en el camino.

Si no se quiere guerra, resulta fácil de conducir, maniobrable y muy seguro, como cualquier 911. A cielo abierto, el cabrio ofrece un placer difícil de describir.El sonido del boxer biturbo es algo especial que se disfruta desde el ralentí hasta el corte del encendido; no es tan embaucador como el de un Ferrari o un R8 V10, pero sí guarda el encanto de toda la tradición Porsche. Del ronroneo inicial pasa en un instante a un fuerte soplido de escapes que impresionará a cualquiera que se suba.

Como es habitual en estos coches, si se van a superar los 120 km/hresulta imprescindible llevar montado el deflector de viento opcional, sobre todo si no se quiere llegar a la cita con el pelo cardado como los Jackson Five, y más si hacemos uso del motor y sus muchas posibilidades. Las altas velocidades del Turbo no se disfrutan más que en un 911 Cabrio convencional, ya que descapotado a partir de ciertas velocidades, da igual si es turbo o no, que las sensaciones son las mismas. Como era de esperar, la habitabilidad trasera pierde con respecto al coupé y ya empieza a ser problemática para dos adultos, aunque siempre teniendo en cuenta que ofrece más espacio que un Jaguar XK, un Audi R8 o cualquier Ferrari descapotable.

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