Opel Insignia Sports Tourer 1.6T

Atrás quedaron los familiares cúbicos. La tercera carrocería Opel Insignia, bautizada como Sports Tourer, simboliza definitivamente el nuevo rumbo viajero: no renuncia a importantes ventajas prácticas, pero sacrifica mayor capacidad por diseño y excelente dinamismo. El estreno de nuevos motores turbo inéditos en la berlina, como este 1.6T de 180 CV, da ya idea de sus ambiciones.
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Opel Insignia Sports Tourer 1.6T
Opel Insignia Sports Tourer 1.6T

Ni largos voladizos traseros, ni formas cuadradas. La histórica imagen de carga de las variantes familiares, casi profesional, pasó a mejor vida. Hay que ver cómo han evolucionado sus carrocerías. Incluso Opel, abanderada hasta la fecha de la más clásica oferta, se pliega ahora a un cambio de concepto que arranca desde su propia denominación. De hecho, se olvida del significativo apellido Caravan del Vectra -databa de 1953 cuando un cliente, al ver el primer Opel familiar, preguntó «This CAR is A VAN?» (¿Es este coche una furgoneta?)— para, en su lugar, aparecer Sports Tourer: el reflejo de una nueva filosofía, representada por una imagen aerodinámica y llamativa. Visualmente, engancha. Claro que también tiene repercusiones. Hablamos de capacidad… y eso que este Opel Insignia Sports Tourer, respecto a la berlina, aumenta 8 centímetros su longitud hasta alcanzar los 4,91 metros, 10 cm más que el predecesor Vectra familiar y una cota muy superior a sus rivales.

Y es que tanta planta no se traduce en mayor espacio. Por primera vez, el familiar de Opel toma la plataforma de la berlina, con su exacta distancia entre ejes de 2,74 metros, en lugar de la versión alargada que siempre han montado Vectra Caravan y Signum. Es decir, 10 cm menos. Conclusión: el Opel Insignia Sports Tourer pierde capacidad tanto en habitabilidad como en maletero. Pero dejemos atrás el pasado. ¿Mejora ahora al Opel Insignia berlina? ¿Y a sus rivales? Pues Honda Accord, Renault Laguna, Citroën C5… todos siguen sus pasos con nueva generación y recorte también de batalla frente a generaciones anteriores.

En espacio, por tanto, el nuevo Opel Insignia Sports Tourer pasa el examen, sobre todo con una altura trasera de referencia: el talón de Aquiles del Insignia berlina. Sus 97 cm —11 más que aquella— son clave para que cualquier persona de más de 1,80 m de altura pueda acomodarse. De hecho, ningún familiar ofrece en el segmento tal desahogo. Además, en espacio para piernas y anchura se ubica también en buena posición.

El nuevo Opel Insignia Sports Tourer no puede decir lo mismo, en cambio, en capacidad de carga. Sin ser mala -suficiente para la familia media, con la ventaja de un gran portón de acceso—, marca de las peores dimensiones de la categoría. Sus 450 dm³ quedan muy lejos de los más de 525 de Ford Mondeo, Volkswagen Passat o Citroën C5. También de los 535 litros del Opel Insignia berlina, aunque frente a él suma grandes posibilidades: primero, por una mayor altura —no medida oficialmente—, que en la práctica permite incrementar el volumen de los bultos a llevar. Además, cuenta con un práctico doble fondo para alojar objetos delicados; y, segundo, por la facilidad de abatir la fila trasera, generando una gran superficie plana con una longitud de 1,91 metros, efectiva para introducir bolsas de golf, esquís o bicicletas sin desmontaje.

El Opel Insignia Sports Tourer representa, sin duda, una opción segura en el segmento. Moderno y con empaque, presenta también un precio muy competitivo: es más barato que sus homónimos Laguna, Avensis o Passat. Además, Opel ofrece una sobrevaloración de 1.000 € en vehículo usado.

