Peugeot 307 CC 2.0 y Renault Mégane CC 2.0

Los dos modelos enfrentados recurren al mismo esquema de carrocería, coupé cabriolet de accionamiento eléctrico, ofrecen motores en el entorno de los 140 CV y disponen de unos precios muy similares.
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Peugeot 307 CC 2.0 y Renault Mégane CC 2.0
Peugeot 307 CC 2.0 y Renault Mégane CC 2.0

Los fabricantes de automóviles están agudizando el ingenio hasta límites insospechados. Cada vez hay más y mejores modelos de coches. Coches para todos los gustos, para todas las necesidades, orientados al ocio y tiempo libre y, en general, al disfrute de las personas. Hemos visto en los últimos años la llegada de nuevos segmentos, como monovolúmenes, con la capacidad interior de familiares y la posibilidad de un interior transformable o adaptable a las necesidades particulares de cada usuario. También hemos visto y tenido la oportunidad de conducir los nuevos SUV o vehículos recreacionales. Pero en todos los casos nos encontrábamos con un mismo vehículo orientado a distintas utilizaciones.

El caso que hoy nos ocupa es un poco distinto, pues podemos considerar que nos encontramos con dos vehículos diferentes en uno mismo, es decir, un coupé o un descapotable con sólo apretar un botón. Y lo mejor de todo es que esta transformación se realiza en los dos modelos de forma totalmente automática con sólo apretar un botón (sin necesidad de liberar pestillos, etc.) en poco más de 20 segundos. El Peugeot, incluso, permite realizar la operación en marcha, siempre que no se supere una velocidad de 10 km/h.

Cada una de las dos marcas ha partido de las correspondientes versiones de tres puertas para el desarrollo de la variante coupé cabrio, si bien, en el caso del 307, la marca ya contaba con la reciente y exitosa experiencia del 206 CC, del que se han tomado gran parte de las soluciones para gestionar la cinemática del techo retráctil. En este caso se mantiene la distancia entre ejes del modelo original y se alarga el voladizo posterior en 14 cm, con lo que la longitud total del modelo asciende hasta 4,34 metros. Lógicamente ha sido necesario efectuar una serie de modificaciones en el bastidor para permitir una rigidez estructural que permita prescindir del techo.

Se han situado nuevos refuerzos en el piso del suelo, en los largueros laterales, en la mampara que separa el maletero y se ha reforzado considerablemente el pilar A, el que soporta el parabrisas, con la intención de actuar como arco de seguridad en caso de vuelco.

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p> Además, unos arcos posteriores, eyectables en el caso de Peugeot y fijos en el Mégane (los retráctiles constituyen una opción) se encargan de proteger a los ocupantes en caso de vuelco. Este refuerzo de la estructura supone un incremento de 85 kg en el 307.

En el caso del Mégane, en el que han intervenido los diseñadores Karmann y Giugiaro, se ha acortado la batalla respecto a las versiones convencionales, aunque se ha aumentado el voladizo posterior.

En ambos se ha optado por inclinar el parabrisas con la intención de proteger mejor a los ocupantes del viento cuando se circula con el techo plegado, aunque se ha procurado no prescindir de gran parte de la superficie acristalada con la intención de mantener un alto índice de luminosidad en el interior del habitáculo.

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p> En este capítulo es importante destacar que el acceso a cualquiera de ellos cuando se encuentran descubiertos es delicado, pues el montante del parabrisas, muy tendido, puede interferir con nuestra cabeza. Incluso una vez acoplados en el asiento, este elemento produce cierta sensación de agobio por su proximidad a nuestra sien. Esta incómoda sensación se ve acrecentada aún más en el Mégane, que cuenta con unos asientos en posición más alta.

Las partes más diferenciadas se encuentran en la trasera de ambos modelos, más aún en el caso del 307, que no conocíamos en versión de tres volúmenes (acaban de anunciar una nueva carrocería tricuerpo para mercados asiáticos). Para no romper radicalmente con la línea del modelo, muy redondeada en su parte delantera y central, sus diseñadores han optado por la inclusión de un tercer volumen muy original, con suaves curvas y elementos específicos, como los particulares pilotos posteriores formados por baterías de diodos LED, que proporcionan una curiosa iluminación a base de puntos independientes.

En el Mégane, las formas de la parte posterior eran más previsibles, al conocerse anteriormente la carrocería sedán, la más parecida. No obstante, Renault ha incluido una innovación a esta variante de carrocería, al dotarla de un techo panorámico de cristal, que aumenta la luminosidad en el interior. Esta solución está muy bien para los días nublados de verano o para los soleados de invierno, aunque quizás sea excesiva cuando hace calor, pues, a pesar de contar con una cortinilla parasol deslizante, se cuelan rayos de sol al interior y obliga al climatizador a trabajar en exceso.

