El Opel Astra frente a sus rivales

Con el Astra, el segmento de los compactos cierra el ciclo de renovaciones, a la espera de que Ford vuelve a abrirlo con la tercera generación del Focus. Aspirantes todos a superventas y plagados de cualidades para ello, la elección se ha vuelto más difícil que nunca.
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El Opel Astra frente a sus rivales
El Opel Astra frente a sus rivales

Ford Focus 1.6 TDCi Econetic. Cumple lo que promete su definición ecológica: bajos consumos, mejores incluso que los del León Ecomotive. Comparte todo lo bueno de los 1.6 HDi franceses, pero el TDCi registra niveles de ruido ligeramente superiores. En su descargo, también es justo reconocer que, entre los tres modelos que comparten mecánica, sólo él lleva una transmisión de 5 marchas que, además, no peca por ser excesivamente larga, sino todo lo contrario.

El motor en cuestión tampoco parece el mismo “de siempre” de medio régimen en adelante, pero sí hasta esas 3.000 rpm que raramente necesitaremos superar. Arriba se nota más áspero, con menos tirón y capacidad de empuje, mientras que toda la elasticidad habitual sigue presente, redundando en excelentes ejercicios de recuperación en marchas largas, claramente mejores que los de los otros modelos del lote con caja manual equivalente: Golf y León.

En el Focus encontramos el habitáculo más equilibrado en términos de espacio. Esos centímetros adicionales de anchura sobre las plazas traseras, la generosa cota longitudinal y uno de los maleteros más amplios del segmento valen su peso en oro cuando se viaja en familia. Los acabados son sólidos, aunque esta definición peca de un aspecto demasiado austero —en parte por la combinación de tonos grises elegida— y exige poner la vista en los paquetes de equipamiento para enriquecer la dotación de origen, en la que, eso sí, está presente lo mínimo exigible en cuestiones de seguridad. Destacamos la valiosa presencia de una toma de 230 voltios en las plazas traseras.

Del chasis poco se puede añadir sobre lo conocido. Se adivina al volante un talante más deportivo que en cualquiera de los otros rivales, una modélica dirección que coloca al Focus en el vértice a golpe de muñeca y una zaga bien participativa en la agilidad que demuestra este compacto. La capacidad de absorción de sus suspensiones también es destacable, así como su total control sobre cualquier movimiento de carrocería, aunque no lo es tanto el aislamiento del habitáculo, resistiéndose al final la calidad de rodadura y el aislamiento del habitáculo.

Aunque el tiempo no pasa en balde, las mejoras que ha ido recibiendo el 308 a lo largo de su vida comercial se lo están poniendo difícil a rivales de más reciente aparición. Sigue siendo una alternativa en plena forma, un modelo dispuesto a codearse con los mejores y prueba de ello son sus contenidas cifras de consumo. Sin ser una de las tan de moda versiones “eco” presume de pertenecer al club de los 120 g/km, pero no por ello renuncia a otros aspectos como las prestaciones o el placer al volante, pues la respuesta de su motor es viva a casi cualquier régimen.

En combinación con el eficaz y confortable cambio de embrague robotizado CMP, de 6 velocidades, su conducción es todavía más ágil que con el manual de 5 relaciones, ya que las transiciones entre marchas son muy inmediatas, y más si activamos el modo Sport. Pero sobre todo, los desarrollos mejor escalonados permiten un mayor aprovechamiento de sus 110 CV y, aunque no quede reflejado en las cifras de prestaciones, es con el que tenemos la sensación de ir más rápido cuando queremos extraer todo su potencial, algo que también nos ocurre con el Citroën C4. La ausencia de pedal de embrague, por su parte, nos evitará un trabajo considerable en situaciones de tráfico urbano o atascos, tanto en modo automático, como en la mucho más gratificante utilización manual —como en todos los robotizados—, ya sea por medio de las levas del volante o desde la propia palanca selectora. Con esta transmisión todo son ventajas en uso cotidiano.

