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Opel Ampera

Cada vez oirás hablar más de ellos: eléctricos de autonomía extendida. El Opel Ampera es uno de sus primeros y principales representantes. Hemos tenido la oportunidad de probarlo durante una semana y, precio aparte, el Ampera nos ha resultado el coche alternativo más realista del momento.
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Opel Ampera
Opel Ampera

Agotada la autonomía eléctrica y con un largo trayecto por de­lante, el Ampera saca su «as de la manga» para rendir como el más con­vencional de los coches, sin limitaciones seriamente cuestionables. Y hablamos de circular despreocupadamente a 150 km/h o adelantar tráfico lento con la solvencia necesaria. Su autonomía extendida promete más de 500 km, 60 de carga eléctrica y 450 km provenientes de la producción de kilowatios a partir de los 35 litros de gasolina que dispone su motor térmico.

 Automática e imper­ceptiblemente, el Ampera pasa de modo eléctrico a extendido. En ese momento, responde con las mismas maneras que en modo eléctrico, porque así sigue funcionando. En modo extendido la ba­tería aun conserva un 20 por ciento de su carga, con la que el motor eléctrico sigue alimentándose. El motor térmico se ocupa de mantener estable ese 20 por ciento y se pone en marcha sólo en fun­ción a los kilowatios que gastemos. Hay casos, como tras una larga deceleración regenerativa, que se puede apagar el mo­tor y volver, momentáneamente, al des­plazamiento puramente eléctrico.

Un inapreciable régimen preestable­cido de 2.000 rpm, basta para que pro­duzca la energía que el Ampera necesita para moverse por ciudad y carretera a velocidades estables legales. Tras relan­zamientos o adelantamientos, momentáneamente el motor de gasolina sube su régimen hasta un máximo de 4.800 rpm, para recuperar lo más rápido posible ese 20 por ciento de carga de la batería. Todo sucede con normalidad, salvo por una acústica del motor de gasolina, que al no corresponder a nuestras intenciones sobre el acelerador y variar su régimen a su voluntad, nos lleva a extrañarlo. Y so­bre todo, porque en modo eléctrico nos habíamos olvidado de él.

Sensaciones al margen, lo que nos in­teresa es que se desenvuelve en carretera muy bien bajo una conducción normali­zada. Se adapta peor a demandas eleva­das de velocidad por mucho tiempo (más de 4 kilómetros a velocidad máxima en autopista) o a muy largos y pronuncia­dos repechos, donde se puede dar el caso que agote completamente la reserva de la batería y no sea capaz el motor térmico de generar más de lo que consume el motor eléctrico. En ese caso, el Ampera pasa a un modo de trabajo de reducción de potencia y se puede sentir inframoto­rizado, a expensas únicamente de los 72 CV del motor eléctrico movido por el de gasolina. Para evitar esto en la medida de lo posible, dispone de un programa de montaña que aconseja activarlo unos kilómetros antes de llegar a un puerto para recargar más la batería. Ha sido una situación rebuscada en nuestra zona geográfica, pero no irreal.

También podemos rebuscar otras si­tuaciones donde la eficiencia del Ampera puede ser asombrosa. La carga eléctrica de la red doméstica se puede retener para utilizarla cuando queramos, donde más cunda. Es una opción para quien vive en el extrarradio y debe entrar a la ciudad para trabajar. Otra opción es re­servarla para terrenos de carretera muy favorables, donde hemos sido capaces de recorrer 16 kilómetros a ritmo rápido y ganar tres de autonomía.

Menos brillantes parecen sus consu­mos de gasolina en modo extendido (7 litros en autopista y ciudad), tomando las referencias de turbodiesel equiva­lentes y el referente Prius. En parte, por su elevado peso de 1.718 kilos, una me­dia de 300 kilos más que un coche de similar tamaño y prestación. Y segura­mente, por un motor térmico sin un desarrollo específico (su tetracilíndrico proviene de la gama Corsa) para su papel de motor estacionario.

Frente a un Prius (no confundir su tecnología híbrida con la del Ampera), nos ha gustado mucho más el comportamiento del Opel que el del Toyota, tanto por confort general como por el dinamismo que podemos imprimir a su conducción, aunque es cierto que quizá no sean coches que se presten a un uso muy dinámico. Pero el Ampera resulta un coche más sólido de pisada y con un bacheo de mayor calidad. Su dirección tiene un mejor tacto y su guiado resulta más preciso, así como los pasos por curva a velocidades elevadas. El Ampera se siente bajo (el acceso al habitáculo lo constata y los roces del faldón delantero con los reductores de velocidad) en busca de una mayor eficiencia aerodinámica (Cx de 0,27), y aún con un peso elevado, su centro de gravedad naturaliza mucho su comportamiento general.

No sólo por su autonomía extendida el Ampera es un coche que no evita los largos desplazamientos. Su comportamiento en carretera es de coche elaborado, bien hecho, muy bien presentado por dentro y resolutivo como vehículo familiar, si sus dos plazas traseras y su maletero de «Corsa» cumplen con nuestras expectativas.

- Consideraciones previas

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