Opel Astra GTC 1.6 Turbo vs Renault Mégane Coupé 2.0 TCe

Con unos diseños, motores y bastidores consecuentes con lo que pretenden, estos Astra GTC y Mégane Coupé te llevan a un plano deportivo serio y cualificado, pero cada uno indicándote con su configuración final, cuáles son sus trazados favoritos.
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Opel Astra GTC 1.6 Turbo vs Renault Mégane Coupé 2.0 TCe
Opel Astra GTC 1.6 Turbo vs Renault Mégane Coupé 2.0 TCe

Antes de entrar en materia, permitidme una reflexión. Me llama la atención la extinción de los deportivos compactos de tres puertas, cuando hace nada era variante obligada (excepto el Seat León, que curiosamente sí anuncia dicha variante para la nueva generación) y base de desarrollo de un tipo de deportivo muy popular. Te hablo de aquellos desaparecidos Alfa 147, Citroën C4, Fiat Stilo, Ford Focus, Honda Civic, Peugeot 308, Toyota Corolla... que en sus variantes de tres puertas y con mecánicas tocando y superando los 200 CV (GTA, VTS, Abarth, ST, Type R, GTI y TTE, respectivamente) tipificaban lo que hemos asimilado como GTI. Hoy día solo me viene a la cabeza el Golf (descarto Audi A3, BMW Serie 1 y Mercedes Clase A) y si buscas alta deportividad compacta con tres puertas, solo Astra, Mégane y Scirocco te lo ofrecen en formato coupé.

En este sentido, siento que la deportividad sale ganando, que es de lo que se trata, a la vista de unas siluetas muy sugerentes que, permitidme otra reflexión, hacen del Astra GTC un coche especialmente atractivo y aparente (dispone en opción de inmensas llantas de 20 pulgadas), a la vista de lo observado que te sientes. No voy a incidir más en el diseño, tú decides, pero quizá sí te sea interesante saber que el Astra lleva mejor el compromiso adquirido por dibujar una estilizada carrocería coupé. Me refiero a las plazas traseras resultantes, bastante buenas en todos los sentidos, frente a un Mégane que, sobre todo por cota de altura, no se presta a largos trayectos. Aclaradas estas nimiedades, pasemos a la acción, que en todo deportivo pasa por saber cuánto de bueno tienen su motor y su bastidor.

Para llegar a los 180 CV que anuncia cada modelo, el Mégane TCe se mantiene en estándares "pasados", me refiero a que utiliza un generoso bloque de 2 litros de cilindrada, que se apoya en un turbo para su alimentación. En cambio, los 180 CV oficiales del Astra vienen por un bloque de 1.6 litros, también turboalimentado, combinación propia de la estrategia downsizing de nuestros días. Por ello, la igualdad pasa a estar invalidada por el par que generan sendos motores (24 y 31 mkg, Astra y Mégane, respectivamente), y si no tanto por la cantidad que hemos verificado, sí por el momento de la entrega.

El Mégane se muestra muchísimo más resolutivo de motor, en ciudad y en carretera, con más recursos naturales para solventar cualquier maniobra con el simple gesto de acelerar un poco más, casi sin importar la marcha insertada. Para que os hagáis una idea, a 2.000 rpm hemos medido 30 mkg en el Mégane, por 21 en el Astra, por lo que en el modelo alemán te ves obligado a recurrir al medio/alto régimen para rentabilizar los 180 CV. En este sentido, también influyen sobremanera los desarrollos de cambio escogidos por cada fabricante. Curiosamente, el Mégane mueve menos desarrollo intermedio y final, lo que explica la pletórica sensación de conducción monomarcha que te transmite; lo eficaz, contundente y "relajado" que se muestra en trazados lentos y virados, frente a un Astra que exige un asiduo uso del cambio.