Por otro lado, su comportamiento resulta de lo más equilibrado, fácil y efectivo. Sólo la dirección, con un retorno intenso y algo artificial en apoyos fuertes, empaña un poco el tacto general del conjunto. Además, en autopista obliga a realizar alguna que otra corrección al circular en línea recta. La relación entre efectividad dinámica y confort sigue estando entre los puntos fuertes del modelo francés, que presenta un tarado de suspensiones intachable y muy buen confort de bacheo, al menos cuando es el conductor el único ocupante del vehículo. Cuando va cargado la cosa cambia, ya que se nota más duro si el asfalto no está en buen estado.

El habitáculo está resuelto con buenos materiales y cuenta con un diseño actual. Quizá la inclinada consola nos aleja de algunos mandos, pero no se le pueden poner pegas. Los asientos delanteros recogen muy bien el cuerpo y son las plazas en las que hay más anchura disponible de toda la comparativa; no destacan, sin embargo, en la altura máxima hasta el techo. Al sentarnos detrás, la sensación de espacio es buena, sobre todo lateralmente, pero no sobran centímetros para las piernas. Por último, el maletero es correcto por capacidad, ya que se sitúa en un punto medio frente a sus rivales, pero su boca de carga es la que está a mayor altura. Sigue siendo un gran coche, aunque algo caro.

Ford Focus 1.6 TDCi Econetic. Cumple lo que promete su definición ecológica: bajos consumos, mejores incluso que los del León Ecomotive. Comparte todo lo bueno de los 1.6 HDi franceses, pero el TDCi registra niveles de ruido ligeramente superiores. En su descargo, también es justo reconocer que, entre los tres modelos que comparten mecánica, sólo él lleva una transmisión de 5 marchas que, además, no peca por ser excesivamente larga, sino todo lo contrario.

El motor en cuestión tampoco parece el mismo “de siempre” de medio régimen en adelante, pero sí hasta esas 3.000 rpm que raramente necesitaremos superar. Arriba se nota más áspero, con menos tirón y capacidad de empuje, mientras que toda la elasticidad habitual sigue presente, redundando en excelentes ejercicios de recuperación en marchas largas, claramente mejores que los de los otros modelos del lote con caja manual equivalente: Golf y León.

En el Focus encontramos el habitáculo más equilibrado en términos de espacio. Esos centímetros adicionales de anchura sobre las plazas traseras, la generosa cota longitudinal y uno de los maleteros más amplios del segmento valen su peso en oro cuando se viaja en familia. Los acabados son sólidos, aunque esta definición peca de un aspecto demasiado austero —en parte por la combinación de tonos grises elegida— y exige poner la vista en los paquetes de equipamiento para enriquecer la dotación de origen, en la que, eso sí, está presente lo mínimo exigible en cuestiones de seguridad. Destacamos la valiosa presencia de una toma de 230 voltios en las plazas traseras.

Del chasis poco se puede añadir sobre lo conocido. Se adivina al volante un talante más deportivo que en cualquiera de los otros rivales, una modélica dirección que coloca al Focus en el vértice a golpe de muñeca y una zaga bien participativa en la agilidad que demuestra este compacto. La capacidad de absorción de sus suspensiones también es destacable, así como su total control sobre cualquier movimiento de carrocería, aunque no lo es tanto el aislamiento del habitáculo, resistiéndose al final la calidad de rodadura y el aislamiento del habitáculo.

Aunque el tiempo no pasa en balde, las mejoras que ha ido recibiendo el 308 a lo largo de su vida comercial se lo están poniendo difícil a rivales de más reciente aparición. Sigue siendo una alternativa en plena forma, un modelo dispuesto a codearse con los mejores y prueba de ello son sus contenidas cifras de consumo. Sin ser una de las tan de moda versiones “eco” presume de pertenecer al club de los 120 g/km, pero no por ello renuncia a otros aspectos como las prestaciones o el placer al volante, pues la respuesta de su motor es viva a casi cualquier régimen.

En combinación con el eficaz y confortable cambio de embrague robotizado CMP, de 6 velocidades, su conducción es todavía más ágil que con el manual de 5 relaciones, ya que las transiciones entre marchas son muy inmediatas, y más si activamos el modo Sport. Pero sobre todo, los desarrollos mejor escalonados permiten un mayor aprovechamiento de sus 110 CV y, aunque no quede reflejado en las cifras de prestaciones, es con el que tenemos la sensación de ir más rápido cuando queremos extraer todo su potencial, algo que también nos ocurre con el Citroën C4. La ausencia de pedal de embrague, por su parte, nos evitará un trabajo considerable en situaciones de tráfico urbano o atascos, tanto en modo automático, como en la mucho más gratificante utilización manual —como en todos los robotizados—, ya sea por medio de las levas del volante o desde la propia palanca selectora. Con esta transmisión todo son ventajas en uso cotidiano.