Eso sí, no busquen en el Opel Insignia Sports Tourer mayor modularidad: para eso sigue distinguiéndose el Signum. Opel no olvida tampoco detalles prácticos, como la opción de montar un portón automático, o el útil FlexOrganizer que, mediante raíles, permite separar y sujetar la carga con redes y divisiones plegables. Sí llegan de serie soluciones ingeniosas, como un asistente eléctrico para el cierre del portón en su recorrido final (perfecto si vamos con las manos cargadas), pilotos traseros en el propio portón (de ubicación más alta para protección en caso de colisión, y con réplica en el interior del maletero para ser vistos con el portón abierto) o unos asientos con material «TopTec» muy resistente y repelente a líquidos: fundamental para niños.

Por lo demás, nada cambia en el Sports Tourer frente a otros Insignia. Calidad visual, ergonomía… uno se siente a gusto con un salpicadero envolvente, hay suficientes huecos de almacenamiento y salidas traseras de aire; todo un esfuerzo para llamar a la puerta premium, y con sólo una crítica: la recortada visibilidad que, ante su longitud, hacen indispensable los sensores de aparcamiento.

Esa, la visibilidad, es una de las pocas objeciones que pueden sacarse del nuevo Opel Insignia Sports Tourer en carretera. Gran trabajo aquí el de Opel, y enorme el salto frente a su predecesor Vectra. Y es que, del Opel Insignia berlina, toma la nueva y evolucionada plataforma… aunque aligerada en más de 30 kg a pesar de sus mayores dimensiones.

Con una gran anchura de vías, este Opel Insignia Sports Tourer resulta de lo más ágil y estable, a la vez que cómodo; valores que no hacen más que acentuarse con la opcional suspensión FlexRide, un control electrónico de amortiguación en tiempo real que consta de tres posiciones: si tanto en las más cómodas «Tour» como «Normal» apenas se sienten diferencias, en «Sport» el Opel Insignia Sports Tourer se convierte en un familiar feroz: la dirección se vuelve más directa, la suspensión más firme y el acelerador más instantáneo. En cualquier caso, mantiene siempre buen compromiso entre precisión y suavidad.

Y, precisamente, en ese compromiso entre dinamismo y confort llega la clave del Opel Insignia Sports Tourer, porque ni será el mejor del segmento en lo primero (Mazda6 Wagon), ni líder en lo segundo (Citroën C5 Tourer), pero en equilibrio nadie le gana: es muy dinámico —con poco balanceo y, sin duda, la mejor frenada del segmento—, a la vez que confortable, cualidad que no pierde ni en modo «Sport» ni con gomas 245/45 R18. sólo en sonoridad, más alta de la esperada, podría mejorar su rendimiento.

Con todos estos ingredientes, no extraña que el Sports Tourer estrene en la gama Insignia dos motores turbo: la última evolución del Diesel biturbo de 190 CV y origen Fiat, y el enérgico 1.6T gasolina de 180 CV que estrenó el Opel Meriva OPC, y que ahora probamos: un propulsor que, si bien prestacionalmente se adapta a su espíritu deportivo y al preciso cambio manual de 6 relaciones, no representa el mejor ejemplo de mecánica familiar, comparado además con los progresivos Diesel que oferta. Y no sólo por un consumo elevado para su vocación viajera, sino por una respuesta poco refinada.

Este 1.6T es, actualmente, uno de los motores con mayor «efecto turbo» del mercado. Demasiado brusco en su entrada, a unas 3.000 rpm, dispone de función «overboost» de sobrepresión de soplado para aumentar el par un 15 por ciento durante 5 segundos. Desde ahí, y hasta el corte, es muy elástico.

Desde luego, este 1.6T empuja muy bien… pero a partir de 3.000 rpm, momento en el que comienza a soplar el turbo con gran embestida y precedido de clara falta de bajos. Conviene pues ser cuidadoso con el acelerador para evitar pérdidas de tracción y habituales tirones. No resulta, en este sentido, demasiado agradable frente a la actual tendencia de motores turbo de bajo soplado. Detalle a mejorar de un familiar que, por 1.200 € más que la berlina, suma en espacio y versatilidad sin apenas restar en ningún apartado.

