Ford Focus 1.8 TDCi

Gracias a su bastidor, el Focus parecía saltar directamente del duro terreno del Mundial de Rallies a nuestras carreteras; su relación calidad/precio le permitía optar todos los meses al título de superventas y sus líneas le otorgaban personalidad, pero, ahora, con el 1.8 TDCi, este modelo ha decidido pasar al contraataque en el complicado sector de los compactos Diesel.
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Ford Focus 1.8 TDCi
Ford Focus 1.8 TDCi

Desde que llegó al mercado, el Focus aparece en las quinielas de todos aquellos que quieren comprar un coche de tintes deportivos, pero confortable. Tenía elementos más que de sobra para ello: su agarre, su comportamiento, su diseño, su acabado y, sobre todo, su competitivo precio. Su mayor virtud consistía en el equilibrio - mantenía el tipo en todos los apartados -, una tarea nada sencilla en el sector de los compactos con mecánica Diesel, el más concurrido de todos. Eso sí, Ford tenía que comprobar cómo un coche que se ha ganado un nombre en el Mundial de Rallies no terminaba de plasmar ese espíritu en la versión de gasóleo. Su motor se descolgaba frente a los modernos HDI del Grupo PSA (Peugeot-Citroën) o los TDI de última hornada. Claro que todo esto son cosas del pasado.

Ahora, el Focus ha conseguido descifrar la fórmula mágica para vivir una segunda juventud. El secreto se resume en cuatro siglas: TDCi, nomenclatura de su nuevo motor dotado de inyección directa por conducto común. El nuevo corazón del Focus tiene apenas 1,8 litros de cilindrada (alguno de sus rivales más directos incluso superan los dos litros), pero es capaz de desarrollar 115 CV de potencia - 123, según nuestro banco de pruebas -, pasar de 0 a 100 km/h en 10,8 segundos y alcanzar sin problemas los 200 km/h: todo con un contenido consumo medio de menos de 7 litros a los cien kilómetros. Hay modelos más rápidos y más despiertos, como el Seat León o el Citroën Xsara HDI de 110 CV, tampoco es que sea uno de los más rácanos a la hora de gastar combustible (en este apartado las mejores marcas son para el Renault Mégane), pero es innegable que nuestro protagonista ha ganado muchos enteros con esta recién incorporada mecánica.

Como ya hemos dicho, en Ford han decidido poner una inyección de vitaminas en el Focus y ésta se deja notar, pero no de forma inmediata: le cuesta salir de parado algo más que a otros modelos de menor peso y no es muy conveniente dejar que caiga de vueltas. Una vez metido en "harina" - alrededor de las 3.000 rpm - los cambios comienzan a hacerse patentes.

Progresivo y muy efectivo, el Focus "tira" de una forma lineal, sin grandes patadas de potencia, aunque se guarda un as en la manga para cuando necesitamos un "extra". Se trata del denominado "Overtoque", un sistema que, al detectar que la aceleración es más brusca, incrementa de forma momentánea el par (un efecto que se hace más palpable en marcha largas).

Salvando estas características, es a medio régimen cuando este modelo muestra sus verdaderos encantos: sube de vueltas con facilidad, lo que le permite pasar a la ofensiva en muchos repechos.

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