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Peugeot 4007 2.2 HDI y Mitsubishi Outlander 2.0 DI-D

Tienen los mismos “genes”, se fabrican en la misma planta y son prácticamente como dos gotas de agua, pero existen algunas diferencias que, en la utilización diaria, se perciben claramente y que son suficientes como para responder a gustos distintos.
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Peugeot 4007 2.2 HDI y Mitsubishi Outlander 2.0 DI-D
Peugeot 4007 2.2 HDI y Mitsubishi Outlander 2.0 DI-D

La plataforma del Outlander/4007 parte de una excelente base, en la que la generosa batalla de 267 cm y las eficientes suspensiones independientes para ambos trenes, ya garantizan un excelente panorama teórico, que queda refrendado prácticamente desde los primeros metros que recorremos con el coche. A ello hay que añadir una excelente transmisión, gracias a la cual el conductor puede optar por dos ruedas motrices, cuatro ruedas motrices con reparto de par automático y cuatro ruedas motrices con reparto de par fijo —40% delante y 60% detrás—. La configuración más eficaz es la de cuatro ruedas motrices, en la que sin alterar el comportamiento básico, ni acentuar el subviraje, nos permite acelerar antes a la salida de las curvas sin que se produzcan efectos parásitos.

En lo que se refiere a suspensión Peugeot ha dotado al 4007 de unos muelles y amortiguadores más firmes para adaptar el coche a su planteamiento. El resultado sobre asfalto liso es casi equivalente ya que los apoyos en curva en estas condiciones son muy parecidos en ambos. Para compensar la menor dureza de suspensiones, el Outlander recurre a unas estabilizadoras más gruesas, que se encargan de controlar la inclinación de la carrocería. Es sobre firme rizado, o al circular por pistas, donde se aprecian las diferencias más notables. La mayor capacidad de absorción de los muelles del Mitsubishi hace que éste ofrezca un mayor confort, pero es que, además, las ruedas copian mejor las irregularidades en el modelo japonés y ofrece una mejor adherencia.

El Peugeot muestra ciertos rebotes que producen pequeñas, pero perceptibles, imprecisiones en la trayectoria. Frenos y dirección son equivalentes y responden a lo que cabe esperar. Sólo bajo una fuerte solicitación se pone de manifiesto un mayor recorrido de pedal en las frenadas, pero en ningún caso la fatiga llega a alargarlas a limites preocupantes.

Motores diferentes

Con el crecimiento más espectacular de ventas en los últimos años, los modelos todocamino han obligado a muchos fabricantes a incluir en sus respectivas gamas un representante que no los deje fuera del banquete comercial.

Peugeot y Citroën llegaron a un acuerdo con Mitsubishi para que fuera el fabricante japonés quien les fabricara su propio todocamino. Una solución sencilla y rápida, habida cuenta de los costes y la demora que requiere el desarrollo de un modelo partiendo de una hoja en blanco, que era lo que tenían que hacer las marcas de PSA.

Además, utilizando el Outlander como base se garantizaban un modelo brillante, fabricado por un especialista de todo terreno y, consecuentemente, con garantías en lo que se refiere a suspensiones y transmisión. Así, sobre la base del exitoso Outlander ha nacido el Peugeot 4007, al que las modificaciones estéticas llevadas a cabo, fundamentalmente en el frontal, un equipamiento específico y una mecánica propia, le proporcionan las diferencias necesarias para competir con su homólogo japonés, con argumentos objetivos y no sólo por, filias o fobias hacia una u otra marca. Ciento cincuenta mil unidades tenía previstas fabricar Mitsubishi del Outlander en un año.

Pero la fuerte demanda del modelo ha obligado a aumentar esa cifra hasta las 180.000 para lo que ha tenido que recurrir a su planta holandesa con objeto de generar la suficiente capacidad productiva. Toda una garantía de la aceptación que ha tenido el modelo desde su lanzamiento y que ha supuesto una agradable sorpresa para sus creadores. Con un crecimiento de la categoría previsto en un 30 por ciento para los próximos dos años parece garantizada la rentabilidad del Outlander, así como de los modelos análogos de PSA.

