Opel Insignia OPC

Sus 325 CV le convierten en el Opel de producción más potente hasta la fecha, además es el primer OPC con tracción total. Se trata de un auténtico deportivo plagado de encantos que hará las delicias de los amantes de las altas prestaciones.
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Opel Insignia OPC
Opel Insignia OPC

Más de 10.000 kilómetros en el “Infierno Verde” de Nürburgring han servido para comprobar la resistencia del Opel de producción más potente de todos los tiempos, el Insignia OPC. Allí se han realizado las pruebas de durabilidad de esta rápida berlina, completando sin problemas un total de 487 vueltas al trazado norte (20,8 km), lo que supone un total de 35.551 curvas y 27.000 cambios de marcha, es decir, el equivalente a 180.000 km de uso “real”, según Opel.

El Opel Insignia OPC sirve, además, para celebrar el décimo aniversario del lanzamiento del primer modelo OPC, un Astra atmosférico de 160 CV, allá por 1999. Desde entonces, las siglas de Opel Performance Center son todo un reclamo para los amantes de las altas prestaciones, que estarán de enhorabuena con la llegada del Insignia OPC, disponible en España a partir de septiembre con tres carrocerías: 4, 5 puertas y familiar Sports Tourer.

El motor elegido para el Opel Insignia OPC es una evolución del ya conocido 2.8 V6 Turbo de gasolina, que en su versión convencional rinde 260 CV. Para la variante OPC ha recibido modificaciones en la centralita, en la presión de soplado del turbo (pasa de 0,6 a 0,9 bar) y en el sistema de escape, que es más ligero y con un 50 por ciento menos de contrapresión. El resultado son 325 CV que se transmiten a las cuatro ruedas a través de un dispositivo Haldex de cuarta generación, dotado, además, de un diferencial autoblocante trasero controlado electrónicamente, capaz de variar el par que llega a cada rueda posterior para mejorar la estabilidad en situaciones críticas, como cambios de carril a alta velocidad, o la eficacia a la salida de curvas cerradas. El sistema es el mismo que emplea el Saab Turbo X.

Para lograr un nivel de prestaciones aún mayor, los desarrollos del cambio del Opel Insignia OPC se han acortado respecto a la versión 2.8 V6 Turbo, sustituyendo el grupo final de 3,77:1 por uno de 3,90:1. Incluso así siguen siendo demasiado largos, de hecho, con una 2ª de 110 km/h y una 3ª de casi 170 km/h al corte de inyección, apenas hacen falta más marchas a la hora de sacar toda su esencia en una carretera convencional. Con una desmultiplicación más corta estaríamos ante un coche mucho más radical y deportivo, pero también más exigente y quizá menos refinado a la hora de entregar la potencia. Otra cosa son las autopistas alemanas, en las que se puede viajar a ritmo endiablado en 6ª sin apenas revolucionar el motor, con lo que se gana silencio de marcha y se contienen los consumos y emisiones contaminantes. El sonido del motor es bastante discreto, al menos en el interior del Insignia OPC, aunque al acelerar a pocas vueltas cobra bastante protagonismo el grave bramido procedente del escape.

La suspensión del Opel Insignia OPC está rebajada 10 milímetros respecto al acabado Sport del 2.8 V6 Turbo, además, el tarado de los amortiguadores pilotados es más firme, sobre todo al pulsar la tecla OPC, que también modifica la respuesta del pedal del acelerador y la dureza de la dirección. Incluso así no resulta un coche incómodo. Por otra parte, el tren delantero recibe un refuerzo en las columnas McPherson. Se trata de una estructura adicional sobre la que pivota la rueda, de modo que se mantiene mejor la geometría y se gana precisión en los giros.

En cuanto al sistema de frenos, el Insignia OPC recibe pinzas delanteras de cuatro pistones firmadas por Brembo, así como discos específicos de mayor diámetro y más ligeros. Cada pinza ahorra 2,5 kg respecto a las del Insignia convencional, mientras que el conjunto de llantas y neumáticos también es más liviano (aproximadamente 2 kg por rueda). En total se reduce en un 25 por ciento el peso de las masas no suspendidas del tren delantero.

El habitáculo cuenta con detalles exclusivos de equipamiento, pero sobre todo algunos distintivos con las siglas OPC repartidos por el volante, el pomo del cambio y los relojes del cuadro de mandos. Lo más llamativo son unos asientos delanteros Recaro, de excelente factura, como cabría esperar, y con regulación eléctrica.

