Nissan Qashqai, Scénic Adventure, Altea Freetrack y Cross Golf

Con su pretendida estética de todocamino, pero con una limitación técnica a causa de su tracción exclusiva a las ruedas delanteras, estos cuatro aprendices de TT dan el pego visual pero no conviene que se alejen mucho del asfalto para no encontrar con rapidez sus límites de utilización.
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Nissan Qashqai, Scénic Adventure, Altea Freetrack y Cross Golf
Nissan Qashqai, Scénic Adventure, Altea Freetrack y Cross Golf

Es curioso comprobar como desde todas las órbitas el destino todocamino está siendo válido para buen número de fabricantes. Entre nuestros cuatro protagonistas tenemos tres enfoques con diferentes orígenes que acaban convergiendo en una imagen de “fuera de carretera” que no debe llevar a engaño a quien se sienta interesado por alguno de ellos.

Empezando por el Nissan, quizás nos encontramos con el ejemplo más curioso. Sencillamente, porque ni ellos mismos se han atrevido a establecer esa mágica conexión con el mundo del campo y, pese a que muchos espectadores asimilan al Qashqai con el todo terreno a causa de su imagen, sus creadores lo han destinado claramente al ámbito urbano y, por extensión, al asfalto en general. Y todo por una estética asimilada al mundo del “off road” y una versión 4x4 que, ¡ya me dirán ustedes a qué viene si los propios creadores envían al Qashqai a los bulevares de moda!

Otro origen curioso es el tomado por Renault, cuyo monovolumen Scénic recibe un “kit” de imagen y un apellido aventurero para desviar su genética familiar y enfocarse hacia derroteros más arriesgados, repletos de arena, piedras y excitantes momentos sin perder, por ello, la modularidad y practicidad inherentes a su origen.

En un enfoque similar estaría el Cross Golf, aunque el concepto inicial –Golf Plus- es el monovolumen visto desde una óptica más “turística” que el Renault. Y, por último, Seat acaba rizando el rizo de su Altea para crear otra variante sobre él y, si desde su nacimiento, este modelo ya nos pareció simplemente un turismo de techo alto, ahora, pese a ciertos guiños al monovolumen –carrocería alargada y asiento trasero deslizante, por ejemplo- no nos vamos a desdecir.

Este apartado debe dividirse en dos vertientes, dado el tipo de coches de los que hablamos, dirigiéndose al asfalto y fuera de él. Si empezamos por el hábitat natural de estos cuatro modelos –el asfalto, para quién lo dude- nos encontramos con personalidades bien diferentes. Los modelos con perfume francés –el Nissan, no hay que olvidar, habla este idioma- enfocan este apartado mirando de reojo al confort de marcha, mientras que los alemanes -¿qué decir de la genética de Seat?- tienen menos miramientos en este sentido.

Aún así, en carretera, nuestro preferido es el Nissan Qashqai. Su comportamiento puede que no sea tan directo y preciso como el del Seat, pero esto mismo no deja de ser una virtud desde otro punto de vista. Su mayor balanceo de carrocería y una cierta mayor tendencia al subviraje permite a su conductor una porción mínima más de tiempo para asegurar un trazado impecable.

Es curioso comprobar como desde todas las órbitas el destino todocamino está siendo válido para buen número de fabricantes. Entre nuestros cuatro protagonistas tenemos tres enfoques con diferentes orígenes que acaban convergiendo en una imagen de “fuera de carretera” que no debe llevar a engaño a quien se sienta interesado por alguno de ellos.

Empezando por el Nissan, quizás nos encontramos con el ejemplo más curioso. Sencillamente, porque ni ellos mismos se han atrevido a establecer esa mágica conexión con el mundo del campo y, pese a que muchos espectadores asimilan al Qashqai con el todo terreno a causa de su imagen, sus creadores lo han destinado claramente al ámbito urbano y, por extensión, al asfalto en general. Y todo por una estética asimilada al mundo del “off road” y una versión 4x4 que, ¡ya me dirán ustedes a qué viene si los propios creadores envían al Qashqai a los bulevares de moda!

Otro origen curioso es el tomado por Renault, cuyo monovolumen Scénic recibe un “kit” de imagen y un apellido aventurero para desviar su genética familiar y enfocarse hacia derroteros más arriesgados, repletos de arena, piedras y excitantes momentos sin perder, por ello, la modularidad y practicidad inherentes a su origen.

