Peugeot 807 2.2 HDi FAP

Con capacidad para hasta siete pasajeros y un nuevo motor biturbo Diesel de 170 CV, nos subimos al renovado Peugeot 807 en un viaje familiar de más de 1.500 kilómetros. El objetivo, comprobar la efectividad del segundo monovolumen de gran tamaño más vendido en nuestro mercado. Un recorrido en primera clase.
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Peugeot 807 2.2 HDi FAP
Peugeot 807 2.2 HDi FAP

Puede que con este auténtico vagón con locomotora integrada no le devuelvan el dinero si sale con retraso o llega con demora. Lo primero dependerá de la diligencia doméstica; lo segundo, del tráfico. Pero por autonomía, comodidades y eficacia mecánica, a este Peugeot 807 HDi podríamos calificarle como un “AVE” familiar del asfalto, que acaba de actualizarse junto a sus otras tres líneas regulares de distintas compañías asociadas (Citroën C8, Fiat Ulysse y Lancia Phedra, con los que comparte base).

Hace unas semanas ya probamos este renovado modelo, y su novedad más importante -un poderoso Diesel biturbo 2.2 de 170 CV-, bajo logotipo Citroën. Ahora acudía a nosotros como Peugeot y en casi idéntica versión. Así que esta vez le sometemos a otro test, la prueba del algodón para todo monovolumen que se precie: un viaje familiar de 1.500 kilómetros con cinco pasajeros y equipaje incluido.

Antes de subirnos advertimos con esfuerzo su discreta evolución. Lanzado en 2002 como sustituto del 806, el Peugeot 807 conserva ahora básicamente su misma imagen, pero añade nuevas líneas cromadas, un león sobredimensionado en la calandra y mayores neumáticos –en medida 215/60 R16-. Abrimos puertas y descubrimos el mismo amplio y elegante habitáculo que, a pesar de la veteranía, sigue a muy buena altura.

Ni longitud, ni batalla, ni diseño varían, y tampoco su refinado acabado, reforzado además con revestimientos en cromo. En este nivel superior Executive no faltan tejidos aterciopelados o guarnecidos en Alcántara, ni un gran equipo de serie, con controles de estabilidad, faros de xenón, climatizador con salidas traseras de aire y hasta airbags de cortina para las tres filas de asientos de esta versión de siete plazas (en opción serían ocho con una última banqueta de tres asientos en vez de dos individuales). Nos gusta la configuración, mejor que la Capitan Chairs probada en el C8 con tres filas de sólo dos asientos cada una.

Ahora, en este Peugeot 807, cinco personas viajan cómodamente sin necesidad de facturar equipaje… pues teóricamente podemos contar con todo su maletero. Y decimos teóricamente, ya que nuestra intención es eliminar las dos últimas plazas para ganar espacio de carga. Sin embargo, y aunque la operación es sencilla, los asientos pesan mucho -unos 20 kg cada uno- y no pueden ocultarse; para prescindir de ellos, hay que dejarlos en casa. ¿Y si en nuestra visita familiar los necesitamos? Decidido, nos los llevamos. Por si acaso.

Con su configuración de siete plazas, el maletero del Peugeot 807 no es muy grande pero como, además de extraerse, todos los asientos se abaten, se pliegan hacia delante y se desplazan en longitud, buscamos la posición más avanzada de la tercera fila (400 dm3 así de capacidad de maletero) para introducir nuestras maletas de mano. El piso plano de todo el habitáculo permite dejar bolsas entre las filas, y no faltan tampoco cajones, ni enormes guanteras en el salpicadero. Hay mucho hueco de almacenamiento, así que, al final, entra todo.

Podría mejorar en ergonomía de conducción, reflejo de su veteranía, pero este Peugeot 807 es, en conjunto, un gran monovolumen… y no hablamos de tamaño. Grandes notas en confort de viaje, motor y comportamiento para su volumen. Además, por equipamiento y potencia, su precio es competitivo. Más asequible que un Renault Grand Espace y que sus hermanos Citroën, Fiat y Lancia, se aproxima a lo que cuesta un Kia Carnival o un SsangYong Rodius.

Alta velocidad

Puede que con este auténtico vagón con locomotora integrada no le devuelvan el dinero si sale con retraso o llega con demora. Lo primero dependerá de la diligencia doméstica; lo segundo, del tráfico. Pero por autonomía, comodidades y eficacia mecánica, a este Peugeot 807 HDi podríamos calificarle como un “AVE” familiar del asfalto, que acaba de actualizarse junto a sus otras tres líneas regulares de distintas compañías asociadas (Citroën C8, Fiat Ulysse y Lancia Phedra, con los que comparte base).

Hace unas semanas ya probamos este renovado modelo, y su novedad más importante -un poderoso Diesel biturbo 2.2 de 170 CV-, bajo logotipo Citroën. Ahora acudía a nosotros como Peugeot y en casi idéntica versión. Así que esta vez le sometemos a otro test, la prueba del algodón para todo monovolumen que se precie: un viaje familiar de 1.500 kilómetros con cinco pasajeros y equipaje incluido.