Los fabricantes de automóviles están agudizando el ingenio hasta límites insospechados. Cada vez hay más y mejores modelos de coches. Coches para todos los gustos, para todas las necesidades, orientados al ocio y tiempo libre y, en general, al disfrute de las personas. Hemos visto en los últimos años la llegada de nuevos segmentos, como monovolúmenes, con la capacidad interior de familiares y la posibilidad de un interior transformable o adaptable a las necesidades particulares de cada usuario. También hemos visto y tenido la oportunidad de conducir los nuevos SUV o vehículos recreacionales. Pero en todos los casos nos encontrábamos con un mismo vehículo orientado a distintas utilizaciones.

El caso que hoy nos ocupa es un poco distinto, pues podemos considerar que nos encontramos con dos vehículos diferentes en uno mismo, es decir, un coupé o un descapotable con sólo apretar un botón. Y lo mejor de todo es que esta transformación se realiza en los dos modelos de forma totalmente automática con sólo apretar un botón (sin necesidad de liberar pestillos, etc.) en poco más de 20 segundos. El Peugeot, incluso, permite realizar la operación en marcha, siempre que no se supere una velocidad de 10 km/h.

Cada una de las dos marcas ha partido de las correspondientes versiones de tres puertas para el desarrollo de la variante coupé cabrio, si bien, en el caso del 307, la marca ya contaba con la reciente y exitosa experiencia del 206 CC, del que se han tomado gran parte de las soluciones para gestionar la cinemática del techo retráctil. En este caso se mantiene la distancia entre ejes del modelo original y se alarga el voladizo posterior en 14 cm, con lo que la longitud total del modelo asciende hasta 4,34 metros. Lógicamente ha sido necesario efectuar una serie de modificaciones en el bastidor para permitir una rigidez estructural que permita prescindir del techo.

Se han situado nuevos refuerzos en el piso del suelo, en los largueros laterales, en la mampara que separa el maletero y se ha reforzado considerablemente el pilar A, el que soporta el parabrisas, con la intención de actuar como arco de seguridad en caso de vuelco.

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p> Además, unos arcos posteriores, eyectables en el caso de Peugeot y fijos en el Mégane (los retráctiles constituyen una opción) se encargan de proteger a los ocupantes en caso de vuelco. Este refuerzo de la estructura supone un incremento de 85 kg en el 307.

En el caso del Mégane, en el que han intervenido los diseñadores Karmann y Giugiaro, se ha acortado la batalla respecto a las versiones convencionales, aunque se ha aumentado el voladizo posterior.

En ambos se ha optado por inclinar el parabrisas con la intención de proteger mejor a los ocupantes del viento cuando se circula con el techo plegado, aunque se ha procurado no prescindir de gran parte de la superficie acristalada con la intención de mantener un alto índice de luminosidad en el interior del habitáculo.

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p> En este capítulo es importante destacar que el acceso a cualquiera de ellos cuando se encuentran descubiertos es delicado, pues el montante del parabrisas, muy tendido, puede interferir con nuestra cabeza. Incluso una vez acoplados en el asiento, este elemento produce cierta sensación de agobio por su proximidad a nuestra sien. Esta incómoda sensación se ve acrecentada aún más en el Mégane, que cuenta con unos asientos en posición más alta.

Las partes más diferenciadas se encuentran en la trasera de ambos modelos, más aún en el caso del 307, que no conocíamos en versión de tres volúmenes (acaban de anunciar una nueva carrocería tricuerpo para mercados asiáticos). Para no romper radicalmente con la línea del modelo, muy redondeada en su parte delantera y central, sus diseñadores han optado por la inclusión de un tercer volumen muy original, con suaves curvas y elementos específicos, como los particulares pilotos posteriores formados por baterías de diodos LED, que proporcionan una curiosa iluminación a base de puntos independientes.

En el Mégane, las formas de la parte posterior eran más previsibles, al conocerse anteriormente la carrocería sedán, la más parecida. No obstante, Renault ha incluido una innovación a esta variante de carrocería, al dotarla de un techo panorámico de cristal, que aumenta la luminosidad en el interior. Esta solución está muy bien para los días nublados de verano o para los soleados de invierno, aunque quizás sea excesiva cuando hace calor, pues, a pesar de contar con una cortinilla parasol deslizante, se cuelan rayos de sol al interior y obliga al climatizador a trabajar en exceso.

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