Toyota Prius

Ya está a la venta en nuestro país el primer híbrido de Toyota y del mercado, el Prius, un coche que sorprende por lo bien pensado que está, por sus soluciones técnicas y por representar la única alternativa etiquetable como ecológica que nada envidia al coche convencional.
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Toyota Prius
Toyota Prius

Pero el verdadero terreno de este vehículo no son las grandes travesías. No hay que renunciar a viajes cortos, pero se trata de un coche de ciudad y suburbano. Ahí es difícil que no nos encandile. Para empezar, cuando nos detenemos, ya sea en un semáforo o en un atasco, el motor de gasolina habitualmente se para suponiendo que estuviera en marcha. Algo tan sencillo como que se pare el motor supone una sensación de relajación. No hay vibraciones, ni ruidos mecánicos. Incluso apetece desconectar la ventilación y apagar la radio para disfrutar de esos momentos de paz. Todavía podría mejorar esta sensación si el vehículo estuviese mejor aislado del exterior, ya que se escuchan los ruidos de los vehículos de fuera. Con el semáforo en verde, volvemos a movernos con el motor eléctrico. Una delicia. Lástima que no pueda "estirarse" este modo de funcionamiento y que el motor de gasolina entre demasiado pronto. Nos hubiera gustado más si permaneciese más tiempo en modo eléctrico, con más potencia eléctrica o más batería. También mejoraría con la posibilidad de dejar caer el coche cuando el atasco se mueve cuesta abajo. En cuanto se levanta el pie del freno, el motor eléctrico intenta mover las ruedas, cuando realmente no haría falta. Es una de las pocas veces que desperdicia algo de energía.

Con el tráfico más fluido, el Prius sorprende por el tirón con que responde a un pisotón al acelerador. Las cifras no lo dicen con claridad, pero esa patada -proveniente del alto par del motor eléctrico- facilita el manejo en ciudad a la hora de salir rápido de los cruces y de cambiar de carril.

Con el Prius, los atascos siguen siendo atascos, pero se soportan mejor y, al menos, mientras permanezcamos detenidos, no gastamos. Tan sólo en el caso de que las baterías se descarguen demasiado, el motor se pone en marcha solo y se apaga cuando cumple la misión de recarga. Aunque, en ciudad, tampoco existen demasiados problemas para mantener las baterías operativas. Hay algunos detalles que ayudan a este agradable manejo en ciudad y otros que se podrían mejorar. La dirección está muy desmultiplicada, con cuatro vueltas de volante, por lo que en las esquinas hay que manotear un poco. A cambio, la asistencia eléctrica es muy suave, algo que se vuelve en contra en carretera, donde se muestra sensible e imprecisa. Los frenos con funcionamiento mixto hidráulico y eléctrico son potentes, pero el tacto del pedal es poco dosificable y, a veces, algo brusco.

Las suspensiones se han enfocado hacia el confort, pero esto se traduce en notables inclinaciones de la carrocería en las curvas tomadas a ritmo vivo. El coche no es demasiado ruidoso, aunque se cuelan sonidos de rodadura hasta 140 km/h, momento en que toman el relevo los aerodinámicos. El motor también se escucha cuando se acelera con decisión, con un sonido similar al del resbalamiento de un embrague o de un convertidor de par.

El interior del coche tiene un aspecto futurista, con cuadro digital central al fondo del salpicadero y la pantalla informativa, que nos puede dar una estadística con diagrama de barras del consumo cada cinco minutos de recorrido, una media general y un consumo instantáneo. Además, nos informa de la energía regenerada -en Watios/hora- y se puede manejar a través de ella el equipo de música y el sistema de navegación. No hay reproche por el ajuste de las piezas del salpicadero, ni por los materiales, aunque no todos tienen el mismo tacto. Una tapa de un hueco en el salpicadero da sensación de fragilidad y la consola entre los asientos delanteros, siendo algo mejor, tampoco está a la altura del resto. En conjunto, el Prius nos ha gustado como concepto y realización, aunque como posibilidad para comprarse, no tanto. No resulta caro para lo que esconde, pero sí para lo que ofrece. Además, cuenta con ciertas limitaciones, como la red de servicio y el riesgo de una avería en medio de la nada. Toyota compensa esta posibilidad con una garantía de cinco años ó 100.000 km y una asistencia en carretera por el mismo período. El cliente tipo de este coche no está claro. Quizás, con los precios del gasóleo por las nubes, un taxista, pero, ¿quién lo convence si la Administración no apoya sus ventajas?

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