Opel GT

Bonito como pocos, rápido como para sorprender a muchos deportivos y por un precio nada exagerado, el Opel GT es una más que interesante opción para quienes desean destacar sobre el asfato.
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Opel GT
Opel GT

El Opel GT es un coche que te hace cambiar tus parámetros de vida, aunque sólo sea por un momento. En un instante, tu monovolumen, tu familia, tu cine de fin de semana…, en fin, todo eso que te acompaña y te hace feliz se queda a un lado y, de pronto, en tu mente, aparece la oficina de tu banco, un préstamo para consumo y una visita al concesionario Opel más cercano. De que puedas o no resistirte a tamaña tentación dependerá tu vida en un futuro más o menos próximo.

¿Habrás preferido la felicidad “burguesa” o te habrás tomado el elixir de la juventud?. Porque ya sólo con la cercanía al GT, sensaciones que tenías olvidadas vuelven a aflorar en tu interior. ¡Vaya pinta! Una imagen con ciertos tintes americanos —aunque se haya desarrollado en Europa— descubre un puesto de conducción muy atrasado y un capó imponente que esconde un motor que…, bueno, ya hablaremos del motor. Una carrocería, para mi gusto, realmente conseguida en su estética hace gala de unas formas que sólo con la hidroconformación son posibles.

El Opel GT, y esto con mirarlo basta, se aleja de rivales del estilo del Mazda MX-5, acentuando una imagen más agresiva, al punto de parecer un mini Corvette. Y esto, a nuestro juicio, es un buen tanto a su favor.

La eficacia aerodinámica va por otros caminos, con un coeficiente de penetración digno, casi, de un Jeep de la II Guerra Mundial. Aún así, rozar los 230 km/h —siempre en circuito cerrado— nos parece más que suficiente para los tiempos que corren. El puesto de conducción retrasado, además de potenciar una imagen de poderío, sirve para repartir del peso de forma equilibrada entre los dos trenes, de cara a conseguir una alta eficacia dinámica y mejorar la tracción del tren posterior. El bajo parabrisas hace que, descapotado, el coche tenga un aspecto impecable. Por cierto, hablando de capota, hay que mencionar que ésta no dispone de accionamiento eléctrico, debiendo ser manejada a mano, algo nada sencillo por una persona sola, sobre todo, si su fuerza física no es generosa. En particular, sacarla del maletero no es un ejercicio destinado a débiles.

Dicen que los descapotables son coches destinados a ofrecer su mayor cuota de placer en conducción de paseo, por ejemplo, en Sunset Boulevard, sin ir más lejos. El Opel GT juega con una clara ambivalencia porque, pasear, se puede pasear en él con el pelo al aire, sin despeinarse, ya que el motor es de lo más transigente. Pero también su bastidor y motor permiten que el conductor se vaya detrás de un Porsche Boxster sin problemas, por mucho que se pique el del primero, a no ser en una “autobahn” alemana, donde la velocidad punta del GT es más corta. Y esto son palabras más que mayores. Porque, debajo del capó hay una mecánica que tiene mucha chicha.

Con 264 CV oficiales —más de 276 en nuestro banco— el GT acelera como un demonio. El motor sobrealimentado, con inyección directa de combustible, distribución variable en admisión y escape y árboles de equilibrado para someter las vibraciones, hace que los mil trescientos y pico kilos del Opel se catapulten hacia adelante de forma inesperada. Enclavarse en el segundo 25º en la aceleración del kilómetro hace que el Porsche Boxster se quede bien atrás y el morro del GT siga muy de cerca los escapes de un Boxster S, un coche que vale casi el doble de precio. Y todo sin que nos encontremos frente a un potro salvaje. Muy al contrario, la sobrealimentación gestionada electrónicamente —llega a un máximo de ¡2,25 bar! de soplado— permite que la entrega de par sea muy estable entre las 2.000 y las 5.500 rpm —franja donde no se baja de 35 mkg— por lo que no se siente una fase de empuje brutal sino un impulso constante y vigoroso, que no decae con los cambios de marcha. Por cierto, que el GT no necesita más de cinco relaciones para obtener estas prestaciones, tal es la elasticidad y potencia de su motor. Bien es verdad que la recuperación y el adelantamiento en quinta no son tan espectaculares, pero está claro que han preferido esta pequeña pérdida al incremento de costo y peso que hubiera supuesto la introducción de una caja de seis marchas.