Por otro lado, su comportamiento resulta de lo más equilibrado, fácil y efectivo. Sólo la dirección, con un retorno intenso y algo artificial en apoyos fuertes, empaña un poco el tacto general del conjunto. Además, en autopista obliga a realizar alguna que otra corrección al circular en línea recta. La relación entre efectividad dinámica y confort sigue estando entre los puntos fuertes del modelo francés, que presenta un tarado de suspensiones intachable y muy buen confort de bacheo, al menos cuando es el conductor el único ocupante del vehículo. Cuando va cargado la cosa cambia, ya que se nota más duro si el asfalto no está en buen estado.

El habitáculo está resuelto con buenos materiales y cuenta con un diseño actual. Quizá la inclinada consola nos aleja de algunos mandos, pero no se le pueden poner pegas. Los asientos delanteros recogen muy bien el cuerpo y son las plazas en las que hay más anchura disponible de toda la comparativa; no destacan, sin embargo, en la altura máxima hasta el techo. Al sentarnos detrás, la sensación de espacio es buena, sobre todo lateralmente, pero no sobran centímetros para las piernas. Por último, el maletero es correcto por capacidad, ya que se sitúa en un punto medio frente a sus rivales, pero su boca de carga es la que está a mayor altura. Sigue siendo un gran coche, aunque algo caro.

Ford Focus 1.6 TDCi Econetic. Cumple lo que promete su definición ecológica: bajos consumos, mejores incluso que los del León Ecomotive. Comparte todo lo bueno de los 1.6 HDi franceses, pero el TDCi registra niveles de ruido ligeramente superiores. En su descargo, también es justo reconocer que, entre los tres modelos que comparten mecánica, sólo él lleva una transmisión de 5 marchas que, además, no peca por ser excesivamente larga, sino todo lo contrario.

El motor en cuestión tampoco parece el mismo “de siempre” de medio régimen en adelante, pero sí hasta esas 3.000 rpm que raramente necesitaremos superar. Arriba se nota más áspero, con menos tirón y capacidad de empuje, mientras que toda la elasticidad habitual sigue presente, redundando en excelentes ejercicios de recuperación en marchas largas, claramente mejores que los de los otros modelos del lote con caja manual equivalente: Golf y León.

En el Focus encontramos el habitáculo más equilibrado en términos de espacio. Esos centímetros adicionales de anchura sobre las plazas traseras, la generosa cota longitudinal y uno de los maleteros más amplios del segmento valen su peso en oro cuando se viaja en familia. Los acabados son sólidos, aunque esta definición peca de un aspecto demasiado austero —en parte por la combinación de tonos grises elegida— y exige poner la vista en los paquetes de equipamiento para enriquecer la dotación de origen, en la que, eso sí, está presente lo mínimo exigible en cuestiones de seguridad. Destacamos la valiosa presencia de una toma de 230 voltios en las plazas traseras.

Del chasis poco se puede añadir sobre lo conocido. Se adivina al volante un talante más deportivo que en cualquiera de los otros rivales, una modélica dirección que coloca al Focus en el vértice a golpe de muñeca y una zaga bien participativa en la agilidad que demuestra este compacto. La capacidad de absorción de sus suspensiones también es destacable, así como su total control sobre cualquier movimiento de carrocería, aunque no lo es tanto el aislamiento del habitáculo, resistiéndose al final la calidad de rodadura y el aislamiento del habitáculo.

Aunque el tiempo no pasa en balde, las mejoras que ha ido recibiendo el 308 a lo largo de su vida comercial se lo están poniendo difícil a rivales de más reciente aparición. Sigue siendo una alternativa en plena forma, un modelo dispuesto a codearse con los mejores y prueba de ello son sus contenidas cifras de consumo. Sin ser una de las tan de moda versiones “eco” presume de pertenecer al club de los 120 g/km, pero no por ello renuncia a otros aspectos como las prestaciones o el placer al volante, pues la respuesta de su motor es viva a casi cualquier régimen.