En un enfoque similar estaría el Cross Golf, aunque el concepto inicial –Golf Plus- es el monovolumen visto desde una óptica más “turística” que el Renault. Y, por último, Seat acaba rizando el rizo de su Altea para crear otra variante sobre él y, si desde su nacimiento, este modelo ya nos pareció simplemente un turismo de techo alto, ahora, pese a ciertos guiños al monovolumen –carrocería alargada y asiento trasero deslizante, por ejemplo- no nos vamos a desdecir.

Este apartado debe dividirse en dos vertientes, dado el tipo de coches de los que hablamos, dirigiéndose al asfalto y fuera de él. Si empezamos por el hábitat natural de estos cuatro modelos –el asfalto, para quién lo dude- nos encontramos con personalidades bien diferentes. Los modelos con perfume francés –el Nissan, no hay que olvidar, habla este idioma- enfocan este apartado mirando de reojo al confort de marcha, mientras que los alemanes -¿qué decir de la genética de Seat?- tienen menos miramientos en este sentido.

Aún así, en carretera, nuestro preferido es el Nissan Qashqai. Su comportamiento puede que no sea tan directo y preciso como el del Seat, pero esto mismo no deja de ser una virtud desde otro punto de vista. Su mayor balanceo de carrocería y una cierta mayor tendencia al subviraje permite a su conductor una porción mínima más de tiempo para asegurar un trazado impecable.

Es curioso comprobar como desde todas las órbitas el destino todocamino está siendo válido para buen número de fabricantes. Entre nuestros cuatro protagonistas tenemos tres enfoques con diferentes orígenes que acaban convergiendo en una imagen de “fuera de carretera” que no debe llevar a engaño a quien se sienta interesado por alguno de ellos.

Empezando por el Nissan, quizás nos encontramos con el ejemplo más curioso. Sencillamente, porque ni ellos mismos se han atrevido a establecer esa mágica conexión con el mundo del campo y, pese a que muchos espectadores asimilan al Qashqai con el todo terreno a causa de su imagen, sus creadores lo han destinado claramente al ámbito urbano y, por extensión, al asfalto en general. Y todo por una estética asimilada al mundo del “off road” y una versión 4x4 que, ¡ya me dirán ustedes a qué viene si los propios creadores envían al Qashqai a los bulevares de moda!

Otro origen curioso es el tomado por Renault, cuyo monovolumen Scénic recibe un “kit” de imagen y un apellido aventurero para desviar su genética familiar y enfocarse hacia derroteros más arriesgados, repletos de arena, piedras y excitantes momentos sin perder, por ello, la modularidad y practicidad inherentes a su origen.

En un enfoque similar estaría el Cross Golf, aunque el concepto inicial –Golf Plus- es el monovolumen visto desde una óptica más “turística” que el Renault. Y, por último, Seat acaba rizando el rizo de su Altea para crear otra variante sobre él y, si desde su nacimiento, este modelo ya nos pareció simplemente un turismo de techo alto, ahora, pese a ciertos guiños al monovolumen –carrocería alargada y asiento trasero deslizante, por ejemplo- no nos vamos a desdecir.

Este apartado debe dividirse en dos vertientes, dado el tipo de coches de los que hablamos, dirigiéndose al asfalto y fuera de él. Si empezamos por el hábitat natural de estos cuatro modelos –el asfalto, para quién lo dude- nos encontramos con personalidades bien diferentes. Los modelos con perfume francés –el Nissan, no hay que olvidar, habla este idioma- enfocan este apartado mirando de reojo al confort de marcha, mientras que los alemanes -¿qué decir de la genética de Seat?- tienen menos miramientos en este sentido.

Aún así, en carretera, nuestro preferido es el Nissan Qashqai. Su comportamiento puede que no sea tan directo y preciso como el del Seat, pero esto mismo no deja de ser una virtud desde otro punto de vista. Su mayor balanceo de carrocería y una cierta mayor tendencia al subviraje permite a su conductor una porción mínima más de tiempo para asegurar un trazado impecable.

Es curioso comprobar como desde todas las órbitas el destino todocamino está siendo válido para buen número de fabricantes. Entre nuestros cuatro protagonistas tenemos tres enfoques con diferentes orígenes que acaban convergiendo en una imagen de “fuera de carretera” que no debe llevar a engaño a quien se sienta interesado por alguno de ellos.

