Nissan GT-R

Llega a nuestro mercado el GTR, sin lugar a dudas el mejor Nissan de todos los tiempos, y lo hace con suficientes argumentos como para convertirse en uno de los mejores automóviles de la historia, marcado por un precio muy inferior al de sus rivales.
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Nissan GT-R
Nissan GT-R

¡Ahora toca conducir! En la consola central hay tres interruptores que afectan a motor y cambio, suspensiones y controles de tracción y estabilidad. Todos ellos tienen una posición R que, con sabor a «Race», es la que directamente conectamos para empezar. La palanca de cambios sólo sirve para seleccionar el modo manual o automático, el punto muerto o la posición P. Para cambiar manualmente hay que hacerlo por medio de las levas tras el volante. Llama la atención al iniciar la marcha el sonido del diferencial trasero, que claquetea como un autoblocante de un coche de carreras cañero.

Tampoco es refinado el inicio de marcha, siendo brusco como el de la mayoría de coches con embrague robotizado, que hace que las maniobras de aparcamiento sean complicadas. Una vez fuera del parking, lo primero que nos pide el cuerpo es cambiar el selector de la suspensión al modo confort, y nos encontramos un coche firme pero menos seco y mucho más utilizable. Por ciudad el modo de cambio R se desactiva automáticamente, como medida de protección; no me parece mal, el cambio sigue siendo rápido, cómodo y, en modo automático, cambia cuando debe.

Entro en el circuito con la sensación de haber conducido un superdeportivo muy agradable y dócil, como si de un Jaguar XKR se tratase pero un poco más firme, hasta el punto que a los 10 minutos de haber salido, ya circulaba con el cambio en modo automático y todos los selectores con la luz R apagada. Me pongo el casco, vuelvo a conectarlos y comienzo a rodar con la misma ilusión con la que lo hice la primera vez que me subí a al idolatrado 911 Turbo de mis sueños ¡Quién me ha visto y quién me ve!

Tras calentar todo, acelero a fondo en la primera recta. El motor empuja con una contundencia salvaje, aumentando la velocidad a un ritmo endiablado. En aceleración en recta no hay pérdida de tracción, tampoco movimientos de la zaga y la dirección permanece estable. Llega el momento de frenar y lo hace con una precisión digna de un coche de carreras y de los buenos. En pocos metros la deceleración es muy fuerte y el Nissan GT-R permite dosificar la frenada con facilidad sin que el ABS intervenga, o al menos sin que yo lo note. La transición entre marchas es rápida, así como las reducciones, que suceden en cuanto tocas la leva izquierda y junto a un estimulante sonido del punta-tacón automático.

Hay mucha dirección a la entrada de la curva media y rápida, y un ligero subviraje en curvas lentas, que se puede arreglar atacando el interior antes para que la trasera se suelte al inicio –con la misma precisión de un coche de carreras-. Sorprende la velocidad de paso por curva, la más alta de todos los coches que han pasado por nuestro Centro Técnico. Hay que hacerse un poco al GT-R, porque permite abrir gas un poco antes de lo normal; en el momento en el que ves el punto de salida, ya se puede empezar a acelerar y notas cómo trabajan los diferenciales, el delantero buscando el interior, el trasero deslizando progresivamente para ayudar a girar.

La suspensión aquí no la notas dura, siendo un coche que no te agota, aunque exige cierta concentración para llevarlo al límite porque todo sucede muy rápido. Fuera del circuito tenemos un coche veloz y fácil de conducir. No corre mucho más que otros superdeportivos pero sí es más rápido y efectivo; se lleva más fácil que un Audi R8, pero hay que tener cuidado, puesto que hay un punto en el que perdemos la consciencia del rápido ritmo que logra, con las consecuencias que puede acarrear. No me ha defraudado y, a pesar de lo mucho que esperaba de él, me ha sorprendido. En la calle llama la atención, hasta el punto que llegué a perder la cuenta de los que me dijeron “yo tengo uno igual… en la Play”. Su precio es mucho más bajo que el cualquiera de esos rivales a los que éste Nissan sólo tiene una cosa que envidiar: no es un Porsche, un Lamborghini o un Ferrari. Por cierto, ¿os habéis fijado que es el único Nissan que no pone la marca en el frontal, la zaga o el volante?

