Comparativa: Opel Astra vs Toyota Auris y Renault Mégane

Prestaciones, buen comportamiento y bajo consumo se dan cita en estos tres eficientes compactos. Su autonomía de en torno a 1.000 km se combina, además, con muchas posibilidades de equipamiento.
Pablo Mallo.

Twitter: @p_mallo -

Comparativa: Opel Astra vs Toyota Auris y Renault Mégane
Comparativa: Opel Astra vs Toyota Auris y Renault Mégane

En 1999, un adelantado a su tiempo VW Lupo 3L fue el primer automóvil de producción capaz de homologar 3 l/100 km (4,1 l/100 km, según nuestras mediciones). Era un modelo urbano, con soluciones técnicas exóticas, caro y con una conducción peculiar. 14 años después, tres compactos relativamente convencionales se acercan a tan magnífica cifra. Tenemos todo un Opel Astra 1.7 CDTi que homologa 3,7 l/100 km de consumo medio (99 g/km de CO2), con nada menos que 130 CV —el Lupo tenía 61 CV— y sin ningún tipo de compromiso en su conducción, lo que supone el aspecto más diferenciador respecto a los primeros modelos de enfoque ecológico. Y le siguen muy de cerca los otros dos protagonistas de esta comparativa, el Renault Mégane 1.6 dCi (4 l/100 km), junto al recién llegado y a primera vista sugerente Toyota Auris 120D (4,3 l/100 km), que se encuentra con un panorama de lo más competido. Como era de esperar, los consumos obtenidos por nuestro Centro Técnico son bastante superiores a estas cifras oficiales, aunque siguen siendo muy buenos registros. Pero veamos qué otros argumentos ofrecen aparte del consumo, y si la última generación del modelo nipón es capaz de hacer frente a dos auténticas referencias tan duras de roer.

Los tres ofrecen potencias similares, aunque recurriendo a cilindradas muy diversas. Esto, además de afectar sensiblemente al consumo, define la personalidad de sus mecánicas en la zona baja del cuentavueltas. El Toyota Auris, con sus 1.998 cm3, es el que más contundencia ofrece a muy bajo régimen, lo que permite "abusar" de marchas largas en casi cualquier situación y repercute en una conducción bastante relajada, sin tener que estar demasiado pendientes del cambio. Su alto régimen, sin embargo, es el menos brillante y, pese a que la zona roja está tarada a unas considerables 5.100 rpm, a 3.500 ya empieza a decaer el empuje. También resulta plenamente utilizable a pocas vueltas el motor del Opel Astra, que es algo más áspero de funcionamiento y ruidoso en frío, pero tiene una entrega de potencia más progresiva y agradable que sus rivales, ya que en ellos la entrada del turbo resulta algo brusca. La banda de uso real del Opel se sitúa entre 1.500 y casi 4.500 rpm, sin puntos flacos en su entrega y con un medio régimen notable que, en el uso cotidiano y sin el crono en la mano, camufla en gran medida el mayor peso de este modelo. El dCi del Renault Mégane, por su parte, es sin duda el más refinado de los tres, pero peca de cierta debilidad en la zona baja del cuentavueltas que nos obliga a estar atentos al cambio, pues si queremos acelerar con rapidez el motor deberá estar siempre por encima de 1.700-1.800 rpm. Superado dicho régimen, unos desarrollos más cortos que los empleados en el Astra y el Auris, combinados con el menor peso del conjunto, juegan muy a su favor para convertirlo en el más rápido de los tres. Además, como se puede ver en las mediciones, es también el que menos gasta.
 

En cuanto a bastidor, el Opel Astra sigue siendo el rival a batir. Incluso esta versión sin suspensión pilotada consigue un excelente balance entre confort y eficacia, tanto que no hemos echado en falta esta opción en absoluto. Su comportamiento es impecable, con una calidad de rodadura y aplomo dignos de modelos de mayor tamaño, y con una agilidad sobresaliente, como si en curvas su mayor peso se esfumase. El buen tarado del ESP no interfiere negativamente en la conducción, ni siquiera en situaciones críticas, y tan sólo la dirección, que es muy precisa pero demasiado asistida y nada informativa, resultaría criticable. Pero incluso así el coche da una confianza elogiable gracias a unas trazadas de tiralíneas que no se degradan ni circulando con prisas en los tramos más revirados, ya que siempre reacciona como esperas incluso cuando el tren trasero se ve obligado a redondear el giro en caso de esquiva o de cerrar la trayectoria bruscamente.


El Mégane también hace gala de muy buenas maneras
y aguanta el tipo perfectamente frente a una conducción exigente, e incluso deportiva, si decidimos exprimir toda la viveza de su motor, que, por cierto, es el que más sube de vueltas. Sin llegar a los límites del Astra, también puede presumir de comportamiento y hacernos disfrutar al volante a poco que la carretera se complique. Sólo en zonas de asfalto muy deteriorado nos veremos obligados a bajar el ritmo, que puede llegar a ser muy alto si lo deseamos.


La primera impresión del Toyota Auris es muy buena, con una dirección rápida y de tacto agradable que promete una conducción estimulante. Y efectivamente, así es cuando circulamos a ritmos turísticos, o incluso si lo provocamos en algún giro muy cerrado, donde la trasera ayuda a cerrar la trazada haciendo que el ESP tenga que intervenir. Sin embargo, a medida que las curvas se suceden y la velocidad aumenta, la aparente deportividad inicial del modelo se va degradando y deja paso a algunas inconsistencias en su comportamiento, fundamentalmente a modo de una deriva algo prematura de los neumáticos que, sin perjudicar la facilidad de conducción, resta precisión y rebaja el límite dinámico. Quizá por su agresivo aspecto, nos esperábamos algo más.


En cualquier caso, los tres tienen mucho que ofrecer y cuentan con motivos de sobra para que su propietario se sienta orgulloso. Y no hay que olvidar que aquí también entra en juego el precio, sin lugar a dudas un factor determinante que beneficia al Auris y perjudica al Mégane más que al Astra, pues esta motorización dCi de 130 CV va asociada obligatoriamente a los dos acabados más completos de la gama, Dynamique y Privilege (22.100 y 23.800 €, respectivamente, con descuento oficial ya aplicado). Eso sí, un generoso equipamiento se agradece en el día a día. Por tanto, a la hora de poner todos los factores sobre la balanza, conviene estar atentos a las posibles ofertas puntuales de cada fabricante y que cada uno, en función de sus gustos, valore los apartados que más se adapten a sus necesidades. El nivel está alto.

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