Porsche Cayman

Porsche acaba de poner a la venta el Cayman, la variante más “light” de este hechizante coupé con nombre de saurio. Pero que nadie se piense que es una versión descafeinada del Cayman S. Sus 245 CV tienen el inconfundible sabor Porsche y, cómo olvidarlo, utilizan para desplegarse el que, posiblemente, sea el bastidor más equilibrado de toda la gama alemana. Es menos radical que el Cayman S, sí, pero ¿quién lo notaría con los ojos vendados?
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No deja de resultar curiosa la estrategia de lanzamiento de Porsche con estos Cayman. Primero presentan la variante Cayman S , la más deportiva y cargada de caballos, ni más ni menos que 295. Y, ahora, presentan una menos poderosa denominada simplemente Cayman.

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p> Lo normal en todas las marcas es ir progresivamente hacia arriba en la caballería de los motores y las prestaciones de los coches. Pero Porsche tiene la suficiente confianza en su producto como para hacerlo al revés: primero el “gordo” y, ahora, el “gordito”.

Y es que este Cayman a secas no es un remedo de deportivo. Es un Porsche por los cuatro costados y no permite que la diferencia de caballos le tape la boca. Así, no es de extrañar que los responsables de la marca le den una patada al orden lógico del mercado y saquen ahora esta versión de acceso.

Construido sobre la plataforma del Boxster, el Cayman es un biplaza elegante y agresivo, de líneas clásicas, puramente coupé. Lleva el motor colgado en el centro del coche, un maravilloso cambio de cinco o seis relaciones, ofrece 245 CV de potencia y cuesta 53.478 euros, 12.000 menos que el Cayman S.

Con la llegada del Cayman, Porsche va cerrando su gama, que ya tiene cuatro modelos y un buen puñado de versiones para cada uno de ellos. Este Cayman se colocará como acceso a la gama, orientado a un público joven, de entre 25 y 40 años, económicamente solvente y que busque ciertas garantías de practicidad, amén de los rasgos típicos de un deportivo.

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p> Se pone a la venta con unos objetivos de venta ambiciosos, aunque no claramente cuantificados por Porsche. Lo que sí nos han dicho es que esperan repetir el error de cálculo que cometieron con el Cayman S. Cuando lo presentaron en noviembre de 2005, dijeron que pensaban vender 5.000 unidades en un año. Han vendido más de 10.000 Así, es de esperar que, con este Cayman más barato, las matriculaciones esponjen todavía más.

Como ya queda claro, el Cayman es un Cayman S en versión menos radical. Así, la estética es prácticamente la misma, si bien ligeramente suavizada. Se cambian las pinzas de los frenos rojas por otras negras, se pinta también de negro el espoiler inferior y se elimina la S de la zaga. Por lo demás, todo prácticamente igual. Es decir, la misma pinta musculosa, reforzada por esos tremendos neumáticos sobre llantas de 17 pulgadas. El mismo morro larguísimo y curvilíneo. El mismo habitáculo retrasado, puro coupé. Vamos que, en circulación, nadie los distingue.

Después, hay algunas diferencias más que justifican la diferencia de precios, como los frenos, que llevan discos de menor diámetro: 298 mm delante y 299 mm detrás, mientras que el Cayman S lleva 318 mm en el eje anterior.

Encontramos también matices en el equipamiento de serie, que, siendo amplio y rico, no lo es tanto como el que luce el hermano mayor. Incluye, por ejemplo, el control de estabilidad PSM, el ABS de última generación y los airbags frontales, de cabeza y laterales, amén de elementos de confort como el aire acondicionado, asientos parcialmente eléctricos y el equipo de sonido con lector de CD.

Todo lo demás queda para las opciones, lo que acaba por encarecer bastante el ya de por sí elevado precio del coche. Así, contar con la fabulosa suspensión activa cuesta 1.664 euros, y llevar navegador sale por otros 3.000 euros. También son recomendables los asientos deportivos, que cuestan 416 euros, y las luces bixenón, que suman otros 1.139 euros. Hay en la oferta un paquete interesante que combina suspensión deportiva y caja de cambios manual de seis relaciones. Cuesta 2.304 euros y mejora mucho el comportamiento del coche.