La conducción del Astra en trazados de montaña resulta "estresante", porque parece muy fácil caer en la zona de no retorno. Claro que lo puedes ver desde otra perspectiva y te puede resultar excitante, por obligarte a una conducción más precisa y estimulante cuando se trata de estirar las marchas y descubrir que el 1.6 T es más temperamental y explosivo ahí arriba, tocando las 6.500 rpm, cuando el 2.0 TCe resulta muy plano por encima de las 5.000 (corta a 6.250), donde ya ha dado todo de sí. Mira la tabla de adelantamientos y créete que el Mégane es en 6ª tan rápido como el Astra en 4ª.

No por ello, el Mégane parece que vaya corto de desarrollo y su especialidad por las curvas lo pague en las rectas, pero se siente tan lleno, que sin darte cuenta buscas una 7ª marcha. En cualquier caso, sí parece el Astra más agradable cuando rodamos a regímenes fijos, cuando nos desplazamos, no pilotamos, sobre todo por la extraordinaria suavidad con que gira su motor.

Esta suavidad la lleva el Astra también a su bastidor, si nos atenemos a la unidad probada, con la suspensión opcional Flexride de tarado variable (3 leyes: Tour, Normal y Sport). En el día a día muestra un tacto de rodadura muy agradable, incluso con los neumáticos de 20 pulgadas y mínimo perfil que ves en la fotos. Pero aun con esta amabilidad, geométricamente es rapidísimo de dirección y el eje posterior no esconde cierta participación en curva si lo buscas, con la intensidad justa para que su eficacia no comprometa su facilidad de conducción. En su modo Sport, el tren delantero acentúa la sensación de direccionalidad y en la carrocería se minimizan los movimientos verticales, generándote un plus de confianza que lleva a creerte que este Astra no tiene límites en carretera abierta.

El Mégane viene de serie algo más firme de muelle y sobre todo más retenido de amortiguación que el Astra en su modo Sport, por lo que de primeras te transmite una mayor solidez de pisada, como peor filtración. Igualmente, se deja llevar entre curvas con una pasmosa facilidad, por entrada en curva y aplomo en apoyos, como también plantea una trasera menos viva y un tren delantero que a veces recurre a la electrónica para no comprometer la motricidad. Se junta su menor neumático y las mayores exigencias de su motor, que a bajo/medio régimen es demoledor por cómo te lleva de curva a curva.

Antes de entrar en materia, permitidme una reflexión. Me llama la atención la extinción de los deportivos compactos de tres puertas, cuando hace nada era variante obligada (excepto el Seat León, que curiosamente sí anuncia dicha variante para la nueva generación) y base de desarrollo de un tipo de deportivo muy popular. Te hablo de aquellos desaparecidos Alfa 147, Citroën C4, Fiat Stilo, Ford Focus, Honda Civic, Peugeot 308, Toyota Corolla... que en sus variantes de tres puertas y con mecánicas tocando y superando los 200 CV (GTA, VTS, Abarth, ST, Type R, GTI y TTE, respectivamente) tipificaban lo que hemos asimilado como GTI. Hoy día solo me viene a la cabeza el Golf (descarto Audi A3, BMW Serie 1 y Mercedes Clase A) y si buscas alta deportividad compacta con tres puertas, solo Astra, Mégane y Scirocco te lo ofrecen en formato coupé.

En este sentido, siento que la deportividad sale ganando, que es de lo que se trata, a la vista de unas siluetas muy sugerentes que, permitidme otra reflexión, hacen del Astra GTC un coche especialmente atractivo y aparente (dispone en opción de inmensas llantas de 20 pulgadas), a la vista de lo observado que te sientes. No voy a incidir más en el diseño, tú decides, pero quizá sí te sea interesante saber que el Astra lleva mejor el compromiso adquirido por dibujar una estilizada carrocería coupé. Me refiero a las plazas traseras resultantes, bastante buenas en todos los sentidos, frente a un Mégane que, sobre todo por cota de altura, no se presta a largos trayectos. Aclaradas estas nimiedades, pasemos a la acción, que en todo deportivo pasa por saber cuánto de bueno tienen su motor y su bastidor.

