Peugeot 207 1.6 HDI y 1.6 HDI 99g

¿Eco o normal? Esa es la cuestión. El motor 1.6 HDI del 207 consume muy poco, pero todavía hay opción de mejora para quienes quieran reducir aún más su huella de CO2: la versión 99g. ¿Merece la pena?
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Peugeot 207 1.6 HDI y 1.6 HDI 99g
Peugeot 207 1.6 HDI y 1.6 HDI 99g

Mecánicamente, la versión 99g no varía mucho respecto a un 207 1.6 HDI de 90 CV. De hecho, incorpora el mismo motor, con una centralita reprogramada, filtro de partículas y desarrollos del cambio alargados. El resto de diferencias afectan principalmente a la aerodinámica: distancia al suelo rebajada en 5 mm, bajos carenados, tapacubos específicos, entradas de aire modificadas y un alerón trasero de mayores dimensiones que se complementa con dos deflectores colocados verticalmente en los laterales de la luneta. De este modo, el coeficiente Cx se ha rebajado de 0,30 a 0,27. El resultado es un ahorro significativo en el consumo medio, que baja de 6,1 a 5,3 l/100 km, según nuestras mediciones, así como en la cifra de emisiones de CO2 homologada: 99 g/km en lugar de 115 g/km. Todo ello sin emplear florituras tecnológicas como sistema stop/start o indicador de velocidad recomendada.

Aparentemente todo son ventajas, pues el incremento de precio del 99g respecto al 1.6 HDI con acabado básico Confort, cuyo equipamiento es prácticamente idéntico, es de 450 euros, cifra que en unos 55.000 km se amortiza gracias al ahorro de gasóleo. Entre estas dos versiones, no hay duda, nos quedamos con el 99g.

La duda surge al compararlo con el acabado Sport del modelo que sale en nuestras fotografías. La diferencia de precio tampoco es muy abultada, concretamente 151 euros si equipamos el 99g con aire acondicionado, pues se incluye en un pack que cuesta 1.249 euros, junto con sistema Bluetooth, radio MP3, puerto USB y una pantalla más completa y legible del ordenador de viaje. Por su parte, el Sport equipa de serie aire acondicionado, llantas de aleación con neumáticos de mayor anchura, así como airbags de cortina (192 euros en el 99g), y dispone de una lista de opciones mucho más amplia, con elementos que el 99g no puede incorporar: navegador, techo panorámico, climatizador, sensor de aparcamiento, elevalunas eléctricos traseros... En este caso, las necesidades concretas de cada conductor pueden marcar la elección.

El tipo de uso que hagamos es determinante a la hora de lograr un consumo bajo, si bien las modificaciones mecánicas y aerodinámicas son una gran ayuda. En este sentido, cuanto más nos impliquemos en una conducción eficiente, más nos “premiará” el 207 99g con unas cifras brillantes en el ordenador de viaje, sobre todo en carretera, donde demuestra claramente su “superioridad”. Madrid-Zamora, con el coche cargado hasta los topes, algo de atasco al comienzo, 130 km/h de media y 5 l/100 km de consumo acumulado en el ordenador, es algo que está al alcance de pocos.

El precio a pagar es un nivel sonoro algo más elevado que en el 207 normal, de hecho, sonómetro en mano es 2 decibelios más ruidoso en toda la franja de mediciones, de 60 a 160 km/h. La agilidad en recuperaciones y adelantamientos del 99g se ve ligeramente perjudicada por sus desarrollos del cambio alargados, al igual que las vibraciones del motor cuando aceleramos en 5ª por debajo de 70 km/h. No obstante, las diferencias en aceleración y capacidad de frenado son insignificantes. En cuanto a comportamiento, a pesar de contar con menor anchura de neumático, el 99g mantiene las buenas cualidades dinámicas de su hermano, pero es algo más incómodo ante cierto tipo de irregularidades del asfalto debido a la distancia al suelo rebajada en 5 mm. En definitiva, no hay diferencias drásticas respecto a una versión convencional, pero si somos de los que disfrutamos estirando al máximo cada gota de gasóleo, el 99g puede ser un automóvil muy satisfactorio, sobre todo si realizamos muchos kilómetros por carretera.

