Peugeot 4007 2.2 HDI y Mitsubishi Outlander 2.0 DI-D

Tienen los mismos “genes”, se fabrican en la misma planta y son prácticamente como dos gotas de agua, pero existen algunas diferencias que, en la utilización diaria, se perciben claramente y que son suficientes como para responder a gustos distintos.
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Peugeot 4007 2.2 HDI y Mitsubishi Outlander 2.0 DI-D
Peugeot 4007 2.2 HDI y Mitsubishi Outlander 2.0 DI-D

La ventaja del motor 2.2 de origen HDI frente al 2.0 de origen TDI es evidente, pero no sólo por la cifra de potencia, ya en sí misma significativa, sino porque la mayor cilindrada del 2.2 permite una curva de rendimiento en la que los valores de par son más elevados en toda circunstancia. Un efecto que los desarrollos más cortos del Outlander no es capaz de compensar, quedando por debajo del modelo francés en todas las mediciones.

A cambio, el Outlander presenta unos consumos algo más bajos, aunque no tanto como podría esperarse, debido, precisamente, a que los desarrollos de transmisión no le ayudan en este aspecto. Las cifras son más que dignas en el Outlander y es posible que para muchos, el grado dinámico sea más que suficiente. Sin ninguna duda, tal y como está “el patio” desde el punto de vista normativo, con el Outlander tenemos, en teoría, suficiente coche para dar con nuestros huesos en la cárcel. Sin embargo, en modelos como los que nos ocupan, en los que su potencial de carga es de siete pasajeros, lo que consecuentemente nos da un alto grado de posibilidades de elevar el peso total del coche por encima de las dos toneladas, esos caballos de más que nos ofrece el Peugeot pueden llegar a notarse.

Cargado, la respuesta del modelo francés es aun más brillante con relación al Outlander y al margen de velocidades máximas o de aceleraciones puras, algún que otro adelantamiento justo, tiene mejores visos de salir adelante sin sobresaltos con el Peugeot, que con el Mitsubishi. Tanto el 2.0 como el 2.2 cumplen la normativa Euro4, pero mientras el Peugeot recurre al filtro de partículas, el Mitsubishi no lo necesita. Lo que no deja de ser una ventaja para el modelo japonés que prescinde de un elemento susceptible a avería y que, además, es una cosa menos que requiere mantenimiento.

El equipamiento de los dos modelos es bastante equivalentey los diferentes elementos que montan de serie son idénticos. No en vano salen de la misma fábrica. Bajo este punto de vista puede decirse que la dotación de serie es plenamente satisfactoria, aunque con alguna carencia un tanto inexplicable, como el sensor de lluvia, que a estas alturas en un modelo de este precio debería ser innegociable. Tanto el acabado Kaiteki del Mitsubishi, como el Sport Pack del Peugeot, se sitúan como los más lujosos para estas motorizaciones y ambos comportan la inclusión de la tapicería de cuero dentro del precio. Creemos que la tapicería de cuero es algo suficientemente personal como para incluirla. Es muy posible que muchos prescindirían de ella gustosos, sobre todo los que vivan en las zonas más cálidas, y dado que no es un elemento precisamente barato podría reducir la factura final de manera notable, algo similar podríamos decir del techo solar que se incluye de serie en el Outlander. Al hilo de estas consideraciones, el criterio de Mitsubishi en cuanto a la dotación de serie nos parece algo menos acertado que el de Peugeot, incluso tratándose de la versión más alta de la gama. Sobre todo porque en un coche con la vocación viajera y lúdica del Outlander, el Navegador no está previsto ni siquiera como opción, relegando este elemento a las versiones de motorización más potente.

El acabado es bueno en ambos, la postura de conducción adecuada, salvo por la falta de regulación en profundidad del volante y el confort de marcha suficiente, al menos para los cinco pasajeros de las dos primeras filas. Los eventuales ocupantes de la tercera fila deberían ser los más pequeños de la casa ya que más que un asiento “de verdad” su configuración es más parecida a la de un “transportín” con escasas concesiones a la comodidad.

La configuración más eficaz es la de cuatro ruedas motrices, en la que sin alterar el comportamiento básico, ni acentuar el subviraje, nos permite acelerar antes a la salida de las curvas

El excelente chasis, la tracción total y los elementos electrónicos de seguridad activa, elevan la nota en este sentido de manera muy significativa. Para tratarse de un modelo que supera los 1.700 kg y con una carrocería bastante voluminosa, la facilidad de conducción y la eficacia sobre todo tipo de terrenos es algo reseñable.