En combinación con el eficaz y confortable cambio de embrague robotizado CMP, de 6 velocidades, su conducción es todavía más ágil que con el manual de 5 relaciones, ya que las transiciones entre marchas son muy inmediatas, y más si activamos el modo Sport. Pero sobre todo, los desarrollos mejor escalonados permiten un mayor aprovechamiento de sus 110 CV y, aunque no quede reflejado en las cifras de prestaciones, es con el que tenemos la sensación de ir más rápido cuando queremos extraer todo su potencial, algo que también nos ocurre con el Citroën C4. La ausencia de pedal de embrague, por su parte, nos evitará un trabajo considerable en situaciones de tráfico urbano o atascos, tanto en modo automático, como en la mucho más gratificante utilización manual —como en todos los robotizados—, ya sea por medio de las levas del volante o desde la propia palanca selectora. Con esta transmisión todo son ventajas en uso cotidiano.

Por otro lado, su comportamiento resulta de lo más equilibrado, fácil y efectivo. Sólo la dirección, con un retorno intenso y algo artificial en apoyos fuertes, empaña un poco el tacto general del conjunto. Además, en autopista obliga a realizar alguna que otra corrección al circular en línea recta. La relación entre efectividad dinámica y confort sigue estando entre los puntos fuertes del modelo francés, que presenta un tarado de suspensiones intachable y muy buen confort de bacheo, al menos cuando es el conductor el único ocupante del vehículo. Cuando va cargado la cosa cambia, ya que se nota más duro si el asfalto no está en buen estado.

El habitáculo está resuelto con buenos materiales y cuenta con un diseño actual. Quizá la inclinada consola nos aleja de algunos mandos, pero no se le pueden poner pegas. Los asientos delanteros recogen muy bien el cuerpo y son las plazas en las que hay más anchura disponible de toda la comparativa; no destacan, sin embargo, en la altura máxima hasta el techo. Al sentarnos detrás, la sensación de espacio es buena, sobre todo lateralmente, pero no sobran centímetros para las piernas. Por último, el maletero es correcto por capacidad, ya que se sitúa en un punto medio frente a sus rivales, pero su boca de carga es la que está a mayor altura. Sigue siendo un gran coche, aunque algo caro.

Ford Focus 1.6 TDCi Econetic. Cumple lo que promete su definición ecológica: bajos consumos, mejores incluso que los del León Ecomotive. Comparte todo lo bueno de los 1.6 HDi franceses, pero el TDCi registra niveles de ruido ligeramente superiores. En su descargo, también es justo reconocer que, entre los tres modelos que comparten mecánica, sólo él lleva una transmisión de 5 marchas que, además, no peca por ser excesivamente larga, sino todo lo contrario.

El motor en cuestión tampoco parece el mismo “de siempre” de medio régimen en adelante, pero sí hasta esas 3.000 rpm que raramente necesitaremos superar. Arriba se nota más áspero, con menos tirón y capacidad de empuje, mientras que toda la elasticidad habitual sigue presente, redundando en excelentes ejercicios de recuperación en marchas largas, claramente mejores que los de los otros modelos del lote con caja manual equivalente: Golf y León.

En el Focus encontramos el habitáculo más equilibrado en términos de espacio. Esos centímetros adicionales de anchura sobre las plazas traseras, la generosa cota longitudinal y uno de los maleteros más amplios del segmento valen su peso en oro cuando se viaja en familia. Los acabados son sólidos, aunque esta definición peca de un aspecto demasiado austero —en parte por la combinación de tonos grises elegida— y exige poner la vista en los paquetes de equipamiento para enriquecer la dotación de origen, en la que, eso sí, está presente lo mínimo exigible en cuestiones de seguridad. Destacamos la valiosa presencia de una toma de 230 voltios en las plazas traseras.

Del chasis poco se puede añadir sobre lo conocido. Se adivina al volante un talante más deportivo que en cualquiera de los otros rivales, una modélica dirección que coloca al Focus en el vértice a golpe de muñeca y una zaga bien participativa en la agilidad que demuestra este compacto. La capacidad de absorción de sus suspensiones también es destacable, así como su total control sobre cualquier movimiento de carrocería, aunque no lo es tanto el aislamiento del habitáculo, resistiéndose al final la calidad de rodadura y el aislamiento del habitáculo.

