Opel Corsa GSi

Las siglas GSi regresan a Opel con un pequeño deportivo que apunta alto. Rápido, vivo de reacciones y con el excelente rendimiento del motor 1.6 turbo de 150 CV, esta nueva versión del Corsa resulta de lo más divertida sin prescindir de suficiente comodidad para uso diario; una alternativa razonable frente al más radical OPC.
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Opel Corsa GSi
Opel Corsa GSi

Las históricas siglas GSi suman y siguen en Opel. En tiempos donde parece que la potencia y las prestaciones pierden cada día más fuerza en favor de la ecología y el consumo de combustible, no deja de sorprendernos el esfuerzo que todos los fabricantes generalistas dedican para ofrecer en sus modelos, paralelamente, una gama deportiva diferenciadora. Enfocada principalmente a los estratos más jóvenes de la sociedad, suponen además un interesante refuerzo para la imagen de marca. Especialmente significativa es la apuesta hacia el renovado segmento de los utilitarios. Nunca la oferta fue tan amplia.

El aumento de peso y dimensiones ha configurado bases más sólidas y razonables sobre las que preparar pequeños y divertidos deportivos, alguno ya incluso con potencias de hasta 200 CV. Tras unos años de mayor contención, Opel se suma también a esta tendencia con la cuarta generación del Corsa. Primero lanzó las versiones Sport, con una imagen y un tarado de suspensiones propias; en marzo de 2007 introdujo por primera vez la variante OPC, con puesta a punto específica y un espectacular motor turbo de gasolina de 1,6 litros y 192 CV. Ahora, un año después de su lanzamiento, presenta una variante intermedia que hereda sus históricas y últimamente abandonadas siglas GSi, estrenadas en 1984 sobre el Kadett y unidas siempre al pequeño polivalente alemán. Si esta vez, con el agresivo OPC por encima, esperábamos una reaparición algo descafeinada, el nuevo GSi en versión gasolina (también se comercializa con estas siglas el motor 1.7 CDTi de 125 CV) nos ha sorprendido muy gratamente.

Las siglas GSi han aparecido siempre en Opel como sinónimo de deportividad, pero sin una visión excesivamente radical. Esta vez se mantienen las mismas pautas, con más sustancia que espectáculo. No obstante queda claro que no estamos ante cualquier Corsa. Las modificaciones exteriores, menos llamativas que en el OPC, afectan a unos faldones y paragolpes pronunciados, spoiler trasero, estribos laterales en color de la carrocería y tubo de escape cromado.

Pero es bajo el capó donde encontramos su principal valedor. Allí se aloja el mismo motor turbo 1.6 que anima a la versión OPC, pero con una rebaja considerable de potencia. Ni los 192 CV del Corsa, ni los 180 del Meriva más rápido. La gestión electrónica lo sitúa ahora en 150 CV -160 en banco-, posicionando al GSi en el segundo escalón deportivo del segmento, en competencia directa con los Ford Fiesta ST, Peugeot 207 GT, Seat Ibiza FR o VW Polo GTi, todos de su misma potencia. No obstante, la menor sobreexplotación de potencia parece haberle sentado como un guante a este motor Ecotec.

Un motor en plena forma. Este 1.6 turbo no acusa la rebaja de potencia. En banco ofrece 10 CV más de lo anunciado, superando las cifras de par en casi un 25 por ciento. Contundente, pero muy progresivo y con un margen de utilización alto.

Si bien en aceleraciones puras (0 a 100 km/h en 7,9 s) se encuentra en valores similares a sus competidores, en recuperaciones y adelantamientos no sólo les pasa por encima, sino que incluso supera sin paliativos a los extremos Corsa OPC, 207 RC e Ibiza Cupra, los tres con más de 180 CV. Estas cifras, por sí mismas, ya son indicativas de su enorme efectividad en carretera. Toda una fiera, bastante menos desbocada para más “inri” que su hermano mayor. La ausencia esta vez de una función overboost capaz de incrementar temporalmente el par a golpe de gas, proporciona una respuesta menos explosiva y mejor asimilada por el bastidor. No se nota tanta pérdida de motricidad.

La entrega de potencia es muy lineal y progresiva, con un apreciable empuje prácticamente desde 1.800 rpm y hasta unas 5.500, un amplísimo régimen de giro. Tan elástico es que parece correr menos de lo anunciado, aunque basta observar el velocímetro para constatar un hecho: corre… y mucho. A la facilidad con la que se gana velocidad con este GSi contribuye también su cambio manual de 6 relaciones (el único de entre sus rivales de potencia que supera las cinco velocidades), con unos desarrollos muy bien escogidos que evitan tener que recurrir a la transmisión más allá de habitual.