Facilidad de conducción, refinamiento y una imagen muy atractiva son los rasgos definitorios de este rapidísimo modelo que no sólo hace más interesante la familia Insignia de Opel, sino también la completa gama OPC.

Más de 10.000 kilómetros en el “Infierno Verde” de Nürburgring han servido para comprobar la resistencia del Opel de producción más potente de todos los tiempos, el Insignia OPC. Allí se han realizado las pruebas de durabilidad de esta rápida berlina, completando sin problemas un total de 487 vueltas al trazado norte (20,8 km), lo que supone un total de 35.551 curvas y 27.000 cambios de marcha, es decir, el equivalente a 180.000 km de uso “real”, según Opel.

El Opel Insignia OPC sirve, además, para celebrar el décimo aniversario del lanzamiento del primer modelo OPC, un Astra atmosférico de 160 CV, allá por 1999. Desde entonces, las siglas de Opel Performance Center son todo un reclamo para los amantes de las altas prestaciones, que estarán de enhorabuena con la llegada del Insignia OPC, disponible en España a partir de septiembre con tres carrocerías: 4, 5 puertas y familiar Sports Tourer.

El motor elegido para el Opel Insignia OPC es una evolución del ya conocido 2.8 V6 Turbo de gasolina, que en su versión convencional rinde 260 CV. Para la variante OPC ha recibido modificaciones en la centralita, en la presión de soplado del turbo (pasa de 0,6 a 0,9 bar) y en el sistema de escape, que es más ligero y con un 50 por ciento menos de contrapresión. El resultado son 325 CV que se transmiten a las cuatro ruedas a través de un dispositivo Haldex de cuarta generación, dotado, además, de un diferencial autoblocante trasero controlado electrónicamente, capaz de variar el par que llega a cada rueda posterior para mejorar la estabilidad en situaciones críticas, como cambios de carril a alta velocidad, o la eficacia a la salida de curvas cerradas. El sistema es el mismo que emplea el Saab Turbo X.

Para lograr un nivel de prestaciones aún mayor, los desarrollos del cambio del Opel Insignia OPC se han acortado respecto a la versión 2.8 V6 Turbo, sustituyendo el grupo final de 3,77:1 por uno de 3,90:1. Incluso así siguen siendo demasiado largos, de hecho, con una 2ª de 110 km/h y una 3ª de casi 170 km/h al corte de inyección, apenas hacen falta más marchas a la hora de sacar toda su esencia en una carretera convencional. Con una desmultiplicación más corta estaríamos ante un coche mucho más radical y deportivo, pero también más exigente y quizá menos refinado a la hora de entregar la potencia. Otra cosa son las autopistas alemanas, en las que se puede viajar a ritmo endiablado en 6ª sin apenas revolucionar el motor, con lo que se gana silencio de marcha y se contienen los consumos y emisiones contaminantes. El sonido del motor es bastante discreto, al menos en el interior del Insignia OPC, aunque al acelerar a pocas vueltas cobra bastante protagonismo el grave bramido procedente del escape.

La suspensión del Opel Insignia OPC está rebajada 10 milímetros respecto al acabado Sport del 2.8 V6 Turbo, además, el tarado de los amortiguadores pilotados es más firme, sobre todo al pulsar la tecla OPC, que también modifica la respuesta del pedal del acelerador y la dureza de la dirección. Incluso así no resulta un coche incómodo. Por otra parte, el tren delantero recibe un refuerzo en las columnas McPherson. Se trata de una estructura adicional sobre la que pivota la rueda, de modo que se mantiene mejor la geometría y se gana precisión en los giros.

En cuanto al sistema de frenos, el Insignia OPC recibe pinzas delanteras de cuatro pistones firmadas por Brembo, así como discos específicos de mayor diámetro y más ligeros. Cada pinza ahorra 2,5 kg respecto a las del Insignia convencional, mientras que el conjunto de llantas y neumáticos también es más liviano (aproximadamente 2 kg por rueda). En total se reduce en un 25 por ciento el peso de las masas no suspendidas del tren delantero.

El habitáculo cuenta con detalles exclusivos de equipamiento, pero sobre todo algunos distintivos con las siglas OPC repartidos por el volante, el pomo del cambio y los relojes del cuadro de mandos. Lo más llamativo son unos asientos delanteros Recaro, de excelente factura, como cabría esperar, y con regulación eléctrica.