La plataforma del Outlander/4007 parte de una excelente base, en la que la generosa batalla de 267 cm y las eficientes suspensiones independientes para ambos trenes, ya garantizan un excelente panorama

La operación es un ejemplo de cómo la sinergia entre distintos fabricantes puede tener resultados satisfactorios para todos, incluido el comprador, y es que el conjunto de modelos Outlander/4007/C-Crosser, es un puzzle en el que Mitsubishi pone la plataforma y el sistema de transmisión, y Volkswagen y PSA ponen las motorizaciones, obteniendo unos resultados francamente brillantes. La marca japonesa acaba de ampliar la gama incorporando una versión con el motor 2.2 de 156 CV del Peugeot y una adicional, equipada con motor de gasolina de 170 CV y cambio de variador continuo con modo manual secuencial, lo que la sitúa como una de las gamas más completas del segmento.

La estabilidad es una cualidad que, como el valor en la antigua “mili”, es algo que se les supone a todos los modelos actuales, y lo cierto es que, con variaciones más o menos significativas que van más en matices, hace mucho que ya no se puede decir que, este coche es “muy malo” en este sentido. Sin embargo, asumiendo que la práctica totalidad de los modelos de la producción mundial, responde a esos estándares hay una serie detalles que diferencian a unos de otros haciendo que aspectos como la seguridad transmitida, la sensibilidad, o un cierto carácter dominante en la actitud se conviertan en matices muy determinantes. Todo lo anterior viene a cuento por que en este caso establecer diferencias se nos antojaba sobre el papel algo prácticamente imposible, porque en lo que se refiere a bastidor estamos hablando del mismo modelo. No obstante, como veremos más adelante dos coches prácticamente idénticos pueden ofrecer un tacto bastante diferenciado en función de los criterios seguidos a la hora de configurar muelles y amortiguadores.

La plataforma del Outlander/4007 parte de una excelente base, en la que la generosa batalla de 267 cm y las eficientes suspensiones independientes para ambos trenes, ya garantizan un excelente panorama teórico, que queda refrendado prácticamente desde los primeros metros que recorremos con el coche. A ello hay que añadir una excelente transmisión, gracias a la cual el conductor puede optar por dos ruedas motrices, cuatro ruedas motrices con reparto de par automático y cuatro ruedas motrices con reparto de par fijo —40% delante y 60% detrás—. La configuración más eficaz es la de cuatro ruedas motrices, en la que sin alterar el comportamiento básico, ni acentuar el subviraje, nos permite acelerar antes a la salida de las curvas sin que se produzcan efectos parásitos.

En lo que se refiere a suspensión Peugeot ha dotado al 4007 de unos muelles y amortiguadores más firmes para adaptar el coche a su planteamiento. El resultado sobre asfalto liso es casi equivalente ya que los apoyos en curva en estas condiciones son muy parecidos en ambos. Para compensar la menor dureza de suspensiones, el Outlander recurre a unas estabilizadoras más gruesas, que se encargan de controlar la inclinación de la carrocería. Es sobre firme rizado, o al circular por pistas, donde se aprecian las diferencias más notables. La mayor capacidad de absorción de los muelles del Mitsubishi hace que éste ofrezca un mayor confort, pero es que, además, las ruedas copian mejor las irregularidades en el modelo japonés y ofrece una mejor adherencia.

El Peugeot muestra ciertos rebotes que producen pequeñas, pero perceptibles, imprecisiones en la trayectoria. Frenos y dirección son equivalentes y responden a lo que cabe esperar. Sólo bajo una fuerte solicitación se pone de manifiesto un mayor recorrido de pedal en las frenadas, pero en ningún caso la fatiga llega a alargarlas a limites preocupantes.

Motores diferentes

Con el crecimiento más espectacular de ventas en los últimos años, los modelos todocamino han obligado a muchos fabricantes a incluir en sus respectivas gamas un representante que no los deje fuera del banquete comercial.

Peugeot y Citroën llegaron a un acuerdo con Mitsubishi para que fuera el fabricante japonés quien les fabricara su propio todocamino. Una solución sencilla y rápida, habida cuenta de los costes y la demora que requiere el desarrollo de un modelo partiendo de una hoja en blanco, que era lo que tenían que hacer las marcas de PSA.

Además, utilizando el Outlander como base se garantizaban un modelo brillante, fabricado por un especialista de todo terreno y, consecuentemente, con garantías en lo que se refiere a suspensiones y transmisión. Así, sobre la base del exitoso Outlander ha nacido el Peugeot 4007, al que las modificaciones estéticas llevadas a cabo, fundamentalmente en el frontal, un equipamiento específico y una mecánica propia, le proporcionan las diferencias necesarias para competir con su homólogo japonés, con argumentos objetivos y no sólo por, filias o fobias hacia una u otra marca. Ciento cincuenta mil unidades tenía previstas fabricar Mitsubishi del Outlander en un año.