Antes de subirnos advertimos con esfuerzo su discreta evolución. Lanzado en 2002 como sustituto del 806, el Peugeot 807 conserva ahora básicamente su misma imagen, pero añade nuevas líneas cromadas, un león sobredimensionado en la calandra y mayores neumáticos –en medida 215/60 R16-. Abrimos puertas y descubrimos el mismo amplio y elegante habitáculo que, a pesar de la veteranía, sigue a muy buena altura.

Ni longitud, ni batalla, ni diseño varían, y tampoco su refinado acabado, reforzado además con revestimientos en cromo. En este nivel superior Executive no faltan tejidos aterciopelados o guarnecidos en Alcántara, ni un gran equipo de serie, con controles de estabilidad, faros de xenón, climatizador con salidas traseras de aire y hasta airbags de cortina para las tres filas de asientos de esta versión de siete plazas (en opción serían ocho con una última banqueta de tres asientos en vez de dos individuales). Nos gusta la configuración, mejor que la Capitan Chairs probada en el C8 con tres filas de sólo dos asientos cada una.

Ahora, en este Peugeot 807, cinco personas viajan cómodamente sin necesidad de facturar equipaje… pues teóricamente podemos contar con todo su maletero. Y decimos teóricamente, ya que nuestra intención es eliminar las dos últimas plazas para ganar espacio de carga. Sin embargo, y aunque la operación es sencilla, los asientos pesan mucho -unos 20 kg cada uno- y no pueden ocultarse; para prescindir de ellos, hay que dejarlos en casa. ¿Y si en nuestra visita familiar los necesitamos? Decidido, nos los llevamos. Por si acaso.

Con su configuración de siete plazas, el maletero del Peugeot 807 no es muy grande pero como, además de extraerse, todos los asientos se abaten, se pliegan hacia delante y se desplazan en longitud, buscamos la posición más avanzada de la tercera fila (400 dm3 así de capacidad de maletero) para introducir nuestras maletas de mano. El piso plano de todo el habitáculo permite dejar bolsas entre las filas, y no faltan tampoco cajones, ni enormes guanteras en el salpicadero. Hay mucho hueco de almacenamiento, así que, al final, entra todo.

Podría mejorar en ergonomía de conducción, reflejo de su veteranía, pero este Peugeot 807 es, en conjunto, un gran monovolumen… y no hablamos de tamaño. Grandes notas en confort de viaje, motor y comportamiento para su volumen. Además, por equipamiento y potencia, su precio es competitivo. Más asequible que un Renault Grand Espace y que sus hermanos Citroën, Fiat y Lancia, se aproxima a lo que cuesta un Kia Carnival o un SsangYong Rodius.

Alta velocidad

Puede que con este auténtico vagón con locomotora integrada no le devuelvan el dinero si sale con retraso o llega con demora. Lo primero dependerá de la diligencia doméstica; lo segundo, del tráfico. Pero por autonomía, comodidades y eficacia mecánica, a este Peugeot 807 HDi podríamos calificarle como un “AVE” familiar del asfalto, que acaba de actualizarse junto a sus otras tres líneas regulares de distintas compañías asociadas (Citroën C8, Fiat Ulysse y Lancia Phedra, con los que comparte base).

Hace unas semanas ya probamos este renovado modelo, y su novedad más importante -un poderoso Diesel biturbo 2.2 de 170 CV-, bajo logotipo Citroën. Ahora acudía a nosotros como Peugeot y en casi idéntica versión. Así que esta vez le sometemos a otro test, la prueba del algodón para todo monovolumen que se precie: un viaje familiar de 1.500 kilómetros con cinco pasajeros y equipaje incluido.

Antes de subirnos advertimos con esfuerzo su discreta evolución. Lanzado en 2002 como sustituto del 806, el Peugeot 807 conserva ahora básicamente su misma imagen, pero añade nuevas líneas cromadas, un león sobredimensionado en la calandra y mayores neumáticos –en medida 215/60 R16-. Abrimos puertas y descubrimos el mismo amplio y elegante habitáculo que, a pesar de la veteranía, sigue a muy buena altura.

Ni longitud, ni batalla, ni diseño varían, y tampoco su refinado acabado, reforzado además con revestimientos en cromo. En este nivel superior Executive no faltan tejidos aterciopelados o guarnecidos en Alcántara, ni un gran equipo de serie, con controles de estabilidad, faros de xenón, climatizador con salidas traseras de aire y hasta airbags de cortina para las tres filas de asientos de esta versión de siete plazas (en opción serían ocho con una última banqueta de tres asientos en vez de dos individuales). Nos gusta la configuración, mejor que la Capitan Chairs probada en el C8 con tres filas de sólo dos asientos cada una.