Otros factores como el confort de marcha, que reduce la fatiga, o la visibilidad muy bien resuelta hacen de ambos modelos, no sólo agradables de utilizar sino, altamente seguros. En lo que se refiere a seguridad pasiva hemos de recurrir al equipamiento para valorarlos. Los sistemas de retención disponibles cubren perfectamente las necesidades de protección en caso de impacto y siguen la tendencia que se ha ido imponiendo últimamente en la que se sustituyen los airbags laterales traseros por los airbags de cortina, perfectamente útiles en coches laterales y con menos posibilidades de efectos negativos frente a las sillas de los más pequeños.

Tratándose de las dos versiones tope de la gama podemos entender justificado el precio de ambos con relación a su equipamiento. La mayor cantidad de euros que hay que desembolsar en el Peugeot podría justificarse parcialmente por su mecánica más potente, pero nos parece un tanto excesiva. Otro elemento a favor del Mitsubishi es que si queremos todas las opciones disponibles, la diferencia de precio se nos va a casi 6.000 euros y esa sí que no la vemos en absoluto justificada, aunque la principal diferencia sea el navegador, que el Outlander no puede montar.

Superar la barrera de los 40.000 euros en un modelo de esta categoría complica notablemente su competitividad en un mercado en el que por ese precio el comprador puede empezar a plantearse dudas sobre la posibilidad de optar por un automóvil, digamos de mayor éxito social.

— Precio competitivo
— Equipamiento
— Confort de marcha

— Prestaciones cargado
— Opciones escasas
— Confort plazas 3ª fila

Una buena base

La ventaja del motor 2.2 de origen HDI frente al 2.0 de origen TDI es evidente, pero no sólo por la cifra de potencia, ya en sí misma significativa, sino porque la mayor cilindrada del 2.2 permite una curva de rendimiento en la que los valores de par son más elevados en toda circunstancia. Un efecto que los desarrollos más cortos del Outlander no es capaz de compensar, quedando por debajo del modelo francés en todas las mediciones.

A cambio, el Outlander presenta unos consumos algo más bajos, aunque no tanto como podría esperarse, debido, precisamente, a que los desarrollos de transmisión no le ayudan en este aspecto. Las cifras son más que dignas en el Outlander y es posible que para muchos, el grado dinámico sea más que suficiente. Sin ninguna duda, tal y como está “el patio” desde el punto de vista normativo, con el Outlander tenemos, en teoría, suficiente coche para dar con nuestros huesos en la cárcel. Sin embargo, en modelos como los que nos ocupan, en los que su potencial de carga es de siete pasajeros, lo que consecuentemente nos da un alto grado de posibilidades de elevar el peso total del coche por encima de las dos toneladas, esos caballos de más que nos ofrece el Peugeot pueden llegar a notarse.

Cargado, la respuesta del modelo francés es aun más brillante con relación al Outlander y al margen de velocidades máximas o de aceleraciones puras, algún que otro adelantamiento justo, tiene mejores visos de salir adelante sin sobresaltos con el Peugeot, que con el Mitsubishi. Tanto el 2.0 como el 2.2 cumplen la normativa Euro4, pero mientras el Peugeot recurre al filtro de partículas, el Mitsubishi no lo necesita. Lo que no deja de ser una ventaja para el modelo japonés que prescinde de un elemento susceptible a avería y que, además, es una cosa menos que requiere mantenimiento.

El equipamiento de los dos modelos es bastante equivalentey los diferentes elementos que montan de serie son idénticos. No en vano salen de la misma fábrica. Bajo este punto de vista puede decirse que la dotación de serie es plenamente satisfactoria, aunque con alguna carencia un tanto inexplicable, como el sensor de lluvia, que a estas alturas en un modelo de este precio debería ser innegociable. Tanto el acabado Kaiteki del Mitsubishi, como el Sport Pack del Peugeot, se sitúan como los más lujosos para estas motorizaciones y ambos comportan la inclusión de la tapicería de cuero dentro del precio. Creemos que la tapicería de cuero es algo suficientemente personal como para incluirla. Es muy posible que muchos prescindirían de ella gustosos, sobre todo los que vivan en las zonas más cálidas, y dado que no es un elemento precisamente barato podría reducir la factura final de manera notable, algo similar podríamos decir del techo solar que se incluye de serie en el Outlander. Al hilo de estas consideraciones, el criterio de Mitsubishi en cuanto a la dotación de serie nos parece algo menos acertado que el de Peugeot, incluso tratándose de la versión más alta de la gama. Sobre todo porque en un coche con la vocación viajera y lúdica del Outlander, el Navegador no está previsto ni siquiera como opción, relegando este elemento a las versiones de motorización más potente.