Facilidad de conducción, refinamiento y una imagen muy atractiva son los rasgos definitorios de este rapidísimo modelo que no sólo hace más interesante la familia Insignia de Opel, sino también la completa gama OPC.

Más de 10.000 kilómetros en el “Infierno Verde” de Nürburgring han servido para comprobar la resistencia del Opel de producción más potente de todos los tiempos, el Insignia OPC. Allí se han realizado las pruebas de durabilidad de esta rápida berlina, completando sin problemas un total de 487 vueltas al trazado norte (20,8 km), lo que supone un total de 35.551 curvas y 27.000 cambios de marcha, es decir, el equivalente a 180.000 km de uso “real”, según Opel.

El Opel Insignia OPC sirve, además, para celebrar el décimo aniversario del lanzamiento del primer modelo OPC, un Astra atmosférico de 160 CV, allá por 1999. Desde entonces, las siglas de Opel Performance Center son todo un reclamo para los amantes de las altas prestaciones, que estarán de enhorabuena con la llegada del Insignia OPC, disponible en España a partir de septiembre con tres carrocerías: 4, 5 puertas y familiar Sports Tourer.

El motor elegido para el Opel Insignia OPC es una evolución del ya conocido 2.8 V6 Turbo de gasolina, que en su versión convencional rinde 260 CV. Para la variante OPC ha recibido modificaciones en la centralita, en la presión de soplado del turbo (pasa de 0,6 a 0,9 bar) y en el sistema de escape, que es más ligero y con un 50 por ciento menos de contrapresión. El resultado son 325 CV que se transmiten a las cuatro ruedas a través de un dispositivo Haldex de cuarta generación, dotado, además, de un diferencial autoblocante trasero controlado electrónicamente, capaz de variar el par que llega a cada rueda posterior para mejorar la estabilidad en situaciones críticas, como cambios de carril a alta velocidad, o la eficacia a la salida de curvas cerradas. El sistema es el mismo que emplea el Saab Turbo X.

Para lograr un nivel de prestaciones aún mayor, los desarrollos del cambio del Opel Insignia OPC se han acortado respecto a la versión 2.8 V6 Turbo, sustituyendo el grupo final de 3,77:1 por uno de 3,90:1. Incluso así siguen siendo demasiado largos, de hecho, con una 2ª de 110 km/h y una 3ª de casi 170 km/h al corte de inyección, apenas hacen falta más marchas a la hora de sacar toda su esencia en una carretera convencional. Con una desmultiplicación más corta estaríamos ante un coche mucho más radical y deportivo, pero también más exigente y quizá menos refinado a la hora de entregar la potencia. Otra cosa son las autopistas alemanas, en las que se puede viajar a ritmo endiablado en 6ª sin apenas revolucionar el motor, con lo que se gana silencio de marcha y se contienen los consumos y emisiones contaminantes. El sonido del motor es bastante discreto, al menos en el interior del Insignia OPC, aunque al acelerar a pocas vueltas cobra bastante protagonismo el grave bramido procedente del escape.

La suspensión del Opel Insignia OPC está rebajada 10 milímetros respecto al acabado Sport del 2.8 V6 Turbo, además, el tarado de los amortiguadores pilotados es más firme, sobre todo al pulsar la tecla OPC, que también modifica la respuesta del pedal del acelerador y la dureza de la dirección. Incluso así no resulta un coche incómodo. Por otra parte, el tren delantero recibe un refuerzo en las columnas McPherson. Se trata de una estructura adicional sobre la que pivota la rueda, de modo que se mantiene mejor la geometría y se gana precisión en los giros.

En cuanto al sistema de frenos, el Insignia OPC recibe pinzas delanteras de cuatro pistones firmadas por Brembo, así como discos específicos de mayor diámetro y más ligeros. Cada pinza ahorra 2,5 kg respecto a las del Insignia convencional, mientras que el conjunto de llantas y neumáticos también es más liviano (aproximadamente 2 kg por rueda). En total se reduce en un 25 por ciento el peso de las masas no suspendidas del tren delantero.

El habitáculo cuenta con detalles exclusivos de equipamiento, pero sobre todo algunos distintivos con las siglas OPC repartidos por el volante, el pomo del cambio y los relojes del cuadro de mandos. Lo más llamativo son unos asientos delanteros Recaro, de excelente factura, como cabría esperar, y con regulación eléctrica.

