Porsche Panamera GTS

Más asimilable que el estratosférico Panamera Turbo, el GTS y su evolucionado motor aspirado conquistan con su equilibrio, tacto y perfección técnica. ¿Hace falta más?
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Porsche Panamera GTS
Porsche Panamera GTS

A poca velocidad es tan silencioso que se escucha el tictac del reloj del paquete Sport Chrono —de serie—, ubicado en el salpicadero. El sonido del motor casi ni se percibe, la carrocería oscila ligeramente al filtrar las irregularidades y el cambio PDK de doble embrague proporciona una suavidad encomiable, cercana a la de un convertidor de par. Se trata de toda una berlina de lujo, con poco o nada que envidiar a un Serie 7, un A8 o un Clase S, y en la que no faltan unas comodísimas suspensiones neumáticas, ni un espacio exagerado para que los dos pasajeros traseros estiren las piernas. Sin embargo, el Panamera esconde una doble personalidad que le distingue del resto. Con una simple pulsación del botón Sport anularemos este "enrarecido" aire aburguesado y, si lo que de verdad nos interesa son las emociones, podemos ir un paso más allá activando el modo Sport Plus, con el que esta berlina de representación se transforma en un auténtico Porsche. La altura de la carrocería desciende, la suspensión se endurece notablemente, la respuesta del acelerador electrónico gana contundencia y la transmisión PDK reacciona con todavía mayor inmediatez y con unas leyes de lo más radicales en caso de ir en modo automático. También el sonido del motor se altera sensiblemente, pues se abren dos mariposas en las colas de escape para dejar salir un bramido más audible y evocador, perdiendo gran parte de su discreción inicial a causa de las "explosiones" que se producen en cada reducción —se escuchan sobre todo con la ventanilla bajada—. Ahora es cuando nos empezamos a entender...

Cuanto más rápido, más virtudes muestra. La sonoridad, por ejemplo, es prácticamente la misma a 140 km/h que a ritmos muy superiores, y lo mismo se podría decir de la estabilidad. Si no miramos el velocímetro pensaremos que vamos despacio, siempre con una precisión absoluta y un aplomo tan espectacular como su agilidad una vez que abandonamos la autopista, ya que parece no haber inercias. Explorar sus límites es relativamente fácil, pero nunca aburrido, de hecho es, posiblemente, la versión del Porsche Panamera que mayor disfrute proporciona a sus mandos devorando curvas y rectas.

Si levantas el pie derecho en pleno apoyo se cierra la trayectoria, aunque no tanto como en un 911, y una vez alcanzado el altísimo límite de agarre es siempre la trasera la que se insinúa, de forma noble pero con reacciones rápidas. Pese a su tamaño, se deja conducir como un deportivo, da mucha confianza gracias a la tracción total y los frenos responden como cabría esperar, por duro que sea el trato. Es sin duda un automóvil mucho más eficaz de lo que aparenta su aspecto, y todo ello sin renunciar al confort.

El V8 atmosférico carece del poderío del Turbo a pocas vueltas, pero poco importa porque cuenta con el inmediato cambio PDK de serie, que permite exprimir sin complicaciones hasta el último CV. No tiene un carácter excesivamente rabioso, pero aun así logra una soberbias prestaciones que nos harán llegar antes de tiempo a todos los sitios y, lo más importante, con una sonrisa en la cara. Entre otros "trucos" mecánicos para lograr los 30 CV extra respecto a los Panamera S y 4S, el propulsor del GTS cuenta con dos conductos de aire activos en las tomas de aire frontales laterales, que se abren por encima de 3.500 vueltas, aunque en la práctica no se aprecia ningún escalón de potencia a dicho régimen, pues es un motor bastante progresivo, con cambios en su entrega, pero poco bruscos, a medida que la aguja vuela por el cuentavueltas.

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