Nissan Pixo

El más urbano de los coches de Nissan se llama Pixo, un clon del Suzuki Alto que aporta racionalidad en estado puro: facilidad de uso, bajo precio y consumo, correcta habitabilidad y un eficiente motor son algunas de sus principales armas. Con este Pixo, Nissan se refuerza a conciencia en el único segmento que ha crecido en 2008.
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Nissan Pixo
Nissan Pixo

No todos los segmentos han sufrido por igual la actual situación económica. Y es que, mientras que los recesos en las ventas de automóviles han sido moneda corriente en prácticamente todas las categorías comerciales, la venta de vehículos urbanos ha experimentado un crecimiento en 2008 de nada menos que un 11 por ciento. Ahí es donde llega el Pixo, aprovechando la coyuntura por partida doble, toda vez que al presumible tirón que seguirán teniendo este tipo de coches hay que sumar un desarrollo compartido con Suzuki —el Pixo es un clon del Alto—.

El Nissan Pixo se pondrá a la venta a partir del 1 de junio. Nissan todavía no ha comunicado los precios oficiales ni el de las opciones, pero ha fijado una horquilla desde los 8.000 euros de un Nissan Pixo 1.0 Visia hasta los 11.500 de un Nissan Pixo 1.0i Acenta equipado con transmisión automática y todas las posibles opciones. Siendo un precio bajo y competitivo, no es el mejor argumento de ese nuevo coche de urbano de Nissan frente a la competencia directa. Hay muchas otras cualidades que lo pueden hacer preferible a otros modelos similares.

El Nissan Pixo mide 3,56 metros de longitud, 15 cm menos que el Nissan Micra —los precios de éste arrancan justo desde el precio máximo del Pixo—, tiene una única carrocería de cinco puertas con silueta monovolumen —es la mejor configuración para rentabilidad al máximo el espacio interior— y está homologado para cuatro pasajeros. Nissan ha hecho algunas modificaciones para diferenciarlo del Suzuki Alto y, a la vez, adoptar su propia imagen de marca: protectores del los faros delanteros, paragolpes o parrilla frontal, entre otros elementos, serán específicos en cada modelo.

En el habitáculo no encontramos grandes sofisticaciones. En este segmento, el lujo es ofrecer un razonable confort, habitabilidad, equipamiento y el mejor nivel de comportamiento, consumos y prestaciones posible. Y en todos estos aspectos, el Nissan Pixo va más que sobrado. Se le puede perdonar que los cristales traseros tengan un sistema de apertura de tipo compás —como el Citroën C1, Peugeot 107 y Toyota Aygo, tres de sus principales rivales—, que en las versiones con elevalunas eléctricos del conductor no tenga un mando para el cristal delantero derecho, e incluso que no ofrezca cuentarrevoluciones. Los plásticos empleados son todos rígidos, aunque aparentemente sólidos y bien ajustados. Tiene bastantes huecos repartidos por todo el habitáculo, pero ninguno de ellos con tapa. Los reposacabezas delanteros no se pueden regular en altura y estos asientos carecen de bolsas en los respaldos. Anuncia 129 litros de maletero, ampliables a 367 litros se abaten los asientos traseros.

Hay dos posibles versiones, Visia y Acenta. La primera de ellas ofrecer doble airbag frontal, dirección asistida, ABS y anchajes Isofix de serie. El aire acondicionado es opcional en ambos, y sólo el Acenta puede montar control de estabilidad, llantas de aleación, lleva electrónica, faros antiniebla, lector de CD con MP3 integrado o un cambio automático de cuatro relaciones.

Su motor de gasolina de tres cilindros y 996 cm3 es una caja de sorpresas y, a su vez, uno de los puntos fuertes del Nissan Pixo. Desarrolla 68 CV de potencia y 9,2 mkg de par y ofrece una agilidad de respuesta en conducción urbana y una sorprendente capacidad para embarcarse por vías rápidas por encima de lo esperado.

A poco que descuidemos el velocímetro, nos encontraremos rodando con naturalidad muy por encima de los límites genéricos. Por su configuración, el motor vibra de forma acusada al ralentí y tiene un sonido muy peculiar, que no molesto, pero en marcha todos esos defectos quedan en un segundo plano. Permite una conducción fluida y relajada, sin tener que estar pendiente del cambio de marchas —de tacto bastante suave y preciso—, responde de forma ágil al acelerador, sube de vueltas con alegría —aunque hay que cambiar de marcha “de oido”— y promete una frugalidad de campeón: Nissan anuncia 4,4 l/100 km para la versión manual y 4,5 l/100 para el automático. Hasta la fecha, no conocemos un motor equivalente tan satisfactorio.

El Nissa Pixo tampoco esconde exquisiteces de la vista. Su chasis responde al esquema clásico en este tipo de coches: eje McPherson delantero y ruedas tiradas por eje torsional en el trasero. Sólo el eje delantero tiene frenos de disco, pero la dosificación del pedal y la potencia de frenada están garantizadas. El Pixo es un coche muy maniobrable y agradable de conducir en ciudad: la visibilidad es buena hacia todos los ángulos, la dirección es suave y precisa y, como se ha dicho, el voluntarioso motor permite concentrarse al máximo en la conducción. El interior no está muy bien aislado y la fuente sonora más molesta tal vez sea el ruido de rodadura. Las suspensiones, siendo algo firmes —en especial, las del eje trasero— ofrecen un más que razonable confort y calidad de becheo.

Pero fuera de la ciudad es donde de verdad sorprende el Nissan Pixo. Aquí vuelve a ser el motor el gran protagonista del conjunto porque sin el más mínimo esfuerzo podemos adaptarnos al ritmo de la vía dejando un holgado colchón en la recámara. El chasis también responde por encima de las expectativas, garantizando un buen aplomo y capacidad direccional, aunque con un refinamiento inferior al de la categoría inmediatamente superior.

En resumidas cuentas, estamos ante un coche urbano con espíritu aventurero, capaz de abarcar un radio de acción superior a la media del segmento al que va dirigido. Los precios definitivos tendrán la última palabra y pueden ser clave de su éxito, aunque Nissan, como cualquier otra marca, se guarda un as en la manga cuando llegue el momento de promocionarlo —aunque no será un descuento directo—. Como valor añadido, hay que destacar sus tres años de garantía.

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