Facilidad de conducción, refinamiento y una imagen muy atractiva son los rasgos definitorios de este rapidísimo modelo que no sólo hace más interesante la familia Insignia de Opel, sino también la completa gama OPC.

Más de 10.000 kilómetros en el “Infierno Verde” de Nürburgring han servido para comprobar la resistencia del Opel de producción más potente de todos los tiempos, el Insignia OPC. Allí se han realizado las pruebas de durabilidad de esta rápida berlina, completando sin problemas un total de 487 vueltas al trazado norte (20,8 km), lo que supone un total de 35.551 curvas y 27.000 cambios de marcha, es decir, el equivalente a 180.000 km de uso “real”, según Opel.

El Opel Insignia OPC sirve, además, para celebrar el décimo aniversario del lanzamiento del primer modelo OPC, un Astra atmosférico de 160 CV, allá por 1999. Desde entonces, las siglas de Opel Performance Center son todo un reclamo para los amantes de las altas prestaciones, que estarán de enhorabuena con la llegada del Insignia OPC, disponible en España a partir de septiembre con tres carrocerías: 4, 5 puertas y familiar Sports Tourer.

El motor elegido para el Opel Insignia OPC es una evolución del ya conocido 2.8 V6 Turbo de gasolina, que en su versión convencional rinde 260 CV. Para la variante OPC ha recibido modificaciones en la centralita, en la presión de soplado del turbo (pasa de 0,6 a 0,9 bar) y en el sistema de escape, que es más ligero y con un 50 por ciento menos de contrapresión. El resultado son 325 CV que se transmiten a las cuatro ruedas a través de un dispositivo Haldex de cuarta generación, dotado, además, de un diferencial autoblocante trasero controlado electrónicamente, capaz de variar el par que llega a cada rueda posterior para mejorar la estabilidad en situaciones críticas, como cambios de carril a alta velocidad, o la eficacia a la salida de curvas cerradas. El sistema es el mismo que emplea el Saab Turbo X.

Para lograr un nivel de prestaciones aún mayor, los desarrollos del cambio del Opel Insignia OPC se han acortado respecto a la versión 2.8 V6 Turbo, sustituyendo el grupo final de 3,77:1 por uno de 3,90:1. Incluso así siguen siendo demasiado largos, de hecho, con una 2ª de 110 km/h y una 3ª de casi 170 km/h al corte de inyección, apenas hacen falta más marchas a la hora de sacar toda su esencia en una carretera convencional. Con una desmultiplicación más corta estaríamos ante un coche mucho más radical y deportivo, pero también más exigente y quizá menos refinado a la hora de entregar la potencia. Otra cosa son las autopistas alemanas, en las que se puede viajar a ritmo endiablado en 6ª sin apenas revolucionar el motor, con lo que se gana silencio de marcha y se contienen los consumos y emisiones contaminantes. El sonido del motor es bastante discreto, al menos en el interior del Insignia OPC, aunque al acelerar a pocas vueltas cobra bastante protagonismo el grave bramido procedente del escape.

La suspensión del Opel Insignia OPC está rebajada 10 milímetros respecto al acabado Sport del 2.8 V6 Turbo, además, el tarado de los amortiguadores pilotados es más firme, sobre todo al pulsar la tecla OPC, que también modifica la respuesta del pedal del acelerador y la dureza de la dirección. Incluso así no resulta un coche incómodo. Por otra parte, el tren delantero recibe un refuerzo en las columnas McPherson. Se trata de una estructura adicional sobre la que pivota la rueda, de modo que se mantiene mejor la geometría y se gana precisión en los giros.

En cuanto al sistema de frenos, el Insignia OPC recibe pinzas delanteras de cuatro pistones firmadas por Brembo, así como discos específicos de mayor diámetro y más ligeros. Cada pinza ahorra 2,5 kg respecto a las del Insignia convencional, mientras que el conjunto de llantas y neumáticos también es más liviano (aproximadamente 2 kg por rueda). En total se reduce en un 25 por ciento el peso de las masas no suspendidas del tren delantero.

El habitáculo cuenta con detalles exclusivos de equipamiento, pero sobre todo algunos distintivos con las siglas OPC repartidos por el volante, el pomo del cambio y los relojes del cuadro de mandos. Lo más llamativo son unos asientos delanteros Recaro, de excelente factura, como cabría esperar, y con regulación eléctrica.

Facilidad de conducción, refinamiento y una imagen muy atractiva son los rasgos definitorios de este rapidísimo modelo que no sólo hace más interesante la familia Insignia de Opel, sino también la completa gama OPC.

