Peugeot 308 CC 2.0 HDi

La ingeniería y calidad constructiva resulta vital en los cabrios si los queremos disfrutar en todos los ámbitos. El Peugeot 308 CC presenta una ejecución excelente, por lo que no sólo resulta bonito, también muy buen producto.
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Peugeot 308 CC 2.0 HDi
Peugeot 308 CC 2.0 HDi

El diseño y el placer de conducir descapotados pueden ser suficientes argumentos como para pasar por alto otros aspectos de cualquier cabrio, pero este Peugeot 308 CC nos demuestra que, además, estructuralmente es un coche muy bien resuelto, con lo que dinámicamente esto significa. En la rigidez estructural aparecen importantes diferencias entre los cabrios buenos y los menos buenos, y este Peugeot 308 CC es de los primeros. Llama poderosamente la atención lo bien que pisa en cualquier terreno oficiando de descapotable con el techo recogido, incluso sobre los baches habituales de nuestras carreteras y practicando también una conducción decididamente rápida entre curvas; en general destaca por lo sólido que se siente (pero también cómodamente amortiguado) y que revierte en una dinámica muy buena.

No se perciben, o al menos de forma muy evidente, las vibraciones y la «flotabilidad» que, en mayor o menor medida, los cabrios en su estado natural no pueden evitar, al renunciar al efecto refuerzo que hace el techo sobre la carrocería. Esto ya es un plus en cualquier cabrio, sobre todo en los grandes cuatro/cinco plazas. Quizá la experiencia de Peugeot con el anterior 307 CC WRC en el Mundial de Rallyes haya servido para afinar esta segunda parte.

Veintitrés segundos es el tiempo que lleva transfigurar al 308 de coupé a cabriolet. Obliga a hacerlo desde parado, a toque de tecla, disponiendo de otra tecla para bajar o subir en grupo las cuatro ventanillas. El techo es de dos piezas, con un panel superior que para no ser muy voluminoso, condiciona el tamaño de los pilares A (muy largos y bajos) y, en consecuencia, el acceso al habitáculo exige cierto contorsionismo para evitar golpearnos con la cabeza.

Detrás también exige buena condición física y, además, los asientos delanteros eléctricos de nuestra versión hay que desplazarlos eléctricamente (maniobra que siempre se nos antoja lenta) y volverlos a reposicionar al no tener memoria. Las dos plazas traseras, como en todos estos cabrios, son peculiares por las exigencias técnicas del chasis y del techo metálico retráctil. No son muy cómodas, por la verticalidad del respaldo, ni muy amplias, y en versión cabrio poco recomendables para largos trayectos por las fuertes corrientes de aire que revolotean ahí detrás.

Delante no hay problemas para mantener una conversación y, además, se ofrece una cortinilla paravientos, pero que condena las plazas traseras. Obviamente, el 308 CC se disfruta en los asientos delanteros y el conductor encontrará, salvo gustos muy particulares, un puesto muy bien definido. Volante y asientos permiten unos reglajes de altura muy amplios y en un cabrio, buscando una posición baja resguardada del viento, viene muy bien. Queremos reparar aquí también porque este 308 CC Sport Pack nos puede sorprender de nuevo por la impecable presentación interior, por una calidad percibida más próxima a una marca premium: detalles opcionales como el salpicadero forrado en piel, varios apliques en aluminio o los excelentes asientos parecen elevar el rango del CC sobre el resto de la gama 308.

De su equipamiento destacan las bufandas térmicas, unas salidas de aire caliente ubicadas en los asientos delanteros a la altura del cuello que alivian la sensación de frío en tan «delicada» zona y que contribuyen a crear un microclima en el habitáculo cuando circulamos en invierno con la capota recogida.

En marcha ya hemos adelantado lo que nos vamos a encontrar. Este 308 CC es lo suficientemente firme para trazar curvas con un excelente rigor y, en general, sus resultados se pueden tildar de hasta deportivos. Gira rápido, muy plano y aplomado y no se descompone sobre baches. Tracciona muy bien fruto de la rigidez comentada, que bien es cierto conlleva un elevado peso de casi 1.700 kg, pero que en movimiento disimula sorprendentemente. La mejor prueba es que también frena muy bien. Pero el 308 no es rígido para todo. Su rodar firme está muy bien filtrado y de la misma manera resulta muy cómodo.

Aerodinámicamente hablando, se viaja bien dentro de lo que es un cabrio y buscando la burbuja que permite ir con las cuatro ventanillas subidas con el techo guardado, los desplazamientos en este 308 son un lujo. Con el techo puesto, el perfecto sellado y el hecho de ser metálico hermetiza impecablemente el habitáculo y el confort acústico interior es tan bueno como en un coche cerrado convencional. En todo caso, la visibilidad trasera resulta escasa, en parte porque los salientes reposacabezas también ofician de arcos de seguridad y tapan mucho la luna trasera. No es el caso del maletero, que en versión coupé ofrece unos generosos 450 litros, que se reducen a 200 y con poca altura si descapotamos el coche.

El motor HDi de 140 CV de esta versión ofrece, por un lado, suavidad de funcionamiento, como para ser una muy buena referencia y baja rumorosidad. Y, por otro lado, aporta suficientes prestaciones para convertirlo en un coche rápido en cualquier circunstancia. Dispone de un sistema overboost que aumenta momentáneamente hasta 2 mkg el par cuando pisamos a fondo el acelerador, circunstancia que aparece al rescate en los adelantamientos más comprometidos. Trabaja con una caja de 6 velocidades y en conjunto suman más agrado de conducción. Este 308 nos ha llevado a un ambiente casi premium, con una calidad general por encima de lo que se puede esperar de una marca generalista. Ese esfuerzo de Peugeot ahí está, pero también exige pagar una factura claramente por encima de sus rivales naturales, al día de hoy, Ford Focus y Opel Astra, a falta del nuevo Renault Mégane.

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