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Opel Astra 1.7 CDTi Sport 125

No sólo corregido, sino mejorado y aumentado. El nuevo Opel Astra se convierte en una pieza clave en su segmento por méritos propios, pero muy especialmente por su buen comportamiento, alto confort y elevada percepción de calidad. Su motor 1.7 CDTi también evoluciona un grado en refinamiento y, salvo por puntuales detalles, se convierte en un peso pesado dentro de su gama.
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Opel Astra 1.7 CDTi Sport 125
Opel Astra 1.7 CDTi Sport 125

Gran confort interior, chasis de excelente comportamiento, ergonomía (¡cómo ha mejorado esta generación en este aspecto!), alta calidad de ejecución, facilidad de conducción. Ya demostró dar el do de pecho en pruebas anteriores y ahora lo ratifica una vez más una de las versiones intermedias de su portfolio, la que será, según la propia marca, una de las más demandadas. El 1.7 CDTi sometido a prueba, con 125 CV “de batalla” , cuenta con el valor añadido de ser más potente que las habituales versiones turbodiesel de 105/110 CV de otras marcas. No obstante, Opel también ofrece un 1.7 CDT-110 para rivalizar directamente con ellos. Además, la marca alemana también usa la misma política frente a los “clásicos” dos litros en el entorno de los 140 CV —el Astra se desmarca ofreciendo un 2.0 CDTi de 160 CV—.

Se trata del conocido motor ya usado en la anterior generación, hecho por Isuzu, pero evolucionado una y otra vez por Opel. Una de esas mejoras deriva en un superior refinamiento, pero levantas la cápsula fonoabsorbente del motor y empiezas a encontrar otro tipo de mejoras: hay mucho más material aislante que antes. También el capó llega ahora con un espeso recubrimiento interior, del mismo modo que el nuevo subchasis delantero aporta un enclavamiento más eficiente de la mecánica que antaño. Menos ruido, menos vibraciones y asperezas. No es una unidad de las de ultimísima generación como la que usa sus más directos competidores —1.6 de PSA, su homólogo de VW, el de Kia/Hyundai, con idéntica cilindrada, o el 1.5 dCi de Renault, entre los motores destacables—, tal vez por ello el primer arranque de la mañana pone de manifiesto su principal talón de Aquiles: su funcionamiento en frío. Pero se le puede perdonar por lo que viene minutos después, tan pronto como alcanza su temperatura óptima de funcionamiento.

Ya sea a velocidad estabilizada o cuando se recurre con crudeza al acelerador, la intrusión del motor en el habitáculo es mínima, proporcionando un elevado confort. Tal vez ese sea el aspecto más destacable, toda vez que sus 125 CV no le valen para poner firmes a todo ese núcleo de competidores con mecánicas menos potentes que él. A pesar de ello, sí es justo reconocer que si bien el Astra no es más rápido que la competencia, tampoco es mucho más lento que ellos. Las diferencias, aprovechando al cien por cien la mecánica, se ciñen a la décima y no son de peso, y en conducción “normal” resultan realmente inapreciables.

La causa —o una de ellas— de que el potencial del Astra no se manifieste en su totalidad es el peso, bastante alto. En eso sí tiene el dudoso honor de distanciarse de la competencia directa. Su chasis, o mejor dicho, su comportamiento no se resentirá, pero el motor sí. Compromete ligeramente la capacidad de recuperación —además de kilos, los desarrollos no son especialmente cortos— y, sobre todo, penaliza los consumos. Estabiliza en carretera una cifra entre 0,7 l/100 km y 1,3 l/100 km superior a los modelos más ahorradores de la categoría, diferencias que se mantienen al promediar los tres exigentes circuitos, incluyendo la rigurosa ciudad.

Su funcionamiento viene condicionado por un sobrerrégimen poco contundente superadas las 4.000 rpm —¿quién necesita acercarse hasta ahí?— y su mejor zona de trabajo, según su curva de rendimiento, se concentra entre unas 1.800 y 3.800 rpm; esto es, 2.000 revoluciones óptimas teóricas. Pero en la práctica no falta buena progresividad —en caliente— en su respuesta ni exige una especial atención para evitar que caiga en el vacío, porque su cilindrada entonces sí es un valor añadido cuando el motor se ve obligado a funcionar en su extremo inferior. La sexta relación queda algo descolgada del resto, siendo adecuada para llanear en terreno fácil, pero no para un adelantamiento de “urgencia” . Afortunadamente, el cambio de marchas es una delicia por tacto, precisión y, en esta generación, también por su emplazamiento.

Volviendo al tema de los kilos, cabe citar que su chasis los asimila sin la más mínima dificultad, más cuando llega asociado al 'Flex Ride', la suspensión pilotada opcional. Suspensiones, motor o dirección se pueden configurar de forma individualizada para combinar, por ejemplo, un tacto “directo” del acelerador con una amortiguación flexible y “absorbente”. A la carta, pero sin llegar a los extremos de la anterior generación. Incluso su modo Sport ofrece un gran trato a los ocupantes, y no sólo mejores sensaciones al conductor. Metido en líos, en cambios de ritmo y severos apoyos, vuelve a sorprender esa “adaptabilidad” de su suspensión, pero aún más la precisión con la que el eje delantero marca el camino y digiere la potencia o la ligerísima participación del tren posterior para sumar un puntito de agilidad a la rigurosidad del Astra en su pisar. Es un extra que hace especial al compacto de Opel entre sus iguales, aunque con su amortiguación normal de serie también goza de un comportamiento excelente. Tampoco faltan buenos frenos ni una electrónica de actuación prácticamente invisible que corrige con eficiencia, pensando por igual en seguridad y dinamismo.

El conjunto lo remata un interior con buena presencia y rigor en los acabados, aderezado con un diseño apetecible a la vista. El equipamiento es completísimo, se desmarca con algunos elementos de 'coche grande', como el lector de señales 'Opel Eye', y, aunque no es el coche más habitable de la categoría ni el de mejor acceso, ofrece un interior de cotas más que aceptables. Por unos seiscientos euros menos, la versión de 110 CV de este mismo bloque es sólo un poco menos rápida, aunque también muy satisfactoria en las condiciones de utilización ya estandarizadas en nuestras carreteras.

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