Empezando por el Nissan, quizás nos encontramos con el ejemplo más curioso. Sencillamente, porque ni ellos mismos se han atrevido a establecer esa mágica conexión con el mundo del campo y, pese a que muchos espectadores asimilan al Qashqai con el todo terreno a causa de su imagen, sus creadores lo han destinado claramente al ámbito urbano y, por extensión, al asfalto en general. Y todo por una estética asimilada al mundo del “off road” y una versión 4x4 que, ¡ya me dirán ustedes a qué viene si los propios creadores envían al Qashqai a los bulevares de moda!

Otro origen curioso es el tomado por Renault, cuyo monovolumen Scénic recibe un “kit” de imagen y un apellido aventurero para desviar su genética familiar y enfocarse hacia derroteros más arriesgados, repletos de arena, piedras y excitantes momentos sin perder, por ello, la modularidad y practicidad inherentes a su origen.

En un enfoque similar estaría el Cross Golf, aunque el concepto inicial –Golf Plus- es el monovolumen visto desde una óptica más “turística” que el Renault. Y, por último, Seat acaba rizando el rizo de su Altea para crear otra variante sobre él y, si desde su nacimiento, este modelo ya nos pareció simplemente un turismo de techo alto, ahora, pese a ciertos guiños al monovolumen –carrocería alargada y asiento trasero deslizante, por ejemplo- no nos vamos a desdecir.

Este apartado debe dividirse en dos vertientes, dado el tipo de coches de los que hablamos, dirigiéndose al asfalto y fuera de él. Si empezamos por el hábitat natural de estos cuatro modelos –el asfalto, para quién lo dude- nos encontramos con personalidades bien diferentes. Los modelos con perfume francés –el Nissan, no hay que olvidar, habla este idioma- enfocan este apartado mirando de reojo al confort de marcha, mientras que los alemanes -¿qué decir de la genética de Seat?- tienen menos miramientos en este sentido.

Aún así, en carretera, nuestro preferido es el Nissan Qashqai. Su comportamiento puede que no sea tan directo y preciso como el del Seat, pero esto mismo no deja de ser una virtud desde otro punto de vista. Su mayor balanceo de carrocería y una cierta mayor tendencia al subviraje permite a su conductor una porción mínima más de tiempo para asegurar un trazado impecable.

Es curioso comprobar como desde todas las órbitas el destino todocamino está siendo válido para buen número de fabricantes. Entre nuestros cuatro protagonistas tenemos tres enfoques con diferentes orígenes que acaban convergiendo en una imagen de “fuera de carretera” que no debe llevar a engaño a quien se sienta interesado por alguno de ellos.

Empezando por el Nissan, quizás nos encontramos con el ejemplo más curioso. Sencillamente, porque ni ellos mismos se han atrevido a establecer esa mágica conexión con el mundo del campo y, pese a que muchos espectadores asimilan al Qashqai con el todo terreno a causa de su imagen, sus creadores lo han destinado claramente al ámbito urbano y, por extensión, al asfalto en general. Y todo por una estética asimilada al mundo del “off road” y una versión 4x4 que, ¡ya me dirán ustedes a qué viene si los propios creadores envían al Qashqai a los bulevares de moda!

Otro origen curioso es el tomado por Renault, cuyo monovolumen Scénic recibe un “kit” de imagen y un apellido aventurero para desviar su genética familiar y enfocarse hacia derroteros más arriesgados, repletos de arena, piedras y excitantes momentos sin perder, por ello, la modularidad y practicidad inherentes a su origen.

En un enfoque similar estaría el Cross Golf, aunque el concepto inicial –Golf Plus- es el monovolumen visto desde una óptica más “turística” que el Renault. Y, por último, Seat acaba rizando el rizo de su Altea para crear otra variante sobre él y, si desde su nacimiento, este modelo ya nos pareció simplemente un turismo de techo alto, ahora, pese a ciertos guiños al monovolumen –carrocería alargada y asiento trasero deslizante, por ejemplo- no nos vamos a desdecir.