— Diseño y presentación
— Comportamiento
— Posibilidades de carga

— Refinamiento mecánico
— Consumo a alto ritmo
— Visibilidad trasera

Ni largos voladizos traseros, ni formas cuadradas. La histórica imagen de carga de las variantes familiares, casi profesional, pasó a mejor vida. Hay que ver cómo han evolucionado sus carrocerías. Incluso Opel, abanderada hasta la fecha de la más clásica oferta, se pliega ahora a un cambio de concepto que arranca desde su propia denominación. De hecho, se olvida del significativo apellido Caravan del Vectra -databa de 1953 cuando un cliente, al ver el primer Opel familiar, preguntó «This CAR is A VAN?» (¿Es este coche una furgoneta?)— para, en su lugar, aparecer Sports Tourer: el reflejo de una nueva filosofía, representada por una imagen aerodinámica y llamativa. Visualmente, engancha. Claro que también tiene repercusiones. Hablamos de capacidad… y eso que este Opel Insignia Sports Tourer, respecto a la berlina, aumenta 8 centímetros su longitud hasta alcanzar los 4,91 metros, 10 cm más que el predecesor Vectra familiar y una cota muy superior a sus rivales.

Y es que tanta planta no se traduce en mayor espacio. Por primera vez, el familiar de Opel toma la plataforma de la berlina, con su exacta distancia entre ejes de 2,74 metros, en lugar de la versión alargada que siempre han montado Vectra Caravan y Signum. Es decir, 10 cm menos. Conclusión: el Opel Insignia Sports Tourer pierde capacidad tanto en habitabilidad como en maletero. Pero dejemos atrás el pasado. ¿Mejora ahora al Opel Insignia berlina? ¿Y a sus rivales? Pues Honda Accord, Renault Laguna, Citroën C5… todos siguen sus pasos con nueva generación y recorte también de batalla frente a generaciones anteriores.

En espacio, por tanto, el nuevo Opel Insignia Sports Tourer pasa el examen, sobre todo con una altura trasera de referencia: el talón de Aquiles del Insignia berlina. Sus 97 cm —11 más que aquella— son clave para que cualquier persona de más de 1,80 m de altura pueda acomodarse. De hecho, ningún familiar ofrece en el segmento tal desahogo. Además, en espacio para piernas y anchura se ubica también en buena posición.

El nuevo Opel Insignia Sports Tourer no puede decir lo mismo, en cambio, en capacidad de carga. Sin ser mala -suficiente para la familia media, con la ventaja de un gran portón de acceso—, marca de las peores dimensiones de la categoría. Sus 450 dm³ quedan muy lejos de los más de 525 de Ford Mondeo, Volkswagen Passat o Citroën C5. También de los 535 litros del Opel Insignia berlina, aunque frente a él suma grandes posibilidades: primero, por una mayor altura —no medida oficialmente—, que en la práctica permite incrementar el volumen de los bultos a llevar. Además, cuenta con un práctico doble fondo para alojar objetos delicados; y, segundo, por la facilidad de abatir la fila trasera, generando una gran superficie plana con una longitud de 1,91 metros, efectiva para introducir bolsas de golf, esquís o bicicletas sin desmontaje.

El Opel Insignia Sports Tourer representa, sin duda, una opción segura en el segmento. Moderno y con empaque, presenta también un precio muy competitivo: es más barato que sus homónimos Laguna, Avensis o Passat. Además, Opel ofrece una sobrevaloración de 1.000 € en vehículo usado.

Eso sí, no busquen en el Opel Insignia Sports Tourer mayor modularidad: para eso sigue distinguiéndose el Signum. Opel no olvida tampoco detalles prácticos, como la opción de montar un portón automático, o el útil FlexOrganizer que, mediante raíles, permite separar y sujetar la carga con redes y divisiones plegables. Sí llegan de serie soluciones ingeniosas, como un asistente eléctrico para el cierre del portón en su recorrido final (perfecto si vamos con las manos cargadas), pilotos traseros en el propio portón (de ubicación más alta para protección en caso de colisión, y con réplica en el interior del maletero para ser vistos con el portón abierto) o unos asientos con material «TopTec» muy resistente y repelente a líquidos: fundamental para niños.