Más de 10.000 kilómetros en el “Infierno Verde” de Nürburgring han servido para comprobar la resistencia del Opel de producción más potente de todos los tiempos, el Insignia OPC. Allí se han realizado las pruebas de durabilidad de esta rápida berlina, completando sin problemas un total de 487 vueltas al trazado norte (20,8 km), lo que supone un total de 35.551 curvas y 27.000 cambios de marcha, es decir, el equivalente a 180.000 km de uso “real”, según Opel.

El Opel Insignia OPC sirve, además, para celebrar el décimo aniversario del lanzamiento del primer modelo OPC, un Astra atmosférico de 160 CV, allá por 1999. Desde entonces, las siglas de Opel Performance Center son todo un reclamo para los amantes de las altas prestaciones, que estarán de enhorabuena con la llegada del Insignia OPC, disponible en España a partir de septiembre con tres carrocerías: 4, 5 puertas y familiar Sports Tourer.

El motor elegido para el Opel Insignia OPC es una evolución del ya conocido 2.8 V6 Turbo de gasolina, que en su versión convencional rinde 260 CV. Para la variante OPC ha recibido modificaciones en la centralita, en la presión de soplado del turbo (pasa de 0,6 a 0,9 bar) y en el sistema de escape, que es más ligero y con un 50 por ciento menos de contrapresión. El resultado son 325 CV que se transmiten a las cuatro ruedas a través de un dispositivo Haldex de cuarta generación, dotado, además, de un diferencial autoblocante trasero controlado electrónicamente, capaz de variar el par que llega a cada rueda posterior para mejorar la estabilidad en situaciones críticas, como cambios de carril a alta velocidad, o la eficacia a la salida de curvas cerradas. El sistema es el mismo que emplea el Saab Turbo X.

Para lograr un nivel de prestaciones aún mayor, los desarrollos del cambio del Opel Insignia OPC se han acortado respecto a la versión 2.8 V6 Turbo, sustituyendo el grupo final de 3,77:1 por uno de 3,90:1. Incluso así siguen siendo demasiado largos, de hecho, con una 2ª de 110 km/h y una 3ª de casi 170 km/h al corte de inyección, apenas hacen falta más marchas a la hora de sacar toda su esencia en una carretera convencional. Con una desmultiplicación más corta estaríamos ante un coche mucho más radical y deportivo, pero también más exigente y quizá menos refinado a la hora de entregar la potencia. Otra cosa son las autopistas alemanas, en las que se puede viajar a ritmo endiablado en 6ª sin apenas revolucionar el motor, con lo que se gana silencio de marcha y se contienen los consumos y emisiones contaminantes. El sonido del motor es bastante discreto, al menos en el interior del Insignia OPC, aunque al acelerar a pocas vueltas cobra bastante protagonismo el grave bramido procedente del escape.

La suspensión del Opel Insignia OPC está rebajada 10 milímetros respecto al acabado Sport del 2.8 V6 Turbo, además, el tarado de los amortiguadores pilotados es más firme, sobre todo al pulsar la tecla OPC, que también modifica la respuesta del pedal del acelerador y la dureza de la dirección. Incluso así no resulta un coche incómodo. Por otra parte, el tren delantero recibe un refuerzo en las columnas McPherson. Se trata de una estructura adicional sobre la que pivota la rueda, de modo que se mantiene mejor la geometría y se gana precisión en los giros.

En cuanto al sistema de frenos, el Insignia OPC recibe pinzas delanteras de cuatro pistones firmadas por Brembo, así como discos específicos de mayor diámetro y más ligeros. Cada pinza ahorra 2,5 kg respecto a las del Insignia convencional, mientras que el conjunto de llantas y neumáticos también es más liviano (aproximadamente 2 kg por rueda). En total se reduce en un 25 por ciento el peso de las masas no suspendidas del tren delantero.

El habitáculo cuenta con detalles exclusivos de equipamiento, pero sobre todo algunos distintivos con las siglas OPC repartidos por el volante, el pomo del cambio y los relojes del cuadro de mandos. Lo más llamativo son unos asientos delanteros Recaro, de excelente factura, como cabría esperar, y con regulación eléctrica.

Facilidad de conducción, refinamiento y una imagen muy atractiva son los rasgos definitorios de este rapidísimo modelo que no sólo hace más interesante la familia Insignia de Opel, sino también la completa gama OPC.