El acabado es bueno en ambos, la postura de conducción adecuada, salvo por la falta de regulación en profundidad del volante y el confort de marcha suficiente, al menos para los cinco pasajeros de las dos primeras filas. Los eventuales ocupantes de la tercera fila deberían ser los más pequeños de la casa ya que más que un asiento “de verdad” su configuración es más parecida a la de un “transportín” con escasas concesiones a la comodidad.

La configuración más eficaz es la de cuatro ruedas motrices, en la que sin alterar el comportamiento básico, ni acentuar el subviraje, nos permite acelerar antes a la salida de las curvas

El excelente chasis, la tracción total y los elementos electrónicos de seguridad activa, elevan la nota en este sentido de manera muy significativa. Para tratarse de un modelo que supera los 1.700 kg y con una carrocería bastante voluminosa, la facilidad de conducción y la eficacia sobre todo tipo de terrenos es algo reseñable.

Otros factores como el confort de marcha, que reduce la fatiga, o la visibilidad muy bien resuelta hacen de ambos modelos, no sólo agradables de utilizar sino, altamente seguros. En lo que se refiere a seguridad pasiva hemos de recurrir al equipamiento para valorarlos. Los sistemas de retención disponibles cubren perfectamente las necesidades de protección en caso de impacto y siguen la tendencia que se ha ido imponiendo últimamente en la que se sustituyen los airbags laterales traseros por los airbags de cortina, perfectamente útiles en coches laterales y con menos posibilidades de efectos negativos frente a las sillas de los más pequeños.

Tratándose de las dos versiones tope de la gama podemos entender justificado el precio de ambos con relación a su equipamiento. La mayor cantidad de euros que hay que desembolsar en el Peugeot podría justificarse parcialmente por su mecánica más potente, pero nos parece un tanto excesiva. Otro elemento a favor del Mitsubishi es que si queremos todas las opciones disponibles, la diferencia de precio se nos va a casi 6.000 euros y esa sí que no la vemos en absoluto justificada, aunque la principal diferencia sea el navegador, que el Outlander no puede montar.

Superar la barrera de los 40.000 euros en un modelo de esta categoría complica notablemente su competitividad en un mercado en el que por ese precio el comprador puede empezar a plantearse dudas sobre la posibilidad de optar por un automóvil, digamos de mayor éxito social.

— Precio competitivo
— Equipamiento
— Confort de marcha

— Prestaciones cargado
— Opciones escasas
— Confort plazas 3ª fila

Una buena base

La ventaja del motor 2.2 de origen HDI frente al 2.0 de origen TDI es evidente, pero no sólo por la cifra de potencia, ya en sí misma significativa, sino porque la mayor cilindrada del 2.2 permite una curva de rendimiento en la que los valores de par son más elevados en toda circunstancia. Un efecto que los desarrollos más cortos del Outlander no es capaz de compensar, quedando por debajo del modelo francés en todas las mediciones.

A cambio, el Outlander presenta unos consumos algo más bajos, aunque no tanto como podría esperarse, debido, precisamente, a que los desarrollos de transmisión no le ayudan en este aspecto. Las cifras son más que dignas en el Outlander y es posible que para muchos, el grado dinámico sea más que suficiente. Sin ninguna duda, tal y como está “el patio” desde el punto de vista normativo, con el Outlander tenemos, en teoría, suficiente coche para dar con nuestros huesos en la cárcel. Sin embargo, en modelos como los que nos ocupan, en los que su potencial de carga es de siete pasajeros, lo que consecuentemente nos da un alto grado de posibilidades de elevar el peso total del coche por encima de las dos toneladas, esos caballos de más que nos ofrece el Peugeot pueden llegar a notarse.

Cargado, la respuesta del modelo francés es aun más brillante con relación al Outlander y al margen de velocidades máximas o de aceleraciones puras, algún que otro adelantamiento justo, tiene mejores visos de salir adelante sin sobresaltos con el Peugeot, que con el Mitsubishi. Tanto el 2.0 como el 2.2 cumplen la normativa Euro4, pero mientras el Peugeot recurre al filtro de partículas, el Mitsubishi no lo necesita. Lo que no deja de ser una ventaja para el modelo japonés que prescinde de un elemento susceptible a avería y que, además, es una cosa menos que requiere mantenimiento.

