Opel Meriva 1.7 CDTi

A su conocida funcionalidad y buen equipamiento, la gama Opel Meriva añade ahora este rápido y económico motor CDTI de 125 CV para situarse como el pequeño monovolumen Diesel más potente del mercado; una versión sin pretensiones deportivas, pero que asegura unas buenas prestaciones para viajar con la familia, equipaje incluido.
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Opel Meriva 1.7 CDTi
Opel Meriva 1.7 CDTi

La mayor potencia, sin embargo, no implica esta vez, como sí ocurría en la versión OPC, un mejor comportamiento en carretera. Este Opel Meriva comparte ahora especificaciones y una estampa definitoria con el resto de la gama. Esta viene dada por una longitud contenida (apenas cuatro metros), una batalla ajustada, gran altura –por tanto, alto centro de gravedad- y vías relativamente estrechas.

Así, con un aplomo suficiente para circular a buen ritmo por vías rápidas, el Opel Meriva pierde estabilidad a poco que forcemos los apoyos o efectuemos rápidos cambios de dirección. Y no por ofrecer malas reacciones, sino porque en cuanto abusamos ligeramente del acelerador acusamos los balanceos y el recorrido bastante lento de una suspensión absorbente y enfocada al confort. La predisposición al subviraje es entonces alta, por lo que en estas circunstancias requiere del constante trabajo del control de estabilidad; por cierto, un opcional ESP (420 €) siempre atento para salvarnos de situaciones más comprometidas. Absolutamente imprescindible.

Todo lo contrario ocurre con los neumáticos. De serie llegan en medida 185/60 R15 que, analizados en la versión de 1.7 CDTi de 100 CV, cumplen perfectamente en prestaciones y confort. Dadas las escasas pretensiones deportivas del Meriva -no es esa su función-, no es necesario añadir estos opcionales 205/50 R16 que ahora probamos sobre la variante de 125 CV, pues ni ofrecen mucho mayor agarre, ni evitan las pérdidas de tracción al abrir mucho gas en las salidas. A cambio, constatamos que copian más las irregularidades del asfalto, restando cierto confort de marcha al circular por firme desigual.

Una geometría tan poco aerodinámica repercute en la agilidad… pero también en un excelente habitáculo. Sin duda, esa es la mejor virtud un Meriva manejable en ciudad, fácil de aparcar y, sobre todo, habitable. Con un acabado correcto, requiere acostumbrarse a una postura de conducción muy elevada y erguida incluso en su posición baja, y poco ergonómica, sin regulación de volante en profundidad.

El espacio, en cambio, es de nota: gran altura interior en ambas filas y una modularidad trasera que sigue siendo un invento por sus múltiples configuraciones. Los tres asientos, sobreelevados, son independientes, aunque el central es muy estrecho y poco aprovechable. Se abaten, se desplazan longitudinalmente e, incluso, plegando el central los dos exteriores se mueven transversalmente. Quedan así dos comodísimas plazas más alejadas de las puertas, la disposición más recomendable. El maletero, incluso retrasando al máximo la fila trasera (el espacio para piernas se sitúa aquí como un Ford Mondeo), ofrece una digna capacidad, con hueco además compartimentado bajo el piso y rueda convencional de repuesto.

Con todo, y optando al completo acabado Cosmo, que incluye un completísimo equipamiento de serie con airbags laterales delanteros, climatizador, control de crucero, llantas de aleación y filtro antipolen, entre otros elementos, el precio supera los 20.000 euros. Barato no es, aunque si pretendemos en este segmento igualar potencia y prestaciones no encontraremos alternativa. Y optar a un escalón superior implica aún un mayor desembolso, con un resultado, eso sí, más efectivo.

— Habitabilidad para el tamaño
— Modularidad trasera
— Prestaciones

— Agilidad mejorable
— ESP opcional
— Ergonomía de conducción

Top Diesel

La mayor potencia, sin embargo, no implica esta vez, como sí ocurría en la versión OPC, un mejor comportamiento en carretera. Este Opel Meriva comparte ahora especificaciones y una estampa definitoria con el resto de la gama. Esta viene dada por una longitud contenida (apenas cuatro metros), una batalla ajustada, gran altura –por tanto, alto centro de gravedad- y vías relativamente estrechas.

Así, con un aplomo suficiente para circular a buen ritmo por vías rápidas, el Opel Meriva pierde estabilidad a poco que forcemos los apoyos o efectuemos rápidos cambios de dirección. Y no por ofrecer malas reacciones, sino porque en cuanto abusamos ligeramente del acelerador acusamos los balanceos y el recorrido bastante lento de una suspensión absorbente y enfocada al confort. La predisposición al subviraje es entonces alta, por lo que en estas circunstancias requiere del constante trabajo del control de estabilidad; por cierto, un opcional ESP (420 €) siempre atento para salvarnos de situaciones más comprometidas. Absolutamente imprescindible.

Todo lo contrario ocurre con los neumáticos. De serie llegan en medida 185/60 R15 que, analizados en la versión de 1.7 CDTi de 100 CV, cumplen perfectamente en prestaciones y confort. Dadas las escasas pretensiones deportivas del Meriva -no es esa su función-, no es necesario añadir estos opcionales 205/50 R16 que ahora probamos sobre la variante de 125 CV, pues ni ofrecen mucho mayor agarre, ni evitan las pérdidas de tracción al abrir mucho gas en las salidas. A cambio, constatamos que copian más las irregularidades del asfalto, restando cierto confort de marcha al circular por firme desigual.

Una geometría tan poco aerodinámica repercute en la agilidad… pero también en un excelente habitáculo. Sin duda, esa es la mejor virtud un Meriva manejable en ciudad, fácil de aparcar y, sobre todo, habitable. Con un acabado correcto, requiere acostumbrarse a una postura de conducción muy elevada y erguida incluso en su posición baja, y poco ergonómica, sin regulación de volante en profundidad.

El espacio, en cambio, es de nota: gran altura interior en ambas filas y una modularidad trasera que sigue siendo un invento por sus múltiples configuraciones. Los tres asientos, sobreelevados, son independientes, aunque el central es muy estrecho y poco aprovechable. Se abaten, se desplazan longitudinalmente e, incluso, plegando el central los dos exteriores se mueven transversalmente. Quedan así dos comodísimas plazas más alejadas de las puertas, la disposición más recomendable. El maletero, incluso retrasando al máximo la fila trasera (el espacio para piernas se sitúa aquí como un Ford Mondeo), ofrece una digna capacidad, con hueco además compartimentado bajo el piso y rueda convencional de repuesto.

Con todo, y optando al completo acabado Cosmo, que incluye un completísimo equipamiento de serie con airbags laterales delanteros, climatizador, control de crucero, llantas de aleación y filtro antipolen, entre otros elementos, el precio supera los 20.000 euros. Barato no es, aunque si pretendemos en este segmento igualar potencia y prestaciones no encontraremos alternativa. Y optar a un escalón superior implica aún un mayor desembolso, con un resultado, eso sí, más efectivo.

— Habitabilidad para el tamaño
— Modularidad trasera
— Prestaciones

— Agilidad mejorable
— ESP opcional
— Ergonomía de conducción

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