Conociéndolo a fondo

¡Ahora toca conducir! En la consola central hay tres interruptores que afectan a motor y cambio, suspensiones y controles de tracción y estabilidad. Todos ellos tienen una posición R que, con sabor a «Race», es la que directamente conectamos para empezar. La palanca de cambios sólo sirve para seleccionar el modo manual o automático, el punto muerto o la posición P. Para cambiar manualmente hay que hacerlo por medio de las levas tras el volante. Llama la atención al iniciar la marcha el sonido del diferencial trasero, que claquetea como un autoblocante de un coche de carreras cañero.

Tampoco es refinado el inicio de marcha, siendo brusco como el de la mayoría de coches con embrague robotizado, que hace que las maniobras de aparcamiento sean complicadas. Una vez fuera del parking, lo primero que nos pide el cuerpo es cambiar el selector de la suspensión al modo confort, y nos encontramos un coche firme pero menos seco y mucho más utilizable. Por ciudad el modo de cambio R se desactiva automáticamente, como medida de protección; no me parece mal, el cambio sigue siendo rápido, cómodo y, en modo automático, cambia cuando debe.

Entro en el circuito con la sensación de haber conducido un superdeportivo muy agradable y dócil, como si de un Jaguar XKR se tratase pero un poco más firme, hasta el punto que a los 10 minutos de haber salido, ya circulaba con el cambio en modo automático y todos los selectores con la luz R apagada. Me pongo el casco, vuelvo a conectarlos y comienzo a rodar con la misma ilusión con la que lo hice la primera vez que me subí a al idolatrado 911 Turbo de mis sueños ¡Quién me ha visto y quién me ve!

Tras calentar todo, acelero a fondo en la primera recta. El motor empuja con una contundencia salvaje, aumentando la velocidad a un ritmo endiablado. En aceleración en recta no hay pérdida de tracción, tampoco movimientos de la zaga y la dirección permanece estable. Llega el momento de frenar y lo hace con una precisión digna de un coche de carreras y de los buenos. En pocos metros la deceleración es muy fuerte y el Nissan GT-R permite dosificar la frenada con facilidad sin que el ABS intervenga, o al menos sin que yo lo note. La transición entre marchas es rápida, así como las reducciones, que suceden en cuanto tocas la leva izquierda y junto a un estimulante sonido del punta-tacón automático.

Hay mucha dirección a la entrada de la curva media y rápida, y un ligero subviraje en curvas lentas, que se puede arreglar atacando el interior antes para que la trasera se suelte al inicio –con la misma precisión de un coche de carreras-. Sorprende la velocidad de paso por curva, la más alta de todos los coches que han pasado por nuestro Centro Técnico. Hay que hacerse un poco al GT-R, porque permite abrir gas un poco antes de lo normal; en el momento en el que ves el punto de salida, ya se puede empezar a acelerar y notas cómo trabajan los diferenciales, el delantero buscando el interior, el trasero deslizando progresivamente para ayudar a girar.

La suspensión aquí no la notas dura, siendo un coche que no te agota, aunque exige cierta concentración para llevarlo al límite porque todo sucede muy rápido. Fuera del circuito tenemos un coche veloz y fácil de conducir. No corre mucho más que otros superdeportivos pero sí es más rápido y efectivo; se lleva más fácil que un Audi R8, pero hay que tener cuidado, puesto que hay un punto en el que perdemos la consciencia del rápido ritmo que logra, con las consecuencias que puede acarrear. No me ha defraudado y, a pesar de lo mucho que esperaba de él, me ha sorprendido. En la calle llama la atención, hasta el punto que llegué a perder la cuenta de los que me dijeron “yo tengo uno igual… en la Play”. Su precio es mucho más bajo que el cualquiera de esos rivales a los que éste Nissan sólo tiene una cosa que envidiar: no es un Porsche, un Lamborghini o un Ferrari. Por cierto, ¿os habéis fijado que es el único Nissan que no pone la marca en el frontal, la zaga o el volante?

Conociéndolo a fondo

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