El equipamiento de los dos modelos es bastante equivalentey los diferentes elementos que montan de serie son idénticos. No en vano salen de la misma fábrica. Bajo este punto de vista puede decirse que la dotación de serie es plenamente satisfactoria, aunque con alguna carencia un tanto inexplicable, como el sensor de lluvia, que a estas alturas en un modelo de este precio debería ser innegociable. Tanto el acabado Kaiteki del Mitsubishi, como el Sport Pack del Peugeot, se sitúan como los más lujosos para estas motorizaciones y ambos comportan la inclusión de la tapicería de cuero dentro del precio. Creemos que la tapicería de cuero es algo suficientemente personal como para incluirla. Es muy posible que muchos prescindirían de ella gustosos, sobre todo los que vivan en las zonas más cálidas, y dado que no es un elemento precisamente barato podría reducir la factura final de manera notable, algo similar podríamos decir del techo solar que se incluye de serie en el Outlander. Al hilo de estas consideraciones, el criterio de Mitsubishi en cuanto a la dotación de serie nos parece algo menos acertado que el de Peugeot, incluso tratándose de la versión más alta de la gama. Sobre todo porque en un coche con la vocación viajera y lúdica del Outlander, el Navegador no está previsto ni siquiera como opción, relegando este elemento a las versiones de motorización más potente.

El acabado es bueno en ambos, la postura de conducción adecuada, salvo por la falta de regulación en profundidad del volante y el confort de marcha suficiente, al menos para los cinco pasajeros de las dos primeras filas. Los eventuales ocupantes de la tercera fila deberían ser los más pequeños de la casa ya que más que un asiento “de verdad” su configuración es más parecida a la de un “transportín” con escasas concesiones a la comodidad.

La configuración más eficaz es la de cuatro ruedas motrices, en la que sin alterar el comportamiento básico, ni acentuar el subviraje, nos permite acelerar antes a la salida de las curvas

El excelente chasis, la tracción total y los elementos electrónicos de seguridad activa, elevan la nota en este sentido de manera muy significativa. Para tratarse de un modelo que supera los 1.700 kg y con una carrocería bastante voluminosa, la facilidad de conducción y la eficacia sobre todo tipo de terrenos es algo reseñable.

Otros factores como el confort de marcha, que reduce la fatiga, o la visibilidad muy bien resuelta hacen de ambos modelos, no sólo agradables de utilizar sino, altamente seguros. En lo que se refiere a seguridad pasiva hemos de recurrir al equipamiento para valorarlos. Los sistemas de retención disponibles cubren perfectamente las necesidades de protección en caso de impacto y siguen la tendencia que se ha ido imponiendo últimamente en la que se sustituyen los airbags laterales traseros por los airbags de cortina, perfectamente útiles en coches laterales y con menos posibilidades de efectos negativos frente a las sillas de los más pequeños.

Tratándose de las dos versiones tope de la gama podemos entender justificado el precio de ambos con relación a su equipamiento. La mayor cantidad de euros que hay que desembolsar en el Peugeot podría justificarse parcialmente por su mecánica más potente, pero nos parece un tanto excesiva. Otro elemento a favor del Mitsubishi es que si queremos todas las opciones disponibles, la diferencia de precio se nos va a casi 6.000 euros y esa sí que no la vemos en absoluto justificada, aunque la principal diferencia sea el navegador, que el Outlander no puede montar.

Superar la barrera de los 40.000 euros en un modelo de esta categoría complica notablemente su competitividad en un mercado en el que por ese precio el comprador puede empezar a plantearse dudas sobre la posibilidad de optar por un automóvil, digamos de mayor éxito social.

— Precio competitivo
— Equipamiento
— Confort de marcha

— Prestaciones cargado
— Opciones escasas
— Confort plazas 3ª fila

Una buena base

La ventaja del motor 2.2 de origen HDI frente al 2.0 de origen TDI es evidente, pero no sólo por la cifra de potencia, ya en sí misma significativa, sino porque la mayor cilindrada del 2.2 permite una curva de rendimiento en la que los valores de par son más elevados en toda circunstancia. Un efecto que los desarrollos más cortos del Outlander no es capaz de compensar, quedando por debajo del modelo francés en todas las mediciones.

A cambio, el Outlander presenta unos consumos algo más bajos, aunque no tanto como podría esperarse, debido, precisamente, a que los desarrollos de transmisión no le ayudan en este aspecto. Las cifras son más que dignas en el Outlander y es posible que para muchos, el grado dinámico sea más que suficiente. Sin ninguna duda, tal y como está “el patio” desde el punto de vista normativo, con el Outlander tenemos, en teoría, suficiente coche para dar con nuestros huesos en la cárcel. Sin embargo, en modelos como los que nos ocupan, en los que su potencial de carga es de siete pasajeros, lo que consecuentemente nos da un alto grado de posibilidades de elevar el peso total del coche por encima de las dos toneladas, esos caballos de más que nos ofrece el Peugeot pueden llegar a notarse.