Este apartado debe dividirse en dos vertientes, dado el tipo de coches de los que hablamos, dirigiéndose al asfalto y fuera de él. Si empezamos por el hábitat natural de estos cuatro modelos –el asfalto, para quién lo dude- nos encontramos con personalidades bien diferentes. Los modelos con perfume francés –el Nissan, no hay que olvidar, habla este idioma- enfocan este apartado mirando de reojo al confort de marcha, mientras que los alemanes -¿qué decir de la genética de Seat?- tienen menos miramientos en este sentido.

Aún así, en carretera, nuestro preferido es el Nissan Qashqai. Su comportamiento puede que no sea tan directo y preciso como el del Seat, pero esto mismo no deja de ser una virtud desde otro punto de vista. Su mayor balanceo de carrocería y una cierta mayor tendencia al subviraje permite a su conductor una porción mínima más de tiempo para asegurar un trazado impecable.

Es curioso comprobar como desde todas las órbitas el destino todocamino está siendo válido para buen número de fabricantes. Entre nuestros cuatro protagonistas tenemos tres enfoques con diferentes orígenes que acaban convergiendo en una imagen de “fuera de carretera” que no debe llevar a engaño a quien se sienta interesado por alguno de ellos.

Empezando por el Nissan, quizás nos encontramos con el ejemplo más curioso. Sencillamente, porque ni ellos mismos se han atrevido a establecer esa mágica conexión con el mundo del campo y, pese a que muchos espectadores asimilan al Qashqai con el todo terreno a causa de su imagen, sus creadores lo han destinado claramente al ámbito urbano y, por extensión, al asfalto en general. Y todo por una estética asimilada al mundo del “off road” y una versión 4x4 que, ¡ya me dirán ustedes a qué viene si los propios creadores envían al Qashqai a los bulevares de moda!

Otro origen curioso es el tomado por Renault, cuyo monovolumen Scénic recibe un “kit” de imagen y un apellido aventurero para desviar su genética familiar y enfocarse hacia derroteros más arriesgados, repletos de arena, piedras y excitantes momentos sin perder, por ello, la modularidad y practicidad inherentes a su origen.

En un enfoque similar estaría el Cross Golf, aunque el concepto inicial –Golf Plus- es el monovolumen visto desde una óptica más “turística” que el Renault. Y, por último, Seat acaba rizando el rizo de su Altea para crear otra variante sobre él y, si desde su nacimiento, este modelo ya nos pareció simplemente un turismo de techo alto, ahora, pese a ciertos guiños al monovolumen –carrocería alargada y asiento trasero deslizante, por ejemplo- no nos vamos a desdecir.

Este apartado debe dividirse en dos vertientes, dado el tipo de coches de los que hablamos, dirigiéndose al asfalto y fuera de él. Si empezamos por el hábitat natural de estos cuatro modelos –el asfalto, para quién lo dude- nos encontramos con personalidades bien diferentes. Los modelos con perfume francés –el Nissan, no hay que olvidar, habla este idioma- enfocan este apartado mirando de reojo al confort de marcha, mientras que los alemanes -¿qué decir de la genética de Seat?- tienen menos miramientos en este sentido.

Aún así, en carretera, nuestro preferido es el Nissan Qashqai. Su comportamiento puede que no sea tan directo y preciso como el del Seat, pero esto mismo no deja de ser una virtud desde otro punto de vista. Su mayor balanceo de carrocería y una cierta mayor tendencia al subviraje permite a su conductor una porción mínima más de tiempo para asegurar un trazado impecable.

Es curioso comprobar como desde todas las órbitas el destino todocamino está siendo válido para buen número de fabricantes. Entre nuestros cuatro protagonistas tenemos tres enfoques con diferentes orígenes que acaban convergiendo en una imagen de “fuera de carretera” que no debe llevar a engaño a quien se sienta interesado por alguno de ellos.

Empezando por el Nissan, quizás nos encontramos con el ejemplo más curioso. Sencillamente, porque ni ellos mismos se han atrevido a establecer esa mágica conexión con el mundo del campo y, pese a que muchos espectadores asimilan al Qashqai con el todo terreno a causa de su imagen, sus creadores lo han destinado claramente al ámbito urbano y, por extensión, al asfalto en general. Y todo por una estética asimilada al mundo del “off road” y una versión 4x4 que, ¡ya me dirán ustedes a qué viene si los propios creadores envían al Qashqai a los bulevares de moda!