Tanto con el techo, textil, como sin él, el bastidor demuestra una rigidez encomiable por lo que no nos vemos molestados por vibraciones sensibles. La precisión de la dirección es buena y el tren delantero dirige el coche de forma neta. Siendo, como es, un vehículo con propulsión trasera, el conductor puede esperar una ración de diversión extra si conduce a base de acelerador en tramos virados. Naturalmente, para ello deberá desconectar el control de estabilidad, mediante un botón que actúa de manera progresiva: con un primer toque, se desactiva el control de tracción. Con un segundo, el control de estabilidad actúa de forma, digamos, más deportiva y con un tercer toque se desactiva totalmente.

En carretera abierta, nuestro consejo es que no se vaya más allá del primer apretón. Con él, la zaga ya adquiere una tendencia sobreviradora suficiente para divertirse sin poner en riesgo seguridad alguna. Pasando al segundo escalón de desconexión electrónica, hay que tener un buen nivel de volante para aprovecharlo sin asustar a quien se cruce con nosotros. Es preferible usarlo en circuito cerrado, donde el Opel GT se defiende más que bien. Con el ESP totalmente desconectado, el trompo está muy presente en conducción extrema incluso en circuito. Para carretera abierta, los frenos están más que bien, aunque no llega —por bastante— a las cifras excepcionales de un Boxster, por ejemplo. Demuestran más una excelente resistencia al trabajo duro que una potencia sobresaliente, pero logran bajar de los 75 metros desde 140 km/h, lo que genera una razonable sensación de seguridad.

En muchas ocasiones, conducir un coche con el techo escondido en el maletero supone hacer frente a muchas vibraciones, sobre todo en el volante, y algunas veces, se sienten en el parabrisas o hasta el salpicadero. Puede que la precisión de conducción también se vea afectada. Pero en el caso del GT nada de esto ocurre.

¡Uf!, hemos terminado el “sprint” de montaña y nos paramos a tomar un refresco. Es el momento de disfrutar del Opel GT de otra manera. Desmontamos la capota, de manera manual, y la introducimos en el maletero, siempre y cuando esté vacío, porque, en caso contrario, no cabe. El depósito de combustible se hace tan patente en el maletero que, aparte de lo irregular de sus formas, casi no hay espacio para más que para la propia capota. Un maletín o algún paraguas, y poco más.

Nos sentamos al volante y es el momento de comprobar que la presentación del coche es un punto donde la marca ha tratado de ahorrar un dinerillo. Los plásticos son poco acordes con la idea selecta de este tipo de coches y ciertos mandos, claramente de origen americano, deslucen el conjunto. Algunos detalles funcionales tampoco nos gustan como, por ejemplo, la imposibilidad de abrir la puerta desde el interior sin levantar el cierre centralizado mientras no apaguemos el motor o el encendido perpetuo de las luces cuando el mando está en posición automática, algo que muchos conductores toman como una afrenta. El espacio para dejar objetos dentro del habitáculo es mínimo y hay que hacer malabarismos para encontrar sitio para, por ejemplo, unas gafas de sol, porque en la guantera no cabe más que la documentación y los obligatorios chalecos y en el receptáculo central entre los respaldos, las bombillas de repuesto y poco más.

Por lo demás, la posición de conducción no admite queja y el tacto de los mandos es adecuado. La palanca de cambios goza de unos recorridos cortos y un tacto “pesado”, como para hacernos sentir que manejamos una máquina seria. Pero es precisa y cae muy bien a la mano. Con todo, y la excelente radio opcional de que disponía la unidad de pruebas, podemos circular de paseo disfrutando del aire primaveral. De pronto… ¡un negro nubarrón! Paramos para anticiparnos al chaparrón y tratamos de colocar la capota. Si vamos solos, tendremos problemas, porque pesa bastante y sacarla de su alojamiento cuesta. Para personas con poca fuerza física será un problema. Pero, además, convendrá colocarla con las puertas abiertas, porque si lo hacemos con ellas cerradas es fácil que las ventanillas no encajen en el lugar adecuado y, luego, no podamos abrir la puerta si no es bajándolas. En fin, este coche está pidiendo a gritos un techo duro de calidad como accesorio para dejarlo “niquelado”... o una capota flexible mejor realizada.

