Volkswagen Polo 1.9 TDI- 100 Highline

Anda el Polo siempre a la greña con sus primos-hermanos Ibiza y Fabia por dejar claro quién es el mejor de la clase dentro de este rango de polivalentes del grupo Volkswagen. Y, desde luego, lo consigue. Sin embargo, teniendo en cuenta que comparten motor, cambio y bastidor, hay que hilar fino para hallar las diferencias. Veamos qué hace especial al Polo frente a sus rivales.
Autopista -
Volkswagen Polo 1.9 TDI- 100 Highline
Volkswagen Polo 1.9 TDI- 100 Highline

Viejo conocido del público español, el Polo disfruta de un reciente y favorecedor rediseño, además de haber recibido en primicia la plataforma que ahora utilizan Ibiza y Fabia. Su imagen ha ganado en modernidad y se diría que es un coche más elegante que antes, de más prestancia. Cada vez más cercano al Golf por dimensiones y formas, el utilitario de Volkswagen se empeña en sacar la cabeza del grupo y destacar en todos los campos. Lo consigue en muchos.

Quizá sea en la imagen donde esté su fuerte. En la casa alemana saben muy bien lo que significa vender coches que impresionen por su intachable calidad y en el Polo se nota esa sabiduría. Lo que por afuera es línea depurada y recoleta tiene su continuación en un interior sobrio, de formas clásicas, quizá un tanto vistas pero igualmente eficaces y, por qué no, bonitas. Abundan los huecos para los objetos y destaca la presencia dominante de una repisa que recorre la parte baja del salpicadero a modo de gran cajón corrido.

La sensación general, queda claro, es de calidad y el equipamiento no hace más que reforzar esta idea. Comparado con Ibiza y Fabia, está ligeramente por encima, sobre todo por el buen nivel de los acabados, donde no hay ni una holgura, ni un error en los cálculos. Todo encaja y todo tiene ese tacto firme y fácil de las cosas hechas para durar.

La parte trasera es quizá el punto débil de este habitáculo . Metro en mano gana a sus “primos”, pero, quizá por la línea del techo, la sensación es de mayor angostura. A esta mala impresión (que no realidad) ayuda el difícil acceso a las plazas traseras. La opción Easy Entry, que abate más el asiento y lo desplaza hacia delante, además de memorizar su posición, debería ser de serie en un coche de tres puertas que quiere ser “grande”.

Hasta aquí hemos enumerado las diferencias entre el Polo y sus compañeros en el grupo Volkswagen. Vamos a ver ahora los elementos que los unen. En nuestra elección destaca, claro, el motor, un 1.9 TDI de 100 CV . A cambio de ser un tanto brusco y bastante ruidoso a bajo régimen, este propulsor no defrauda y, con un coche de “sólo” 1.204 kg, realiza un trabajo magnífico. El Polo corre mucho, acelera de maravilla (0-100 en poco más de 10 segundos) y recupera con decisión y alegría.

Con esa furia por corazón, es de esperar que el bastidor, otro gran conocido, nos permita alguna que otra diablura al volante. Y así es. Igual que en el Ibiza, el más deportivo de los tres, el Polo se mueve con un desparpajo electrizante. Mucho más vivo que su gemelo de 100 CV de gasolina, este turbodiésel es un disparo en la carretera, con cruceros fáciles por encima de los 175 km/h y un consumo muy bajo. Pero, además, cuando la vía se retuerce y se pone cuesta arriba, saca a relucir un carácter de gallito que satisface las ansias de diversión.

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