Peugeot 307 CC 2.0 y Renault Mégane CC 2.0

Los dos modelos enfrentados recurren al mismo esquema de carrocería, coupé cabriolet de accionamiento eléctrico, ofrecen motores en el entorno de los 140 CV y disponen de unos precios muy similares.
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Peugeot 307 CC 2.0 y Renault Mégane CC 2.0
Peugeot 307 CC 2.0 y Renault Mégane CC 2.0

El habitáculo de cada uno de los modelos responde a los planteamientos característicos de sus correspondientes marcas y son casi comunes a los modelos de los que derivan. En el caso del Peugeot, se ha reforzado el aspecto deportivo del modelo con la inclusión de algunos elementos de aspecto “rácing”, como los embellecedores de color aluminio alrededor de la consola central, tiradores de las puertas, salidas de aireación y detalles en el volante, así como la utilización de un pedalier metálico y pomo de la palanca del cambio de marchas en aluminio. También el cuadro de instrumentos es específico para esta versión, con el fondo de las esferas en color blanco.

Las plazas delanteras son amplias y muy cómodas, con unos excelentes asientos que sujetan perfectamente el cuerpo en las curvas, si bien las traseras no son su punto fuerte, no tanto por la anchura –apta para dos personas- ni por el espacio para las piernas, justito, pero aceptable para un vehículo convertible, como por la posición de los respaldos del asiento trasero, excesivamente verticales y cóncavos, como si estuvieran tallados sobre la propia mampara posterior.

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p> La calidad de los acabados y ajuste de los componentes está mejor resuelto en el modelo de la marca del león, que, además, dispone de más huecos para distribuir la impedimenta personal de la vida moderna: teléfono móvil, agenda, llaves…

Esta situación se repite y se acrecienta en el Mégane, pues, contando con unas cotas internas muy similares, dispone de menos espacio para la cabeza, lo que produce cierta claustrofobia cuando se lleva un rato en el interior con la testa literalmente pegada al techo.

El Mégane es un poco más conservador en diseño y no difiere respecto a las versiones convencionales de techo metálico fijo. No dispone de zona roja en el cuentarrevoluciones y las agujas son muy imprecisas, pues están formadas por un indicador en forma de “v” con el vértice redondeado. Tan sólo la disposición de los mandos para el accionamiento del techo se diferencian del resto de modelos de la gama. Sí nos ha parecido un poco incómoda la situación del cinturón de seguridad, que queda muy retrasado respecto al puesto de conducción y obliga a adoptar una postura bastante incómoda para alcanzarlo.

Las puertas no son las mismas de las versiones convencionales, aunque no difieren demasiado, excepto en que no cuentan con marco para la ventanilla. En ambos casos se ha recurrido a un refuerzo interno para participar en la rigidez de la carrocería y para minimizar los riesgos en caso de colisión lateral. Para facilitar su apertura, en el Peugeot 307 se ha instalado un curioso dispositivo que “adivina” la intención del usuario. Un campo electromagnético creado alrededor de la manilla de la puerta detecta la presencia de la mano y permite el descenso del cristal unos milímetros para liberarlo de la junta de estanqueidad de goma.

El mecanismo que permite la apertura o cierre del techo es casi idéntico en los dos modelos y requiere un tiempo de unos 20 – 22 segundos en completar la operación. En el 307 puede efectuarse en marcha a una velocidad inferior a los 10 km/h con sólo apretar un botón. El sistema de bloqueo o desbloqueo es completamente automático y no requiere ninguna intervención manual por parte del conductor. El techo escamoteable es controlado por un ejército de sistemas hidráulicos, contactores, soportes, ejes, bielas y travesaños que sostienen, animan y fijan todas las piezas de manera totalmente organizada. Una central electroneumática situada en el maletero se encarga de administrar la presión suficiente al circuito (150 bares) para que actúe de forma automática.

El movimiento de las piezas es prácticamente idéntico en los dos modelos y se realiza casi a la misma velocidad. Lo primero que ocurre al actuar sobre el botón es que se bajan automáticamente las cuatro ventanillas. Una vez que se han bajado, comienza a articularse el techo en dos mitades basculando la parte central, que se pliega sobre la cara interna de la luneta trasera para situarse en la zona más alta del maletero y así ocupar menos espacio en él. Mientras se está realizando esta operación, la tapa del maletero, que posee doble articulación, comienza a cerrarse para dar por finalizada la operación. Como sistema de seguridad, una cortinilla deslizable se encarga de verificar que hay espacio suficiente para que el techo se pueda alojar en el maletero, por lo que es necesario que se encuentre extendida y sus extremos actúen sobre los contactos que verifican la correcta posición. Si no se encuentra desplegada la citada cortinilla, el sistema no permitirá la apertura o cierre del techo.