Para llegar a los 180 CV que anuncia cada modelo, el Mégane TCe se mantiene en estándares "pasados", me refiero a que utiliza un generoso bloque de 2 litros de cilindrada, que se apoya en un turbo para su alimentación. En cambio, los 180 CV oficiales del Astra vienen por un bloque de 1.6 litros, también turboalimentado, combinación propia de la estrategia downsizing de nuestros días. Por ello, la igualdad pasa a estar invalidada por el par que generan sendos motores (24 y 31 mkg, Astra y Mégane, respectivamente), y si no tanto por la cantidad que hemos verificado, sí por el momento de la entrega.

El Mégane se muestra muchísimo más resolutivo de motor, en ciudad y en carretera, con más recursos naturales para solventar cualquier maniobra con el simple gesto de acelerar un poco más, casi sin importar la marcha insertada. Para que os hagáis una idea, a 2.000 rpm hemos medido 30 mkg en el Mégane, por 21 en el Astra, por lo que en el modelo alemán te ves obligado a recurrir al medio/alto régimen para rentabilizar los 180 CV. En este sentido, también influyen sobremanera los desarrollos de cambio escogidos por cada fabricante. Curiosamente, el Mégane mueve menos desarrollo intermedio y final, lo que explica la pletórica sensación de conducción monomarcha que te transmite; lo eficaz, contundente y "relajado" que se muestra en trazados lentos y virados, frente a un Astra que exige un asiduo uso del cambio.

La conducción del Astra en trazados de montaña resulta "estresante", porque parece muy fácil caer en la zona de no retorno. Claro que lo puedes ver desde otra perspectiva y te puede resultar excitante, por obligarte a una conducción más precisa y estimulante cuando se trata de estirar las marchas y descubrir que el 1.6 T es más temperamental y explosivo ahí arriba, tocando las 6.500 rpm, cuando el 2.0 TCe resulta muy plano por encima de las 5.000 (corta a 6.250), donde ya ha dado todo de sí. Mira la tabla de adelantamientos y créete que el Mégane es en 6ª tan rápido como el Astra en 4ª.

No por ello, el Mégane parece que vaya corto de desarrollo y su especialidad por las curvas lo pague en las rectas, pero se siente tan lleno, que sin darte cuenta buscas una 7ª marcha. En cualquier caso, sí parece el Astra más agradable cuando rodamos a regímenes fijos, cuando nos desplazamos, no pilotamos, sobre todo por la extraordinaria suavidad con que gira su motor.

Esta suavidad la lleva el Astra también a su bastidor, si nos atenemos a la unidad probada, con la suspensión opcional Flexride de tarado variable (3 leyes: Tour, Normal y Sport). En el día a día muestra un tacto de rodadura muy agradable, incluso con los neumáticos de 20 pulgadas y mínimo perfil que ves en la fotos. Pero aun con esta amabilidad, geométricamente es rapidísimo de dirección y el eje posterior no esconde cierta participación en curva si lo buscas, con la intensidad justa para que su eficacia no comprometa su facilidad de conducción. En su modo Sport, el tren delantero acentúa la sensación de direccionalidad y en la carrocería se minimizan los movimientos verticales, generándote un plus de confianza que lleva a creerte que este Astra no tiene límites en carretera abierta.

El Mégane viene de serie algo más firme de muelle y sobre todo más retenido de amortiguación que el Astra en su modo Sport, por lo que de primeras te transmite una mayor solidez de pisada, como peor filtración. Igualmente, se deja llevar entre curvas con una pasmosa facilidad, por entrada en curva y aplomo en apoyos, como también plantea una trasera menos viva y un tren delantero que a veces recurre a la electrónica para no comprometer la motricidad. Se junta su menor neumático y las mayores exigencias de su motor, que a bajo/medio régimen es demoledor por cómo te lleva de curva a curva.

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