Ahora, en este Peugeot 807, cinco personas viajan cómodamente sin necesidad de facturar equipaje… pues teóricamente podemos contar con todo su maletero. Y decimos teóricamente, ya que nuestra intención es eliminar las dos últimas plazas para ganar espacio de carga. Sin embargo, y aunque la operación es sencilla, los asientos pesan mucho -unos 20 kg cada uno- y no pueden ocultarse; para prescindir de ellos, hay que dejarlos en casa. ¿Y si en nuestra visita familiar los necesitamos? Decidido, nos los llevamos. Por si acaso.

Con su configuración de siete plazas, el maletero del Peugeot 807 no es muy grande pero como, además de extraerse, todos los asientos se abaten, se pliegan hacia delante y se desplazan en longitud, buscamos la posición más avanzada de la tercera fila (400 dm3 así de capacidad de maletero) para introducir nuestras maletas de mano. El piso plano de todo el habitáculo permite dejar bolsas entre las filas, y no faltan tampoco cajones, ni enormes guanteras en el salpicadero. Hay mucho hueco de almacenamiento, así que, al final, entra todo.

Podría mejorar en ergonomía de conducción, reflejo de su veteranía, pero este Peugeot 807 es, en conjunto, un gran monovolumen… y no hablamos de tamaño. Grandes notas en confort de viaje, motor y comportamiento para su volumen. Además, por equipamiento y potencia, su precio es competitivo. Más asequible que un Renault Grand Espace y que sus hermanos Citroën, Fiat y Lancia, se aproxima a lo que cuesta un Kia Carnival o un SsangYong Rodius.

Alta velocidad

Puede que con este auténtico vagón con locomotora integrada no le devuelvan el dinero si sale con retraso o llega con demora. Lo primero dependerá de la diligencia doméstica; lo segundo, del tráfico. Pero por autonomía, comodidades y eficacia mecánica, a este Peugeot 807 HDi podríamos calificarle como un “AVE” familiar del asfalto, que acaba de actualizarse junto a sus otras tres líneas regulares de distintas compañías asociadas (Citroën C8, Fiat Ulysse y Lancia Phedra, con los que comparte base).

Hace unas semanas ya probamos este renovado modelo, y su novedad más importante -un poderoso Diesel biturbo 2.2 de 170 CV-, bajo logotipo Citroën. Ahora acudía a nosotros como Peugeot y en casi idéntica versión. Así que esta vez le sometemos a otro test, la prueba del algodón para todo monovolumen que se precie: un viaje familiar de 1.500 kilómetros con cinco pasajeros y equipaje incluido.

Antes de subirnos advertimos con esfuerzo su discreta evolución. Lanzado en 2002 como sustituto del 806, el Peugeot 807 conserva ahora básicamente su misma imagen, pero añade nuevas líneas cromadas, un león sobredimensionado en la calandra y mayores neumáticos –en medida 215/60 R16-. Abrimos puertas y descubrimos el mismo amplio y elegante habitáculo que, a pesar de la veteranía, sigue a muy buena altura.

Ni longitud, ni batalla, ni diseño varían, y tampoco su refinado acabado, reforzado además con revestimientos en cromo. En este nivel superior Executive no faltan tejidos aterciopelados o guarnecidos en Alcántara, ni un gran equipo de serie, con controles de estabilidad, faros de xenón, climatizador con salidas traseras de aire y hasta airbags de cortina para las tres filas de asientos de esta versión de siete plazas (en opción serían ocho con una última banqueta de tres asientos en vez de dos individuales). Nos gusta la configuración, mejor que la Capitan Chairs probada en el C8 con tres filas de sólo dos asientos cada una.

Ahora, en este Peugeot 807, cinco personas viajan cómodamente sin necesidad de facturar equipaje… pues teóricamente podemos contar con todo su maletero. Y decimos teóricamente, ya que nuestra intención es eliminar las dos últimas plazas para ganar espacio de carga. Sin embargo, y aunque la operación es sencilla, los asientos pesan mucho -unos 20 kg cada uno- y no pueden ocultarse; para prescindir de ellos, hay que dejarlos en casa. ¿Y si en nuestra visita familiar los necesitamos? Decidido, nos los llevamos. Por si acaso.

Con su configuración de siete plazas, el maletero del Peugeot 807 no es muy grande pero como, además de extraerse, todos los asientos se abaten, se pliegan hacia delante y se desplazan en longitud, buscamos la posición más avanzada de la tercera fila (400 dm3 así de capacidad de maletero) para introducir nuestras maletas de mano. El piso plano de todo el habitáculo permite dejar bolsas entre las filas, y no faltan tampoco cajones, ni enormes guanteras en el salpicadero. Hay mucho hueco de almacenamiento, así que, al final, entra todo.

Podría mejorar en ergonomía de conducción, reflejo de su veteranía, pero este Peugeot 807 es, en conjunto, un gran monovolumen… y no hablamos de tamaño. Grandes notas en confort de viaje, motor y comportamiento para su volumen. Además, por equipamiento y potencia, su precio es competitivo. Más asequible que un Renault Grand Espace y que sus hermanos Citroën, Fiat y Lancia, se aproxima a lo que cuesta un Kia Carnival o un SsangYong Rodius.

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