LO MEJOR
LO PEOR

– Motor
– Bastidor
– Estética

– Capota mal terminada
– Presentación pobre
– Falta espacio práctico

El Opel GT es un coche que te hace cambiar tus parámetros de vida, aunque sólo sea por un momento. En un instante, tu monovolumen, tu familia, tu cine de fin de semana…, en fin, todo eso que te acompaña y te hace feliz se queda a un lado y, de pronto, en tu mente, aparece la oficina de tu banco, un préstamo para consumo y una visita al concesionario Opel más cercano. De que puedas o no resistirte a tamaña tentación dependerá tu vida en un futuro más o menos próximo.

¿Habrás preferido la felicidad “burguesa” o te habrás tomado el elixir de la juventud?. Porque ya sólo con la cercanía al GT, sensaciones que tenías olvidadas vuelven a aflorar en tu interior. ¡Vaya pinta! Una imagen con ciertos tintes americanos —aunque se haya desarrollado en Europa— descubre un puesto de conducción muy atrasado y un capó imponente que esconde un motor que…, bueno, ya hablaremos del motor. Una carrocería, para mi gusto, realmente conseguida en su estética hace gala de unas formas que sólo con la hidroconformación son posibles.

El Opel GT, y esto con mirarlo basta, se aleja de rivales del estilo del Mazda MX-5, acentuando una imagen más agresiva, al punto de parecer un mini Corvette. Y esto, a nuestro juicio, es un buen tanto a su favor.

La eficacia aerodinámica va por otros caminos, con un coeficiente de penetración digno, casi, de un Jeep de la II Guerra Mundial. Aún así, rozar los 230 km/h —siempre en circuito cerrado— nos parece más que suficiente para los tiempos que corren. El puesto de conducción retrasado, además de potenciar una imagen de poderío, sirve para repartir del peso de forma equilibrada entre los dos trenes, de cara a conseguir una alta eficacia dinámica y mejorar la tracción del tren posterior. El bajo parabrisas hace que, descapotado, el coche tenga un aspecto impecable. Por cierto, hablando de capota, hay que mencionar que ésta no dispone de accionamiento eléctrico, debiendo ser manejada a mano, algo nada sencillo por una persona sola, sobre todo, si su fuerza física no es generosa. En particular, sacarla del maletero no es un ejercicio destinado a débiles.

Dicen que los descapotables son coches destinados a ofrecer su mayor cuota de placer en conducción de paseo, por ejemplo, en Sunset Boulevard, sin ir más lejos. El Opel GT juega con una clara ambivalencia porque, pasear, se puede pasear en él con el pelo al aire, sin despeinarse, ya que el motor es de lo más transigente. Pero también su bastidor y motor permiten que el conductor se vaya detrás de un Porsche Boxster sin problemas, por mucho que se pique el del primero, a no ser en una “autobahn” alemana, donde la velocidad punta del GT es más corta. Y esto son palabras más que mayores. Porque, debajo del capó hay una mecánica que tiene mucha chicha.

Con 264 CV oficiales —más de 276 en nuestro banco— el GT acelera como un demonio. El motor sobrealimentado, con inyección directa de combustible, distribución variable en admisión y escape y árboles de equilibrado para someter las vibraciones, hace que los mil trescientos y pico kilos del Opel se catapulten hacia adelante de forma inesperada. Enclavarse en el segundo 25º en la aceleración del kilómetro hace que el Porsche Boxster se quede bien atrás y el morro del GT siga muy de cerca los escapes de un Boxster S, un coche que vale casi el doble de precio. Y todo sin que nos encontremos frente a un potro salvaje. Muy al contrario, la sobrealimentación gestionada electrónicamente —llega a un máximo de ¡2,25 bar! de soplado— permite que la entrega de par sea muy estable entre las 2.000 y las 5.500 rpm —franja donde no se baja de 35 mkg— por lo que no se siente una fase de empuje brutal sino un impulso constante y vigoroso, que no decae con los cambios de marcha. Por cierto, que el GT no necesita más de cinco relaciones para obtener estas prestaciones, tal es la elasticidad y potencia de su motor. Bien es verdad que la recuperación y el adelantamiento en quinta no son tan espectaculares, pero está claro que han preferido esta pequeña pérdida al incremento de costo y peso que hubiera supuesto la introducción de una caja de seis marchas.