Por lo demás, y como curiosidad, se ofrecen unas llantas de 19 pulgadas que cuestan la friolera de 3.616 euros. No están, por ejemplo, los frenos cerámicos de más de 8.000 euros que sí están disponibles en los Cayman S.
Pero, claro, esto es sólo una mínima respresentación de todo lo que Porsche ofrece. Esta marca siempre se distingue por configurar inagotables listados de opciones para personalizar el coche y, en este caso, no iba a ser menos. Teniendo dinero, se puede añadir al Cayman casi de todo.

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p> En cuanto a los acabados y la factura del coche, qué decir. Cualquiera que haya visto un Porsche sabe que esta firma roza la excelencia a la hora de rematar sus vehículos. Es casi imposible encontrar una falla en las costuras, los ajustes... Los materiales son de primera y, además, se pueden montar otros todavía mejores. En fin, que, dejando de lado algunos problemas de ergonomía típicos de Porsche, estamos ante un habitáculo de ensueño. Biplaza, escueto, incómodo a veces, con muy poco maletero, sí, pero tan deportivo, tan lujoso, tan bello, tan irresistible...

Nada más sentarnos al volante de este Cayman ya notamos que este coche es diferente. El plano que se nos ofrece nos remite a los deportivos clásicos, esos coches de la época heroica que hemos visto en fotos y museos. Uno pone en el mismo eje visual el volante (aro fino y mucho diámetro), la bitácora redondeada del cuadro de mandos y la aleta izquierda, que aparece como un promontorio en la lejanía...

El efecto es magnífico: inmediatamente nos trasladamos en el tiempo y sólo echamos en falta uno de aquellos cascos de cuero con gafas de aviador. El logro de los diseñadores de Porsche es mayúsculo.

Quien diga que este Cayman es un producto menor dentro de la gama Porsche no sabe lo que está diciendo. Pleno de carácter y sabor Porsche, el Cayman de 250 CV es un coche fantástico, emocionante. Es una delicia oír el rugido terrible de su motor y notar cómo los asientos nos golpean los riñones merced a una aceleración que no se agota nunca.
Es caro, claro, y eso es una pega difícilmente salvable. Pero quien pueda pagarlo disfrutará del que, a nuestro juicio, es el Porsche más equilibrado, más estable, más fácil de conducir y, al tiempo, más vibrante en la carretera. Su ligereza, sus muchos caballos y su exquisito reparto de pesos lo convierten en un juguete, un deportivo de esos que todos queremos llevar alguna vez.

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No deja de resultar curiosa la estrategia de lanzamiento de Porsche con estos Cayman. Primero presentan la variante Cayman S , la más deportiva y cargada de caballos, ni más ni menos que 295. Y, ahora, presentan una menos poderosa denominada simplemente Cayman.

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p> Lo normal en todas las marcas es ir progresivamente hacia arriba en la caballería de los motores y las prestaciones de los coches. Pero Porsche tiene la suficiente confianza en su producto como para hacerlo al revés: primero el “gordo” y, ahora, el “gordito”.

Y es que este Cayman a secas no es un remedo de deportivo. Es un Porsche por los cuatro costados y no permite que la diferencia de caballos le tape la boca. Así, no es de extrañar que los responsables de la marca le den una patada al orden lógico del mercado y saquen ahora esta versión de acceso.

Construido sobre la plataforma del Boxster, el Cayman es un biplaza elegante y agresivo, de líneas clásicas, puramente coupé. Lleva el motor colgado en el centro del coche, un maravilloso cambio de cinco o seis relaciones, ofrece 245 CV de potencia y cuesta 53.478 euros, 12.000 menos que el Cayman S.

Con la llegada del Cayman, Porsche va cerrando su gama, que ya tiene cuatro modelos y un buen puñado de versiones para cada uno de ellos. Este Cayman se colocará como acceso a la gama, orientado a un público joven, de entre 25 y 40 años, económicamente solvente y que busque ciertas garantías de practicidad, amén de los rasgos típicos de un deportivo.

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p> Se pone a la venta con unos objetivos de venta ambiciosos, aunque no claramente cuantificados por Porsche. Lo que sí nos han dicho es que esperan repetir el error de cálculo que cometieron con el Cayman S. Cuando lo presentaron en noviembre de 2005, dijeron que pensaban vender 5.000 unidades en un año. Han vendido más de 10.000 Así, es de esperar que, con este Cayman más barato, las matriculaciones esponjen todavía más.