Pero la fuerte demanda del modelo ha obligado a aumentar esa cifra hasta las 180.000 para lo que ha tenido que recurrir a su planta holandesa con objeto de generar la suficiente capacidad productiva. Toda una garantía de la aceptación que ha tenido el modelo desde su lanzamiento y que ha supuesto una agradable sorpresa para sus creadores. Con un crecimiento de la categoría previsto en un 30 por ciento para los próximos dos años parece garantizada la rentabilidad del Outlander, así como de los modelos análogos de PSA.

La plataforma del Outlander/4007 parte de una excelente base, en la que la generosa batalla de 267 cm y las eficientes suspensiones independientes para ambos trenes, ya garantizan un excelente panorama

La operación es un ejemplo de cómo la sinergia entre distintos fabricantes puede tener resultados satisfactorios para todos, incluido el comprador, y es que el conjunto de modelos Outlander/4007/C-Crosser, es un puzzle en el que Mitsubishi pone la plataforma y el sistema de transmisión, y Volkswagen y PSA ponen las motorizaciones, obteniendo unos resultados francamente brillantes. La marca japonesa acaba de ampliar la gama incorporando una versión con el motor 2.2 de 156 CV del Peugeot y una adicional, equipada con motor de gasolina de 170 CV y cambio de variador continuo con modo manual secuencial, lo que la sitúa como una de las gamas más completas del segmento.

La estabilidad es una cualidad que, como el valor en la antigua “mili”, es algo que se les supone a todos los modelos actuales, y lo cierto es que, con variaciones más o menos significativas que van más en matices, hace mucho que ya no se puede decir que, este coche es “muy malo” en este sentido. Sin embargo, asumiendo que la práctica totalidad de los modelos de la producción mundial, responde a esos estándares hay una serie detalles que diferencian a unos de otros haciendo que aspectos como la seguridad transmitida, la sensibilidad, o un cierto carácter dominante en la actitud se conviertan en matices muy determinantes. Todo lo anterior viene a cuento por que en este caso establecer diferencias se nos antojaba sobre el papel algo prácticamente imposible, porque en lo que se refiere a bastidor estamos hablando del mismo modelo. No obstante, como veremos más adelante dos coches prácticamente idénticos pueden ofrecer un tacto bastante diferenciado en función de los criterios seguidos a la hora de configurar muelles y amortiguadores.

La plataforma del Outlander/4007 parte de una excelente base, en la que la generosa batalla de 267 cm y las eficientes suspensiones independientes para ambos trenes, ya garantizan un excelente panorama teórico, que queda refrendado prácticamente desde los primeros metros que recorremos con el coche. A ello hay que añadir una excelente transmisión, gracias a la cual el conductor puede optar por dos ruedas motrices, cuatro ruedas motrices con reparto de par automático y cuatro ruedas motrices con reparto de par fijo —40% delante y 60% detrás—. La configuración más eficaz es la de cuatro ruedas motrices, en la que sin alterar el comportamiento básico, ni acentuar el subviraje, nos permite acelerar antes a la salida de las curvas sin que se produzcan efectos parásitos.

En lo que se refiere a suspensión Peugeot ha dotado al 4007 de unos muelles y amortiguadores más firmes para adaptar el coche a su planteamiento. El resultado sobre asfalto liso es casi equivalente ya que los apoyos en curva en estas condiciones son muy parecidos en ambos. Para compensar la menor dureza de suspensiones, el Outlander recurre a unas estabilizadoras más gruesas, que se encargan de controlar la inclinación de la carrocería. Es sobre firme rizado, o al circular por pistas, donde se aprecian las diferencias más notables. La mayor capacidad de absorción de los muelles del Mitsubishi hace que éste ofrezca un mayor confort, pero es que, además, las ruedas copian mejor las irregularidades en el modelo japonés y ofrece una mejor adherencia.

El Peugeot muestra ciertos rebotes que producen pequeñas, pero perceptibles, imprecisiones en la trayectoria. Frenos y dirección son equivalentes y responden a lo que cabe esperar. Sólo bajo una fuerte solicitación se pone de manifiesto un mayor recorrido de pedal en las frenadas, pero en ningún caso la fatiga llega a alargarlas a limites preocupantes.

