Nissan Tiida 1.5 dCi

Practicidad y comodidad envueltas en una carrocería compacta y manejable son sus armas. Todo lo demás es secundario en este modelo de Nissan que se convierte en sustituto natural del Almera.
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Nissan Tiida 1.5 dCi
Nissan Tiida 1.5 dCi

Todo lo contrario ocurre con la dirección, que no informa nada, es pesada cuando se le exigen movimientos rápidos y resulta algo extraña y artificial, lo que denota su asistencia eléctrica poco evolucionada. Con 3,5 vueltas entre topes, también es poco directa y obliga a girar el volante más de lo habitual al doblar esquinas. Además, la parte central de su recorrido es algo imprecisa. Por otro lado, en caso de que la carretera esté muy deteriorada, puede dar algún tirón si pasamos sobre un bache mientras estamos acelerando con el volante girado.

La plataforma es la misma que emplea el Nissan Note o los Renault Clio y Modus, pero convenientemente adaptada y con un tarado de la suspensión muy suave. Debido a esto, la carrocería balancea bastante en curva, y cuando la carretera presenta ondulaciones se degrada mucho el comportamiento y las órdenes del volante no se acometen con el rigor que cabría esperar. No da confianza como para mantener ritmos ágiles, y si queremos conseguir una precisión impecable en el trazado de una curva es necesario moderar la velocidad más de la cuenta. Incluso en autopista y por debajo de las velocidades legales no transmite excesiva sensación de aplomo al realizar un cambio brusco de carril, por lo que podemos sacar la conclusión de que es un coche para ir muy tranquilo y de reacciones algo lentas.

Sobre asfalto en perfecto estado las cosas mejoran considerablemente, aunque los límites dinámicos del bastidor son discretos en comparación con sus rivales del mismo segmento, que en general son más eficaces. La tendencia en situaciones comprometidas es a que el morro derive, aunque de manera progresiva y que podríamos calificar de noble por la ausencia de brusquedad. El tren trasero va más asentado que el delantero, lo que evita mayores complicaciones al conductor, y pocas veces redondea los giros. Aun así, la presencia del programa electrónico de estabilidad (ESP) sería tranquilizadora, pero es un elemento que solamente está disponible en el acabado más alto de la gama, denominado Tekna, el cual incorpora algo más de equipamiento —llave inteligente, cargador de CD’s, control de crucero...— y eleva el precio hasta los 20.100 euros. En frenadas fuertes el ABS se activa demasiado pronto y lo mismo ocurre cuando hay pequeños baches, que hacen que el sistema salte antes de tiempo y se alargue la distancia de frenada.

Como cualidad positiva, el diámetro de giro es contenido (10,4 metros), de hecho el Tiida es un coche sumamente maniobrable en garajes y zonas urbanas, que es quizá donde resulta más satisfactorio. En este caso la suspensión filtra cualquier bache con total eficacia y el carácter del motor se muestra de lo más apropiado. En definitiva, es un coche cómodo y de corte tradicional, con consumos contenidos y un interior lleno de posibilidades. Lástima que su precio no sea tan interesante.

Una vez en marcha el motor hace poco ruido, tan poco que hasta el climatizador se deja oír más de lo normal. Incluso desde fuera del coche y en frío es más silencioso que otros turbodiesel. Sin embargo, deja de serlo cuando aceleramos, y no tanto por el nivel sonoro, sino por la calidad del ruido, sobre todo por debajo de 80 km/h.

Confort maximizado

Todo lo contrario ocurre con la dirección, que no informa nada, es pesada cuando se le exigen movimientos rápidos y resulta algo extraña y artificial, lo que denota su asistencia eléctrica poco evolucionada. Con 3,5 vueltas entre topes, también es poco directa y obliga a girar el volante más de lo habitual al doblar esquinas. Además, la parte central de su recorrido es algo imprecisa. Por otro lado, en caso de que la carretera esté muy deteriorada, puede dar algún tirón si pasamos sobre un bache mientras estamos acelerando con el volante girado.

La plataforma es la misma que emplea el Nissan Note o los Renault Clio y Modus, pero convenientemente adaptada y con un tarado de la suspensión muy suave. Debido a esto, la carrocería balancea bastante en curva, y cuando la carretera presenta ondulaciones se degrada mucho el comportamiento y las órdenes del volante no se acometen con el rigor que cabría esperar. No da confianza como para mantener ritmos ágiles, y si queremos conseguir una precisión impecable en el trazado de una curva es necesario moderar la velocidad más de la cuenta. Incluso en autopista y por debajo de las velocidades legales no transmite excesiva sensación de aplomo al realizar un cambio brusco de carril, por lo que podemos sacar la conclusión de que es un coche para ir muy tranquilo y de reacciones algo lentas.

Sobre asfalto en perfecto estado las cosas mejoran considerablemente, aunque los límites dinámicos del bastidor son discretos en comparación con sus rivales del mismo segmento, que en general son más eficaces. La tendencia en situaciones comprometidas es a que el morro derive, aunque de manera progresiva y que podríamos calificar de noble por la ausencia de brusquedad. El tren trasero va más asentado que el delantero, lo que evita mayores complicaciones al conductor, y pocas veces redondea los giros. Aun así, la presencia del programa electrónico de estabilidad (ESP) sería tranquilizadora, pero es un elemento que solamente está disponible en el acabado más alto de la gama, denominado Tekna, el cual incorpora algo más de equipamiento —llave inteligente, cargador de CD’s, control de crucero...— y eleva el precio hasta los 20.100 euros. En frenadas fuertes el ABS se activa demasiado pronto y lo mismo ocurre cuando hay pequeños baches, que hacen que el sistema salte antes de tiempo y se alargue la distancia de frenada.

Como cualidad positiva, el diámetro de giro es contenido (10,4 metros), de hecho el Tiida es un coche sumamente maniobrable en garajes y zonas urbanas, que es quizá donde resulta más satisfactorio. En este caso la suspensión filtra cualquier bache con total eficacia y el carácter del motor se muestra de lo más apropiado. En definitiva, es un coche cómodo y de corte tradicional, con consumos contenidos y un interior lleno de posibilidades. Lástima que su precio no sea tan interesante.

Una vez en marcha el motor hace poco ruido, tan poco que hasta el climatizador se deja oír más de lo normal. Incluso desde fuera del coche y en frío es más silencioso que otros turbodiesel. Sin embargo, deja de serlo cuando aceleramos, y no tanto por el nivel sonoro, sino por la calidad del ruido, sobre todo por debajo de 80 km/h.

Confort maximizado

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