Por lo demás, nada cambia en el Sports Tourer frente a otros Insignia. Calidad visual, ergonomía… uno se siente a gusto con un salpicadero envolvente, hay suficientes huecos de almacenamiento y salidas traseras de aire; todo un esfuerzo para llamar a la puerta premium, y con sólo una crítica: la recortada visibilidad que, ante su longitud, hacen indispensable los sensores de aparcamiento.

Esa, la visibilidad, es una de las pocas objeciones que pueden sacarse del nuevo Opel Insignia Sports Tourer en carretera. Gran trabajo aquí el de Opel, y enorme el salto frente a su predecesor Vectra. Y es que, del Opel Insignia berlina, toma la nueva y evolucionada plataforma… aunque aligerada en más de 30 kg a pesar de sus mayores dimensiones.

Con una gran anchura de vías, este Opel Insignia Sports Tourer resulta de lo más ágil y estable, a la vez que cómodo; valores que no hacen más que acentuarse con la opcional suspensión FlexRide, un control electrónico de amortiguación en tiempo real que consta de tres posiciones: si tanto en las más cómodas «Tour» como «Normal» apenas se sienten diferencias, en «Sport» el Opel Insignia Sports Tourer se convierte en un familiar feroz: la dirección se vuelve más directa, la suspensión más firme y el acelerador más instantáneo. En cualquier caso, mantiene siempre buen compromiso entre precisión y suavidad.

Y, precisamente, en ese compromiso entre dinamismo y confort llega la clave del Opel Insignia Sports Tourer, porque ni será el mejor del segmento en lo primero (Mazda6 Wagon), ni líder en lo segundo (Citroën C5 Tourer), pero en equilibrio nadie le gana: es muy dinámico —con poco balanceo y, sin duda, la mejor frenada del segmento—, a la vez que confortable, cualidad que no pierde ni en modo «Sport» ni con gomas 245/45 R18. sólo en sonoridad, más alta de la esperada, podría mejorar su rendimiento.

Con todos estos ingredientes, no extraña que el Sports Tourer estrene en la gama Insignia dos motores turbo: la última evolución del Diesel biturbo de 190 CV y origen Fiat, y el enérgico 1.6T gasolina de 180 CV que estrenó el Opel Meriva OPC, y que ahora probamos: un propulsor que, si bien prestacionalmente se adapta a su espíritu deportivo y al preciso cambio manual de 6 relaciones, no representa el mejor ejemplo de mecánica familiar, comparado además con los progresivos Diesel que oferta. Y no sólo por un consumo elevado para su vocación viajera, sino por una respuesta poco refinada.

Este 1.6T es, actualmente, uno de los motores con mayor «efecto turbo» del mercado. Demasiado brusco en su entrada, a unas 3.000 rpm, dispone de función «overboost» de sobrepresión de soplado para aumentar el par un 15 por ciento durante 5 segundos. Desde ahí, y hasta el corte, es muy elástico.

Desde luego, este 1.6T empuja muy bien… pero a partir de 3.000 rpm, momento en el que comienza a soplar el turbo con gran embestida y precedido de clara falta de bajos. Conviene pues ser cuidadoso con el acelerador para evitar pérdidas de tracción y habituales tirones. No resulta, en este sentido, demasiado agradable frente a la actual tendencia de motores turbo de bajo soplado. Detalle a mejorar de un familiar que, por 1.200 € más que la berlina, suma en espacio y versatilidad sin apenas restar en ningún apartado.

— Diseño y presentación
— Comportamiento
— Posibilidades de carga

— Refinamiento mecánico
— Consumo a alto ritmo
— Visibilidad trasera

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