BMW 328 Ci / Saab 9.3 2.0 TS Aero Coupé

Deportivos, cómodos y elegantes. Al exclusivo BMW 328 Ci le ha salido un nuevo rival: en esta ocasión, Saab saca al mercado un equilibrado y divertido 9.3 con más potencia, cómodo en toda circunstancia y radical, si optamos por pisar fuerte. Entre uno y otro las diferencias son de concepto, ambos, fieles a su tradición.
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BMW 328 Ci / Saab 9.3 2.0 TS Aero Coupé
BMW 328 Ci / Saab 9.3 2.0 TS Aero Coupé

En seguridad activa, la dotación incorpora los elementos habituales en modelos altos de gama, como es el caso del antibloqueo de frenos ABS y el modulador de frenada, ambos de serie tanto en el 328 Ci como en el 9.3 Aero. Se echa de menos un control de tracción en el Saab (ni siquiera está disponible como opción en esta variante), sobre todo cuando su oponente ofrece el DSC III, que aglutina control de tracción y control dinámico de estabilidad, a un precio realmente asequible: 175.000 pesetas. La motricidad en seco es muy buena en el BMW, pero afinar sobre el acelerador es más conveniente todavía si circulamos por carreteras mojadas o con hielo o las condiciones climatológicas son malas.

Potencia a raudales La respuesta del Saab 9.3 Aero por encima de las 3.000 vueltas es salvaje. Se siente dominar la potencia, viendo como la manija del turbo se acerca a la zona roja y se gana velocidad en nada de tiempo. La recuperación en cuarta es de 6,6 segundos, mientras que el BMW necesita 8,1 segundos. Sin embargo, podemos obtener de él también toda la suavidad, sin bruscas aceleraciones que peguen nuestra espalda al respaldo. Para los amantes de la conducción deportiva, la propulsión trasera es algo indiscutible y el fabricante bávaro ha sabido encontrar un punto intermedio entre la seguridad y la diversión. El DSC parece estar retrasado en su actuación, permitiendo que salga ligeramente la trasera, y, cuando se inicia el ligero contravolante, se pone en marcha irremediablemente, siempre y cuando no lo desconectemos, dejando el coche a completa disposición del conductor. Menos radical en su forma de entregar la potencia, el BMW es más progresivo y suave, manteniendo su entrega hasta el corte del régimen. Los seis cilindros en línea se caracterizan por su buen funcionamiento a bajo régimen y junto con la distribución variable doble VANOS, que controla la apertura de válvulas en admisión y escape, evitan los molestos tirones al pisar el acelerador a fondo con el motor en retención. Los cambios asociados, ambos manuales de cinco marchas, tienen unos desarrollos algo largos en el Saab, sobre todo la quinta velocidad, aunque el turbo puede con todo. Más ajustados están en el BMW, con menor salto entre velocidades y un desarrollo final en quinta más corto que permite extraer del motor su potencia sin tener que recurrir a marchas inferiores. La agilidad de los dos modelos en zonas viradas es superlativa, con apoyos casi instantáneos, sin movimientos que lleven a correcciones de último momento.

En ambos casos hay un compromiso entre dinamismo y confort con el que se circula cómodamente en cualquier trazado. La suspensión del BMW es algo más seca, pero esta sequedad no incomoda a los pasajeros. En el caso del Saab, algo más blando, se mantienen las mismas dotes de eficacia que en el BMW, pero con una sensación de menos finura en paso por curva. Más precisa y de mejor tacto es la dirección del 328 que, junto a un equipo de frenos incansable, hace que cualquier trazado nos parezca corto, por sinuoso que sea.

Eficacia En ambos casos hay que mencionar la extraordinaria eficacia de los dos bastidores: lo aguantan todo, con unas reacciones muy nobles que permiten al conductor controlar el vehículo de manera intuitiva, sin que existan “efectos secundarios”. Difícil resulta decir cuál es más cómodo en carretera abierta, autovía o autopista. Mejor insonorizado está el BMW, tanto del motor como de la rodadura y el viento. El propulsor del Saab es algo más ruidoso y aparecen sonidos molestos a velocidades altas. Si se antepone la deportividad, la mejor opción es el BMW, mientras que el Saab resulta incansable en carreteras amplias, con unas recuperaciones sobresalientes y un confort para todos los pasajeros difícil de encontrar. Por precio, mejor el Saab, que, además, tiene un equipamiento mucho más amplio. Sin embargo, en el BMW se puede optar a elementos como el navegador o la televisión. En definitiva, dos buenos argumentos mecánicos en dos carrocerías elegantes, deportivas y muy atractivas.