Aunque el tiempo no pasa en balde, las mejoras que ha ido recibiendo el 308 a lo largo de su vida comercial se lo están poniendo difícil a rivales de más reciente aparición. Sigue siendo una alternativa en plena forma, un modelo dispuesto a codearse con los mejores y prueba de ello son sus contenidas cifras de consumo. Sin ser una de las tan de moda versiones “eco” presume de pertenecer al club de los 120 g/km, pero no por ello renuncia a otros aspectos como las prestaciones o el placer al volante, pues la respuesta de su motor es viva a casi cualquier régimen.

En combinación con el eficaz y confortable cambio de embrague robotizado CMP, de 6 velocidades, su conducción es todavía más ágil que con el manual de 5 relaciones, ya que las transiciones entre marchas son muy inmediatas, y más si activamos el modo Sport. Pero sobre todo, los desarrollos mejor escalonados permiten un mayor aprovechamiento de sus 110 CV y, aunque no quede reflejado en las cifras de prestaciones, es con el que tenemos la sensación de ir más rápido cuando queremos extraer todo su potencial, algo que también nos ocurre con el Citroën C4. La ausencia de pedal de embrague, por su parte, nos evitará un trabajo considerable en situaciones de tráfico urbano o atascos, tanto en modo automático, como en la mucho más gratificante utilización manual —como en todos los robotizados—, ya sea por medio de las levas del volante o desde la propia palanca selectora. Con esta transmisión todo son ventajas en uso cotidiano.

Por otro lado, su comportamiento resulta de lo más equilibrado, fácil y efectivo. Sólo la dirección, con un retorno intenso y algo artificial en apoyos fuertes, empaña un poco el tacto general del conjunto. Además, en autopista obliga a realizar alguna que otra corrección al circular en línea recta. La relación entre efectividad dinámica y confort sigue estando entre los puntos fuertes del modelo francés, que presenta un tarado de suspensiones intachable y muy buen confort de bacheo, al menos cuando es el conductor el único ocupante del vehículo. Cuando va cargado la cosa cambia, ya que se nota más duro si el asfalto no está en buen estado.

El habitáculo está resuelto con buenos materiales y cuenta con un diseño actual. Quizá la inclinada consola nos aleja de algunos mandos, pero no se le pueden poner pegas. Los asientos delanteros recogen muy bien el cuerpo y son las plazas en las que hay más anchura disponible de toda la comparativa; no destacan, sin embargo, en la altura máxima hasta el techo. Al sentarnos detrás, la sensación de espacio es buena, sobre todo lateralmente, pero no sobran centímetros para las piernas. Por último, el maletero es correcto por capacidad, ya que se sitúa en un punto medio frente a sus rivales, pero su boca de carga es la que está a mayor altura. Sigue siendo un gran coche, aunque algo caro.

Ford Focus 1.6 TDCi Econetic. Cumple lo que promete su definición ecológica: bajos consumos, mejores incluso que los del León Ecomotive. Comparte todo lo bueno de los 1.6 HDi franceses, pero el TDCi registra niveles de ruido ligeramente superiores. En su descargo, también es justo reconocer que, entre los tres modelos que comparten mecánica, sólo él lleva una transmisión de 5 marchas que, además, no peca por ser excesivamente larga, sino todo lo contrario.

El motor en cuestión tampoco parece el mismo “de siempre” de medio régimen en adelante, pero sí hasta esas 3.000 rpm que raramente necesitaremos superar. Arriba se nota más áspero, con menos tirón y capacidad de empuje, mientras que toda la elasticidad habitual sigue presente, redundando en excelentes ejercicios de recuperación en marchas largas, claramente mejores que los de los otros modelos del lote con caja manual equivalente: Golf y León.

En el Focus encontramos el habitáculo más equilibrado en términos de espacio. Esos centímetros adicionales de anchura sobre las plazas traseras, la generosa cota longitudinal y uno de los maleteros más amplios del segmento valen su peso en oro cuando se viaja en familia. Los acabados son sólidos, aunque esta definición peca de un aspecto demasiado austero —en parte por la combinación de tonos grises elegida— y exige poner la vista en los paquetes de equipamiento para enriquecer la dotación de origen, en la que, eso sí, está presente lo mínimo exigible en cuestiones de seguridad. Destacamos la valiosa presencia de una toma de 230 voltios en las plazas traseras.