Comportamiento e interior

Las históricas siglas GSi suman y siguen en Opel. En tiempos donde parece que la potencia y las prestaciones pierden cada día más fuerza en favor de la ecología y el consumo de combustible, no deja de sorprendernos el esfuerzo que todos los fabricantes generalistas dedican para ofrecer en sus modelos, paralelamente, una gama deportiva diferenciadora. Enfocada principalmente a los estratos más jóvenes de la sociedad, suponen además un interesante refuerzo para la imagen de marca. Especialmente significativa es la apuesta hacia el renovado segmento de los utilitarios. Nunca la oferta fue tan amplia.

El aumento de peso y dimensiones ha configurado bases más sólidas y razonables sobre las que preparar pequeños y divertidos deportivos, alguno ya incluso con potencias de hasta 200 CV. Tras unos años de mayor contención, Opel se suma también a esta tendencia con la cuarta generación del Corsa. Primero lanzó las versiones Sport, con una imagen y un tarado de suspensiones propias; en marzo de 2007 introdujo por primera vez la variante OPC, con puesta a punto específica y un espectacular motor turbo de gasolina de 1,6 litros y 192 CV. Ahora, un año después de su lanzamiento, presenta una variante intermedia que hereda sus históricas y últimamente abandonadas siglas GSi, estrenadas en 1984 sobre el Kadett y unidas siempre al pequeño polivalente alemán. Si esta vez, con el agresivo OPC por encima, esperábamos una reaparición algo descafeinada, el nuevo GSi en versión gasolina (también se comercializa con estas siglas el motor 1.7 CDTi de 125 CV) nos ha sorprendido muy gratamente.

Las siglas GSi han aparecido siempre en Opel como sinónimo de deportividad, pero sin una visión excesivamente radical. Esta vez se mantienen las mismas pautas, con más sustancia que espectáculo. No obstante queda claro que no estamos ante cualquier Corsa. Las modificaciones exteriores, menos llamativas que en el OPC, afectan a unos faldones y paragolpes pronunciados, spoiler trasero, estribos laterales en color de la carrocería y tubo de escape cromado.

Pero es bajo el capó donde encontramos su principal valedor. Allí se aloja el mismo motor turbo 1.6 que anima a la versión OPC, pero con una rebaja considerable de potencia. Ni los 192 CV del Corsa, ni los 180 del Meriva más rápido. La gestión electrónica lo sitúa ahora en 150 CV -160 en banco-, posicionando al GSi en el segundo escalón deportivo del segmento, en competencia directa con los Ford Fiesta ST, Peugeot 207 GT, Seat Ibiza FR o VW Polo GTi, todos de su misma potencia. No obstante, la menor sobreexplotación de potencia parece haberle sentado como un guante a este motor Ecotec.

Un motor en plena forma. Este 1.6 turbo no acusa la rebaja de potencia. En banco ofrece 10 CV más de lo anunciado, superando las cifras de par en casi un 25 por ciento. Contundente, pero muy progresivo y con un margen de utilización alto.

Si bien en aceleraciones puras (0 a 100 km/h en 7,9 s) se encuentra en valores similares a sus competidores, en recuperaciones y adelantamientos no sólo les pasa por encima, sino que incluso supera sin paliativos a los extremos Corsa OPC, 207 RC e Ibiza Cupra, los tres con más de 180 CV. Estas cifras, por sí mismas, ya son indicativas de su enorme efectividad en carretera. Toda una fiera, bastante menos desbocada para más “inri” que su hermano mayor. La ausencia esta vez de una función overboost capaz de incrementar temporalmente el par a golpe de gas, proporciona una respuesta menos explosiva y mejor asimilada por el bastidor. No se nota tanta pérdida de motricidad.

La entrega de potencia es muy lineal y progresiva, con un apreciable empuje prácticamente desde 1.800 rpm y hasta unas 5.500, un amplísimo régimen de giro. Tan elástico es que parece correr menos de lo anunciado, aunque basta observar el velocímetro para constatar un hecho: corre… y mucho. A la facilidad con la que se gana velocidad con este GSi contribuye también su cambio manual de 6 relaciones (el único de entre sus rivales de potencia que supera las cinco velocidades), con unos desarrollos muy bien escogidos que evitan tener que recurrir a la transmisión más allá de habitual.

Comportamiento e interior

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