Motores diferentes

Con el crecimiento más espectacular de ventas en los últimos años, los modelos todocamino han obligado a muchos fabricantes a incluir en sus respectivas gamas un representante que no los deje fuera del banquete comercial.

Peugeot y Citroën llegaron a un acuerdo con Mitsubishi para que fuera el fabricante japonés quien les fabricara su propio todocamino. Una solución sencilla y rápida, habida cuenta de los costes y la demora que requiere el desarrollo de un modelo partiendo de una hoja en blanco, que era lo que tenían que hacer las marcas de PSA.

Además, utilizando el Outlander como base se garantizaban un modelo brillante, fabricado por un especialista de todo terreno y, consecuentemente, con garantías en lo que se refiere a suspensiones y transmisión. Así, sobre la base del exitoso Outlander ha nacido el Peugeot 4007, al que las modificaciones estéticas llevadas a cabo, fundamentalmente en el frontal, un equipamiento específico y una mecánica propia, le proporcionan las diferencias necesarias para competir con su homólogo japonés, con argumentos objetivos y no sólo por, filias o fobias hacia una u otra marca. Ciento cincuenta mil unidades tenía previstas fabricar Mitsubishi del Outlander en un año.

Pero la fuerte demanda del modelo ha obligado a aumentar esa cifra hasta las 180.000 para lo que ha tenido que recurrir a su planta holandesa con objeto de generar la suficiente capacidad productiva. Toda una garantía de la aceptación que ha tenido el modelo desde su lanzamiento y que ha supuesto una agradable sorpresa para sus creadores. Con un crecimiento de la categoría previsto en un 30 por ciento para los próximos dos años parece garantizada la rentabilidad del Outlander, así como de los modelos análogos de PSA.

La plataforma del Outlander/4007 parte de una excelente base, en la que la generosa batalla de 267 cm y las eficientes suspensiones independientes para ambos trenes, ya garantizan un excelente panorama

La operación es un ejemplo de cómo la sinergia entre distintos fabricantes puede tener resultados satisfactorios para todos, incluido el comprador, y es que el conjunto de modelos Outlander/4007/C-Crosser, es un puzzle en el que Mitsubishi pone la plataforma y el sistema de transmisión, y Volkswagen y PSA ponen las motorizaciones, obteniendo unos resultados francamente brillantes. La marca japonesa acaba de ampliar la gama incorporando una versión con el motor 2.2 de 156 CV del Peugeot y una adicional, equipada con motor de gasolina de 170 CV y cambio de variador continuo con modo manual secuencial, lo que la sitúa como una de las gamas más completas del segmento.

La estabilidad es una cualidad que, como el valor en la antigua “mili”, es algo que se les supone a todos los modelos actuales, y lo cierto es que, con variaciones más o menos significativas que van más en matices, hace mucho que ya no se puede decir que, este coche es “muy malo” en este sentido. Sin embargo, asumiendo que la práctica totalidad de los modelos de la producción mundial, responde a esos estándares hay una serie detalles que diferencian a unos de otros haciendo que aspectos como la seguridad transmitida, la sensibilidad, o un cierto carácter dominante en la actitud se conviertan en matices muy determinantes. Todo lo anterior viene a cuento por que en este caso establecer diferencias se nos antojaba sobre el papel algo prácticamente imposible, porque en lo que se refiere a bastidor estamos hablando del mismo modelo. No obstante, como veremos más adelante dos coches prácticamente idénticos pueden ofrecer un tacto bastante diferenciado en función de los criterios seguidos a la hora de configurar muelles y amortiguadores.

La plataforma del Outlander/4007 parte de una excelente base, en la que la generosa batalla de 267 cm y las eficientes suspensiones independientes para ambos trenes, ya garantizan un excelente panorama teórico, que queda refrendado prácticamente desde los primeros metros que recorremos con el coche. A ello hay que añadir una excelente transmisión, gracias a la cual el conductor puede optar por dos ruedas motrices, cuatro ruedas motrices con reparto de par automático y cuatro ruedas motrices con reparto de par fijo —40% delante y 60% detrás—. La configuración más eficaz es la de cuatro ruedas motrices, en la que sin alterar el comportamiento básico, ni acentuar el subviraje, nos permite acelerar antes a la salida de las curvas sin que se produzcan efectos parásitos.

