Opel Corsa OPC

Con una estética más trabajada que la de otros polivalentes de casi 200 CV, el Corsa OPC llama la atención allá por donde pasa. Sin embargo, lo mejor es su puesta a punto, ideal para disfrutar al volante.
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Opel Corsa OPC
Opel Corsa OPC

La dirección de desmultiplicación variable requiere cierto periodo de adaptación. Justo en la zona central tiene un punto neutro para no precisar una concentración total en rectas, sin embargo, en cuanto se gira un poco el volante se vuelve de golpe muy directa e incisiva, convirtiendo al ya de por sí ágil Corsa en un coche relativamente exigente, con el que trazar una curva limpiamente y de una vez puede ser una tarea compleja. En líneas generales la estabilidad es alta, lo que unido al elevado nivel de agarre da como resultado un paso por curva muy rápido y sin malas reacciones. Más que sensible a levantar el pie en pleno apoyo —que también lo es, pero en menor medida—, el tren trasero es receptivo a los golpes de volante para redondear las curvas leve y rápidamente, siempre que el control de estabilidad (de serie) esté desconectado, porque de lo contrario cualquier deslizamiento, por discreto que sea, queda cortado de raíz, a pesar de que el tarado de este sistema electrónico es específico para esta versión. Llevarlo conectado no quita para que en frenadas de emergencia el coche sea algo nervioso y suela necesitar algunas correcciones por parte del conductor para mantenerlo lo más recto posible, algo que alarga las distancias. A pesar de todo, el equipo de frenos muestra fuerza necesaria y mucha mordiente para detener con prontitud los casi 1.260 kilos que pesa este Corsa.

Si es inevitable fijarse en algunos detalles exteriores como el escape central triangular, el extractor trasero al estilo del Clio Sport o algunas branquias por aquí y por allá, lo que más llama la atención del interior son los voluminosos butacones delanteros de tipo baquet, que contrastan con el contenido habitáculo. Están desarrollados conjuntamente con Recaro y consiguen sujetar perfectamente el cuerpo, al mismo tiempo que resultan bastante cómodos incluso para largos desplazamientos. Se puede regular la altura y distancia longitudinal de la banqueta, así como la inclinación del respaldo, preparado con las correspondientes aberturas para incorporar cinturones de cuatro puntos de anclaje; además, el airbag lateral está integrado en su zona exterior, algo nada frecuente en este tipo de asientos. Su buena realización se pone de manifiesto en que ni siquiera los pétalos laterales interfieren a la hora de girar el volante —regulable en altura y profundidad— o insertar marchas, un detalle digno de agradecer y que no todos los fabricantes logran resolver correctamente. Sólo se echa en falta, aunque no demasiado, la posibilidad de modificar el apoyo lumbar. Más grave resulta que el tapizado de cuero de los flancos no transpira bien en días calurosos —la parte central sí, porque es de tela—, o que la zona de la consola donde descansa la rodilla derecha carece de mullido alguno, por lo que, tras una utilización intensiva del coche con fuertes apoyos laterales podemos acabar con esta articulación algo dolorida, aunque nada en comparación con el “entretenimiento” que habremos recibido a cambio.

Las plazas traseras son amplias y con un buen espacio para las piernas, aunque con poca altura libre hasta el techo. Sus respaldos tienen dos posiciones, una más vertical, que resulta lo suficientemente confortable, y otra un poco reclinada, que resta 20 litros de capacidad al maletero a cambio de un teórico mayor confort. No hay bolsas para dejar objetos en los respaldos delanteros, pero bajo las ventanillas posteriores hay huecos con mucha capacidad en los que depositar diversos objetos e incluso una botella de agua grande. En cuanto al portaequipajes, está dividido en dos alturas por una bandeja y carece de rueda de repuesto, ya que se ha sustituido por un kit de reparación de pinchazos, con compresor de aire eléctrico incluido, alojado en un compartimento lateral.

El azul típico OPC es el tono predominante en el habitáculo, tanto en la tapicería y las costuras del volante, como en las salidas de ventilación (disponibles también en plateado) o el cuadro de mandos, por cierto, sin indicador de la temperatura del agua. Puestos a buscar pegas, también es criticable el amplio diámetro de giro, o el tamaño de los retrovisores exteriores “de diseño”, que aumentan sensiblemente la anchura del coche y no se pueden plegar. Tampoco es digna de alabanza la autonomía, a causa de un depósito de combustible algo justo, y lo mismo ocurre con el confort de suspensiones, puesto que calles que con otros coches parecían totalmente planas, muestran a bordo del OPC todas sus imperfecciones. Pero, ¿a quién le importa todo esto cuando se trata de un deportivo?