En seguridad activa, la dotación incorpora los elementos habituales en modelos altos de gama, como es el caso del antibloqueo de frenos ABS y el modulador de frenada, ambos de serie tanto en el 328 Ci como en el 9.3 Aero. Se echa de menos un control de tracción en el Saab (ni siquiera está disponible como opción en esta variante), sobre todo cuando su oponente ofrece el DSC III, que aglutina control de tracción y control dinámico de estabilidad, a un precio realmente asequible: 175.000 pesetas. La motricidad en seco es muy buena en el BMW, pero afinar sobre el acelerador es más conveniente todavía si circulamos por carreteras mojadas o con hielo o las condiciones climatológicas son malas.

Potencia a raudales La respuesta del Saab 9.3 Aero por encima de las 3.000 vueltas es salvaje. Se siente dominar la potencia, viendo como la manija del turbo se acerca a la zona roja y se gana velocidad en nada de tiempo. La recuperación en cuarta es de 6,6 segundos, mientras que el BMW necesita 8,1 segundos. Sin embargo, podemos obtener de él también toda la suavidad, sin bruscas aceleraciones que peguen nuestra espalda al respaldo. Para los amantes de la conducción deportiva, la propulsión trasera es algo indiscutible y el fabricante bávaro ha sabido encontrar un punto intermedio entre la seguridad y la diversión. El DSC parece estar retrasado en su actuación, permitiendo que salga ligeramente la trasera, y, cuando se inicia el ligero contravolante, se pone en marcha irremediablemente, siempre y cuando no lo desconectemos, dejando el coche a completa disposición del conductor. Menos radical en su forma de entregar la potencia, el BMW es más progresivo y suave, manteniendo su entrega hasta el corte del régimen. Los seis cilindros en línea se caracterizan por su buen funcionamiento a bajo régimen y junto con la distribución variable doble VANOS, que controla la apertura de válvulas en admisión y escape, evitan los molestos tirones al pisar el acelerador a fondo con el motor en retención. Los cambios asociados, ambos manuales de cinco marchas, tienen unos desarrollos algo largos en el Saab, sobre todo la quinta velocidad, aunque el turbo puede con todo. Más ajustados están en el BMW, con menor salto entre velocidades y un desarrollo final en quinta más corto que permite extraer del motor su potencia sin tener que recurrir a marchas inferiores. La agilidad de los dos modelos en zonas viradas es superlativa, con apoyos casi instantáneos, sin movimientos que lleven a correcciones de último momento.

En ambos casos hay un compromiso entre dinamismo y confort con el que se circula cómodamente en cualquier trazado. La suspensión del BMW es algo más seca, pero esta sequedad no incomoda a los pasajeros. En el caso del Saab, algo más blando, se mantienen las mismas dotes de eficacia que en el BMW, pero con una sensación de menos finura en paso por curva. Más precisa y de mejor tacto es la dirección del 328 que, junto a un equipo de frenos incansable, hace que cualquier trazado nos parezca corto, por sinuoso que sea.

Eficacia En ambos casos hay que mencionar la extraordinaria eficacia de los dos bastidores: lo aguantan todo, con unas reacciones muy nobles que permiten al conductor controlar el vehículo de manera intuitiva, sin que existan “efectos secundarios”. Difícil resulta decir cuál es más cómodo en carretera abierta, autovía o autopista. Mejor insonorizado está el BMW, tanto del motor como de la rodadura y el viento. El propulsor del Saab es algo más ruidoso y aparecen sonidos molestos a velocidades altas. Si se antepone la deportividad, la mejor opción es el BMW, mientras que el Saab resulta incansable en carreteras amplias, con unas recuperaciones sobresalientes y un confort para todos los pasajeros difícil de encontrar. Por precio, mejor el Saab, que, además, tiene un equipamiento mucho más amplio. Sin embargo, en el BMW se puede optar a elementos como el navegador o la televisión. En definitiva, dos buenos argumentos mecánicos en dos carrocerías elegantes, deportivas y muy atractivas.

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