Del chasis poco se puede añadir sobre lo conocido. Se adivina al volante un talante más deportivo que en cualquiera de los otros rivales, una modélica dirección que coloca al Focus en el vértice a golpe de muñeca y una zaga bien participativa en la agilidad que demuestra este compacto. La capacidad de absorción de sus suspensiones también es destacable, así como su total control sobre cualquier movimiento de carrocería, aunque no lo es tanto el aislamiento del habitáculo, resistiéndose al final la calidad de rodadura y el aislamiento del habitáculo.

Aunque el tiempo no pasa en balde, las mejoras que ha ido recibiendo el 308 a lo largo de su vida comercial se lo están poniendo difícil a rivales de más reciente aparición. Sigue siendo una alternativa en plena forma, un modelo dispuesto a codearse con los mejores y prueba de ello son sus contenidas cifras de consumo. Sin ser una de las tan de moda versiones “eco” presume de pertenecer al club de los 120 g/km, pero no por ello renuncia a otros aspectos como las prestaciones o el placer al volante, pues la respuesta de su motor es viva a casi cualquier régimen.

En combinación con el eficaz y confortable cambio de embrague robotizado CMP, de 6 velocidades, su conducción es todavía más ágil que con el manual de 5 relaciones, ya que las transiciones entre marchas son muy inmediatas, y más si activamos el modo Sport. Pero sobre todo, los desarrollos mejor escalonados permiten un mayor aprovechamiento de sus 110 CV y, aunque no quede reflejado en las cifras de prestaciones, es con el que tenemos la sensación de ir más rápido cuando queremos extraer todo su potencial, algo que también nos ocurre con el Citroën C4. La ausencia de pedal de embrague, por su parte, nos evitará un trabajo considerable en situaciones de tráfico urbano o atascos, tanto en modo automático, como en la mucho más gratificante utilización manual —como en todos los robotizados—, ya sea por medio de las levas del volante o desde la propia palanca selectora. Con esta transmisión todo son ventajas en uso cotidiano.

Por otro lado, su comportamiento resulta de lo más equilibrado, fácil y efectivo. Sólo la dirección, con un retorno intenso y algo artificial en apoyos fuertes, empaña un poco el tacto general del conjunto. Además, en autopista obliga a realizar alguna que otra corrección al circular en línea recta. La relación entre efectividad dinámica y confort sigue estando entre los puntos fuertes del modelo francés, que presenta un tarado de suspensiones intachable y muy buen confort de bacheo, al menos cuando es el conductor el único ocupante del vehículo. Cuando va cargado la cosa cambia, ya que se nota más duro si el asfalto no está en buen estado.

El habitáculo está resuelto con buenos materiales y cuenta con un diseño actual. Quizá la inclinada consola nos aleja de algunos mandos, pero no se le pueden poner pegas. Los asientos delanteros recogen muy bien el cuerpo y son las plazas en las que hay más anchura disponible de toda la comparativa; no destacan, sin embargo, en la altura máxima hasta el techo. Al sentarnos detrás, la sensación de espacio es buena, sobre todo lateralmente, pero no sobran centímetros para las piernas. Por último, el maletero es correcto por capacidad, ya que se sitúa en un punto medio frente a sus rivales, pero su boca de carga es la que está a mayor altura. Sigue siendo un gran coche, aunque algo caro.

Ford Focus 1.6 TDCi Econetic. Cumple lo que promete su definición ecológica: bajos consumos, mejores incluso que los del León Ecomotive. Comparte todo lo bueno de los 1.6 HDi franceses, pero el TDCi registra niveles de ruido ligeramente superiores. En su descargo, también es justo reconocer que, entre los tres modelos que comparten mecánica, sólo él lleva una transmisión de 5 marchas que, además, no peca por ser excesivamente larga, sino todo lo contrario.