La dirección de desmultiplicación variable requiere cierto periodo de adaptación. Justo en la zona central tiene un punto neutro para no precisar una concentración total en rectas, sin embargo, en cuanto se gira un poco el volante se vuelve de golpe muy directa e incisiva, convirtiendo al ya de por sí ágil Corsa en un coche relativamente exigente, con el que trazar una curva limpiamente y de una vez puede ser una tarea compleja. En líneas generales la estabilidad es alta, lo que unido al elevado nivel de agarre da como resultado un paso por curva muy rápido y sin malas reacciones. Más que sensible a levantar el pie en pleno apoyo —que también lo es, pero en menor medida—, el tren trasero es receptivo a los golpes de volante para redondear las curvas leve y rápidamente, siempre que el control de estabilidad (de serie) esté desconectado, porque de lo contrario cualquier deslizamiento, por discreto que sea, queda cortado de raíz, a pesar de que el tarado de este sistema electrónico es específico para esta versión. Llevarlo conectado no quita para que en frenadas de emergencia el coche sea algo nervioso y suela necesitar algunas correcciones por parte del conductor para mantenerlo lo más recto posible, algo que alarga las distancias. A pesar de todo, el equipo de frenos muestra fuerza necesaria y mucha mordiente para detener con prontitud los casi 1.260 kilos que pesa este Corsa.

Si es inevitable fijarse en algunos detalles exteriores como el escape central triangular, el extractor trasero al estilo del Clio Sport o algunas branquias por aquí y por allá, lo que más llama la atención del interior son los voluminosos butacones delanteros de tipo baquet, que contrastan con el contenido habitáculo. Están desarrollados conjuntamente con Recaro y consiguen sujetar perfectamente el cuerpo, al mismo tiempo que resultan bastante cómodos incluso para largos desplazamientos. Se puede regular la altura y distancia longitudinal de la banqueta, así como la inclinación del respaldo, preparado con las correspondientes aberturas para incorporar cinturones de cuatro puntos de anclaje; además, el airbag lateral está integrado en su zona exterior, algo nada frecuente en este tipo de asientos. Su buena realización se pone de manifiesto en que ni siquiera los pétalos laterales interfieren a la hora de girar el volante —regulable en altura y profundidad— o insertar marchas, un detalle digno de agradecer y que no todos los fabricantes logran resolver correctamente. Sólo se echa en falta, aunque no demasiado, la posibilidad de modificar el apoyo lumbar. Más grave resulta que el tapizado de cuero de los flancos no transpira bien en días calurosos —la parte central sí, porque es de tela—, o que la zona de la consola donde descansa la rodilla derecha carece de mullido alguno, por lo que, tras una utilización intensiva del coche con fuertes apoyos laterales podemos acabar con esta articulación algo dolorida, aunque nada en comparación con el “entretenimiento” que habremos recibido a cambio.

Las plazas traseras son amplias y con un buen espacio para las piernas, aunque con poca altura libre hasta el techo. Sus respaldos tienen dos posiciones, una más vertical, que resulta lo suficientemente confortable, y otra un poco reclinada, que resta 20 litros de capacidad al maletero a cambio de un teórico mayor confort. No hay bolsas para dejar objetos en los respaldos delanteros, pero bajo las ventanillas posteriores hay huecos con mucha capacidad en los que depositar diversos objetos e incluso una botella de agua grande. En cuanto al portaequipajes, está dividido en dos alturas por una bandeja y carece de rueda de repuesto, ya que se ha sustituido por un kit de reparación de pinchazos, con compresor de aire eléctrico incluido, alojado en un compartimento lateral.

El azul típico OPC es el tono predominante en el habitáculo, tanto en la tapicería y las costuras del volante, como en las salidas de ventilación (disponibles también en plateado) o el cuadro de mandos, por cierto, sin indicador de la temperatura del agua. Puestos a buscar pegas, también es criticable el amplio diámetro de giro, o el tamaño de los retrovisores exteriores “de diseño”, que aumentan sensiblemente la anchura del coche y no se pueden plegar. Tampoco es digna de alabanza la autonomía, a causa de un depósito de combustible algo justo, y lo mismo ocurre con el confort de suspensiones, puesto que calles que con otros coches parecían totalmente planas, muestran a bordo del OPC todas sus imperfecciones. Pero, ¿a quién le importa todo esto cuando se trata de un deportivo?

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