Por supuesto, la capacidad del maletero varía considerablemente si se circula con el techo desmontado, pues, en ese caso, la capacidad del maletero se ve limitada a unos escasos 200 litros aproximadamente y a una pequeña boca de carga resultante, mínima en el caso del Mégane, con sólo 18,5 cm de altura (21 cm en el 307). Cuando se circula con el techo cerrado, la capacidad del maletero es muy razonable en ambos modelos, ligeramente superior, aunque más irregular, en el Renault, que supera los 500 litros, según recogen los datos de nuestro Centro Técnico.

El habitáculo de cada uno de los modelos responde a los planteamientos característicos de sus correspondientes marcas y son casi comunes a los modelos de los que derivan. En el caso del Peugeot, se ha reforzado el aspecto deportivo del modelo con la inclusión de algunos elementos de aspecto “rácing”, como los embellecedores de color aluminio alrededor de la consola central, tiradores de las puertas, salidas de aireación y detalles en el volante, así como la utilización de un pedalier metálico y pomo de la palanca del cambio de marchas en aluminio. También el cuadro de instrumentos es específico para esta versión, con el fondo de las esferas en color blanco.

Las plazas delanteras son amplias y muy cómodas, con unos excelentes asientos que sujetan perfectamente el cuerpo en las curvas, si bien las traseras no son su punto fuerte, no tanto por la anchura –apta para dos personas- ni por el espacio para las piernas, justito, pero aceptable para un vehículo convertible, como por la posición de los respaldos del asiento trasero, excesivamente verticales y cóncavos, como si estuvieran tallados sobre la propia mampara posterior.

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Esta situación se repite y se acrecienta en el Mégane, pues, contando con unas cotas internas muy similares, dispone de menos espacio para la cabeza, lo que produce cierta claustrofobia cuando se lleva un rato en el interior con la testa literalmente pegada al techo.

El Mégane es un poco más conservador en diseño y no difiere respecto a las versiones convencionales de techo metálico fijo. No dispone de zona roja en el cuentarrevoluciones y las agujas son muy imprecisas, pues están formadas por un indicador en forma de “v” con el vértice redondeado. Tan sólo la disposición de los mandos para el accionamiento del techo se diferencian del resto de modelos de la gama. Sí nos ha parecido un poco incómoda la situación del cinturón de seguridad, que queda muy retrasado respecto al puesto de conducción y obliga a adoptar una postura bastante incómoda para alcanzarlo.

Las puertas no son las mismas de las versiones convencionales, aunque no difieren demasiado, excepto en que no cuentan con marco para la ventanilla. En ambos casos se ha recurrido a un refuerzo interno para participar en la rigidez de la carrocería y para minimizar los riesgos en caso de colisión lateral. Para facilitar su apertura, en el Peugeot 307 se ha instalado un curioso dispositivo que “adivina” la intención del usuario. Un campo electromagnético creado alrededor de la manilla de la puerta detecta la presencia de la mano y permite el descenso del cristal unos milímetros para liberarlo de la junta de estanqueidad de goma.

El mecanismo que permite la apertura o cierre del techo es casi idéntico en los dos modelos y requiere un tiempo de unos 20 – 22 segundos en completar la operación. En el 307 puede efectuarse en marcha a una velocidad inferior a los 10 km/h con sólo apretar un botón. El sistema de bloqueo o desbloqueo es completamente automático y no requiere ninguna intervención manual por parte del conductor. El techo escamoteable es controlado por un ejército de sistemas hidráulicos, contactores, soportes, ejes, bielas y travesaños que sostienen, animan y fijan todas las piezas de manera totalmente organizada. Una central electroneumática situada en el maletero se encarga de administrar la presión suficiente al circuito (150 bares) para que actúe de forma automática.

El movimiento de las piezas es prácticamente idéntico en los dos modelos y se realiza casi a la misma velocidad. Lo primero que ocurre al actuar sobre el botón es que se bajan automáticamente las cuatro ventanillas. Una vez que se han bajado, comienza a articularse el techo en dos mitades basculando la parte central, que se pliega sobre la cara interna de la luneta trasera para situarse en la zona más alta del maletero y así ocupar menos espacio en él. Mientras se está realizando esta operación, la tapa del maletero, que posee doble articulación, comienza a cerrarse para dar por finalizada la operación. Como sistema de seguridad, una cortinilla deslizable se encarga de verificar que hay espacio suficiente para que el techo se pueda alojar en el maletero, por lo que es necesario que se encuentre extendida y sus extremos actúen sobre los contactos que verifican la correcta posición. Si no se encuentra desplegada la citada cortinilla, el sistema no permitirá la apertura o cierre del techo.

Por supuesto, la capacidad del maletero varía considerablemente si se circula con el techo desmontado, pues, en ese caso, la capacidad del maletero se ve limitada a unos escasos 200 litros aproximadamente y a una pequeña boca de carga resultante, mínima en el caso del Mégane, con sólo 18,5 cm de altura (21 cm en el 307). Cuando se circula con el techo cerrado, la capacidad del maletero es muy razonable en ambos modelos, ligeramente superior, aunque más irregular, en el Renault, que supera los 500 litros, según recogen los datos de nuestro Centro Técnico.

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