Como ya queda claro, el Cayman es un Cayman S en versión menos radical. Así, la estética es prácticamente la misma, si bien ligeramente suavizada. Se cambian las pinzas de los frenos rojas por otras negras, se pinta también de negro el espoiler inferior y se elimina la S de la zaga. Por lo demás, todo prácticamente igual. Es decir, la misma pinta musculosa, reforzada por esos tremendos neumáticos sobre llantas de 17 pulgadas. El mismo morro larguísimo y curvilíneo. El mismo habitáculo retrasado, puro coupé. Vamos que, en circulación, nadie los distingue.

Después, hay algunas diferencias más que justifican la diferencia de precios, como los frenos, que llevan discos de menor diámetro: 298 mm delante y 299 mm detrás, mientras que el Cayman S lleva 318 mm en el eje anterior.

Encontramos también matices en el equipamiento de serie, que, siendo amplio y rico, no lo es tanto como el que luce el hermano mayor. Incluye, por ejemplo, el control de estabilidad PSM, el ABS de última generación y los airbags frontales, de cabeza y laterales, amén de elementos de confort como el aire acondicionado, asientos parcialmente eléctricos y el equipo de sonido con lector de CD.

Todo lo demás queda para las opciones, lo que acaba por encarecer bastante el ya de por sí elevado precio del coche. Así, contar con la fabulosa suspensión activa cuesta 1.664 euros, y llevar navegador sale por otros 3.000 euros. También son recomendables los asientos deportivos, que cuestan 416 euros, y las luces bixenón, que suman otros 1.139 euros. Hay en la oferta un paquete interesante que combina suspensión deportiva y caja de cambios manual de seis relaciones. Cuesta 2.304 euros y mejora mucho el comportamiento del coche.

Por lo demás, y como curiosidad, se ofrecen unas llantas de 19 pulgadas que cuestan la friolera de 3.616 euros. No están, por ejemplo, los frenos cerámicos de más de 8.000 euros que sí están disponibles en los Cayman S.
Pero, claro, esto es sólo una mínima respresentación de todo lo que Porsche ofrece. Esta marca siempre se distingue por configurar inagotables listados de opciones para personalizar el coche y, en este caso, no iba a ser menos. Teniendo dinero, se puede añadir al Cayman casi de todo.

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p> En cuanto a los acabados y la factura del coche, qué decir. Cualquiera que haya visto un Porsche sabe que esta firma roza la excelencia a la hora de rematar sus vehículos. Es casi imposible encontrar una falla en las costuras, los ajustes... Los materiales son de primera y, además, se pueden montar otros todavía mejores. En fin, que, dejando de lado algunos problemas de ergonomía típicos de Porsche, estamos ante un habitáculo de ensueño. Biplaza, escueto, incómodo a veces, con muy poco maletero, sí, pero tan deportivo, tan lujoso, tan bello, tan irresistible...

Nada más sentarnos al volante de este Cayman ya notamos que este coche es diferente. El plano que se nos ofrece nos remite a los deportivos clásicos, esos coches de la época heroica que hemos visto en fotos y museos. Uno pone en el mismo eje visual el volante (aro fino y mucho diámetro), la bitácora redondeada del cuadro de mandos y la aleta izquierda, que aparece como un promontorio en la lejanía...

El efecto es magnífico: inmediatamente nos trasladamos en el tiempo y sólo echamos en falta uno de aquellos cascos de cuero con gafas de aviador. El logro de los diseñadores de Porsche es mayúsculo.

Quien diga que este Cayman es un producto menor dentro de la gama Porsche no sabe lo que está diciendo. Pleno de carácter y sabor Porsche, el Cayman de 250 CV es un coche fantástico, emocionante. Es una delicia oír el rugido terrible de su motor y notar cómo los asientos nos golpean los riñones merced a una aceleración que no se agota nunca.
Es caro, claro, y eso es una pega difícilmente salvable. Pero quien pueda pagarlo disfrutará del que, a nuestro juicio, es el Porsche más equilibrado, más estable, más fácil de conducir y, al tiempo, más vibrante en la carretera. Su ligereza, sus muchos caballos y su exquisito reparto de pesos lo convierten en un juguete, un deportivo de esos que todos queremos llevar alguna vez.

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