Más de 10.000 kilómetros en el “Infierno Verde” de Nürburgring han servido para comprobar la resistencia del Opel de producción más potente de todos los tiempos, el Insignia OPC. Allí se han realizado las pruebas de durabilidad de esta rápida berlina, completando sin problemas un total de 487 vueltas al trazado norte (20,8 km), lo que supone un total de 35.551 curvas y 27.000 cambios de marcha, es decir, el equivalente a 180.000 km de uso “real”, según Opel.

El Opel Insignia OPC sirve, además, para celebrar el décimo aniversario del lanzamiento del primer modelo OPC, un Astra atmosférico de 160 CV, allá por 1999. Desde entonces, las siglas de Opel Performance Center son todo un reclamo para los amantes de las altas prestaciones, que estarán de enhorabuena con la llegada del Insignia OPC, disponible en España a partir de septiembre con tres carrocerías: 4, 5 puertas y familiar Sports Tourer.

El motor elegido para el Opel Insignia OPC es una evolución del ya conocido 2.8 V6 Turbo de gasolina, que en su versión convencional rinde 260 CV. Para la variante OPC ha recibido modificaciones en la centralita, en la presión de soplado del turbo (pasa de 0,6 a 0,9 bar) y en el sistema de escape, que es más ligero y con un 50 por ciento menos de contrapresión. El resultado son 325 CV que se transmiten a las cuatro ruedas a través de un dispositivo Haldex de cuarta generación, dotado, además, de un diferencial autoblocante trasero controlado electrónicamente, capaz de variar el par que llega a cada rueda posterior para mejorar la estabilidad en situaciones críticas, como cambios de carril a alta velocidad, o la eficacia a la salida de curvas cerradas. El sistema es el mismo que emplea el Saab Turbo X.

Para lograr un nivel de prestaciones aún mayor, los desarrollos del cambio del Opel Insignia OPC se han acortado respecto a la versión 2.8 V6 Turbo, sustituyendo el grupo final de 3,77:1 por uno de 3,90:1. Incluso así siguen siendo demasiado largos, de hecho, con una 2ª de 110 km/h y una 3ª de casi 170 km/h al corte de inyección, apenas hacen falta más marchas a la hora de sacar toda su esencia en una carretera convencional. Con una desmultiplicación más corta estaríamos ante un coche mucho más radical y deportivo, pero también más exigente y quizá menos refinado a la hora de entregar la potencia. Otra cosa son las autopistas alemanas, en las que se puede viajar a ritmo endiablado en 6ª sin apenas revolucionar el motor, con lo que se gana silencio de marcha y se contienen los consumos y emisiones contaminantes. El sonido del motor es bastante discreto, al menos en el interior del Insignia OPC, aunque al acelerar a pocas vueltas cobra bastante protagonismo el grave bramido procedente del escape.

La suspensión del Opel Insignia OPC está rebajada 10 milímetros respecto al acabado Sport del 2.8 V6 Turbo, además, el tarado de los amortiguadores pilotados es más firme, sobre todo al pulsar la tecla OPC, que también modifica la respuesta del pedal del acelerador y la dureza de la dirección. Incluso así no resulta un coche incómodo. Por otra parte, el tren delantero recibe un refuerzo en las columnas McPherson. Se trata de una estructura adicional sobre la que pivota la rueda, de modo que se mantiene mejor la geometría y se gana precisión en los giros.

En cuanto al sistema de frenos, el Insignia OPC recibe pinzas delanteras de cuatro pistones firmadas por Brembo, así como discos específicos de mayor diámetro y más ligeros. Cada pinza ahorra 2,5 kg respecto a las del Insignia convencional, mientras que el conjunto de llantas y neumáticos también es más liviano (aproximadamente 2 kg por rueda). En total se reduce en un 25 por ciento el peso de las masas no suspendidas del tren delantero.

El habitáculo cuenta con detalles exclusivos de equipamiento, pero sobre todo algunos distintivos con las siglas OPC repartidos por el volante, el pomo del cambio y los relojes del cuadro de mandos. Lo más llamativo son unos asientos delanteros Recaro, de excelente factura, como cabría esperar, y con regulación eléctrica.

Facilidad de conducción, refinamiento y una imagen muy atractiva son los rasgos definitorios de este rapidísimo modelo que no sólo hace más interesante la familia Insignia de Opel, sino también la completa gama OPC.

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Opel Insignia OPC: detalles

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