Otro origen curioso es el tomado por Renault, cuyo monovolumen Scénic recibe un “kit” de imagen y un apellido aventurero para desviar su genética familiar y enfocarse hacia derroteros más arriesgados, repletos de arena, piedras y excitantes momentos sin perder, por ello, la modularidad y practicidad inherentes a su origen.

En un enfoque similar estaría el Cross Golf, aunque el concepto inicial –Golf Plus- es el monovolumen visto desde una óptica más “turística” que el Renault. Y, por último, Seat acaba rizando el rizo de su Altea para crear otra variante sobre él y, si desde su nacimiento, este modelo ya nos pareció simplemente un turismo de techo alto, ahora, pese a ciertos guiños al monovolumen –carrocería alargada y asiento trasero deslizante, por ejemplo- no nos vamos a desdecir.

Este apartado debe dividirse en dos vertientes, dado el tipo de coches de los que hablamos, dirigiéndose al asfalto y fuera de él. Si empezamos por el hábitat natural de estos cuatro modelos –el asfalto, para quién lo dude- nos encontramos con personalidades bien diferentes. Los modelos con perfume francés –el Nissan, no hay que olvidar, habla este idioma- enfocan este apartado mirando de reojo al confort de marcha, mientras que los alemanes -¿qué decir de la genética de Seat?- tienen menos miramientos en este sentido.

Aún así, en carretera, nuestro preferido es el Nissan Qashqai. Su comportamiento puede que no sea tan directo y preciso como el del Seat, pero esto mismo no deja de ser una virtud desde otro punto de vista. Su mayor balanceo de carrocería y una cierta mayor tendencia al subviraje permite a su conductor una porción mínima más de tiempo para asegurar un trazado impecable.

Es curioso comprobar como desde todas las órbitas el destino todocamino está siendo válido para buen número de fabricantes. Entre nuestros cuatro protagonistas tenemos tres enfoques con diferentes orígenes que acaban convergiendo en una imagen de “fuera de carretera” que no debe llevar a engaño a quien se sienta interesado por alguno de ellos.

Empezando por el Nissan, quizás nos encontramos con el ejemplo más curioso. Sencillamente, porque ni ellos mismos se han atrevido a establecer esa mágica conexión con el mundo del campo y, pese a que muchos espectadores asimilan al Qashqai con el todo terreno a causa de su imagen, sus creadores lo han destinado claramente al ámbito urbano y, por extensión, al asfalto en general. Y todo por una estética asimilada al mundo del “off road” y una versión 4x4 que, ¡ya me dirán ustedes a qué viene si los propios creadores envían al Qashqai a los bulevares de moda!

Otro origen curioso es el tomado por Renault, cuyo monovolumen Scénic recibe un “kit” de imagen y un apellido aventurero para desviar su genética familiar y enfocarse hacia derroteros más arriesgados, repletos de arena, piedras y excitantes momentos sin perder, por ello, la modularidad y practicidad inherentes a su origen.

En un enfoque similar estaría el Cross Golf, aunque el concepto inicial –Golf Plus- es el monovolumen visto desde una óptica más “turística” que el Renault. Y, por último, Seat acaba rizando el rizo de su Altea para crear otra variante sobre él y, si desde su nacimiento, este modelo ya nos pareció simplemente un turismo de techo alto, ahora, pese a ciertos guiños al monovolumen –carrocería alargada y asiento trasero deslizante, por ejemplo- no nos vamos a desdecir.

Este apartado debe dividirse en dos vertientes, dado el tipo de coches de los que hablamos, dirigiéndose al asfalto y fuera de él. Si empezamos por el hábitat natural de estos cuatro modelos –el asfalto, para quién lo dude- nos encontramos con personalidades bien diferentes. Los modelos con perfume francés –el Nissan, no hay que olvidar, habla este idioma- enfocan este apartado mirando de reojo al confort de marcha, mientras que los alemanes -¿qué decir de la genética de Seat?- tienen menos miramientos en este sentido.

Aún así, en carretera, nuestro preferido es el Nissan Qashqai. Su comportamiento puede que no sea tan directo y preciso como el del Seat, pero esto mismo no deja de ser una virtud desde otro punto de vista. Su mayor balanceo de carrocería y una cierta mayor tendencia al subviraje permite a su conductor una porción mínima más de tiempo para asegurar un trazado impecable.

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