Toyota Corolla D4D 90 CV

Después de casi 1.500 kilómetros a los mandos del nuevo Corolla, uno se empeña todavía en buscarle pegas. Hay tan pocas manchas en su historial, es tan trasparente en su oferta, tan sensato en su planteamiento y tan eficaz en su funcionamiento que en verdad no deja mucho espacio a la crítica. Vamos a ver en detalle qué hace tan recomendable este coche y también qué apartados quedan por mejorar.
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Toyota Corolla D4D 90 CV
Toyota Corolla D4D 90 CV

Obligados a esa búsqueda del mayor espacio interior posible, los ingenieros pudieron al menos darse el lujo de construir una plataforma que permitiese levantar sobre ella un coche capaz de ir muy rápido, un bastidor “de dulce” que proporciona al Corolla un rodar aplomado y seguro. No estamos ante una versión muy rápida, pues el motor no es un purasangre, pero los Corolla que montan el 1.8 de gasolina hacen maravillas sobre este chasis.

En este caso, maravillas no es que se hagan, pero el grado de satisfacción es muy alto y la sensación de agilidad es perpetua. El Corolla se muestra noble y fácil de conducir en casi todos los terrenos. En carreteras fáciles, su anchura de vías le confiere un aplomo notable y el coche pisa muy bien. Sólo a partir de cierta velocidad, por encima de los 160 km/h, se aprecia un efecto extraño, un leve subviraje en las curvas que obliga a corregir las trayectorias con leves movimientos de volante o levantando el pie. No es preocupante, pero sí resulta incómodo, aunque es muy eficaz a la hora de avisar al conductor de cuál es el límite que no debe superar.

En zonas más viradas, si el asfalto es bueno, el rendimiento del coche vuelve a brillar. Entra en las curvas con confianza, sin vicios, arropando a los ocupantes con el trabajo de unas suspensiones muy equilibradas, tirando a cómodas, pero eficaces cuando hay que sujetar con firmeza la carrocería. Para ir a ritmos más vivos haría falta un juego de amortiguadores más sólido, pero los que lleva cumplen.

Otra historia se vive cuando el asfalto no está en buenas condiciones. Entonces, al entrar rápido en las curvas, las suspensiones traseras pueden verse algo superadas por las zonas rizadas y rotas y, forzando mucho, se llega a perder adherencia. Nuestra unidad, con la presión de los neumáticos bastante alta, se acercaba a un efecto casi de sobreviraje: un deslizamiento muy progresivo y controlable del que no conviene olvidarse. La ausencia del control de estabilidad es aquí más notoria que nunca.

En estas “excursiones” de tipo deportivo, la dirección no acompaña mucho. No está pensada para tantas alegrías y es más bien lenta y un poco imprecisa, evidenciando que este Corolla D4D no se hizo para correr mucho, sino para viajar sin agobios. Viajar en un vehículo atractivo, habitable, cómodo, dotado de un motor que no engaña y que, sin pedirle milagros, resulta más que sobrado para mover el coche sin ningún apuro.

Por su precio, 16.110 euros, el Corolla nos parece una opción de compra muy plausible. Si se quiere algo más de fuerza y más equipamiento, ahí está su hermano el 2.0 D4D de 110 CV, que lleva un motor más poderoso, lector de CD y otros “gadgets” que lo hacen más atractivo y, claro, bastante más caro: hasta 19.900 euros.

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