Tanto con el techo, textil, como sin él, el bastidor demuestra una rigidez encomiable por lo que no nos vemos molestados por vibraciones sensibles. La precisión de la dirección es buena y el tren delantero dirige el coche de forma neta. Siendo, como es, un vehículo con propulsión trasera, el conductor puede esperar una ración de diversión extra si conduce a base de acelerador en tramos virados. Naturalmente, para ello deberá desconectar el control de estabilidad, mediante un botón que actúa de manera progresiva: con un primer toque, se desactiva el control de tracción. Con un segundo, el control de estabilidad actúa de forma, digamos, más deportiva y con un tercer toque se desactiva totalmente.

En carretera abierta, nuestro consejo es que no se vaya más allá del primer apretón. Con él, la zaga ya adquiere una tendencia sobreviradora suficiente para divertirse sin poner en riesgo seguridad alguna. Pasando al segundo escalón de desconexión electrónica, hay que tener un buen nivel de volante para aprovecharlo sin asustar a quien se cruce con nosotros. Es preferible usarlo en circuito cerrado, donde el Opel GT se defiende más que bien. Con el ESP totalmente desconectado, el trompo está muy presente en conducción extrema incluso en circuito. Para carretera abierta, los frenos están más que bien, aunque no llega —por bastante— a las cifras excepcionales de un Boxster, por ejemplo. Demuestran más una excelente resistencia al trabajo duro que una potencia sobresaliente, pero logran bajar de los 75 metros desde 140 km/h, lo que genera una razonable sensación de seguridad.

En muchas ocasiones, conducir un coche con el techo escondido en el maletero supone hacer frente a muchas vibraciones, sobre todo en el volante, y algunas veces, se sienten en el parabrisas o hasta el salpicadero. Puede que la precisión de conducción también se vea afectada. Pero en el caso del GT nada de esto ocurre.

¡Uf!, hemos terminado el “sprint” de montaña y nos paramos a tomar un refresco. Es el momento de disfrutar del Opel GT de otra manera. Desmontamos la capota, de manera manual, y la introducimos en el maletero, siempre y cuando esté vacío, porque, en caso contrario, no cabe. El depósito de combustible se hace tan patente en el maletero que, aparte de lo irregular de sus formas, casi no hay espacio para más que para la propia capota. Un maletín o algún paraguas, y poco más.

Nos sentamos al volante y es el momento de comprobar que la presentación del coche es un punto donde la marca ha tratado de ahorrar un dinerillo. Los plásticos son poco acordes con la idea selecta de este tipo de coches y ciertos mandos, claramente de origen americano, deslucen el conjunto. Algunos detalles funcionales tampoco nos gustan como, por ejemplo, la imposibilidad de abrir la puerta desde el interior sin levantar el cierre centralizado mientras no apaguemos el motor o el encendido perpetuo de las luces cuando el mando está en posición automática, algo que muchos conductores toman como una afrenta. El espacio para dejar objetos dentro del habitáculo es mínimo y hay que hacer malabarismos para encontrar sitio para, por ejemplo, unas gafas de sol, porque en la guantera no cabe más que la documentación y los obligatorios chalecos y en el receptáculo central entre los respaldos, las bombillas de repuesto y poco más.

Por lo demás, la posición de conducción no admite queja y el tacto de los mandos es adecuado. La palanca de cambios goza de unos recorridos cortos y un tacto “pesado”, como para hacernos sentir que manejamos una máquina seria. Pero es precisa y cae muy bien a la mano. Con todo, y la excelente radio opcional de que disponía la unidad de pruebas, podemos circular de paseo disfrutando del aire primaveral. De pronto… ¡un negro nubarrón! Paramos para anticiparnos al chaparrón y tratamos de colocar la capota. Si vamos solos, tendremos problemas, porque pesa bastante y sacarla de su alojamiento cuesta. Para personas con poca fuerza física será un problema. Pero, además, convendrá colocarla con las puertas abiertas, porque si lo hacemos con ellas cerradas es fácil que las ventanillas no encajen en el lugar adecuado y, luego, no podamos abrir la puerta si no es bajándolas. En fin, este coche está pidiendo a gritos un techo duro de calidad como accesorio para dejarlo “niquelado”... o una capota flexible mejor realizada.

LO MEJOR
LO PEOR

– Motor
– Bastidor
– Estética

– Capota mal terminada
– Presentación pobre
– Falta espacio práctico

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