En lo que se refiere a suspensión Peugeot ha dotado al 4007 de unos muelles y amortiguadores más firmes para adaptar el coche a su planteamiento. El resultado sobre asfalto liso es casi equivalente ya que los apoyos en curva en estas condiciones son muy parecidos en ambos. Para compensar la menor dureza de suspensiones, el Outlander recurre a unas estabilizadoras más gruesas, que se encargan de controlar la inclinación de la carrocería. Es sobre firme rizado, o al circular por pistas, donde se aprecian las diferencias más notables. La mayor capacidad de absorción de los muelles del Mitsubishi hace que éste ofrezca un mayor confort, pero es que, además, las ruedas copian mejor las irregularidades en el modelo japonés y ofrece una mejor adherencia.

El Peugeot muestra ciertos rebotes que producen pequeñas, pero perceptibles, imprecisiones en la trayectoria. Frenos y dirección son equivalentes y responden a lo que cabe esperar. Sólo bajo una fuerte solicitación se pone de manifiesto un mayor recorrido de pedal en las frenadas, pero en ningún caso la fatiga llega a alargarlas a limites preocupantes.

Motores diferentes

Con el crecimiento más espectacular de ventas en los últimos años, los modelos todocamino han obligado a muchos fabricantes a incluir en sus respectivas gamas un representante que no los deje fuera del banquete comercial.

Peugeot y Citroën llegaron a un acuerdo con Mitsubishi para que fuera el fabricante japonés quien les fabricara su propio todocamino. Una solución sencilla y rápida, habida cuenta de los costes y la demora que requiere el desarrollo de un modelo partiendo de una hoja en blanco, que era lo que tenían que hacer las marcas de PSA.

Además, utilizando el Outlander como base se garantizaban un modelo brillante, fabricado por un especialista de todo terreno y, consecuentemente, con garantías en lo que se refiere a suspensiones y transmisión. Así, sobre la base del exitoso Outlander ha nacido el Peugeot 4007, al que las modificaciones estéticas llevadas a cabo, fundamentalmente en el frontal, un equipamiento específico y una mecánica propia, le proporcionan las diferencias necesarias para competir con su homólogo japonés, con argumentos objetivos y no sólo por, filias o fobias hacia una u otra marca. Ciento cincuenta mil unidades tenía previstas fabricar Mitsubishi del Outlander en un año.

Pero la fuerte demanda del modelo ha obligado a aumentar esa cifra hasta las 180.000 para lo que ha tenido que recurrir a su planta holandesa con objeto de generar la suficiente capacidad productiva. Toda una garantía de la aceptación que ha tenido el modelo desde su lanzamiento y que ha supuesto una agradable sorpresa para sus creadores. Con un crecimiento de la categoría previsto en un 30 por ciento para los próximos dos años parece garantizada la rentabilidad del Outlander, así como de los modelos análogos de PSA.

La plataforma del Outlander/4007 parte de una excelente base, en la que la generosa batalla de 267 cm y las eficientes suspensiones independientes para ambos trenes, ya garantizan un excelente panorama

La operación es un ejemplo de cómo la sinergia entre distintos fabricantes puede tener resultados satisfactorios para todos, incluido el comprador, y es que el conjunto de modelos Outlander/4007/C-Crosser, es un puzzle en el que Mitsubishi pone la plataforma y el sistema de transmisión, y Volkswagen y PSA ponen las motorizaciones, obteniendo unos resultados francamente brillantes. La marca japonesa acaba de ampliar la gama incorporando una versión con el motor 2.2 de 156 CV del Peugeot y una adicional, equipada con motor de gasolina de 170 CV y cambio de variador continuo con modo manual secuencial, lo que la sitúa como una de las gamas más completas del segmento.

La estabilidad es una cualidad que, como el valor en la antigua “mili”, es algo que se les supone a todos los modelos actuales, y lo cierto es que, con variaciones más o menos significativas que van más en matices, hace mucho que ya no se puede decir que, este coche es “muy malo” en este sentido. Sin embargo, asumiendo que la práctica totalidad de los modelos de la producción mundial, responde a esos estándares hay una serie detalles que diferencian a unos de otros haciendo que aspectos como la seguridad transmitida, la sensibilidad, o un cierto carácter dominante en la actitud se conviertan en matices muy determinantes. Todo lo anterior viene a cuento por que en este caso establecer diferencias se nos antojaba sobre el papel algo prácticamente imposible, porque en lo que se refiere a bastidor estamos hablando del mismo modelo. No obstante, como veremos más adelante dos coches prácticamente idénticos pueden ofrecer un tacto bastante diferenciado en función de los criterios seguidos a la hora de configurar muelles y amortiguadores.