Cargado, la respuesta del modelo francés es aun más brillante con relación al Outlander y al margen de velocidades máximas o de aceleraciones puras, algún que otro adelantamiento justo, tiene mejores visos de salir adelante sin sobresaltos con el Peugeot, que con el Mitsubishi. Tanto el 2.0 como el 2.2 cumplen la normativa Euro4, pero mientras el Peugeot recurre al filtro de partículas, el Mitsubishi no lo necesita. Lo que no deja de ser una ventaja para el modelo japonés que prescinde de un elemento susceptible a avería y que, además, es una cosa menos que requiere mantenimiento.

El equipamiento de los dos modelos es bastante equivalentey los diferentes elementos que montan de serie son idénticos. No en vano salen de la misma fábrica. Bajo este punto de vista puede decirse que la dotación de serie es plenamente satisfactoria, aunque con alguna carencia un tanto inexplicable, como el sensor de lluvia, que a estas alturas en un modelo de este precio debería ser innegociable. Tanto el acabado Kaiteki del Mitsubishi, como el Sport Pack del Peugeot, se sitúan como los más lujosos para estas motorizaciones y ambos comportan la inclusión de la tapicería de cuero dentro del precio. Creemos que la tapicería de cuero es algo suficientemente personal como para incluirla. Es muy posible que muchos prescindirían de ella gustosos, sobre todo los que vivan en las zonas más cálidas, y dado que no es un elemento precisamente barato podría reducir la factura final de manera notable, algo similar podríamos decir del techo solar que se incluye de serie en el Outlander. Al hilo de estas consideraciones, el criterio de Mitsubishi en cuanto a la dotación de serie nos parece algo menos acertado que el de Peugeot, incluso tratándose de la versión más alta de la gama. Sobre todo porque en un coche con la vocación viajera y lúdica del Outlander, el Navegador no está previsto ni siquiera como opción, relegando este elemento a las versiones de motorización más potente.

El acabado es bueno en ambos, la postura de conducción adecuada, salvo por la falta de regulación en profundidad del volante y el confort de marcha suficiente, al menos para los cinco pasajeros de las dos primeras filas. Los eventuales ocupantes de la tercera fila deberían ser los más pequeños de la casa ya que más que un asiento “de verdad” su configuración es más parecida a la de un “transportín” con escasas concesiones a la comodidad.

La configuración más eficaz es la de cuatro ruedas motrices, en la que sin alterar el comportamiento básico, ni acentuar el subviraje, nos permite acelerar antes a la salida de las curvas

El excelente chasis, la tracción total y los elementos electrónicos de seguridad activa, elevan la nota en este sentido de manera muy significativa. Para tratarse de un modelo que supera los 1.700 kg y con una carrocería bastante voluminosa, la facilidad de conducción y la eficacia sobre todo tipo de terrenos es algo reseñable.

Otros factores como el confort de marcha, que reduce la fatiga, o la visibilidad muy bien resuelta hacen de ambos modelos, no sólo agradables de utilizar sino, altamente seguros. En lo que se refiere a seguridad pasiva hemos de recurrir al equipamiento para valorarlos. Los sistemas de retención disponibles cubren perfectamente las necesidades de protección en caso de impacto y siguen la tendencia que se ha ido imponiendo últimamente en la que se sustituyen los airbags laterales traseros por los airbags de cortina, perfectamente útiles en coches laterales y con menos posibilidades de efectos negativos frente a las sillas de los más pequeños.

Tratándose de las dos versiones tope de la gama podemos entender justificado el precio de ambos con relación a su equipamiento. La mayor cantidad de euros que hay que desembolsar en el Peugeot podría justificarse parcialmente por su mecánica más potente, pero nos parece un tanto excesiva. Otro elemento a favor del Mitsubishi es que si queremos todas las opciones disponibles, la diferencia de precio se nos va a casi 6.000 euros y esa sí que no la vemos en absoluto justificada, aunque la principal diferencia sea el navegador, que el Outlander no puede montar.

Superar la barrera de los 40.000 euros en un modelo de esta categoría complica notablemente su competitividad en un mercado en el que por ese precio el comprador puede empezar a plantearse dudas sobre la posibilidad de optar por un automóvil, digamos de mayor éxito social.

— Precio competitivo
— Equipamiento
— Confort de marcha

— Prestaciones cargado
— Opciones escasas
— Confort plazas 3ª fila

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