El motor en cuestión tampoco parece el mismo “de siempre” de medio régimen en adelante, pero sí hasta esas 3.000 rpm que raramente necesitaremos superar. Arriba se nota más áspero, con menos tirón y capacidad de empuje, mientras que toda la elasticidad habitual sigue presente, redundando en excelentes ejercicios de recuperación en marchas largas, claramente mejores que los de los otros modelos del lote con caja manual equivalente: Golf y León.

En el Focus encontramos el habitáculo más equilibrado en términos de espacio. Esos centímetros adicionales de anchura sobre las plazas traseras, la generosa cota longitudinal y uno de los maleteros más amplios del segmento valen su peso en oro cuando se viaja en familia. Los acabados son sólidos, aunque esta definición peca de un aspecto demasiado austero —en parte por la combinación de tonos grises elegida— y exige poner la vista en los paquetes de equipamiento para enriquecer la dotación de origen, en la que, eso sí, está presente lo mínimo exigible en cuestiones de seguridad. Destacamos la valiosa presencia de una toma de 230 voltios en las plazas traseras.

Del chasis poco se puede añadir sobre lo conocido. Se adivina al volante un talante más deportivo que en cualquiera de los otros rivales, una modélica dirección que coloca al Focus en el vértice a golpe de muñeca y una zaga bien participativa en la agilidad que demuestra este compacto. La capacidad de absorción de sus suspensiones también es destacable, así como su total control sobre cualquier movimiento de carrocería, aunque no lo es tanto el aislamiento del habitáculo, resistiéndose al final la calidad de rodadura y el aislamiento del habitáculo.

Aunque el tiempo no pasa en balde, las mejoras que ha ido recibiendo el 308 a lo largo de su vida comercial se lo están poniendo difícil a rivales de más reciente aparición. Sigue siendo una alternativa en plena forma, un modelo dispuesto a codearse con los mejores y prueba de ello son sus contenidas cifras de consumo. Sin ser una de las tan de moda versiones “eco” presume de pertenecer al club de los 120 g/km, pero no por ello renuncia a otros aspectos como las prestaciones o el placer al volante, pues la respuesta de su motor es viva a casi cualquier régimen.

En combinación con el eficaz y confortable cambio de embrague robotizado CMP, de 6 velocidades, su conducción es todavía más ágil que con el manual de 5 relaciones, ya que las transiciones entre marchas son muy inmediatas, y más si activamos el modo Sport. Pero sobre todo, los desarrollos mejor escalonados permiten un mayor aprovechamiento de sus 110 CV y, aunque no quede reflejado en las cifras de prestaciones, es con el que tenemos la sensación de ir más rápido cuando queremos extraer todo su potencial, algo que también nos ocurre con el Citroën C4. La ausencia de pedal de embrague, por su parte, nos evitará un trabajo considerable en situaciones de tráfico urbano o atascos, tanto en modo automático, como en la mucho más gratificante utilización manual —como en todos los robotizados—, ya sea por medio de las levas del volante o desde la propia palanca selectora. Con esta transmisión todo son ventajas en uso cotidiano.

Por otro lado, su comportamiento resulta de lo más equilibrado, fácil y efectivo. Sólo la dirección, con un retorno intenso y algo artificial en apoyos fuertes, empaña un poco el tacto general del conjunto. Además, en autopista obliga a realizar alguna que otra corrección al circular en línea recta. La relación entre efectividad dinámica y confort sigue estando entre los puntos fuertes del modelo francés, que presenta un tarado de suspensiones intachable y muy buen confort de bacheo, al menos cuando es el conductor el único ocupante del vehículo. Cuando va cargado la cosa cambia, ya que se nota más duro si el asfalto no está en buen estado.

El habitáculo está resuelto con buenos materiales y cuenta con un diseño actual. Quizá la inclinada consola nos aleja de algunos mandos, pero no se le pueden poner pegas. Los asientos delanteros recogen muy bien el cuerpo y son las plazas en las que hay más anchura disponible de toda la comparativa; no destacan, sin embargo, en la altura máxima hasta el techo. Al sentarnos detrás, la sensación de espacio es buena, sobre todo lateralmente, pero no sobran centímetros para las piernas. Por último, el maletero es correcto por capacidad, ya que se sitúa en un punto medio frente a sus rivales, pero su boca de carga es la que está a mayor altura. Sigue siendo un gran coche, aunque algo caro.

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