Mecánicamente, la versión 99g no varía mucho respecto a un 207 1.6 HDI de 90 CV. De hecho, incorpora el mismo motor, con una centralita reprogramada, filtro de partículas y desarrollos del cambio alargados. El resto de diferencias afectan principalmente a la aerodinámica: distancia al suelo rebajada en 5 mm, bajos carenados, tapacubos específicos, entradas de aire modificadas y un alerón trasero de mayores dimensiones que se complementa con dos deflectores colocados verticalmente en los laterales de la luneta. De este modo, el coeficiente Cx se ha rebajado de 0,30 a 0,27. El resultado es un ahorro significativo en el consumo medio, que baja de 6,1 a 5,3 l/100 km, según nuestras mediciones, así como en la cifra de emisiones de CO2 homologada: 99 g/km en lugar de 115 g/km. Todo ello sin emplear florituras tecnológicas como sistema stop/start o indicador de velocidad recomendada.

Aparentemente todo son ventajas, pues el incremento de precio del 99g respecto al 1.6 HDI con acabado básico Confort, cuyo equipamiento es prácticamente idéntico, es de 450 euros, cifra que en unos 55.000 km se amortiza gracias al ahorro de gasóleo. Entre estas dos versiones, no hay duda, nos quedamos con el 99g.

La duda surge al compararlo con el acabado Sport del modelo que sale en nuestras fotografías. La diferencia de precio tampoco es muy abultada, concretamente 151 euros si equipamos el 99g con aire acondicionado, pues se incluye en un pack que cuesta 1.249 euros, junto con sistema Bluetooth, radio MP3, puerto USB y una pantalla más completa y legible del ordenador de viaje. Por su parte, el Sport equipa de serie aire acondicionado, llantas de aleación con neumáticos de mayor anchura, así como airbags de cortina (192 euros en el 99g), y dispone de una lista de opciones mucho más amplia, con elementos que el 99g no puede incorporar: navegador, techo panorámico, climatizador, sensor de aparcamiento, elevalunas eléctricos traseros... En este caso, las necesidades concretas de cada conductor pueden marcar la elección.

El tipo de uso que hagamos es determinante a la hora de lograr un consumo bajo, si bien las modificaciones mecánicas y aerodinámicas son una gran ayuda. En este sentido, cuanto más nos impliquemos en una conducción eficiente, más nos “premiará” el 207 99g con unas cifras brillantes en el ordenador de viaje, sobre todo en carretera, donde demuestra claramente su “superioridad”. Madrid-Zamora, con el coche cargado hasta los topes, algo de atasco al comienzo, 130 km/h de media y 5 l/100 km de consumo acumulado en el ordenador, es algo que está al alcance de pocos.

El precio a pagar es un nivel sonoro algo más elevado que en el 207 normal, de hecho, sonómetro en mano es 2 decibelios más ruidoso en toda la franja de mediciones, de 60 a 160 km/h. La agilidad en recuperaciones y adelantamientos del 99g se ve ligeramente perjudicada por sus desarrollos del cambio alargados, al igual que las vibraciones del motor cuando aceleramos en 5ª por debajo de 70 km/h. No obstante, las diferencias en aceleración y capacidad de frenado son insignificantes. En cuanto a comportamiento, a pesar de contar con menor anchura de neumático, el 99g mantiene las buenas cualidades dinámicas de su hermano, pero es algo más incómodo ante cierto tipo de irregularidades del asfalto debido a la distancia al suelo rebajada en 5 mm. En definitiva, no hay diferencias drásticas respecto a una versión convencional, pero si somos de los que disfrutamos estirando al máximo cada gota de gasóleo, el 99g puede ser un automóvil muy satisfactorio, sobre todo si realizamos muchos kilómetros por carretera.

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